Estación Quilmes: María del Carmen Colombo
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  María del Carmen Colombo

1 de noviembre de 2013



Museo de ciencias naturales


Ceniza de seso
bajo el parque centenario dicen
de vos derrota
un esqueleto fuera
de la lluvia somos
rapada respiración aquellos
preguntando sin desterrar
o convenir con quién buscamos qué
se puede sino cuerpo persona perderse
acaso queda
de nosotros
borracho telón la circunstancia
no propicia para pensar lo
bien
que andamos con las certezas
óseas para seguir
así al descubierto



María del Carmen Colombo
Argentina – 1950

De: Blues del amasijo y otros poemas
Ed. mar blanco – 1992



  María del Carmen Colombo

15 de octubre de 2011




Al paso de la Madre, el helecho, única planta de la
casa, despliega sus hojas como si quisiera abanicar-
la. Es una extraña reverencia la que transforma esos
penachos de plumero en grandiosas alas de organza y
plumetí.
Ave, ave, hace la planta frente a la gran emperatriz
del patio.
Mientras cree escuchar lo que no escucha, la madre
vuela hacia aquel jardín de la infancia. Y una som-
bra indefensa la inunda. Ante el sol imperial esas
lejanas flores de pestañas tiritaban: aleteo de los ta.
llos, íntimo parpadear. “Sus sombreros antiguos in-
clinaban”, recuerda la madre, casi en voz alta, como
damas ante el candil de los eclipses.
Al regresar de su tierra natal, la emperatriz comprobó,
con gran alivio, que los plebeyos abanicos del ave
se agitan todavía en su honor. Sintió las suaves aspas
del presente continuo desatando en su cara la alegría.



María del Carmen Colombo
Argentina – 1950


De: “La familia china”
Ed. Hilos – 2011

  María del Carmen Colombo

31 de agosto de 2011




“No entender no entender”


“No entender no entender” así dice mi hermano.
Emperrado, con la tirria a cuestas, niega que niega, olvida
aquellos nuestros ideales. No digas esas cosas le digo yo,
por bien, mientras el río de mi sangre se revuelca y vuelvo,
tajante como soy: ¿qué nos queda si un oriental se
desorienta?
Asqueado por semejante deshonor, recuerdo cuando altos y
veloces y bellos montábamos en Cólera, nuestro caballo
favorito. Almas de jefes bravos contra el viento, solíamos
galopar por el amplio territorio de la Manchuria. Rabia
contra la agonía siento yo, y golpea mi puño la mesita de
laca; saltan los tazones por el aire como nosotros los
cercados por el tiempo. La cara de ceniza de mi hermano
se fuga hacia el exilio, convertido en piltrafa, en pálido
excremento de cordero.
A veces, desesperado, desenrollo en su oído la seda de un
murmullo trabajada por gran copista chino, verdadero
maestro oriental: el pueblo aprendió que estaba solo
- susurro yo-, y que pelear debía por sí mismo, y de su
entraña propia sacaría los medios: silencio, astucias, fuerza.
Hermano sólo mira con extrañamiento, como si un bosque
nocturno viera florecer en medio de esta pieza. Y somos
dos, lo reconozco, los que guiados por esa inmensa noche
volvemos a perder.
Primero ocultarse, luego cambiar el nombre, y más tarde
pasar por otro. Pero antes, necesario es repetir muchas veces
frente a la claridad de algún espejo yo es otro – yo es otro,
hasta convencerse totalmente, y después, en efecto, como se
desmigajan ciertos cuerpos ante el roce del viento, regando
con sus pequeños granos el camino, letra por letra
abandonar el nombre, otras pertenencias y desaparecer.
Este arte muy fácil de aprender cuando una vida se juega,
mala costumbre traída de la patria en exilio se acentuó. Y
en mi hermano no queda ni siquiera el hilito de furia que
me mantiene a mí. Algunas veces cuando lo abrazo recupera
la memoria y dice: ni olvido ni perdón.


María del Carmen Colombo



Argentina – 1950

De: “La familia china” (1999) En : “otro río que pasa”
Un siglo de poesía argentina contemporánea
Ed. Bajo la luna - 2010


Ilustración: Kent Williams

  María del Carmen Colombo

12 de octubre de 2010




Todas las noches, la madre china pone su mente adentro de una copita
quieta. La llena con sus diminutos pensamientos de alfiler. Es de jade,
la copita, y parece un párpado vaciado por la punta de una vara de
bambú. Puede ser también un pájaro mudo que se sostiene en una sola
pata de gallo.

La mente maternal imita el salto de los equilibristas, esos que tiran el
alma por el aire y cae, hecho un bollito, en las aguas secas del vacío.

A la mañana, la mente china sale lívida del párpado, como un pez o un
ánima que ha vagado por los vericuetos del limbo.




María del Carmen Colombo
Argentina –

De: “La Familia china”

Obra: Sky (de: Chiho Aoshima)

  María del Carmen Colombo

21 de junio de 2010



Carta a papá

miserable estratagema
para tenerte: parecerme
a vos
ser en espejada lejanía
lo que brilla por ausencia
una estrella
¿sabías? ausencia es ese algo
de nada que hace falta
en el mar
como los muertos
en corazón sensible
no me llames ilusa, no me mires
con cara de víctima
nerviosa, estoy arriba
reina de la nada
ardiendo en mis heridas
soy tu pequeño espejismo
qué peor atadura
ah, si quisieras llegar hasta aquí
y entraras en esta luz vacía
en todo caso, si así fuera, querido mío
la luz hiere, la luz es realidad


María del Carmen Colombo
Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1950.

Ha publicado: “La edad necesaria” (Ediciones Buenos Aires Sur, 1979); “Blues del amasijo” (Ediciones El Tintero, 1985); “Blues del amasijo y otros poemas” (Ediciones Mar Blanco, 1992, reedit. por Alicia Gallegos Editora en 1998); “La muda encarnación” (Ultimo Reino, 1993) y “La familiar china” (Ediciones Tierra Firme, 1999). Recibió, entre otros, el “Primer Gran Premio de Poesía V Centenario”, organizado por el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires (1992), y Mención Especial del Premio Nacional de Poesía, Producción 1996-1999. Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías de poetas argentinos publicados en el país y en el extranjero. Colabora, además, en diarios y revistas del país y del extranjero y tiene su blog de poesía : blogdelamasijo.blogspot.com