Estación Quilmes: 21-oct-2010

  Osvaldo Guevara

21 de octubre de 2010




Niña Carmen

Niña Carmen: anoche he comido unas uvas
dulces
como sus ojos.
Yo regresaba solo a pieza de hotel.
Iba subiendo, solo, esa escalera
queme pone en los pies lejanías de barco.
Y me salieron al paso los racimos
de un parral numeroso
que lo rodea todo como una sombra verde.
Mi mano deshabitada
que venía de no tocar tu pelo
fue tocando las uvas.
Mi boca desierta
que volvía de hablarle a usted
con la cautela con que una llovizna
se acerca a una paloma
fue comiendo las uvas
lentamente
sintiéndolas
perderse en mi garganta como imposibles besos
oyéndolas
penetrar en mi cuerpo y en mi vida
convertírseme en sangre
una sangre de miel y fuego suave
que cantará en mis venas para siempre.
Minuto tras minuto
uva
tras
uva
seguí yo en la escalera del hotel silencioso
a esa hora en que los huéspedes duermen
pesadamente
o se dejan estar
en un sopor insomne
recordando
olvidando
distintos
ni educados vulgares o feroces
con la brasa indolente del verano
en las respiraciones y las sábanas.
Una sensación honda
delgada
casi como una pena pero sin sufrimiento
entraba en mi memoria
mis manos
mi destino
(una sensación que iría conmigo hasta la pieza
y allí se quedaría
como un agazapado amanecer
hasta este día
este poema).
Y las hojas aún tibias del parral
era una frescura de canción olvidada
de aire envolviéndome el corazón
como un agua
una luz
como una cabellera de mujer.
Inmóvil
subía por las uvas
hasta empujar los racimos del azul con la frente.
Y ya no estuve solo. No me pesaban
enero
los zapatos
la escalera
los años y perjuicios
las habitaciones sordamente entreabiertas
el roce de la noche despierta como un pulso
el amor que no llovió en mi sed
las estrellas cansadas y espesas del verano.
Esas uvas
tan lentamente dulces
tenían el aroma
el color
el sabor de sus ojos
Niña Carmen.


Osvaldo Guevara
Argentino
De: “Niña Carmen” - 1988
Nacido en Río Cuarto, (Córdoba) es uno de los mayores poetas hispanoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. Su suerte es común a la de otros grandes creadores del interior del país que, por el carácter hegemónico de la metrópolis o quizás por el legítimo empeño en no traspasar los umbrales del territorio familiar, su obra no ha alcanzado la difusión y la valoración que se merece.
Con la gratitud del amigo, pero sobre todo con el reconocimiento de su genio, he seleccionado algunos de sus poemas sin más criterio que el gusto personal y, tal vez por ello, no sean los más representativos de su magnífica obra. De todos modos, reflejan su dominio de la lengua, de la metáfora y de las técnicas de versificación -probablemente sea uno mayores sonetistas vivos-, así como su compromiso social y sensibilidad no exenta de un romanticismo panteísta.
Antonio Tello
Extraído de www.eldigoras.com

Publicaciones:
“Oda al sapo y cuatro sonetos” (1960), “La sangre en armas” (1962), “Garganta en verde claro” (1964), “Los zapatos de asfalto” (1967), “Niña Carmen” (1988), “Diario de invierno” (1975), “Primera persona” (1998), “Poemas en verso y prosa” (1998). “Sin Pena en la palabra” (2008); “Siempre deseando verte” (2010)


Obra: Uvas de Fernando Galarza Navarro