Estación Quilmes: 10/01/2010 - 11/01/2010

  William Shakespeare

31 de octubre de 2010




IX

¿Es, acaso, por miedo de mojar el ojo de una viuda
Que te consumes a ti mismo en una vida de soltero?
¡Ah! Si te ocurriera que mueras sin hijos,
El mundo te llorará como una esposa sin compañero;
El mundo será tu viuda, y siempre lamentará
Que no hayas dejado huella de ti a tus espaldas,
Cuando cada humilde viuda puede tener presente,
En los ojos de sus niños, la imagen del marido.
Mira, lo que un despilfarrador gasta en el mundo
Sólo cambia de lugar, y por tanto el mundo aún lo disfruta;
Pero el despilfarro de la belleza tiene un final en el mundo,
Y al tenerla sin usarla, el que la usa la destruye.
No hay amor hacia los otros en el seno de aquel
Que sobre sí mismo comete semejante crimen vergonzoso.


SONNET 9

Is it for fear to wet a widow's eye
That thou consumest thyself in single life?
Ah! if thou issueless shalt hap to die,
The world will wail thee, like a makeless wife;
The world will be thy widow and still weep
That thou no form of thee hast left behind,
When every private widow well may keep
By children's eyes her husband's shape in mind.
Look what an unthrift in the world doth spend
Shifts but his place, for still the world enjoys it;
But beauty's waste hath in the world an end,
And kept unused, the user so destroys it.
No love toward others in that bosom sits
That on himself such murderous shame commits



William Shakespeare
Inglaterra (1564 – 1616)

  Estrategias

Noam Chomsky y las 10 Estrategias de Manipulación Mediática

El lingüista Noam Chomsky elaboró la lista de las “10 Estrategias de Manipulación”
a través de los medios




1. La estrategia de la distracción
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones
Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión
Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad
Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad
Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen
En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

  Llegaremos a tiempo



Llegaremos a tiempo

Si te arrancan al niño, que llevamos por dentro,
Si te quitan la teta y te cambian de cuento
No te tragues la pena, porque no estamos muertos
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo


Si te anclaran las alas, en el muelle del viento
Yo te espero un segundo en la orilla del tiempo
Llegaras cuando vayas más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo…


Si te abrazan las paredes desabrocha el corazón
No permitas que te anuden la respiración
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión
Que la vida son dos trazos y un borrón


Tengo miedo que se rompa la esperanza
Que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo, te eché un pulso y pueda más
No te rindas no te sientes a esperar


Si robaran el mapa del país de los sueños
Siempre queda el camino que te late por dentro
Si te caes te levantas, si te arrimas te espero
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo…


Mejor lento que parado, desabrocha el corazón
No permitas que te anuden la imaginación
No te quedes aguardando a que pinte la ocasión
Que la vida son dos trazos y un borrón


Tengo miedo que se rompa la esperanza
Que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo te eché un pulso y pueda más
No te rindas no te sientes a esperar


Solo pueden con tigo, si te acabas rindiendo
Si disparan por fuera y te matan por dentro
Llegaras cuando vayas, más allá del intento
Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo…




Rosana Arbelo
Nació en Lanzarote (Islas Canarias) en 1963

  Homenaje

Homenaje al ex presidente de la República Argentina, Nestór kirchner
Audio: Radio Nacional




El recuerdo de algunos intelectuales para el diario español El País



Juan Gelman, poeta y premio Cervantes 2007.
"La muerte de Néstor Kirchner crea un vacío enorme en la política
argentina. Su Gobierno contra todas las dificultades de los intereses
conocidos llevó adelante reformas para el plan económico que permitió,
con la continuidad del Gobierno de Cristina Fernández, atravesar la
crisis global en continuo crecimiento. A mi juicio su logro fundamental
ha sido la política en materia de derechos humanos que permitió terminar
con la capa de plomo de inmunidad que protegía a los verdugos de la más
reciente dictadura militar argentina. Fue un gran hombre y lamento su
pérdida."




Marcelo Figueras, periodista, escritor y guionista argentino.
"Néstor Kirchner fue el primer presidente democráticamente electo que me
hizo sentir que lo que siempre había considerado un sueño era posible.
Acabar con las amnistías y propiciar el juicio a los genocidas. Poner
límites al FMI. Impulsar una Corte Suprema de Justicia que fuese
verdaderamente independiente, y por ende lo contrario de la Corte del
faraón Menem. Kirchner valoró y colaboró con las organizaciones de
derechos humanos. Fue un presidente que respetó las protestas populares,
logrando que una policía brava obedeciese el mandato de no reprimir.
(Sus antecesores inmediatos, Duhalde y De la Rúa, se fueron dejando
detrás suyo un tendal de muertos.) Hasta la presidencia de Kirchner, la
Argentina se contagiaba de inmediato de cualquier crisis económica. Las
últimas crisis, se toparon por primera vez con una Argentina saludable.

Decir entonces que en Argentina hay un antes y un después de Kirchner
es, pues, simplemente ser respetuoso a la verdad. Su muerte es una
pérdida para Latinoamérica en general, pero ante todo para mi país.
Espero sinceramente que el proceso que inició siga desarrollándose y
perfeccionándose, para que la Argentina con la que millones soñamos
desde hace tanto -sin exclusiones ni hambrientos, en la que los derechos
de todos, y especialmente los débiles, sean respetados- esté más cerca
cada día. Pero no soy ingenuo. En estos días veremos caras compungidas
de muchos que por dentro sonríen, mientras afilan sus garras.

A Kirchner se le criticó su estilo confrontativo, pero el origen de la
queja es transparente: hay ciertos poderosos que no estaban
acostumbrados a que les pusiesen límites. Hasta el más simple manual
culinario sabe que no hay forma de hacer tortilla sin romper huevos.
Alguien dijo una vez que se puede medir a un hombre por los enemigos que
supo ganarse. Si no contase con otra evidencia, me bastaría con la lista
de los poderosos antikirchneristas para establecer que la estatura de
este hombre debe haber sido, y sin cortapisas, formidable.
En la Argentina de la represión, cuando alguien quería justificar un
secuestro y desaparición decía: algo habrá hecho.
Con Kirchner habría que invertir esa frase de mierda
y decir: "Algo (bueno) habrá hecho".

  Ventanas




Ventana sobre el miedo


El hambre desayuna miedo. El miedo al silencio aturde las calles.
El miedo amenaza.
Si usted ama, tendrá sida.
Si fuma, tendrá cancer.
Si respira, tendrá contaminación.
Si bebe, tendrá accidentes.
Si come, tendrá colesterol.
Si habla, tendrá desempleo.
Si camina, tendrá violencia.
Si piensa, tendrá angustia.
Si duda, tendrá locura.
Si siente, tendrá soledad.



Ventana sobre la memoria


I

A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos.

Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.

Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoje los pedacitos y los incorpora a su arcilla.

II

Un refugio?
¿Una barriga?
¿Un abrigo para esconderte cuando te ahoga la lluvia, o te parte el frío, o te voltea el viento?
¿Tenemos un espléndido pasado por delante?
Para los navegantes con ganas de viento, la memoria es un puerto de partida.




Ventana sobre la utopía

Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.

  Monólogo del insumiso




Monólogo del insumiso
De: Juan José Arreola

Homenaje a M. A.


Poseí a la huérfana la noche misma en que velábamos a su padre a la luz parpadeante de los cirios. (¡Oh, si pudiera decir esto mismo con otras palabras!)

Como todo se sabe en este mundo, la cosa llegó a oídos del viejecillo que mira nuestro siglo a través de sus maliciosos quevedos. Me refiero a ese anciano señor que preside las letras mexicanas tocado con el gorro de dormir de los memorialistas, y que me vapuleó en plena calle con su enfurecido bastón, ante la ineficacia de la policía ciudadana. Recibí también una corrosiva lluvia de injurias proferidas con voz aguda y furiosa. Y todo gracias a que el incorrecto patriarca ¡el diablo se lo lleve! estaba enamorado de la dulce muchacha que desde ahora me aborrece.

¡Ay de mí! Ya me aborrece hasta la lavandera, a pesar de nuestros cándidos y dilatados amores. Y la bella confidente, a quien el decir popular señala como mi Dulcinea, no quiso oír ya las quejas del corazón doliente de su poeta. Creo que me desprecian hasta los perros.

Por fortuna, estas infames habladurías no pueden llegar hasta mi querido público. Yo canto para un auditorio compuesto de recatadas señoritas y de empolvados viejitos positivistas. A ellos la atroz especie no llega; están bien lejos del mundanal ruido. Para ellos sigo siendo el pálido joven que impreca a la divinidad en imperiosos tercetos y que restaña sus lágrimas con una blonda guedeja.

Estoy acribillado de deudas para con los críticos del futuro. Sólo puedo pagar con lo que tengo. Heredé un talego de imágenes gastadas. Pertenezco al género de los hijos pródigos que malgastan el dinero de los antepasados, pero que no pueden hacer fortuna con sus propias manos. Todas las cosas que se me han ocurrido las recibí enfundadas en una metáfora. Y a nadie le he podido contar la atroz aventura de mis noches de solitario, cuando el germen de Dios comienza a crecer de pronto en mi alma vacía.

Hay un diablo que me castiga poniéndome en ridículo. Él me dicta casi todo lo que escribo. Y mi pobre alma cancelada está ahogándose bajo el aluvión de las estrofas.

Sé muy bien que llevando una vida un poco más higiénica y racional podría llegar en buen estado al siglo venidero, donde una poesía nueva está aguardando a los que logren salvarse de este desastroso siglo XIX. Pero me siento condenado a repetirme y a repetir a los demás.

Ya me imagino mi papel para entonces y veo al joven crítico que me dice con su acostumbrada elegancia: "Usted, querido señor, un poco más atrás, si no le es molesto. Allí, entre los representantes de nuestro romanticismo."

Y yo andaría con mi cabellera llena de telarañas, representando a los ochenta años las antiguas tendencias con poemas cada vez más cavernosos y más inoperantes. No señor. No me dirá usted "un poco más atrás por favor". Me voy desde ahora. Es decir, prefiero quedarme aquí, en esta confortable tumba de romántico, reducido a mi papel de botón tronchado, de semilla aventada por el gélido soplo del escepticismo. Muchas gracias por sus buenas intenciones.

Ya llorarán por mí las señoritas vestidas de color de rosa, al pie de un ahuehuete centenario. Nunca faltará un carcamal positivista que celebre mis bravatas, ni un joven sardónico que comprenda mi secreto, y llore por mí una lágrima oculta.

La gloria, que amé a los dieciocho años, me parece a los veinticuatro algo así como una corona mortuoria que se pudre y apesta en la humedad de una fosa.

Verdaderamente, quisiera hacer algo diabólico, pero no se me ocurre nada.

Cuando menos, me gustaría que no sólo en mi cuarto, sino a través de toda la literatura mexicana, se extendiera un poco este olor de almendras amargas que exhala el licor que a la salud de ustedes, señoras y señores, me dispongo a beber.



Juan José Arreola
México, 1918-2001
Autodidacta, actor y narrador mexicano nacido en Zapotlán (Jalisco). En México hizo teatro con Rodolfo Usigli, Xavier Villaurrutia y en Francia con Louis Jouvet, Jean Louis Barrault. Fue miembro del grupo teatral Poesía en voz alta; fundó talleres literarios, dirigió importantes publicaciones Los presentes, Cuadernos y Libros del unicornio, la revista Mester y las ediciones del mismo nombre, durante la década de 1960. Ha publicado Varia invención (1949), Confabulario (1952), la obra teatral La hora de todos (1954), Bestiario (1958), La feria (1963), La palabra educación (1973), que recopila sus intervenciones orales. Autor de prosa cincelada, breve, humorística, erudita, de añeja tradición y oficio artesanal.

  Sylvia Plath

30 de octubre de 2010



Filo

La mujer alcanzó la perfección.
Su cuerpo

muerto tiene la sonrisa de la consumación,
la ilusión de una fatalidad griega

fluye en los pliegues de su toga,
sus pies

descalzos parecen decir:
hasta aquí llegamos, se acabó.

Cada niño muerto, serpiente blanca,
cada ínfimo

cántaro de leche, ahora vacío.
Ella los atrajo

de nuevo para su cuerpo como pétalos
de una rosa que se cierra cuando el jardín

se petrifica y las fragancias sangran
en las gargantas dulces, profundas, de la flor nocturna.

La luna no tiene por qué estar triste
mientras observa desde su cofia ósea.

Está habituada a este tipo de cosas.
Sus lutos crujen y se arrastran.



Edge


The woman is perfected.
Her dead

Body wears the smile of accomplishment,
The illusion of a Greek necessity

Flows in the scrolls of her toga,
Her bare

Feet seem to be saying:
We have come so far, it is over.

Each dead child coiled, a white serpent,
One at each little

Pitcher of milk, now empty.
She has folded

Them back into her body as petals
Of a rose close when the garden

Stiffens and odors bleed
From the sweet, deep throats of the night flower.

The moon has nothing to be sad about,
Staring from her hood of bone.

She is used to this sort of thing.
Her blacks crackle and drag.


Sylvia Plath
EEUU (1932 – 1963)

De “La pasión del exilio”
Diez poetas norteamericanas del siglo XX
Ed. Bajo la luna – 2007

Trad. María Negroni


Nació el 27 de octubre de 1932 en Boston y el 11 de febrero de 1963, cuando tenía sólo treinta años, se quitó la vida asfixiándose con gas.
Dentro de su legado literario, se destacan obras como “El coloso”, “Ariel”, “Cruzando el agua”, “Árboles de invierno”, “La campana de cristal”, “Cartas a casa”, “Johnny Panic y la Biblia de sueños” y “The magic mirror” (su tesis para el Smith College), entre otras. En materia de galardones y reconocimientos, cabe destacar que, en 1982, a título póstumo, se le concedió a esta escritora el Premio Pulitzer por sus “Poemas completos”.

  André Breton

29 de octubre de 2010




El penacho

Si solamente hiciera sol esta noche
Si en el fondo de la Ópera dos senos claros y resplandecientes
Compusieran para la palabra amor la más maravillosa capitular viviente
Si el pavimento de madera se abriera sobre la cima de las montañas
Si el armiño mirara con gesto suplicante
Al sacerdote de vendas rojas
Que regresa de la prisión contando los coches cerrados
Si el eco lujoso de los ríos que atormento
Sólo arrojara mi cuerpo en la hierba de París
Que no se hiela en el interior de las joyerías
Por lo menos la primavera ya no me causaría miedo
Si solamente fuera una raíz del árbol del cielo
Por fin el bien en la caña de azúcar del aire
Qué ves tú hermosa silenciosa
Bajo el arco de triunfo del Carrusel
Si el placer gobernara bajo el aspecto de una eterna transeúnte
Estando las Cámaras surcadas sólo por la mirada violeta de los paseos
Qué no daría yo porque un brazo del Sena Se deslizara bajo la Mañana
Que está de todas formas perdida
No me resigno no a las salas acariciantes
Donde suena el teléfono de las multas de la noche
Al partir he prendido fuego a una mecha de cabellos
que es la mecha de una bomba
Y la mecha de cabellos excava un túnel bajo París
Si solamente mi tren Penetrara Por ese túnel




André Breton
Francia (1896 – 1966)
Trad. Manuel Álvarez Ortega

Nació en 1896. Estudió medicina y trabajó en hospitales psiquiátricos durante la Iª Guerra mundial, aplicando sus profundos conocimientos de la teoría freudiana. Desde muy joven trabó amistad con importantes figuras intelectuales de Francia convirtiéndose en el gran impulsor del surrealismo y el dadaísmo.
En 1921 publicó su primera obra surrealista, "Los campos magnéticos", en la que exploró las posibilidades de la hipnosis. Colaboró con Paul Éluard, Louis Aragon y Philippe Soupault en la fundación de la revista Littérature.
En 1922 rompió con el Dadaísmo, se dedicó al automatismo psíquico, publicó en 1924 y 1929 el 1° y 2° manifiestos surrealistas y militó en el partido comunista francés hasta 1935.
A raíz de la IIª Guerra mundial, se radicó en EE.UU. donde fundó en compañía de Marcel Duchamp, Marx Ernst, y David Hare, la revista "VVV". En 1941 publicó el Tercer manifiesto surrealista. Regresó a Paris en 1946, dedicándose hasta su muerte, en 1966, a mantener vivo el movimiento surrealista.



Obra: The Triumph of Andre Breton and surrealism. Shahla Rosa

  Carlos Skliar

28 de octubre de 2010




El tedio se retira
Como sol austero

La serpiente se nutre
De miedos anteriores

Un árbol viene
Hacia un niño

La caricia
Ocupa más
que el cuerpo

Habrá un silencio
Una súplica minúscula

El mundo ama

Por la inusitada soledad
De todos sus impares


* * *


Todo otro es
Próximo prójimo

Todo uno es
Absurdo Lejano distante

¿Nosotros?

Tierra empecinada
En desdecirse


* * *


El infierno
Sí que sabe
Balancearse
En el hazmerreír
Del mundo

El paraíso
Ni siquiera
Puede
Obedecerse
A sí mismo



Carlos Skliar
(Buenos Aires, 1960) publicó los libros de poemas Primera Conjunción (1981), Hilos después (2009) y Voz apenas (2010), el libro de aforismos y ensayos La intimidad y la alteridad. Experiencias con la palabra (2006); participó en la Antología de la nueva poesía argentina, organizada por Daniel Chirom (1980) y algunas de sus poesías fueron editadas en suplementos literarios y culturales (La Opinión Cultural, entre otros). Ha escrito diferentes ensayos educativos y filosóficos, entre ellos: ¿Y si el otro no estuviera ahí? (2001); Habitantes de Babel. Política y poética de la diferencia (2001, con Jorge Larrosa); Derrida & Educación (2005); Pedagogía –improbable- de la diferencia (2006); Huellas de Derrida. Ensayos pedagógicos no solicitados (2006, con Graciela Frigerio); La educación –que es- del otro (2007); Entre pedagogía y literatura (2007, con Jorge Larrosa); Experiencia y alteridad en educación (2009 con Jorge Larrosa); y Conmover la educación (2009, con Magaldy Téllez). Es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Argentina, Investigador del Área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y docente en la Maestría en Comunicación y Cultura de la Universidad de Buenos Aires. Conduce desde 2005, junto a Diego Skliar, el programa de radio “Preferiría no hacerlo”, por FM La Tribu, de Buenos Aires, Argentina.

  Susana Villalba

27 de octubre de 2010




Se que mi petición es precipitada

yo
yo y mi
yo y mi cuerpo fuimos a esa fiesta
yo bailé
hermoso rico y poderoso rozaba mi cuerpo
mi betty boop mi reina descalza
mi nombre es yonimeri yo también
fuego furia ¿fumás? fuimos a su casa
estás mojada no sé no hemos sido presentados
sumergidos suma de noche estera estambres estaba aterrorizada
profeta centinela sentí un automóvil rojo rubio el tabaco
su espalda fuerte trepaba mi caída ínfimos funestos café
piedras para dormir me acompañaba a casa y olvidé decírselo
las palabras son monedas clavadas a la tierra
historias de susy siempre lo he sabido
cómo explicarte hubiese cupido calendario
perdida en los andenes al día siguiente mi sombra caía del piso 29
olvidé decirle que siempre nadie y yo nunca los amores cobardes
lloraba no llegan porque los hombres etcétera
él era despiadado todo un hombre quemado de belleza
mi cuerpo gemía como un gato y lo envidié pero yo nunca
me meto en sus asuntos
dijo tu piel mi nena dame no sé qué cosa qué llave del infierno
yo hubiera declarado desplegado y estrenado un novio
hubiese dicho a mis amigas entrado en cualquier bar
hubiese hubiese vino que me matara
habráse visto tan chiquita y calentando bancos en la plaza
ay corazón si te fueras de madre
siempre la pena entra la pena y la nada
mi cuerpo roto pegado a lo sumido curioso rito de cucharas en la mesa
sobre la mesa en la ducha él era el agua y me frotaba belladona
dame en el centro de lo que siempre habla el espejo la sombra
del deseo era lacan en mi escritorio
ah para su estudio de análisis oh para sus análisis acabar era ver
mi cuerpo demasiado tarde dónde estuviste le decía
ay corazón si supieras ser látigo y dormir


Susana Villalba
Argentina – 1956

De: “Poetas. Autores argentinos de fin de siglo”
Selección de Juano Villafañe-
Ed. Desde la Gente – 1995

Nació en Buenos Aires en 1956. Como poeta ha publicado: Oficiante de sombras (Ed. Último Reino - 1982), Clínica de muñecas (Ed. Último Reino - 1986), Susy, secretos del corazón (Ed. Último reino - 1989), Matar un animal (Caracas, 1995; Bs As, 1997), Caminatas (1999) y Plegarias (2004). Creó y dirigió la Casa de la Poesía del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Festival Internacional de Buenos Aires en 1999, y en 2000 la Casa Nacional y el Festival Internacional de Poesía del Gobierno de la Nación. Pertenece al Consejo de Redacción de la revista y editorial Ultimo Reino. Tiene seis libros de poesía publicados. Dio talleres literarios en la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es también periodista y dramaturga.

Pintura: Leopoldo Presas

  José Carlos Becerra

26 de octubre de 2010




Las reglas del juego

" Cada uno debe entrar en su propio degüello, cada uno retocando su respiración, cultivando sus excepciones a la regla, sus moluscos solares,
haciendo sus abstinencias más inclementes y más diáfanas
porque la luz debe romperse allí, la eternidad debe dejar caer un guijarro en ese gemido.
Recuerden la niñez de vuestra madre, la niñez de vuestra muerte;
solitarios del mundo y de todos los deseos, inoculados por el lagarto y el pájaro que se enfrentan en todas las intenciones de la sangre.
Ustedes han sentido la máscara y la falsificación de la máscara: el rostro en los invernaderos de las pequeñas, inútiles ceremonias que todavía nos conmueven.

Bajo la luz de una luna parecida a la desnudez de las antiguas palabras,
escuchen este ritmo, esta vacilación de las aguas, la noche está moviendo sus ruedas oscuras, estas palabras llevan ese significado, y yo me dejo arrastrar por aquello que quiero decir: aquello que ignoro, y he aquí que la frase delibera su propio silencio.

Oh noche casual de estas palabras, oh azar donde la frase regresa a su silencio y el silencio retorna a la primera frase, en el lenguaje aparecen de nuevo los primeros caracoles, las primeras estrellas de mar, y las bestias de la niebla ponen su vaho en los nuevos espejos.

Aquel que diga la primera palabra dejará caer el primer vaso, aquel que golpee su asombro con violencia verá aparecer el fuego en sus cabellos, aquel que ría en voz alta será el primero en guardar silencio, aquel que despierte antes de tiempo sorprenderá a su esqueleto haciéndole señas extrañas a los árboles;
y el mar, como un síntoma interrumpido, vuelve de nuevo a oírse a los lejos y en su respiración otra vez escuchamos el ruido de esa puerta que bate azotada por el viento del infinito.

Nace la luna sobre el mar como una antigua mirada del hombre.

En el puerto se van encendiendo las primeras luces.


José Carlos Becerra
México (1936 – 1970)
Nació en Villahermosa (Tabasco), y murió en un accidente cerca de la ciudad de Brindisi, Italia. Publicó Oscura Palabra (1965), Corona de hierro (1966) y Relación de los hechos (1967). En 1973, se publicó El otoño recorre las islas, una recopilación de su obra poética hecha por Gabriel Zaid y José Emilio Pacheco y prologada por Octavio Paz, que incluye sus libros inéditos Fiestas de invierno y Cómo retrasar la aparición de las hormigas, así como la única narración que escribió: Fotografía junto a un tulipán. En 1969, obtuvo la beca Guggenheim. Su poesía es la confluencia de dos corrientes próximas; el aliento a Tabasco de Carlos Pellicer, de quien estuvo muy cerca, y la densa cubanidad de José Lezama Lima. Con él se inicia en México una escritura poética de versículo espeso, como un nuevo barroco, que influye en la obra de poetas posteriores como David Huerta y Coral Bracho y, en otras vertientes, en Elsa Cross y José Luis Rivas.

  Marcelo Marcolin

25 de octubre de 2010



Cuando llueve en Lisboa

“No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.”

Fernando Pessoa


Hablan los parroquianos de una lluvia / una lluvia que esconde los sueños
entonces esta ciudad que sabe de ahogos / desvelos atlánticos que olvidan
secretos del Tajo y sus pasiones
se le fugan los sueños en esos días de lluvia.
Ricardo Reis deambula una calle de Lisboa. Llueve / llueve desde los cielos
hacia el mar. Llueve /el mar extasiado de furia
espanta los milagros y las calles tiñen su suerte de otoño
bajo los pies de un Ricardo Reis que hurga en la oscuridad de la iglesia del tormento
esas sombras que distingue en la altura de los santos preconcebidos
descubre sólo sombras y en las sombras puede ver a un Alberto Caeiro
como un signo inerte bajo las mismas sombras.
Alberto Caeiro que traga espíritus
y desconsolado intenta encontrar un sueño / sueño de lluvia / lluvia
que los lleva / los oculta y Alberto Caeiro gime / gime sobre la noche
de Lisboa / gime en su soledad infinita / transitando los corredores
de lo inesperado que entrega la soledad / dibujando rostros
que nunca estarán y la lluvia se empecina en borrarlos hasta de los olvidos.
Alberto Caeiro cae / cae bajo los truenos y relámpagos y se vuelve
y los truenos y relámpagos lo vuelven Álvaro de Campos
y Álvaro de Campos suele ser ese fantasma
fantasma que la lluvia arrastra hasta las costas de la insatisfacción y
deja cuerpos / marcas / enciclopedias olvidadas /ropas sucias de otro pasado /
cangrejos negros / amores que nunca estarán en ninguna primavera.
Álvaro de Campos incendia su última carta / abre los portales del infierno
/ quema centellas / busca las piernas blancas del otro rumor
/ penetra en cielos perceptivos / calles de nada /
sombras y otras sombras y esa lluvia / lluvia que esconde sueños
y Fernando Pessoa zozobrando lateralmente en las veredas de una Lisboa
que intenta descansar de lluvias / fantasmas y sueños no cumplidos.



Marcelo Marcolin
(Poema inédito)
Nació en Buenos Aires en 1957. Fue miembro de la llamada Generación Subterránea argentina; editor y parte de diferentes publicaciones, entre ellas: Artemisa, Antimitomanía, El ojo de la Ballena, Río de la Plata. Colaborador en medios gráficos y radiales como columnista. Premio Zargazazú 1986. Ha editado: La coronación del príncipe mudo, Matecocido, La primera letra, Angeles clandestinos y Siestas de Wincofón.

  Leonel Rugama

24 de octubre de 2010




La tierra es un satélite de la luna

El Apolo 2 costó más que el Apolo 1
el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo 3 costó más que el Apolo 2
el Apolo 2 costó más que el Apolo 1
el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo 4 costó más que el Apolo 3
el Apolo 3 costó más que el Apolo 2
el Apolo 2 costó más que el Apolo 1
el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo costó un montón, pero no se sintió
porque los astronautas eran protestantes
y desde la luna leyeron la Biblia,
maravillando y alegrando a todos los cristianos
y a la venida el papa Paulo VI les dio la bendición.

El Apolo 9 costó más que todos juntos
junto con el Apolo 1 que costó bastante.
Los bisabuelos de la gente de Acahualinca tenían menos
hambre que los abuelos.

Los bisabuelos se murieron de hambre.
Los abuelos de la gente de Acahualinca tenían menos
hambre que los padres.
Los abuelos murieron de hambre.
Los padres de la gente de Acahualinca tenían menos
hambre que los hijos de la gente de allí.
Los padres se murieron de hambre.
La gente de Acahualinca tiene menos hambre que
los hijos de la gente de allí.
Los hijos de la gente de Acahualinca no nacen por
hambre,
y tienen hambre de nacer, para morirse de hambre.
Bienaventurados los pobres porque de ellos será la luna.



Leonel Rugama
Nicaragua (1949 – 1970)
De: “Anillo de silencio” Centroamérica en la poesía Selección de Jorge Boccanera
Ed. Desde la Gente - 2009
Nació el 27 de marzo de 1949 en el Valle de Matapalos, Estela y murió el 15 de enero de 1970 combatiendo contra la guardia somocista.
Sus poemas dispersos en diversas publicaciones integran el libro “La tierra es un satélite de la luna” (1978 y 1987).

  Nicolás Olivari

23 de octubre de 2010




El musicante rengo

Tendrá treinta años el musicante rengo,
y acaso un principio de ataxia locomotriz,
a oír sus rapsodias a este café vengo
arrastrando mi pena como a una lombriz.

La mujer es aquella, la blanca, la loca
mujer que en todos remira
la pobre ya siente que toca
la inmortalidad de “Yira – Yira”.

El hombre para olvidar bebe,
y yo bebo para olvidar:
la mujer esa debe
cocainizarse para terminar.

Entre los tres sumaremos doce lustros,
¡y estamos tan cansados ya!
tengamos un gesto de decadencia augusto:
hagamos un “menage a trois”.

La ronda tan linda de los desgraciados:
un poeta enfermizo y desconocido,
un rengo con cuerda que se le ha terminado,
y la mujer borrosa que de todos ha sido.
El rengo me mira con piadosa mofa,
la mujer me sonríe con un gesto opaco,
yo bostezo y me río de mi perruna estofa,
mientras azul se arrepiente el tabaco.



Nicolás Olivari
Argentino (1900 – 1966)

De: “El gato escaldado”
Ed. CEAL - 1966

Obra: Desnudo de Carlos Alonso

  Osvaldo Guevara

22 de octubre de 2010




Sin pena en la palabra

Aunque me curve el desaliento
como un alud de piedras negras
no se lo cuento a mis palabras.
Escribir triste
es seguir derramando un vino amargo
sobre el mantel del mundo
ya mortalmente percudido.
Pero tal vez
ciertas almas piadosas que me leen
vengan a investigar mis lagrimales
y acaben demostrándome que mis palabras
no sobrevuelan tan livianamente
las aguas del naufragio
como quiero creer.


Osvaldo Guevara
Argentino
De: “Sin Pena en la palabra” (2008)
Extraído del Blog: grupotardesdelabibliotecasarmiento.blogspot.com
Villa Dolores, Capital de la Poesía, Traslasierra, Argentina.

  Osvaldo Guevara

21 de octubre de 2010




Niña Carmen

Niña Carmen: anoche he comido unas uvas
dulces
como sus ojos.
Yo regresaba solo a pieza de hotel.
Iba subiendo, solo, esa escalera
queme pone en los pies lejanías de barco.
Y me salieron al paso los racimos
de un parral numeroso
que lo rodea todo como una sombra verde.
Mi mano deshabitada
que venía de no tocar tu pelo
fue tocando las uvas.
Mi boca desierta
que volvía de hablarle a usted
con la cautela con que una llovizna
se acerca a una paloma
fue comiendo las uvas
lentamente
sintiéndolas
perderse en mi garganta como imposibles besos
oyéndolas
penetrar en mi cuerpo y en mi vida
convertírseme en sangre
una sangre de miel y fuego suave
que cantará en mis venas para siempre.
Minuto tras minuto
uva
tras
uva
seguí yo en la escalera del hotel silencioso
a esa hora en que los huéspedes duermen
pesadamente
o se dejan estar
en un sopor insomne
recordando
olvidando
distintos
ni educados vulgares o feroces
con la brasa indolente del verano
en las respiraciones y las sábanas.
Una sensación honda
delgada
casi como una pena pero sin sufrimiento
entraba en mi memoria
mis manos
mi destino
(una sensación que iría conmigo hasta la pieza
y allí se quedaría
como un agazapado amanecer
hasta este día
este poema).
Y las hojas aún tibias del parral
era una frescura de canción olvidada
de aire envolviéndome el corazón
como un agua
una luz
como una cabellera de mujer.
Inmóvil
subía por las uvas
hasta empujar los racimos del azul con la frente.
Y ya no estuve solo. No me pesaban
enero
los zapatos
la escalera
los años y perjuicios
las habitaciones sordamente entreabiertas
el roce de la noche despierta como un pulso
el amor que no llovió en mi sed
las estrellas cansadas y espesas del verano.
Esas uvas
tan lentamente dulces
tenían el aroma
el color
el sabor de sus ojos
Niña Carmen.


Osvaldo Guevara
Argentino
De: “Niña Carmen” - 1988
Nacido en Río Cuarto, (Córdoba) es uno de los mayores poetas hispanoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. Su suerte es común a la de otros grandes creadores del interior del país que, por el carácter hegemónico de la metrópolis o quizás por el legítimo empeño en no traspasar los umbrales del territorio familiar, su obra no ha alcanzado la difusión y la valoración que se merece.
Con la gratitud del amigo, pero sobre todo con el reconocimiento de su genio, he seleccionado algunos de sus poemas sin más criterio que el gusto personal y, tal vez por ello, no sean los más representativos de su magnífica obra. De todos modos, reflejan su dominio de la lengua, de la metáfora y de las técnicas de versificación -probablemente sea uno mayores sonetistas vivos-, así como su compromiso social y sensibilidad no exenta de un romanticismo panteísta.
Antonio Tello
Extraído de www.eldigoras.com

Publicaciones:
“Oda al sapo y cuatro sonetos” (1960), “La sangre en armas” (1962), “Garganta en verde claro” (1964), “Los zapatos de asfalto” (1967), “Niña Carmen” (1988), “Diario de invierno” (1975), “Primera persona” (1998), “Poemas en verso y prosa” (1998). “Sin Pena en la palabra” (2008); “Siempre deseando verte” (2010)


Obra: Uvas de Fernando Galarza Navarro

  Pablo Queralt

20 de octubre de 2010




De su juego

Las setentonas con sus panzas
Toman el sol
En sus bikinis
Y toman mate
Sin importarle nada

Más que ver
Los cuerpos de los pibes
Tostados brillantes atléticos
Jugando
El fulbito
En la arena
Del borde del mar

En la alegría natural
De la belleza
Del amor sin amor
Del vaho en su piel
Como un filete, vino
Del placer
Esa luz.


De: “89 golpes y un whisky”
Ed. El surí porfiado – 2010



31

Allí en ese comedero
También leen las titas
Las maria Aurelia Bisuttis
De tu barrio
Les trois petits cochons
Esos mediodías de pan
Y salmos
En el disco así
Nos acercamos a la sangre
De nuestros antepasados

De: “escribí mi nombre”
Ed. Mate Pastor – 2010


Pablo Queralt
Argentino

Obra: Navegaciones de Adolfo Nigro

  Pablo Queralt

19 de octubre de 2010




8


Es un grosso
Le tirás un limón
Y te devuelve un limón
Y dos naranjas
Escuelita
De un cielo perdido
En otro cielo

En el sonido del saxofonista
Solitario de la calle

Le caen monedas
En la gorra azul

Los jubilados van a ver
Los partidos
Y después juegan
Unos pesos
A las cartas

Un vinito
Y me convence
Esa forma de felicidad
De autoayuda
Que ejerce
Y no está en los manuales


De: “89 golpes y un whisky”
Ed: el surí porfiado – 2010



30

Comemos nuestras vísceras
Hígados de pollo
Bebemos agua hervida colada
La mosca sobrevuela
La sangre bajo mi piel
No dejes que las putas asesinas
Se suban a tus piernas, a tu mesa
Pagá tu precio.


De: “escribí mi nombre”
Ed. Mate Pastor – 2010


Pablo Queralt
Argentino


Obra: “Pájaro con móvil” de Mónica Álvarez Carreño

  Adrienne Rich

18 de octubre de 2010




He aquí un mapa de nuestro país:
aquí está el Mar de la Indiferencia, barnizado de sal
Aquí el río encantado que fluye del ceño a la ingle
no nos atrevemos a probar sus aguas
Éste es el desierto donde plantan misiles como bulbos
Éste es el granero de las granjas en bancarrota
Ésta es la tierra natal del héroe del rocanrol
Vemos aquí el cementerio de los pobres
que dieron la vida por la democracia        Éste es un campo de batalla
de una guerra del siglo XIX            el santuario es famoso
Ésta es la ciudad del mito y el relato            cuando la flota pesquera
se fundió            aquí es donde estaban los trabajos            sobre el muelle
procesadoras de pescado congelado            paga por hora y sin bonos
Aquí hay otros campos de batalla                        Centralia Detroit
aquí están los bosques vírgenes            el cobre            las minas de plata
aquí los suburbios del conformismo            el silencio sube como humo
desde las calles
Esta es la capital del dinero y del dolor cuyas torres
arden en el aire invertido cuyos puentes se derrumban
cuyos niños andan a la deriva en callejones confinados
entre espirales de alambres de púas
Prometí mostrarte un mapa dices pero esto es un mural
bueno pongamos que lo sea            son distinciones nimias
desde dónde lo miramos es la cuestión


Adrienne Rich
EEUU – 1929

De: “La pasión del exilio”
Diez poetas norteamericanas del Siglo XX
Ed. Bajo la luna
Trad. María Negroni.

Nació el 16 de Mayo de 1929 en Baltimore, Maryland. En 1951 publicó entre muchísimos otros: “A Change of World”, libro que W.H. Auden seleccionó para el Premio Yale de poesía Joven, premio que ganó. Otros libros editadosThe Diamond Cutres and Other Poems (1955); “Snapshots of a Daughter –in- law: Poems, 1954-1962 (1963); “Necessities of Life” (1966); “The Will to Change: Poems 1968 – 1970 (1971); “An Atlas of the Difficult World: Poems, 1988 – 1991 (1991) al cual pertenece el poema seleccionado aquí, etc.

  Santiago Espel

17 de octubre de 2010




Hombre de cierta fortuna

Entre los objetos de la descendencia encontró
dos corbatas, un título de propiedad de un terreno
en algún pueblo de la provincia, un reloj de oro,
una baraja española con mujeres desnudas
y una palangana de acero inoxidable.
Usó las corbatas durante veinte años;
por deudas inmobiliarias el estado terminó
por expropiarle el terreno;
empeñó el reloj para hacerse una dentadura de porcelana;
jugando, apostó la baraja y las mujeres desnudas y perdió;
finalmente, una tarde de lluvia en el balcón,
descubrió la sabiduría en el agua quieta de la palangana.


Ganchos

La última mujer con la que estuve
me dejó la casa llena de ganchos
de carnicería.
Me fui dando cuenta de a poco,
a los días de quedarme solo.
Ganchos ahora vacíos
y oscilantes como horcas.
De esos ganchos, mi última mujer
colgaba toallas, corpiños, bufandas
y grandes pañuelos de seda.
De la seda emanaban
perfumes oscilantes como horcas.
Cuando me quedé solo,
de a poco fui escuchando
el tenue balanceo de los ganchos:
un acero sinuoso
cortando el aire.
Al fin, no me quedó otra
que descolgar los ganchos,
uno por uno, meterlos en una
bolsa y tirarlos al río.
Si un día de estos vuelve
por los ganchos
le voy a decir que vaya a dragar el río.
Me acuerdo que el último gancho
que descolgué era realmente grande;
tan grande como para resistir
el peso de un viejo caballo sangrante.




Santiago Espel
Argentina - 1960

Nació en Capital Federal en 1960. Publicó en poesía: “Rapé”, 1988 (Faja de Honor de la SADE); “Pavesas & Muelles”, 1990; “Misas en Harlem”, 1993 (1º Premio de Poesía en el Concurso Nacional Ramón Plaza); “Cantos Bizarros”, 1988; “La claridad meridiana”, 2001 (mención en el Certamen Internacional "Letras de Oro 2000", Honorarte , y Divisa Nacional "Horacio Rega Molina"; “La víspera sí”, 2002; “Isoca”, 2004 y “Vulgata”, 2006. “100 haikus”, Ediciones La Carta de Oliver, 2008;
En 1995 publicó la novela La Santa Mugre o el País de Cucaña, en Grupo Editor Latinoamericano.
Dirigió la revista bilingüe de poesía (castellano-inglés) La Carta de Oliver, entre 1990 y 1999.
Actualmente coordina la colección de libros de poesía del mismo sello.
Integra la revista de poesía Omero.
Es miembro de la Sociedad de los Poetas Vivos.

  Javier Adúriz

16 de octubre de 2010




Cuestiones de la selva

1


Ahora recuerdo cómo abrías la cerca
con tu enorme cabezota. Eras tierno,
Tantor, toda vez que me avisabas
la llegada de ella con la mona Chita.

La cuestión marital en el reino selvático
se puso overa. Peor que una madeja
de lianas, descubrir el fondo inextricable
de su habla. Hacía rancho aparte.

No es fluido mi cristiano explicar
las cosas. Recordarás mi parca educación:
mi no servir para la hazaña ágil.

Aquí, en el geriátrico, me hacen
homenajes. Pero qué peleas Tantor;
en aquel tiempo, viejo, cuánta lucha.



2


Si te lo dije siempre, Chita, él
tiene algo de payaso. Es un acróbata.
Antes era el campeón de la liana,
y por eso lo quiero. Y él me quiere.

El tema es que ahora quiere volver,
dejar la silla de ortopedia y anda
de nuevo, con el asado de cebú.
Puede gritar lo que quiera. No lo oigo.

¿O quién pensás que paleaba la bosta
de Tantor? ¿Quién plancha todavía sus pañales
que pretende pintados de leopardo?

Lo pasado pasó y somos otros.
Chita, ¿me oís? ¿O te agarró el viejazo?
El amor tiene tanto de heroísmo…

Para Pía y Roberto Malatesta



Javier Adúriz
Argentino – 1948

De: “Canción del Samurai”
Ed. Del Dock – 2004

Nació en Buenos Aires en 1948. pertenece a la generación del 70.
Publicó: “Palabra sola” (1971); “En sombra de elegía” (1979); “Solos de conciencia” (1985); “Égloga brusca” (1993) y “La forma humana” (1999). También publicó la antología “Vámonos con Pancho Villa y otros poemas” en la revista Omero. Es autor de ensayos y traductor de poetas ingleses para la colección Traducciones del Dock. Recibió el premio Iniciación Nacional y dos veces el del Fondo Nacional de la Artes.

  Diego Roel

15 de octubre de 2010




Las variaciones del mundo


Todo nace y muere en mí

No hay nada que quitar, nada que añadir:
lo Real yace detrás del velo de las horas.

Todo nace y muere en mí.



Ahora voy hace ninguna parte,
Dejo que las cosas se aproximen.

No tengo nombre ni memoria.



Me inclino sobre la última imagen
y veo lo que sucede alrededor.

El viento arrastra papeles, palabras, objetos,
las infinitas variaciones del mundo.



Nada es real.

Sí, en este silencio
me deslizo como una forma sin cuerpo.

No quiero asirme a ningún gesto.



Ahora suelto las manos del tiempo
y voy hacia lo que está del otro lado.

Escucho lejanas melodías.



Porque se fugaron las categorías
y ya nadie designa o señala o califica.

Nadie dice esto es una piedra, un animal,
un hombre, un alma que transita
de cuerpo en cuerpo, en luz, en superficie.

Nadie dice esto es un fulgor, un pájaro,
el vientre oculto de las cosas

Ya nadie nombra, nadie.

En esta curva
la palabra no tiene peso,
consistencia.

Por eso
salgo a ver afuera
aquello que palpita adentro.

Intento decir lo esencial,
deletrear el invisible alfabeto de los ciegos.



Pero es inútil, otra vez
el discurso se fragmenta.
Y avanzo a tientas,
asido a penas a un color,
a un ademán del viento.

Aquí nada conjuga con nada:
se cayeron los nombres y los signos.

Y sólo queda un resplandor,
el armazón deshilachado de los días.



No tengo hacia dónde ir.

Me quedo quieto y espero
el golpe y la caída.

No tengo hacia dónde ir.



En esta orilla
me abro a la espiral continua de los sueños.

Y veo pasar los números, las letras,
las últimas banderas.

Soy un testigo.

Me quedo quieto y contemplo
la incesante sucesión.




Avanzo y retrocedo:
suelto las manos y los pies,
abro las piernas del lenguaje.

Y observo lo que está del otro lado,
aquello que tiembla, que tiembla y sangra.

Escribo en los márgenes,
en la fisura de los días.

Y alzo las manos,
mi corazón sin sombra.



En este mundo
nada puede ser alcanzado,
perseguido.

No hay nada que encontrar.

La flecha se convierte en círculo.



El menor gesto,
el menor movimiento nos aleja.



Por eso
hay que pararse en ese intervalo,
en ese espacio en blanco entre las letras.
Ya no hay separación:
estallaron las formas y los signos.



Nada es real



Ahora puedo ver más allá del lenguaje
ese Lugar o Corazón o Templo.

Útero del mundo. Oscura matriz de lo posible.



Sé que un día despertaré en una observación
completamente desnuda, completamente virgen.



Escribo como quien salta o juega o ríe o canta.

El poema apunta hacia lo que está detrás,
hacia lo vacío.
Lo que desvela se oculta entre las sílabas.



Entonces
quedarse quieto, vivir en soledad.

Y entregarse a lo que viene,
a lo que huye y salta.

Sí, hay que observar las señales
que dejen las horas en los cuerpos.



Escribo en los pliegues del paisaje.

Me aproximo a un lugar fuera del espacio y del
tiempo. A una zona de lucidez y silencio.

Al corazón azul del poema.



Uno a uno,
Dentro del Pozo caen
Los colores del Reino.
Las Voces del Aire me dijeron:

Hay un jardín más allá del vocablo. Hay un Jardín
que es un Desierto. Hay un Desierto que es un Mar.

Hay un Mar, un Jardín, un Desierto.



Camino sobre las Aguas.

Voy hacia donde caen las últimas banderas,
hacia donde brillan las piedras y cantan
las perdidas voces del Cielo.

No tengo peso ya.



Diego Roel
Argentino - 1980

Nació en Temperley y actualmente reside en Mendoza. Publicó “Padre Tótem/Oscuros umbrales de revelación” (Ed. Libros de Tierra Firme – 2004); “Diario del Insomnio” (Ed. Libros de Tierra Firme – 2005); “Cuaderno del desierto” (Ed. Libros de Tierra Firme – 2007) y “Las variaciones del mundo” (Ed. El Mono Armado – 2010) de donde es esta selección.

  Horacio Salas

14 de octubre de 2010




Y chau Buenos Aires

A más de diez mil metros sobre el agua
en el momento justo en que dos ojos verdes
me ofrecen una toalla perfumada
y no puedo concentrarme en la lectura
porque cinco muchachas argentinas suponen
- sin conocer a Hemingway es claro -
que París es de verdad una fiesta a cada hora
no pienso en la sonrisa
o en esa última foto en Medellín
(parece mentira que con miedo)
no recuerdo la camisa rayada la guitarra
y las nubes de las calcomanías
ni siquiera la voz

Volando en el sentido inverso a Magallanes
se han mezclado los cables
en un cortocircuito con chispazos celestes
y desde las Barrancas de Belgrano
sube el olor a enero y los colores de otoño entre
los árboles
y en lugar de Gardel es Fiorentino quien canta
por lo bajo
y me pregunto cómo le explico a esta azafata
portuguesa
que Gardel se murió en el treinta y cinco
que no había nacido todavía
y que sin embargo hoy cuando dejo la Argentina
sobre el asiento de este boeing
que hace escalas en Río y Lisboa
a mí se me entrevera con otras pertenencias.

(los puntos amarillos en los ojos de una mujer querida
los rostros del amor cuando escribía poemas en la
la almohada
los soles que dibujé en su cuerpo
las palabras de un misterioso idioma adolescente
algunos sueños que aún pueden justificar la vida
una ausencia que duele en todo el cuerpo
esa mirada triste de mis hijos
cuando me despiden en Ezeiza
una tormenta eléctrica sobre la Recoleta
cubriendo de relámpagos al alcohol y la noche
unas líneas de Borges que emocionan
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.
el humo de los tangos en San Telmo
ese rostro implacable
que choca conmigo en todas partes)

Cómo podría explicarle a esta rubia muchacha portuguesa
sin tenerla en los brazos sin amarla
- tan cerca como estamos de este cielo
al que le han desordenado las estrellas -
que Gardel hoy son todos mis recuerdos
y que yo soy Gardel
y no me he muerto.





Horacio Salas
Argentina - 1938

Nació en Buenos Aires el 13 de agosto de 1938. Entre sus libros de poesía se destacan “Memoria del tiempo”, “La corrupción”, “Gajes del oficio”, “Cuestiones personales” y “Dar de nuevo”. Es autor también de los ensayos “La poesía de Buenos Aires”, “La generación poética del 60”, “Borges, una biografía”, “El Centenario”, “Homero Manzi y su tiempo” y “El tango”. Entre numerosas distinciones, recibió el Premio Nacional de Crítica Literaria, el Premio Municipal de Poesía, el Premio Nacional de Ensayo y el Premio Konex. El gobierno francés lo condecoró con la orden de Caballero de las Artes y las Letras y, en el 2001, fue declarado por la Legislatura “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”.

Obra: Gardel (de Hermenegildo Sabát)

  Jorge Ariel Madrazo

13 de octubre de 2010




Galopan los jinetes del óxido
y Aquella que sabemos: siempre
al acecho.
La Gran Guadañera.
Su imbécil rueca de deshilar a las
terrestres criaturas.

¡No vales un céntimo vieja bruja!
Si piensas que te temo estás perdida.
Te la llevaste por pura traición.
Porque visteábamos hacia otro lado.
Porque olvidamos entibiar el frío.
Porque somos sólo carnada
para las mandíbulas de mercurio de la
Catástrofe.

Porque la ahuesada sintió celos
de Ella que fue la
mejor
que aún lo es en su sarcófago de hojas bajo el
cielo frente al río sus cenizas junto a las cuales nos
reuniremos, ya lo verás, venciendo a la miasma,
al azufre, a los orines incandescentes a
la cifra del invivir.




Jorge Ariel Madrazo
Argentino – 1931

De: “De vos”
Ed. El Mono Armado – 2008

Nació en Buenos Aires, en 1931. Es poeta, narrador y traductor. Publicó los libros de poesía "Orden del día", "La tierrita", "Espejos y Destierros", "Blues de Muertevida", "Cuerpo Textual", "Para amar a una deidad" y "De mujer nacido", entre otros. Recibió el Segundo Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (1987) y el Premio Fondo Nacional de las Artes (1998).

  María del Carmen Colombo

12 de octubre de 2010




Todas las noches, la madre china pone su mente adentro de una copita
quieta. La llena con sus diminutos pensamientos de alfiler. Es de jade,
la copita, y parece un párpado vaciado por la punta de una vara de
bambú. Puede ser también un pájaro mudo que se sostiene en una sola
pata de gallo.

La mente maternal imita el salto de los equilibristas, esos que tiran el
alma por el aire y cae, hecho un bollito, en las aguas secas del vacío.

A la mañana, la mente china sale lívida del párpado, como un pez o un
ánima que ha vagado por los vericuetos del limbo.




María del Carmen Colombo
Argentina –

De: “La Familia china”

Obra: Sky (de: Chiho Aoshima)

  Luis Alberto Crespo

11 de octubre de 2010




Chaparrón

Adelgazo como rabo de lagartija en el barranco
donde agua de chaparrones bajan, son piedras
golpeando el cuero de las calles
y ya no puedo decirme cosas
con la cabeza metida en los cerros.
Se cae el monte, anda en quebradas.
Yo no sé quién hace tanta buyaranga en los cables del teléfono.
Yo aquí soy igual al hombre de las mercancías:
una mano en la cara
para que los ojos no se vayan
en el sol del horror.
Y esos bichos en la ropa
y el capuchón de mosquitos que no me abandona,
que es como de loco.
Ando viejo, dándole a las latas con medio cuerpo en cardones,
con un poco de viento con tierra en la boca, con tierra roja.




Costumbres

Bajo el cielorraso cargado de lluvias
están los comerciantes y sus arreos de burro,
los de mercancías que hacen dormir.
Dejan una vejez en mis servicios,
y el polvero en los puentes
llevándole a uno las lejanías.
Trajeron una guitarra. La vi quemándose en el patio.
Y caminar, caminar,
hasta el río terminado en una piedra.
El agua me tiró lejos. Más allá
se borraban colinas y colinas.
Así toda la noche:
el cuerpo envuelto en aceite,
en sábana blanca
un tiempo llevado por las tejas,
a los quince años de vivir
creyendo estar en todas partes,
de querer ropas para volar
y la luna me pasaba silbando por la cara.



Luis Alberto Crespo
Nació en Venezuela en 1941. Obra publicada, entre otros libros: Si el verano es dilatado, 1968; Cosas, 1968; Novenario, 1970; Rayas de lagartija, 1974; Costumbre de sequía, 1976; Resolana, 1980; Entreabierto, 1984; Señores de la distancia, 1988; Mediodía o nunca, 1989; Sentimentales, 1990; Más afuera, 1993; Duro, 1995 y Solamente, 1996. Estudió Periodismo en la Universidad Central de Venezuela y en París. Dirige desde hace cinco años la Revista Imagen, del Instituto Nacional de Cultura CONAC

  Gigliola Zecchin

10 de octubre de 2010




Del arte de naufragar

cinco mujeres sentadas
unas con otras

barajas y la borra del café
la brujería

pasan barcos en la madrugada

con la marea baja
a ras del hambre

ella pensó
partiré para siempre

cavar sabía
la arena es la misma en toda orilla

el parto fue breve





Cacerolas

a mi madre


agridulce y ladrona
buscando palabras
como botones perdidos
dijo

hijos míos
lo bello cambia

la sangre se busca en los espejos
nacen mártires en cada batalla

tan peligroso es todo

y repartió el silencio
con su misma cuchara





Gigliola Zecchin (conocida con el seudónimo de Canela)
de In movimento

Nació en 1942 en Vicenza, Italia. Se traslada a la Argentina en 1951, y en 1975 adopta la ciudadanía argentina. Vive en Buenos Aires.Es Directora del Departamento de literatura para chicos y jóvenes en Editorial Sudamericana desde 1987 hasta la actualidad.Estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba. Tiene varios libros publicados en Editorial Sudamericana: Marisa que borra, Col. Pan Flauta (seleccionado por la IJB de Alemania para el Catálogo White Ravens 1990), Para cuando llueve (poesía), Boca de sapo,Col. Pan Flauta; Barco pirata, Col. Pan Flauta (con cassette en el que la autora narra el cuento musicalizado); Letras en el jardín; La SERIE LOLA (6 títulos); Mona Lisa y el paraguas de colores (Caminadores).

  Lucina Alvarez de Barros

9 de octubre de 2010




Un favor a la poesía


Poetas, cantores
deshollinadores de la vieja memoria
rumiadores celestes de palabras
caballeros andantes de la melancolía
buceadores de la magia
filatelistas de la ceniza
Lamas de los papelitos
amigos míos

no vayamos a olvidarnos de la luz
que no está allá arriba ni tan lejos
sino aquí
por estos lados.



Lucina Alvarez de Barros
Argentina (1945 – 1976)

Nació en Buenos Aires el 28 de enero de 1945. No registra obra editada. El portero del edificio donde vivía con su marido, Oscar Osvaldo, informó que el 7 de mayo de 1976, durante tres horas, un grupo armado estuvo merodeando por los pasillos hasta que encontró el domicilio buscado. Lucina y Oscar están desaparecidos desde esa noche.
Extraído de Palabra Viva Escritores y escritoras desaparecidos. SEA Sociedad de Escritores Argentinos. 2005.

  Los redondos

8 de octubre de 2010




El pibe de los astilleros


Fue unos meses a Caseros y su "strato" roja
se hizo el torbellino que hoy suena en la radio.
La ceniza no caía desde su cigarro
y estaba en sus ojos desarmándote.
Alquiló una rana rubia, tibia y haragana;
se moría de ganas de matarla.
Una linda damita de Concordia,
el más bello fuselaje que jamás lustró.
Le hizo un par de promesas imprudentes
y así fue que de ellas se aburrió.
Las minitas aman los payasos
y la pasta de campeón.
El pibe de los astilleros nunca se rendía,
tuvo un palacete por un par de días.
Rapiñaba montado a los containers
el maldito amor que tanto miedo da.
Fue por una lluvia que realmente moje
(que pusiera fin a su aventura).
Un final feliz para pimpollos
allí estaba, al fin, acechándolo.
Ciertos reyes no viajan en camello;
ellos andan el tranco del amor.
Esos tipos soplan con el viento
al rebaño y su temor



Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
Del Disco: “La mosca y la sopa”

El pibe de los astilleros esta basada en un cuento escrito por el indio solari, cantante de los redondos, titulado : "el sueño de pan rallado", que salio publicado en una revista de Bs As en la decada del 70. En la historia, el pibe se encontraba en un lugar con rehenes y afuera lo esperaba un ejercito de policias sedientos de sangre y describia las sensaciones y pensamientos que corrian por su cabeza justo antes de que " -lo apagaran los federicos ", tal cual lo decia en el texto.

Banda argentina de rock, oriunda de la Ciudad de La Plata y liderada por el Indio Solari. La banda obtuvo un gran reconocimiento como influencia en el rock argentino junto a solistas como Pappo, Charly García y Luis Alberto Spinetta. Es considerada como una de las bandas más importantes del rock argentino junto a Serú Girán, Los Abuelos de la Nada, Soda Stereo y Sumo.
Su obra siempre estuvo marcada por las metáforas en sus letras, la cultura, el vanguardismo en su puesta en escena y un imperante misticismo en sus obras gráficas. Representa un paradigma contracultural, reforzado y marcado por su producción independiente.

  Carlos Patiño

7 de octubre de 2010




Buscados (pero no hay recompensa)

La alborotadora tribu de los poetas
Debe ser expulsada de la República
(Platón)


Nosotros/los
alcanzados por el rayo/los
como niños/los
imprácticos/los
expuestos/los
aparecidos como géisers/
nosotros/
los que también soñamos de la cintura para abajo/
nosotros/los
como yo/
dejamos un tendal
somos bárbaros por demás peligrosos.

Sabemos entender las palabras
armarlas/desarmarlas/jugar con sus pudendas
- algunas veces las hacemos sangrar-
y por entre sus ruinas o el polvo de sus ruinas
rastreamos incómodas verdades
que la gente barrió bajo la alfombra para no verlas nunca.
Sabemos cómo abrir corazones
y no cómo cerrarlos/mostramos
hasta sin darnos cuenta
desolladuras/ansias/fantasías
que los demás ni sabían que tenían.
Y ellos después tampoco saben qué hacer con ellas,
cómo andar por ahí
tripas afuera: no están acostumbrados y les duele.

Por eso nos apedrean cuando nos ven
nos echan de sus casas
o nos dicen que sí con la cabeza y por la espalda
nos acusan de ingenuos
malvivientes
alcohólicos
emotivos al pedo
tiro al aire
drogados
locos lindos
vividores
portadores ilícitos de orgasmos
mostrencos
suicidas en potencia
perdedores.

Y no falta quien dice
que la nuestra
es la forma más honda de lo humano/pero
para leerla en biografías
no para compartirla/entonces
también nos apedrean
nos echan de sus casas
o nos dicen que sí con la cabeza
y por detrás etcétera.

Puede ser que alguien llega
- una mujer digamos-
se nos trepa un ratito
se despeina divierte con el viento en la cara
(siempre nos acompañan vientos huracanados)
se siente viva andando en carne viva/
juega con nuestra lava/pero como eso quema
y puede causar llagas tal vez irreversibles/
o demasiadas veces
debe meter la mano en la cartera/
más temprano que tarde alcanza un pico de cordura
y se va
a buscar esas cosas que aprenden desde niñas/
a buscar quien las cuide en la forma apropiada
en que – según se dice – deben cuidarse las mujeres:
como si fueran rosas tenues de invernadero
o algún maltés enano juguetón y travieso.
Ya no tiene importancia el hervor de la sangre.
Ya no importa el Nirvana.
No importan los bostezos
si es el hombre quien paga la cena.

Somos pobres es cierto y no sabemos
cómo mierda cuidar nuestro dinero
ni para qué cuidarlo.
Y tampoco cuidamos el ajeno.
Andamos a los saltos
cazando la comida de mañana o incluso de esta noche
perdidos en metáforas
tumbando hipocresías
abolidos de edades
hurgando el infinito
nadando en las pasiones
zarandeando el pasado o el futuro
llorando con otro si otro llora
bebiendo con otro si otro bebe
cantando con otro si otro canta
exhibiéndole al hombre sus miserias
y aportando las nuestras.
Eso es muy inestable/pone nervioso al mundo
le desordena el orden duramente ordenado.

Y por eso nosotros/los
alcanzados por el rayo/los
como niños/los
imprácticos/los
expuestos/los
aparecidos como géisers/
nosotros/
los que también soñamos de la cintura para abajo/
nosotros/
los libertinos enviados de tinieblas/
nosotros/los
como yo/
dejamos el tendal
somos sujetos
altamente salvajes.

Y por eso Platón puso en palabras
aquello que los otros esconden tras sus ojos:
a los poetas
hay que llevarlos lejos
meterlos en sus jaulas
y olvidarse que existen.



Carlos Patiño
Argentino – 1934

De: “Buscados pero no hay recompensa”
Ed. El ojo de la ballena - 2005

  Marcos Silber

6 de octubre de 2010




Ultimo domicilio conocido


Los acostaron muy cerquita
a uno del otro. Muy.
Y bueno, qué podría esperarse de esos dos
venidos de una juntada más ardiente aún,
un acople tocado – según consta en actas-
por el mal rayo que los partió.
Los acostaron muy cerquita.
Ahora no debe sorprender, y sí
soportar la batahola de la revancha.
Se oyen a toda hora a toda orquesta
los embates, la sublime colisión
de uno con otro que no paran no paran.
Se sospecha – según consta en actas-
algo les impidió a los cuerpos hacer cumbre;
así que a palidecer el desquite;
porque no se dan tregua,
a toda hora a toda orquesta
vuelven y vuelven no paran no paran.
El descuido fue acostarlos muy cerquita
a uno del otro. Muy.
Entonces hacen y deshacen;
carnes pendientes nada se ahorran.
Se trepan acometen se ocupan.
Le matan lo vivo a la muerte
y no paran no paran.



Marcos Silber
Argentino – 1934

De su último libro: “Cabeza tronco y extremidades”
Ed. El Mono Armado - 2010

  Marcos Silber

5 de octubre de 2010




Torácica


Un tanto sombrío el gran salón,
reposado el mobiliario
muda la luz de la velería.
Camposanto de carne en retirada,
feroz el silencio una sola sombra.
No se cae del asombro el bisturí;
qué sucedió se pregunta.
Era el fragor aquí y bullicio era
el crepitar de la incesante cocina.
¿Qué sucedió?
La autoridad pulmonar mandaba
“tomen el pan transparente de día
y a comerlo todo y no me dejen nada.”
No se cae del asombro el bisturí;
rojo el bombeador cardíaco
-el bolchevique de la familia-
que pregunta: ¿y las flechas,
qué se hizo de las flechas?”
Cómo quedó así, abatida la pasión…!
Era el fragor aquí y el bullicio era
el crepitar de la incesante cocina
con división del trabajo
y cada cual en lo suyo para todos.
¿Qué sucedió?
¿Qué decidió el cierre?
¿Quién puso la oscuridad?
¿Qué le detuvo la mano a la batuta?
¿Quién dijo?: “suficiente muchachos,
ya está,
ya cumplieron”.



Marcos Silber
Argentino – 1934

De su último libro: “Cabeza tronco y extremidades”
Ed. El Mono Armado - 2010

  Susana Cella

4 de octubre de 2010




Manos con puñal

No te reconoce la mugre nula
o quizá solamente deba complacerme
que así sea para que lo imborrable
dejado por vos en el raro camino
de permanente regreso quede puntual,
no te perturbe, no nos quite la nudosa
claridad que por hacer tu luz
va, tranquilamente, apoyándose en las cosas.

Tranquilamente sobre los desvaídos escaparates
de este cuarto yo te veo
y por verte aquí nunca será posible que sepas
cuánto quise que vieras de mí.

Trasiega cuadrada la bestia
¿querrás llevarle un anillo al dedo?
¿querrás sin tranco peligroso olvidarla?

Cuanto peor sucede es que el impulso asesino
hiere a quien quisiera clavar puñales justicieros
y las apuñaladas manos no se mojan en el agua
donde espera la apacible claridad
y el dulce curso que mudado dolor fue haciendo



Susana Cella
(de Río de la Plata)
Nació en Buenos Aires, publicó los libros de poemas Tirante, Río de la Plata, Eclipse y De Amor (dientes, paredes arrugadas).
Es doctora en Letras, investigadora.
Coordina el Espacio Literario Juan L. Ortiz en el Centro Cultural de la Cooperación.

  Luisa Futoransky

3 de octubre de 2010




Foto sepia

Así debimos de haber permanecido
con una pequeñísima imperfección que nos haría sublimes, inmarcesibles: el volado del calzón desparejo
un levísimo fruncimiento del ceño
la piel tan tersa
rivalizando con el primer durazno de estación
En algún firmamento, así somos.
La casa hermosa, el jardín pulcro
La rueda de la vida brinca, reina
la flecha de la aguja trucada, desde el vamos
pero tanto desmayabas por jugar que girabas la manivela con fruición
a sabiendas que los prodigios no eran ni de tu voz ni de tu tiempo
un mundo de abrazos y humores exangües fue tu lote
y confundiste géneros, meteoros con planetas,
derroche y derrota, tan vecinos.
Entre los pliegues vagamente celestes zurcidos de la burqa
Detrás de las escarificaciones anidan destellos de soberbia
Aquí y ahora
mi desvencijada máquina de vivir.



Luisa Futoransky
Argentina – 1939

De: Caleidoscopio
Ed. Desde la Gente (CCC) - 2004

  César Vallejo

2 de octubre de 2010




Un hombre pasa con un pan al hombro


Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Breton?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?



César Vallejo
(Perú-1892)
De "Poemas humanos"

  Humberto Costantini

1 de octubre de 2010




Yanquis hijos de puta


En realidad
sólo quería decir
eso.
En realidad, la vida
es,
pongamos por ejemplo,
una manzana.
Entonces,
uno la mira, la toca,
le hace fiestas,
la besa, le habla,
tal vez,
hasta dibuja manzanitas
imitándola.
La quiere así, manzana,
rica, pulposa, viva, indescifrable,
sabia.
Si la quieren romper,
si viene
un bicho, por ejemplo,
un yanqui hijo de puta,
para ser más precisos,
a matarla,
ya no se puede hablar
así nomás de la manzana.
Hay que matar al bicho,
es necesario
odiarlo,
destruirlo.
Es casi obligatorio
decirle hijo de puta,
decirle yanqui hijo de puta
todos los días, religiosamente
y encontrar la manera
de acabarlo.
Por amor a la vida,
simplemente.
En realidad
tal vez no me he explicado bien.
Si uno tiene,
pongamos por ejemplo,
un amor, una cosa
que le anda por la piel
por todas partes.
Digamos
Buenos Aires,
digamos,
un octubre, un poema, una muchacha.
O digamos la esquina
de Nazca y Tequendama
los domingos, a las seis de la tarde.
(Estoy casi seguro
de que había una esquina así en Santo Domingo,
de que había un viejo,
una silla,
un cielo inverosímil,
muchachos que volvían del fútbol,
señoras apuradas,
bocinas, qué se yo
y tal vez,
hasta un tipo solitario
como yo
que miraba)
Si uno tiene un amor entonces,
eso que le camina por la piel,
decíamos,
y pasa algo,
ocurre,
que viene el mal, la peste, una desgracia,
o para no ir más lejos
vienen
los marines idiotas,
los cretinos mascadores de chicle,
odiadores de todo lo que crece
y desembarcan.
Entonces
ya no se puede hablar así nomás,
hay que matar la muerte de algún modo,
hay que pelear con rabia,
destruirlos,
salirles al encuentro como sea
y además decir, decir hijos de puta,
decirlo y masticarlo
y enseñarlo a los chicos
como un rezo.
Por amor a la vida,
simplemente,
me parece.


Humberto Costantini
Argentino (1924 – 1987)

De: “Cuestiones con Costantini”
Ed. Los cuatro indiecitos - 2007