27 de abril de 2016

Por robar comida
¿Y si no fuera la atadura
que hizo el cabo y si yo fuera
un bicho verde sostenido por
alfileres y si fuera Gulliver
en el país de los enanos
y si fuera Cristo y si fuera el
costillar al asador del último
cumpleaños y si fuera el cordero
que maté esta mañana
y aún me mira y no me quita
ni un pecado y si fuera el mismo
cielo que se mete por los ojos
con este dolor titilando los tobillos
y muñecas y si yo fuera
todas las estrellas estaquedas
constelando el desamparo
de esta noche?
Gustavo Caso Rosendi
De "Soldados"
Nació en Esquel (Chubut) en 1962. Reside en la ciudad de La Plata.
Obra: Pesadilla de un Ornitólogo - Juan Guillermo M. de Lara

en la voz del autor
Ventana
Va a haber que pasarle la mano a esta tarde empañada
acomodar ciertas cosas
como por ejemplo ponernos los huesos
de cuando teníamos nueve años
llovía y en la ventana colmada de aliento
y calor de hogar aparecían hombrespalotes
de cabezas redondas y sonrisas anchas
Va a haber que dibujar de nuevo sobre el vidrio
hoy que las habitaciones están solas
y lo único que se escucha es el tic-tic
de la lluvia que quiere mojarnos la cara
Aún deambulan por el patio niños de medias húmedas
rostros envueltos en bufandas de niebla
(motivos que habíamos olvidado en los cajones)
olores a naftalina desolada
Va a haber que empuñar de nuevo una cucharita
y correr alrededor de la mesa
intentar cazar las mariposas de vapor de té
que sobrevuelan el living del viejo cumpleaños
Habrán conseguido escaparle a los cables
aquellos barriletes o estarán volando todavía
como ícaros vestidos de payaso queriendo alcanzar el sol
o estarán volando todavía
Aún hoy deambulan por el patio niños con bonetes
como cornetines en tus distintas bocas
plegándose y replegándose
uno parecido a vos se acerca al vidrio
lo golpea con el dedo como queriendo aplastar
cada gotita de cada día lluvioso
contra tu cara que mira de adentro
cada gotita de cada día lluvioso de afuera
Gustavo Caso Rosendi
De "bufón fúnebre" (1995)

Cuando cayó el soldado Vojkovic
dejó de vivir el papá de Vojkovic
y la mamá de Vojkovic y la hermana
También la novia que tejía
y destejía desolaciones de lana
y los hijos que nunca
llegaron a tener
Los tíos los abuelos los primos
los primos segundos
y el cuñado y los sobrinos
a los que Vojkovic regalaba chocolates
y algunos vecinos y unos pocos
amigos de Vojkovic y Colita el perro
y un compañero de la primaria
que Vojkovic tenía medio olvidado
y hasta el almacenero
a quien Vojkovic
le compraba la yerba
cuando estaba de guardia
Cuando cayó el soldado Vojkovic
cayeron todas las hojas de la cuadra
todos los gorriones todas las persianas
Bombardeo
Caían los barriletes
regresaban todos juntos
envueltos en llamas
con sus colas de trapo
de sábanas del cielo
desde donde alguna vez
abrazados a un oso
nos besaron la frente
y susurraron al oído
buenas noches
hijo
que descanses
Caía la noche vidrio roto
desde una muy alta claraboya
y caía el sol de mayo
entre la sangrienta melena
de ese roble
también la lombriz
en el territorio de aquel bagre
y la espera en vano
el vano regreso
la tarde colgando del anzuelo
y entre las manos un tazón
con leche hirviendo y miel
sobre una tostada casi negra
y ese tufo entre las uñas
a lata a tierra a humo
a pez ausente
y aparecían de pronto
los perros de la infancia
para echarse al lado nuestro
y nos olían el miedo y nos lamían
y luego por fin el silencio
al fin el silencio poder dormir
dormir un poco o para siempre
(Buenas noches
compañeros
buenas noches)
Bolero del náufrago
A veces la ausencia
se nos instala en la orilla
cargada de gestos
facciones y nombres
que ya no pueden juntarse
Un pedazo de pan
una lata vacía
una carta trunca
una birome agujereada
restos de yerba
una fotografía carcomida
A veces la ausencia
es una sirena que canta
Con los ojos bien abiertos
Cuando uno está por matar
es cuando más quiere la vida
Se corre se saltan cuerpos
mientras se escucha:
¡Oh! ¡Dios! ¡Ah!
como cuando se hace el amor
Corremos vaya a saber
por qué para qué para dónde
(gritos de parto gritos que parten
hacia el silencio absoluto)
y corremos como la sangre
hacia la oscuridad
sin cordón umbilical
huyendo de las vinchucas rojas
que buscan picarnos la frente
Cuando uno está por matar
puede llegar a hacerlo
o elegir esquivar el silbido
y alejarse a la orden de repliegue
o simplemente morir
Adiós soldados adiós
Ya no se debe mirar hacia atrás
Pero se mira
Gustavo Caso Rosendi
nació en Esquel (Chubut) en 1962. Reside en la ciudad de La Plata. Publicó: elegía común (1987); bufón fúnebre (Último Reino, 1995) y Soldados (Ministerio de Educación de la Nación, 2009). Sus poemas figuran en varias antologías: el viento también recuerda (de ex combatientes de Malvinas, Último Reino, 1996); 8 Poetas Regionales, (Vinciguerra, 1997); Poesía 36 autores (La Comuna, 1999); Naranjos de fascinante música (Libros de la talita dorada, 2003) y Poesía en El Círculo (Rosario, Editorial Ciudad Gótica, 2008). Grabó, junto a Martín Raninqueo, el CD Poemas (2000).