Estación Quilmes: Raúl González Tuñón
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  Raúl González Tuñón

2 de agosto de 2015





Los seis hermanos rápidos dedos en el gatillo

"Los Genna, cuyo nombre suena como 
un zumbido agónico…" 
Fred Pasley


Los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo
—Earl Himie Weiss no pudo llevarlos a dar una vuelta—
oían cantar a Sam Samoots Amatuma ¨guantes de seda¨
—Sam Samoots qué bien cantaba guantes de seda en el alma.
En la taberna de los Cuatro 2 y "de parte de Al",
una sonrisa le regalaban en cada tiro
y para el alba del mostrador cerveza y éter
los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo.
Los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo
—muerte de orilla, ventana pronta, noche de duelo—
con la mirada le decretaban la sepultura
—aquellos tiempos de los O’Banion, de los Aiello—
Y eran los días larga aventura sobre el acero,
altos camiones, puertas cerradas y canastillos.
Alegres flores, naipes quebrados, nieve en la calle
los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo.
Los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo
sentimentales bandoneonistas de las terceras
fichas pesadas de barberías y de prisiones,
ágiles piernas en las batidas y en las ruletas,
funambulismos, magia fullera, clima de circo,
y amores fáciles en las riberas de los domingos
y cuchicheos bajo las luces de los garages
los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo.
Pero Sam Samoots murió fregándose ajo y cantando,
Al está preso, Joe Howard duerme como los niños
y ya están muertos, las manos juntas, los ojos blancos
los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo.
Sí, camaradas, y los entierros fueron suntuosos
y ángeles negros revolotearon sobre las tumbas
y ya están muertos, los ojos blancos, las manos juntas
los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo.



Raúl González Tuñón
Argentino ( 1905 – 1974)

Música e intérprete: Tata Cedrón y cuarteto


Imagen intervenida: Estación Quilmes



  Raúl González Tuñón

19 de agosto de 2011





Epitafio para la tumba del poeta desconocido


Fue un poeta de su vida y de la vida.
Porque además de diálogo de hombre con su época
la poesía es un estado de ánimo,
fue siempre el suyo un vago amar
y sentir y esperar no se sabe qué cosas:
y no pudo escribir ni un solo verso.
La muerte, la inquirida, “Tía de las Muchachas”,
se lo llevó una tarde de azul desprevenido.
Murió de inanición, como Meg Merrillies,
la que en vez de cenar contemplaba
fijamente la luna sobre el bosque.

Tanta es su soledad que el olvido se toca.




Raúl González Tuñón
Argentino (1905 – 1974)

De: “Demanda contra el olvido”
Ed. La Rosa Blindada - 2006

Obra: Suite Tuñón de Pedro Gaeta (Mural)

  Raúl González Tuñón

25 de mayo de 2010



La Libertad

I
De pronto entró la Libertad.

La Libertad no tiene nombre,
no tiene estatua ni parientes.
La Libertad es feroz.
La Libertad es delicada.

La Libertad es simplemente
la Libertad.

Ella se alimenta de muertos.
Los Héroes cayeron por Ella.
Sin angustia no hay Libertad,
sin alegría tampoco.
Entre ambas la Libertad
es el armonioso equilibrio.

Nosotros tenemos vergüenza,
la Libertad no la tiene,
la Libertad anda desnuda.
(Y el señor Jesucristo dijo
que el reino de Dios vendrá
cuando andemos de nuevo desnudos
y no tengamos vergüenza.)

Hermanos, nosotros sabemos,
pero la Libertad no sabe.


II

Hay que ser piedra o pura flor o agua,
conocer el secreto violeta de la pólvora,
haber visto morir delante del relámpago,
conocer la importancia del ajo y el espliego,
haber andado al sol, bajo la lluvia, al frío,
haber visto a un soldado con el fusil ardiente,
cantando, sin embargo, la Libertad querida.

Viva el amor, la vida poderosa,
la muerte creadora de olores penetrantes
y eso porque uno muere y resucita,
la luz sobre los techos de la aurora,
sobre las torres del petróleo,
sobre las azoteas de las parvas,
sobre los mástiles del queso y el vino,
sobre las pirámides del cuero y el pan,
la gente retornando,
una ventana con la bandera en familiar bordado
y la exacta ambulancia, con heridos,
cantando, sin embargo, la Libertad querida.

Hay que ser como el puente necesario,
natural como el lirio, como el toro,
saber llegar al fondo del silencio,
al subsuelo del brote y a la raíz del grito,
hay que haber conocido el miedo y el valor,
haber visto una mano que agita una linterna
de noche, hacia el distante nido de metralla,
hay que haber visto a un muerto cicatrizado y solo
cantando, sin embargo, la Libertad querida.


III

De pronto entró la Libertad.

Estábamos todos dormidos,
algunos bajo los árboles,
otros sobre los ríos,
algunos más entre el cemento,
otros más bajo la tierra.

De pronto entró la Libertad
con una antorcha en la mano.

Estábamos todos despiertos,
algunos con picos y palas,
otros con una pantalla verde,
algunos más entre libros,
otros más arrastrándose, solos.

De pronto entró la Libertad
con una espada en la mano.

Estábamos todos dormidos,
estábamos todos despiertos
y andaban el amor y el odio
más allá de las calaveras.

De pronto entró la Libertad,
no traía nada en la mano.

La Libertad cerró el puño.
¡Ay! Entonces...


Raúl González Tuñón
Argentino (1905 – 1974)
De “La muerte en Madrid” (1939)

Nació en Buenos Aires, 1905 y falleció en 1974. Es autor de poemarios simbolistas (El violín del diablo, 1926; Todos bailan, 1934), históricos (La rosa blindada, 1936; La muerte en Madrid, 1939) y sociales (Primer canto argentino, 1945). Fue uno de los primeros autores que incorporó el lunfardo a la poesía.


Obra: Sur – Nicolás García Uriburu

  Raúl González Tuñón

1 de marzo de 2010



ECHE VEINTE CENTAVOS EN LA RANURA (I)

A pesar de la sala sucia y oscura
de gentes y de lámparas luminosas,
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.

¡Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura!
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.

El dolor mata amigo, la vida es dura
y ya que usted no tiene ni hogar ni esposa,
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.

_
Raúl González Tuñón
"El violín del diablo" (1926)

Pintura: Diego Rivera - La Noche de los Pobres