Estación Quilmes: Walter Iannelli
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  Walter Iannelli

14 de julio de 2015



Retrato de un tipo odioso



Un tipo odioso, cuando va al almacén
pide 200 de jamón y 100 de queso
porque el queso es placer y el jamón alimento.

Un tipo odioso jamás va a tener un auto que en relación resulte
más importante que la casa
y fumará de garrón sus propios cigarrillos
si es plata que ahorró de evitar el taxi.

Un tipo odioso podrá portar una barbita triangular
como esos sátiros intelectuales
que de noche salen a corretear jovencitas.
Pero si no tiene barba será de más cuidado:
a la luz querrá todo de la carne
y cuando aquella se apague saldrá a hacerse el intrigante
con una valija colgada al hombro requisada en una tienda
de coreanos.

Un tipo odioso no entenderá ninguna discusión importante
ni alocución que merezca términos abstractos.
Sin embargo contestará a cada una de las requisitorias
con el aplomo del que se regocija de no tener certeza de nada.

Se preguntará cómo todas las mujeres
son hermosas y los tipos sabios.
Cómo catzo un protón se convierte en luz
cómo la luz viaja tan rápido
cómo el rápido a Liniers tarda tanto
cómo lo tanto nunca alcanza a ser el todo
cómo el todo es tanta nada junta
y mantendrá la mirada entre un horizonte imposible
y el borde de la mesa
con la esperanza de que ciertas señoras se mojen un poquito
y los hombres crean que está pensando en algo definitivo
e insoslayable.

Sin embargo es casi seguro que el tipo odioso
sólo sufre.
Le preocupan la moratoria de Arba
el coste de la carne
el viagra y el ibuprofeno
el premio Nobel
el concurso de poesía de Villa Ortúzar
el asesino de la esquina y la minifalda de la panadera
la basura que acaba de dejar en el tacho.
Y si tiene hijos llorará todas las noches
porque aún no cree en este mundo.

La gente lo verá por la calle para señalarlo con el dedo:
Acreedores, ex amigos, clientes de viejos rebusques
compañeros ocasionales de tuca, sauna y billar a tres bandas.
El no reconocerá a nadie, no por falta de memoria.
Un tipo odioso es despistado, egoísta y camorrero.
Está más interesado en ponerle el pie al mundo que
en pararse a charlar con el diariero de la esquina.
Sin embargo odia el panfleto
y se la pasa diciendo que es capaz de doblar al medio cada palabra
para ver si adentro tienen
otro jugo
para ver si saltan como conejitos sus corazones de mentira.

Un tipo odioso parecerá Impresentable
Aparatoso
Irresistible
Irreductible
Y amará a los animales que copulan en la calle
ellos le recordarán cuánta mierda le ha caído encima
como para necesitar aire acondicionado
y música de Air Suplair
para echarse un polvo.

Un tipo odioso
finalmente
espiará por la ventana del cuarto piso soñando con el césped
puteará al césped por tener que cortarlo
cortará el pastito añorando los sillones de estilo
y se levantará del capitoné ecológico  con cariátides del siglo XVIII
para suspirar en la ventana
por el yuyal del linyera de planta baja que
matea en camiseta en una reposera oxidada.
(deseo desplazado, que le dicen)

Un tipo odioso arreglará siempre sus propios instrumentos:
los rulemanes del lavarropas
los cables pelados
el piano desafinado
los estantes del baño
la estufa
el calefón
con la convicción de que Dios ha pecado
por hacerlo tan perfecto.
Y cuando acepte al fin al service del televisor
o el plomero evite que la inundación de su baño ahogue al cocker del vecino
los sacará poco menos que a patadas en el culo
por querer cobrar 50 pesos por lo que a él le hubiera llevado
apenas
14 años en la facultad de ingeniería.

Un tipo odioso siempre estará al pedo
o tendrá veinte veces ocupado el mismo horario un mismo día.
Su agenda será como una tabla ouija o un viejo papiro deshilachado.

Un tipo odioso dará siempre en el clavo
porque el clavo está en la punta del martillo
y no en su mano.



Walter Iannelli
Argentino (1962 – 2014)




Poema extraído de: cainabella.blogspot.com.ar/2015/05/walter-iannelli-retrato-de-un-tipo.html

Obra: Andreas Englund - Suecia


  Walter Iannelli

16 de abril de 2014



Nene ponete la camisetita



Si te vas a leer poesía, Nene
ponéte la camisetita.
La poesía es fría Nene.
Ya sé que dicen que calienta el alma
pero qué alma Nene en la parada del colectivo
este invierno a las cinco de la mañana.

Ponete la camisetita Nene.
¿Y los guantes?
Cuidáte de los versos que cortan
cuidáte Nene de esas palomas
de la luna
del viento
del poniente Nene que se desangra sobre las
casas como una marea escarlata.
Nene: ¿No pensaste en la bufanda?
Ya van a venir a soplarte hielo al cuello
a afilar la palabrita
retorcerla como si fuera tu cogote.
Sabés cómo son esos tipos Nene.
Te dan la mano, te aplauden y después
te mandan de vuelta con el estómago vacío.
Y no me comiste nada antes de irte.
Ahí te dejé el guiso de papas y arvejas.
Si al menos te llevaras el añorak de tu difunto padre
o el sobretodo. Pero te vas sin darme un beso
Nene.
Cuántas veces te dije que tenés que encaminarte.
Estudiar abogacía, conseguir una novia que al menos
los domingos no esté borracha.
Pero Nene, vos andás con esos que viven del aire
revoleando las letras.
¿Dónde viste el fulgor del cosmos infinito?
¿Desde cuándo el fuego es una llamarada impúber?
Decime Nene, no te vayas todavía.
Te hubieras puesto los zapatos con suela de goma
a ver si tanta imantación, si tanto voltaje te electrocutan.
Pero Nene: ¿No viste que estoy sola?
¿Que mamá te necesita más que todo el diccionario?
¿Que ninguno de la academia o de la SADE te va a tapar de noche?
Podemos jugar Buraco, terminarnos el strudel
ver sábados continuados al lado de la estufita de cuarzo.
¿Para qué el doble sentido
la metáfora
la sinécdoque
la metonimia, Nene
si me volvés con un resfrío?
Para qué la paradoja, Nene, el verso libre
La aliteración, la elípsis.
¿De qué sirve la otredad
o el misterio de la muerte?
Si es todo tan simple como que te vas desnudo
porque vivís una realidad hecha en pedazos.
¿A eso le llaman poesía?
Vení, Nene
que mamá te hace una sopa con galletitas Manón
en el té con leche.
No seas tonto
el mundo debería ser chico
el mundo no se conquista agrandándolo de sentido
ni doblándolo, ni pegándolo
ni siquiera tratando de romperlo.
El mundo es, mirá vos Nene lo que te digo,
el mundo es como el cajoncito de tu ropero.
Así, cuadrado, en el fondo de una habitación
en tu propia casa, con todo lo que hace falta.
Vení Nene, que ahí está tu camisetita nueva.
Mirá qué linda.
Se la compré a Don Samuel en dos cuotas.
Ponétela Nene.
No quiero que tomes frío.




Walter Iannelli
Argentino (1962 – 2014)



Escritor y periodista cultural.

Publicó entre otros Alguien está esperando (1996, cuentos), Sanpaku (2002, novela), Zumatra y la mecánica de tu corpiño (2005, poesía) y Metano (2008, cuentos).

Fue premiado en seis oportunidades por el Fondo Nacional de las Artes de Argentina, organismo que también le otorgó la Beca Nacional de Creación en 2008. En el año 2007 obtuvo el 2° Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires a Novela editada bienio 2002/3.

Imagen extraída de: diosenlasvegas. Blogspot.com