Estación Quilmes: Alberto Szpunberg
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  Alberto Szpunberg

19 de mayo de 2017





5


La habitante entró así en el corazón de la nieve
y sus huellas descalzas quedaron grabadas
como las corcheas de un pentagrama mudo:
a punto de embestir contra sí mismo,
bramó un torbellino de esquirlas de hielo.
y hasta el viento, erizado se contuvo.
A orillas del mar que va y viene, ensimismado,
como un león cansino, aburrido, vegetariano,
el chillido de los buitres crujió hasta el llanto.



15

¿De qué dios fueron sílabas, escanciados balbuceos,
los estallidos de ira, los maremotos más salvajes,
al proferir de por vida falsas dulzuras y anatemas?
por último, ni Churyúmov ni Guerasimenko,
de la Academia de Ciencias de la URSS,
acudieron a la cita fijada en un punto de la estepa.
ligera como un rumor, la habitante hoy se desliza
por los rincones más íntimos de su lúcida belleza:
en cada una de sus huellas amaga un temblor.



20


-¿Qué se hizo de mis camaradas astrónom@s?
-¿Aún observan arrobad@s desde la roja muralla?

Cuando la trade se apaga contra los ladrillos,
ellos recuerdan una bandera que ya no flamea:
parpadean, se les cierran los ojos, casi sueñan
con un cometa que escribe sus nombres en el cielo.
la habitante mira a lo alto y descifra el mensaje:
la niña que desfila por la mañana en el koljoz
de noche se cubre con la frazada y oye pasos.





Alberto Szpunberg
Argentino – 1940



De: La habitante del cometa 67/P Churyúmov – Gueramisenko
Ed. Lamás Médula – 2017


  Alberto Szpunberg

17 de septiembre de 2016




¿Por qué no hay más bien brócoli?


¿Por qué no hay más bien nada? 
Leibniz (1646 – 1716)

¿Quién le puso brócoli al brócoli?
Sofía, mi nieta (6 años)


1

Ni media palabra, Leibniz, sólo cuchicheos por lo bajo,
la vida en suspenso a la hora de la siesta, un
zumbido que la mano quiere borrar con gesto despiadado,
tan ancestral el instinto como estúpida la soberbia,
tan huidizos los sueños como hojarascas al viento.

2

El reloj de arena se detuvo, aunque no la araña
que sigue su labor entre las vigas maestras del techo;
la araña no repara en el roce perdido de sus pasos
y todo hace pensar que siempre la historia es otra cosa:
empieza donde termina, pero nunca exactamente.

3

La puerta de zinc que chirría en vaivén propio
impone la indolencia, la recaída en la vida que se añora
desde el momento mismo de morir y haber nacido:
eso dicen quienes, hoy todos muertos, me conocen
desde el primer llanto que a veces aún escucho
como si fuese éste aquel momento mío de nacer.

4

En serio Leibniz, “¿por qué no hay más bien nada?”,
pero nada de nada,
la bruta hosquedad de bien adentro,
puro sábado de radios lejanas y esquinas desiertas:
de pronto, el eco vuelve como si recién fuese alarido,
de pronto, un vagido anuncia en el establo un nacimiento,
de pronto, un chorro de agua recita salmos al hambriento,
lágrimas llovidas de quien se inclina para beber
en el más insondable de los cuencos: las manos abiertas.

5

Ahora, el brazo que seca el sudor cubre los ojos
y una sombra se apoya, con todo su peso, contra el cielo:
“¿por qué no están entre nosotros si ellos somos nosotros?”,
y en el temblor del cristal reconoces un rostro:
te da miedo el nombre que escribes con el dedo
como alma azorada al azar su propio aliento.

6

Nunca el mismo silencio responde a la misma pregunta:
-¿Una mónada de azúcar endulza el universo entero?”
-¿No es nada “mas bien nada” el plato del hambriento?
-¿Es furtiva del payaso la lágrima de toda belleza?
-¿Es acaso la muchacha que galopa en puntas de pie?
-¿Es el rugiido de los leones la música del circo?
- No, Leibniz, nada que ver: son las tripas que protestan…


7

Éramos pocos y parió la muerte, como si la
parca, con los ojos a punto de licuarse, fuese pura evidencia:
el crimen tensa el cuello al filo del
mismísimo cuchillo,
y tanto que, tajante, cortante, ni Leibniz lo desmiente:
la sangre es sangre pero nunca “razón suficiente”,
sino cuerpo que vuelve a hacerse polvo, barro, arcilla,
pero también yuyo humilde, huella descalza, cántaro.




Alberto Szpunberg
Argentino – 1940

De: ¿Por qué no hay más bien brócoli? - Ed. Lamás Médula – 2016

Foto: Deborah Valado
Extraída de: anccom.sociales.uba.ar

  Alberto Szpunberg

6 de diciembre de 2015




EL POETA PASA POR PLAZA DE MAYO Y 
DESCUBRE AL PROLETARIADO


Tiene razón el compañero Obrero del Vidrio:
yo empecé como copista del Libro, letra por letra, punto
       por punto, hasta que una primavera me di cuenta de que
       nunca lo mismo es lo mismo:
era justo el momento en que yo empezaba a copiar el
       primer signo cuando el aire de la siesta abrió de golpe
       las ventanas y eché una mirada, una sola mirada al
       inmenso mundo:
no lo volvería a ver hasta levantar la vista de la última letra,
       del último punto,
       y recuerdo como ahora que el cielo con sus columnas
       infinitas y sus minúsculos engranajes zodiacales y sus
       palacios de piedra levantados sobre el viento y su
       ejército de ángeles y arcángeles era otro
y que la tierra con sus barros y sus odios y sus guerras y sus
       hambres era otra
y que las letras y los puntos de siempre, que ya
       empezaban a formar las palabras de siempre,
       en principio eran otros,
y cerré los ojos y descubrí que los signos de siempre
       estaban a punto de crear otro cielo y otra tierra y
       de empezar en realidad un nuevo Libro,
y ahí caí, compañeros, en que todo momento es el
       momento justo.



Alberto Szpunberg 
De "La academia de Piatock" 1997



Obra: "Sopladores de almas" - De Cristian Del Vitto

  Alberto Szpunberg

1 de abril de 2015




XI


A Albert Cañagueral y Coby
A la Asamblea Permanente de El Masnou


“No en la palabra la ternura, sino en las manos,
no la justicia en la ley sino en lo que damos y tomamos,
como el clavel del aire – dice – echa raíces en la nada”
El poeta se pone al final de la cola y se desentiende;
“no desconfío de la urgencia de quien me hace a un lado;
siempre dispuestos, empecemos de nuevo hasta lograrlo”.





XII

A Cacho Lotersztain


Las manos no tienen otro sentido que el agua
que se cuela definitivamente entre los dedos:
su forma sólo se debe a lo que no retienen,
incluso el vacío que el puño sostiene en alto
como si fuese el golpe final de nuestro esfuerzo,
pero es sólo un hálito de risa que entrevemos,
como si todo fuese un juego que comienza.



Alberto Szpunberg
Argentino – 1940



De: “Como el clavel del aire” (2013)
En: Como sólo la muerte es pasajera – Poesía reunida - Ed. Entropía – 2013


  Alberto Szpunberg

17 de enero de 2014



V

  Luego vinieron y echaron abajo las puertas y ventanas,
  sin más prueba que el apenas leve roce de los días
  contra la cal que blanquea las paredes y la tregua aún
  más blanca que el domingo:

- a ver ustedes, ustedes, descuelguen esas miradas del techo,
  alguno que otro clavo, una foto de mamá, el florerito
  con las rosas de hace un mes, y la manga de una
  campera verde –el otro brazo no hizo falta- olvidada
  en la silla del comedor,

- ¿Verde? ¿era verde? ¿era de un verde ya gastado, a punto
    de ceder a la altura de los codos que sostienen
    todo el peso de las circunstancias?

- ¿Es que acaso solía apoyarse en la mesa, abrir un libro
     y subrayar ciertas palabras?

- ¿Es que previamente hay una cintura que investigar,
     un talle ceñido una noche o todas las noches?

- Alguien, vaya a saber su nombre, alguien confesó
    antes de morir que se amaban, y esta pelusa que la
    pala recoge del aire es la prueba contundente de la
    liviandad del amor que practicaban, por la manera
    de dejarse caer en el aire, lentamente, el mismo casi
    mismo movimiento, como un copo de nada, apenas
    una hebilla de carey, huesos, cristales, miopías
    destrozadas por la visión del mundo, los alaridos que
    retumban todavía , porque tampoco sabe si él es él
    o a lo mejor era ella u otro/otra que gritaba, es fácil
    confundirte, confundirme, confundirlos…

- Pero, ¿alguien oyó algo?

- Yo no oí nada, señor, era domingo y nadie oyó nada…

- Naides más que naides, aquel de los oídos receptivos,
   ¿tampoco oyó nada?

- Yo no fui, señor, yo todavía no había nacido y,
   además, era de noche.



Alberto Szpunberg
Argentino – 1940

De: “Luces que a lo lejos” – 2008 - En: “Como sólo la muerte es pasajera”.
Poesía reunida - Ed. Entropía – 2013


Foto extraída de: www.radio.cz


  Alberto Szpunberg

14 de septiembre de 2012




XXVI


La mujer que amo
no es siempre la mujer que amo.

A veces,
se parece tanto a la mujer que amo,
que vuelvo a amarla
como si no la conociera.

Cuando estoy perdido
irrumpe en mis sueños
y me encuentra:
creo que dice mi nombre
para que yo crea que soy yo
pero yo soy otro que la ama.

A veces,
suelo equivocarme
y la llamo por su nombre,
pero ella sigue de largo.

Como la casualidad rige sus pasos,
yo sé que viene hacia mí.

Cierra los ojos
hasta que encuentro en sus caricias
las líneas de sus manos
que descifran a tientas mi futuro.




  
Alberto Szpunberg
Argentino – 1940
De: El libro de Judith
Ed. El surí porfiado - 2008


Obra: Una mirada hacia atrás  -  Luis Blanco 

  Alberto Szpunberg

7 de septiembre de 2010




Naide es más que naide responde a don Nadie

a Luis Luchi



El mundo es su palacio y Él reina sobre todos pero todos
somos hombres de palacio: Piatok es hombre de
palacio, su caballo es hombre de palacio, nadie, el que
no es, es hombre de palacio, y el don nadie, el que será,
también es hombre de palacio, hay grandes caminos que
llevan a Moscú o Krivosoiovo o Parque Chas, hay
caminos menores que, por ejemplo, van de Berdichev a
Buenos Aires o el Masnou, hay senderos que atraviesan
el bosque, hay atajos que burlan los senderos que
atraviesan el bosque, y hay pasadizos secretos entre
letra y letra que recorren todo el inmenso mundo, y todo
el inmenso mundo es su palacio, y el quejido de sus
infinitas puertas es nuestro quejido, y el crujir de sus
maderas son nuestros huesos, y sus largos pasillos nos
llevan adonde nos llevan, y todos los que vamos y
venimos somos hombres de palacio que vamos y
venimos, y hasta el Zar de todas las Rusias, maldito sea
su nombre, con su Palacio de Invierno que pronto será
nuestro y antes dejará de serlo, también él es hombre de
palacio, y hasta el tendero que nos desnuda con sus telas
es hombre de palacio,
pero, de pronto, alguien enciende el fuego y se refriega las
manos, otro alza la copa y canta, los demás bailan y
bailan y se abren las ventanas y es primavera y, bajo la
lluvia, el palacio, de punta a punta, es barro y vuelve
al barro y el barro huele a nosotros, los que creamos el
mundo con nuestras manos como si fuese un palacio,
incluso a riesgo de que alguien, Dios no lo quiera,
confunda el aire con el andamio
aunque ya no nos pagan, por cierto, los accidentes de
trabajo ni las horas extras.



Alberto Szpunberg
Argentino - 1940

De La academia de Piatok - 2007

  Alberto Szpunberg

7 de agosto de 2010




Merkell, el matemático, desmonta las matemáticas

Un hombre, el más solo de los solos, ¿es sólo el más
          solo de los solos? ¿es sólo un hombre solo?
en la boca del hambriento, por ejemplo, un día + otro
          día no son dos días sino una eternidad
          menos un bosque, aunque bajo la lluvia, sobre
          todo en otoño, cale hasta los huesos la tristeza
una lluvia + los charcos entre las hojas + el camino de
          tierra que lleva hacia otros pueblos no son tres
          sino el mismo otoño del que hablaba
          cosecha,
cinco son los libros pero son uno y caben en una sola
          mano cuando ésta se abre como un libro
la raíz cuadrada de un roble padece por cada hoja
          arrancada y se abraza a la tierra desesperadamente
          hasta engendrar nuevos robles donde ya se oyen
          cantar los pájaros que se van siempre por las
          ramas,
no es lo mismo restar horas que la última hora o
          dividir de un solo golpe los pocos dientes que aún
          sonríen
dividir para gobernar no es dividir ni gobernar
          cuando amar es crecer y multiplicarse
¿qué receta es la distancia más corta entre un pájaro y
          un suspiro, entre una vocal y una consonante,
          entre mañana y lo que vendrá?
nunca alcanzan los dedos para contar ni un solo
          segundo de sufrimiento
pero hasta el mismo infinito siente envidia de un
          corazón que ríe.



Alberto Szpunberg
Argentino - 1940

De “La Academia de Piatock” - 1997

Obra: "Chamuyando" Molina Campos

  Alberto Szpunberg

24 de marzo de 2010



Hablan los nombres de la guerra

Fui pedro o germán o enrique o será pedro o es
alberto o soy yo todavía
es difícil establecer el paradero de mis riñones o el
destino de su puño
será difícil separar mis ojos de su venda su herida de
mi carne
me fui con mi brazo al fondo del río pero su zapatilla
quedó junto a la cama
y mi nombre gritaba pedro o fue enrique quien llamó
a los compañeros
o fue mamá que grita alberto alberto pero él era daniel
o pedro todavía
y algo sonaba en su oído como un nombre que no
diré ni dijo ni conozco
acaso la calle acaso mi cita entre sus dientes quizá
bajo la lengua
o acá entre estos pastos donde ahora estamos pero no
estamos mirando el cielo:
¿es el cielo, pedro, ese puño que se desploma y
asciende y vuelve a caer?
¿es el cielo, petiso, esa venda que aprieta los ojos para
siempre?
¿es el sol, roberto, esa capucha esa visera esa bota esa
culata?
mano mía, caricia de ella, mocasín o rodilla o media
rota
pedazos de mí o de su lado o de sus bordes o del
amor de él de ella
que se asoma a este pozo y grito y gira y caigo y
nombra
una multitud de nombres ahora a solas con todos y
con nadie.



Alberto Szpunberg
Argentino
De “Su Fuego en la Tibieza “ (1981)


Nació en 1940 en Buenos Aires, Argentina. Obtiene su licenciatura en Letras. En 1973 se desempeñó como director de la carrera de Lenguas y Literaturas Clásicas y profesor de Literatura argentina y Medios de comunicación y literatura en la Universidad de Buenos Aires. Como periodista fue redactor del diario La Opinión de Buenos Aires del cual fue director del suplemento cultural de 1975 a 1976. En 1977 se exilia en Barcelona. Desde 2001 ha sido profesor de Literatura y Política en la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo.
Obras: Poemas de la mano mayor (1962); Juego limpio (1963); El che amor (1966), Mención en el concurso de Casa de las Américas; El paso atrás; Su fuego en la tibieza (1983), premio Alcalá de Henares de poesía, 1983.; Apuntes (1986); Luces que a lo lejos (1993), Premio Internacional de Poesía Antonio Machado 1993/94; La encendida calma (2002); Notas al pie de nada ni de nadie (2007); El libro de Judith (2008)

Obra: guayasamin-grito