Estación Quilmes: 04-sep-2010

  María Baranda

4 de septiembre de 2010




12

No conozco tu país Dylan Thomas y sin embargo
he visto sus montañas florecidas por el sol de la mañana,
las tierras de cultivo que se levantan
desde un alba antigua a bendecir
la piel desnuda de los niños,
los riscos donde lloran viudas ciegas
y dejan escapar sus gritos
en las voces de los truenos,
las nubes espesas que esparcen su dominio
en colinas animadas por hambrientos,
las cavernas donde los hombres atesoran
sus bienes inexpugnables,
sus partes de miseria y paraíso
donde los lobos lamen la fiebre de los desvanecidos.
He visto las altas cúpulas de flacas carnes
para el que atisba los rasgos del moribundo
abominable en la sed de un lecho.
He visto al joven loco y a la mujer enferma
caminar por esas calles de tu pueblo
buscando un punto angelical, una pluma,
donde caer frente a un dios
besado en manto, en el fardo de las piedras.
He visto a tu mundo envejecer
con su estrella cayendo a la deriva,
y la palabra "Orden" y la palabra "Fe"
que tanto te despellejaban en tus sueños,
ahora son serpientes inofensivas
que se resguardan en el pulpito
del hombre ajeno.
He visto la penumbra de tus compañeros
con sus alas de cuervo espoleando los prodigios:
sus dos pies amputados, sus manos secas
por el delirio del viento prisionero.
He visto a tu país
caer en lágrimas por los desaparecidos,
a los hijos de tus hijos
alimentar su vigor eternamente de rodillas en la tierra.
He visto al lóbrego clausurar sus párpados de fuego
para que no lastimen a sus hijas.
A los necios y gigantes, escasos y nefastos,
plañideros y exaltados caer furiosos
boca a boca contra el suelo para allí,
en el grosor de su mentira rota,
roer la piel de un solo hueso.
Tal vez por eso te apartaste Dylan Thomas,
tal vez quizás no vuelvas por aquí
donde la muchedumbre forma un solo cerro,
donde un corazón llameante
está escondido en la palabra "Secreto".
Quizás pienses que todo esto es vida de ficción
y que el mundo urde su conjura.

Quizás tengas razón y nosotros,
los hombres solos, los huecos
capaces de cargar con la esperanza ajena,
hemos ido anocheciendo poco a poco.



María Baranda
De "Dylan y las ballenas"

Nacida en la ciudad de México en 1962 ha publicado libros como Atlántica y El Rústico (2002), Narrar (2001), Nadie, los ojos (1999) y Los memoriosos (1995), y recibido los premios Castillo de Lectura de Literatura Infantil y Juvenil 2001, el Premio Francisco de Quevedo que otorga la Villa de Madrid en 1998 así como el Premio de Poesía Efraín Huerta en 1995