Estación Quilmes: Humberto Costantini
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  Humberto Costantini

27 de julio de 2016




Armar la piel como una gran trampera


Ir por la calle,
andar
tranquilamente alerta,
no perderse un gorrión,
no discutir un verde, un dos noventa y cuatro,
aplicarse a los rojos,
discernir las pitadas que se alejan,
armar la piel como una gran trampera,
meterse en nube o trueno,
o en todo caso en techo con cajones y llovizna,
estar en gato, en vieja, en naipe de almacén, en hipocampo,
perpetuar las antenas, los buzones,
adherirse a tendales y consignas,
inmiscuirse en letreros luminosos,
decirle sí al esmog,
reconocerse,
avalar frutería y nostalgias,
no arredrarse ante quiscos, ni tristezas, ni ganas,
atento, entero, al abordaje, al arma,
no dejar escapar
un verso, una refriega, una plaza con gente,
una muchacha.




Humberto Costantini
Argentino (1924 – 1987)




De: “Poesía y teatro” – Obra completa - Ed. r y r  - 2012


Foto de cabecera, extraída de: manogara.net


  Humberto Costantini

15 de marzo de 2014



Acerca de la distancia


Uno no debe tomar en broma a la distancia, dicen,
dicen que la distancia es un cuchillo,
una extraña botella donde crece la noche.
Que no se puede jugar con la distancia, dicen,
porque la muerte viene como una bayoneta
y no hay Dios que te salve
cuando estás entre andenes que sollozan.
Que es una cosa seria la distancia, dicen,
que a veces se disfraza de hastaluego,
y a veces es tan simple
que dan ganas de hablarle, hacerle un chiste,
o simplemente andar calle tras calle
llevando su valija.
Total ella es así,
tiene un pequeño bolso y un pañuelo,
y un trajecito gris,
y es tan muchacha de familia, buena.
Pero no es de confiar en la distancia, dicen,
porque ataca de pronto y como un tigre,
tiene predilección por las gargantas.
Sabe partir en dos las primaveras,
saltar sobre palabras que palpitan
y beberles la sangre.
Sabe matar de golpe y limpiamente,
lo mismo que un verdugo.
Pero a mí me dan risa los verdugos,
quería decírtelo,
y con los tigres suelo llevarme bien,
y esto también quería decírtelo,
y la distancia es una cosa tonta,
un padrenuestro,
un pequeño bocado,
que mi amor se devora, clac, casi sin darse cuenta.



Humberto Costantini 
Argentino (1924 – 1987)


En: Cuestiones con Costantini
Ed. Los cuatro indiecitos – 2007

Obra: País Rojo Tetí de Xul Solar (argentino)


  Humberto Costantini

14 de junio de 2012





















Che 


A lo mejor está debajo de la alfombra.
A lo mejor nos mira de adentro del ropero.
A lo mejor ese color habano es una seña.
A lo mejor ese pez colorado es guerrillero.
Yo juro haberlo visto de gato en azoteas.
Y yo corriendo por los hilos del teléfono.
Señor, ¿ha revisado bien adentro de su cama?
Oh John, ¿qué es esa barba que asoma en tu chaleco?
Debiéramos filtrar todas las aguas de los ríos.
Lavar todas las caras de los negros.
Picar la cordillera de los Andes.
Poner a South América en un termo.
Dicen que en Venezuela montaba una guitarra.
Que en Buenos Aires entraba en bandoneones y discépolos.
Que en Uruguay punteaba una milonga con el Diablo.
Y en el Brasil vestido de caboclo bajaba a los terreiros.
Pero si ayer nomás saltó en Santo Domingo.
Si en Colombia era cumbia de los filibusteros.
Si lo vi esta mañana con su risa terrible soltándole los duendes al espejo.
A mí casi me mata la otra noche, se me subió con un millón de sátiros al sueño.
Ese lío en Bolivia es cosa suya.
Y esos ladridos en la noche no son perros.
Y esa sombra que pasa, ¿por qué pasa?
Y no me gustan nada esos berridos junto al pecho.
A lo mejor está en la pampa y es graznido.
A lo mejor está en la calle y es el viento.
A los mejor es una fiebre que no cura.
A lo mejor es rebelión y está viniendo.




Humberto “Cacho” Costantini
Nace en Buenos Aires, el 8 de abril de 1924 y fallece el 7 de junio de 1987.
Completa sus estudios universitarios y se recibe de médico veterinario. Ejerce su profesión en los campos cercanos a la ciudad de Lobería (provincia de Buenos Aires), luego en 1955 regresa a Bs. As, donde ejerce variados trabajos.
Parte al exilio en México en 1976 luego que la dictadura desapareciera a sus amigos Roberto Santoro y Haroldo Conti y tantos más.
En 1983 regresa a Buenos Aires después de 7 años, 7 meses y 7 días de exilio.
Su obra ha sido publicada en varios países e idiomas, entre otros en alemán, checo, inglés, finlandés, hebreo, polaco, sueco y ruso.



  Humberto Costantini

1 de octubre de 2010




Yanquis hijos de puta


En realidad
sólo quería decir
eso.
En realidad, la vida
es,
pongamos por ejemplo,
una manzana.
Entonces,
uno la mira, la toca,
le hace fiestas,
la besa, le habla,
tal vez,
hasta dibuja manzanitas
imitándola.
La quiere así, manzana,
rica, pulposa, viva, indescifrable,
sabia.
Si la quieren romper,
si viene
un bicho, por ejemplo,
un yanqui hijo de puta,
para ser más precisos,
a matarla,
ya no se puede hablar
así nomás de la manzana.
Hay que matar al bicho,
es necesario
odiarlo,
destruirlo.
Es casi obligatorio
decirle hijo de puta,
decirle yanqui hijo de puta
todos los días, religiosamente
y encontrar la manera
de acabarlo.
Por amor a la vida,
simplemente.
En realidad
tal vez no me he explicado bien.
Si uno tiene,
pongamos por ejemplo,
un amor, una cosa
que le anda por la piel
por todas partes.
Digamos
Buenos Aires,
digamos,
un octubre, un poema, una muchacha.
O digamos la esquina
de Nazca y Tequendama
los domingos, a las seis de la tarde.
(Estoy casi seguro
de que había una esquina así en Santo Domingo,
de que había un viejo,
una silla,
un cielo inverosímil,
muchachos que volvían del fútbol,
señoras apuradas,
bocinas, qué se yo
y tal vez,
hasta un tipo solitario
como yo
que miraba)
Si uno tiene un amor entonces,
eso que le camina por la piel,
decíamos,
y pasa algo,
ocurre,
que viene el mal, la peste, una desgracia,
o para no ir más lejos
vienen
los marines idiotas,
los cretinos mascadores de chicle,
odiadores de todo lo que crece
y desembarcan.
Entonces
ya no se puede hablar así nomás,
hay que matar la muerte de algún modo,
hay que pelear con rabia,
destruirlos,
salirles al encuentro como sea
y además decir, decir hijos de puta,
decirlo y masticarlo
y enseñarlo a los chicos
como un rezo.
Por amor a la vida,
simplemente,
me parece.


Humberto Costantini
Argentino (1924 – 1987)

De: “Cuestiones con Costantini”
Ed. Los cuatro indiecitos - 2007

  Humberto Costantini

11 de agosto de 2010




Suele suceder

Suelo morirme a las mañanas.
justamente a la hora
de guardar El escarabajo de Oro en el portafolios,
cuando en el andén de Constitución
recibe los últimos boqueos de mi subterráneo,
y el reumatismo, que ya me perdió el respeto,
me palmea confianzudamente la rodilla
al levantarme.
Suelo morirme a las mañanas,
casi sin odio le digo que no va más
a tanta cosa ardiente que me brota ¿de donde?
y un dos, un dos, un dos,
el viejo embozalarse en molinetes,
el viejo insomnio trepando pasamanos,
un dos, un dos, un dos,
un poco de fatiga y la bufanda
y la piel de aguantar
hasta el dedo del jefe en mis papeles.
Y me muero.
Acudo al Equanil, recuerdo deudas,
me grito pobre tipo,
y ya me estoy tocando la calvicie,
y ya salgo a buscar bicarbonato,
me doy un tironcito a la mortaja,
y chau, me quedo muerto.

Pero ocurre que a veces,
a veces porque sí,
por primavera,
por cuento por salir,
o por muchacha,
me vuelvo inteligente, solidario,
sé de pronto quién soy
y donde piso.
Se me viene un pasado a la memoria
y me nace un futuro en la garganta,
crezco en el tiempo,
y me circulo entero.
y ya me nace la palabra hombre
y el prodigio de ser hasta el zapato
de puro estar cambiando el universo,
creyéndome y creyendo.

Creyéndome y creyendo
cuando le planto un no como una casa
al jefe, al comisario, a jesucristo,
cuando me doy en cacho para siempre,
haciendo lo que hago, cosas, cuentos,
pateando la tristeza,
alborotando,
dando mi piel caliente,
mis dos manos,
éste soy yo venga una copa y cante,
qué tanto fin de mes ni tanta cuenta
si el hermanito zeus
me hace señas del as
y voy matando.

Y voy matando sombras
degollando
muñecos de aserrín que dicen dónde
dónde nos lleva este sufrir sufriendo
y hasta cuándo.

Hasta cuando me saquen a tirones
de esta ciudad que es hembra
y me responde

Que todo el aire es canto
y voy cantando

Y entonces sí,
entonces sí compadre, resucito,
siento mis pies que pisan y prometen,
se me va el reuma, el hígado, el resfrío,
ando de costantini hasta los pelos,
digo gran puta y lo que soy viviendo,
le aprieto la cintura a buenos aires,
le hago un hijo de sangre, canto y cuento,
y salgo a caminar con tanta vida,
con tanta cosa ardiente aquí en el pecho.


Humberto Costantini
Argentino (1924 – 1987)

De “Cuestiones con Costantini”
Ed. Los cuatro indiecitos - 2007

  Humberto Costantini

6 de junio de 2010



Arte Poética
(a Nela)

(Esto, entre vos y yo,
no lo divulgues,
bajarían mis acciones de poeta.)
Cuando digo el años,
y agrego lunas,
y coloco una lágrima en su sitio,
y pongo algún otoño, algunos álamos,
y anoto: locamente
inmensamente
desorbitadamente.
Cuando hablo del ensueño y las ojeras,
o introduzco una piel,
y pinto llamas,
o menciono tentáculos gloriosos
o canto a las caderas inmortales
y a no se qué estallido
digamos de galaxias azules o de besos,
y me suscribo Dios,
y firmo creo.
Cuando digo el amor
(esto, entre vos y yo,
no lo divulgues)
en realidad, has de saber.
Estoy viendo unos ojos que me esperan
al volver del trabajo,
una tonta alegría
con su perro, su radio,
sus chicos con deberes,
y su olor a cebolla en la cocina,
y el conversado mate,
y la mesa en el patio,
y La Traviata en do bajo la ducha,
y el vino,
y el descanso,
sobre todo el descanso,
total,
quiero decir,
el de mi frente en tu ternura.


Humberto “Cacho” Costantini
Nace en Buenos Aires, el 8 de abril de 1924 y fallece el 7 de junio de 1987.
Completa sus estudios universitarios y se recibe de médico veterinario. Ejerce su profesión en los campos cercanos a la ciudad de Lobería (provincia de Buenos Aires), luego en 1955 regresa a Bs. As, donde ejerce variados trabajos.
Parte al exilio en México en 1976 luego que la dictadura desapareciera a sus amigos Roberto Santoro y Haroldo Conti y tantos más.
En 1983 regresa a Buenos Aires después de 7 años, 7 meses y 7 días de exilio.
Su obra ha sido publicada en varios países e idiomas, entre otros en alemán, checo, inglés, finlandés, hebreo, polaco, sueco y ruso.

Contrae una enfermedad que lo lleva a la muerte la madrugada del 7 de junio de 1987. La noche anterior había trabajado como cada día, aprovechando el leve bienestar entre quimioterapias, en su novela La rapsodia de Raquel Liberman, de la cual alcanzó a completar dos tomos. Esta obra permanece inédita.

Bibliografía: “De por aquí nomás” (cuentos) ediciones en 1958/1965/1969; “Un señor alto, rubio de bigotes” (cuentos) ediciones en 1963/1969/1972; “Tres monólogos” (teatro) ediciones en 1964/1969; “Cuestiones con la vida” (poemas) ediciones en 1966/1970/1976/1982/1986; “Una vieja historia de caminantes” (cuentos) edición en 1970; “Háblenme de Funes” (tres novelas breves) ediciones en 1970/1980; “Libro de Trelew” (narración épica) edición en 1973; “Más cuestiones con la vida” (poemas) edición en 1974; “Bandeo” (cuentos) ediciones en 1975/1980; “De Dioses, hombrecitos y policías” (novela) ediciones en 1979/1984/2009; “Una pipa larga, larga, con cabeza de jabalí” (teatro) edición en 1981; “La larga noche de Francisco Sanctis” (novela) edición en 1984; “En la noche” (cuentos) edición en 1985; “Chau, Pericles” (teatro completo) edición en 1986; “La rapsodia de Raquel Liberman” (novela; dos tomos de tres concluidos; 1987