Estación Quilmes: Ricardo Zelarayán
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  Ricardo Zelarayán

11 de mayo de 2017





Cosas peores


Aquel que consiguió filtrarse y vivir,
dicen,
no es nadie si no se hace notar
y entra a echar plumas.
Y cuando menos espera, se viene abajo.
Y es bien sabido que abajo es de una sola
cara…
Arriba muchas.
Viva las de arriba
aunque les cueste la vida
y cante nomás, emplumado.
Pero no vuele.
Agítese todo lo que quiera
y deje que la vida se venga abajo
en silencio.
Hay quien se salva
o salvó así.
¡Increíble!
Puede ser.
Contar las vueltas de la rueda
sin perdonar una
siempre serán más que las plumas
del plumaje crecido con el miedo
que vuelva a subir sin alas.
Las manzanas,
los espías
no son gusanos que sacan la cabeza,
las filtraciones son más que grietas
la calvicie se te mete en la oreja
y se alza con todo.
y los solos son mayoría
el montón.
Huesos enormes no hacen ruido
aunque tropiecen como llave inglesa
que te caza de un salto
del cogote.
El ruido se hace hondo
de tanto meterse en él.
Habrá que enterarse por las señas
o por el humo que se queda adentro
alborotando,
gateando,
hasta quebrarse los dedos,
ni hablar de uñas,
como barriles sin fondo.
Darle a la cama de duraznos
brote,
gajo de trote,
en dejarse brotar
por miedo larva clueca
hacha mocha
narigona.
Por tratar sin dejar,
por no dejarse oscurecer,
por temblar al revés,
por las llaves estériles,
amontonadas,
que llenan sin piedad
todas las piezas igualmente amontonadas,
como los cilindros que musiquean al rodar
interminablemente.
Y vamos con las cerraduras, las dentaduras, los dientes
cariados, las jetas de corcho, los kilos de manzanas.




Ricardo Zelarayán
De: Ahora o nunca – Poesía reunida - Ed. Argonauta – 2009



Argentino (1922 – 2010)


Obra: Mural for Joaquim Gomis  de Joan Miró (España – 1893 – 1983)


  Ricardo Zelarayán

15 de agosto de 2014




Mancha


La mancha se descuelga,
entera,
y una oreja suelta y fresca
busca donde posarse.
La mancha sigue de largo,
voladora,
hasta que se topa con las voces muertas
que se lleva el viento.
Cuando las manchas se juntan
dicen que es la vida,
aleteando…
La tumba se arma de paciencia
hasta hacerse transparente.




Entre manoteos


Entre manoteos y pataleos
se le va  a uno la vida.
Las voces se van alejando
y la memoria se hace a un lado.
Prenderse fuerte de cada día
y aguantarse…
La vida es darse maña,
pura maña,
de mañana.



Ricardo Zelarayán
Argentino (1922 – 2010)



De: “Ahora o nunca” – Poesía reunida
Ed. Argonauta – 2009



  Ricardo Zelarayán

24 de agosto de 2010




La piedad por "Esas imbéciles moscas"
a Oscar Masotta


No es por decir,
pero el Papa,
sí, el Papa,
es una Batata.
Mejor dicho era una Batata
porque más bien era un topo,
un topo topológicamente ubicado en el ombligo del mundo.
Al ombligo del mundo le creció un hongo,
enorme y blanco,
que cuando el agua le sube al cuello
hace glu! glu!
y sonríe,
sonríe como Hawai,
como Samoa,
y como todas las islas felices perdidas en este mundo.
El Papa topo (o ex topo)
no es la vizcacha que se escapa de la topadora
o la lombriz cortada con la pala
que sigue vivita y coleando.
El Papa añora los yuyos del Vaticano,
pero ahora se va pal lao del monte
con el diario doblado en cuatro bajo el brazo,
el diario que doña Remigia
busca desesperada para prender el fuego.
"No hay fuego doña Remigia
sin diario doblado en cuatro
bajo el brazo del Papa que se fue al monte."
Doña Remigia patea la radio
con sus zapatos amarillos.
La radio no larga prenda...
"Doña Remigia yo sé
que después de pelar una naranja
no hay nada mejor que pelar un canguro
australiano y papal,
o un yacaré recién salido del agua
y bien atajado.
Rapidito que hay que hacerse tiempo
pa patear la radio!"
Qué quiere que le diga,
dice doña Remigia,
la Lucinda tiene la lumbriz,
la Rosa la hurmiga
y la radio no anda...
¿Qué le parece?
"Doña Remigia,
la vida pende de un hilo del corazón...
Usted se quedó sin fuego.
El fuego siempre tiene la última palabra...
insondable, acariciada,
pero hay que hacer cola.
La cola del pobre yacaré
pelado y colgado."
El Papa vuelve con los ojos hundidos.
El Papa vio pasar la última liebre pero no la corrió.
El Papa se mete en la cocina sin fuego,
sin el diario
y con la radio pateada en el suelo.
¿Y la Remigia?
Doña Remigia anda por ahí
con los zapatos amarillos
subida en un burro
corriendo un sapo.
El sapo se agiganta,
la vieja se asusta.
(no tanto como el burro).
El sapo ve crecer los hongos y respira...
Ha comenzado la lluvia.
La lluvia cae sobre la vieja sin fuego,
sobre el burro empacado
y sobre los zapatos amarillos que patearon la radio.
Justo por ahí,
donde está el burro empacado,
anduvo hace rato la Rosa,
la de la hurmiga...
que no hay que confundir
con la hormiga y la rosa
ni con la topadora y la vizcacha
ni con la tierra y la lluvia...
!Que llueva, que llueva...
la vieja no está en la cueva!
Y la pajarita Rosa voló
y ahora canta...
La ciudad en el crepúsculo comienza a encender sus mil ojos llovidos.
Los grandes cristales chorrean mansamente
y los autos acarician las calles mojadas.
Rosa voladora y cantora,
Rosa con la hurmiga.
La hurmiga que canta al oído
como la lluvia del cielo.
La canción me la guardo para otra ocasión.
La hora se sumerge como tiburón en las negras profundidades,
y no hay tiempo para la canción
ni para la discusión,
ni para el fuego que hubo que dejar para mañana.
Las uñas crecen como las moscas
y las moscas vuelan sobre la vida.



Ricardo Zelarayán
De: “La obsesión del espacio” (Poesía, 1973, reeditado en 1997)

Nació en Entre Ríos en 1940
Libros publicados: “La obsesión del espacio” (Poesía, 1973, reeditado en 1997); “Traveseando” (Cuentos Infantiles, 1984); “La piel de caballo” (Novela, 1986, reeditada en 1999 por Adriana Hidalgo); “Roña criolla” (Poesía, 1991); “Lata peinada y otros escritos” (Ed. Argonauta. 2008); “Ahora o nunca” (Poesía Reunida. Ed. Argonauta 2009)