Estación Quilmes: Marcelo Marcolin
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  Marcelo Marcolin

27 de enero de 2017




Desde las otras aguas llegaron aquellas aguas


I

Desde los esteros de la distancia el viento trae aquellas imágenes:
son cuerpos dispuestos en la inocencia
viajando hacia los suburbios de la lluvia
en un tren de fuego.
Entonces como le explico a los años
a las horas de las otras horas
al olvido que nunca pudo ser olvido
a mis manos sin viernes ni cabellos.
Cómo serán los días en que no hubo días
al espacio que la ausencia sugiere
Cómo viajaran los astros y las ansias
en los periplos que las almas proponen
cómo esquivo interrogantes sin noviembres.
Serán las aguas enigmáticas de aquel mar de los Egeos
o podrán las sombras de Kleber olvidar los pasos
las indiscreciones oportunas
los cielos de otras tierras
el peregrino incesante que escribe frente a la tempestad?


II

Quién puede rescatar aquellos pasajeros
del vagón 21?
Quién soltó las amarras al barco de los sueños?
Quién no pudo atreverse a más?

Mañana,
seguramente
diremos
que todo fue ayer.


III

Sé que está la primavera dando vueltas
por los corredores del pensamiento
y alguien reconoce tus ojos entre la multitud
mientras convoco a las aguas atrevidas
a que fluyan por las geografías más exquisitas
convoco a los dioses del olvido
a que recuperen el aliento y la mirada
Dejo sobre este sueño
las ansias y el abrazo púrpura
que las pasiones arrojan en los secretos
que todavía descansan en el umbral adolescente
de tus ojos que aun estallan de tanta magia.




Marcelo Marcolin
De "Otros elefantes de regreso a la constelación de Orión"  - El ojo de la Ballena 2009



(1957-2011) Poeta y editor. Miembro de la Generación Subterránea.
Nació en Buenos Aires.



Pintura: Michael Cheval
Extraída de: https://www.taringa.net/post/arte/13288586/Megapost-surrealista-Michael-Cheval.html

  Marcelo Marcolin

12 de diciembre de 2014




Nocturno de ella


Entregará sus piernas:
se enterarán los dioses en sus desvelos
elevará su cuerpo por encima del erecto sentido de las ansias
y allí su boca
         su condena descifrada en los esteros del rubor
cuando el humeante otoño de tajadas a la primavera.
Ella es la sombra entre las luces de los sueños
         es la sed que baja hasta las entrepiernas de los otros ángeles
No podrá su lengua con la lengua del día
         no podrá su cola esquivar el deseo
Nadie llega para la otra noche
         nadie es dios para determinar vírgenes y putas
es sólo un canto desde el rumor indígena
con olor a sándalo y sabor a jengibre.
Arriban sus piernas atravesando los espejos
lame su lengua el ritual de las horas callejeras
cegada de impalas huyendo hacia el sur.
Yo la necesito así: descalza, ardiente,
      Ciega de horas y esperas
La necesito temprano
demasiado temprano entre las letras y la noche,
la noche vagabunda que se lo lleva todo y todo nos deja.




Marcelo Marcolin
De "El viejo automóvil de los sueños" - 2005 - Ediciones El ojo de la ballena



Argentino (1957-2011) Poeta y editor. Miembro de la Generación Subterránea.
Nació en Buenos Aires.


Obra: Salvador Dalí - extraída: www.lavanguardia.com

  Marcelo Marcolin

2 de enero de 2014



Un huracán está llegando


hay sequía loco,             
va para largo que no cae
una gota de merca         
Marcos Silber

Aquella sonrisa rota dibujada en el bar
o aquellas piernas saladas desde el atlas,
tal vez el héroe en un caballo blanco circulando por los laberintos
o las brisas de mayo temblando en un bulevar de Rosario;
todo eso mujer en mis persecuciones de espera
todo eso con un trago fuerte bajo el farol
sin un ómnibus para viajar al otro lado.
Por favor basta de golpearme la puerta
ya comprendí al che, marx
y también las putas concesiones democráticas.
Hoy me pondré las medias y los pantalones,
leeré le monde y beberé ese amargo silencio.

Necesito tu lengua sobre los poemas
necesito mi cuerpo sobre tu lengua
y también necesito demasiadas revoluciones para esta noche.
Alguien está agitando el teléfono
alguien agita su sexo:
que se inunde de sexo este milenio
que lluevan orgasmos sobre las cabezas momificadas
que el viento revuelva la sangre y los corazones.

Has llamado a mi amigo?
Has preguntado en que lugar se quiebran las esquinas?
Voy hacia aquellas rutas
las del no sé donde debo partir
las rutas donde la noche traza su enigma
y la respiración sacrificada aprieta las venas.
El poeta no ha nacido y todos lo deben saber
el verdadero poema no ha sido escrito
y la tormenta se ha llevado la inspiración.

Toma aquella carretera hacia el sur
bebe otra mujer al borde de la locura
hazle el tajo más perfecto y respira su miel sin hormigas
acaricia su centro hacia el este
para descifrar sus transparencias a través de los espejos
ponle un lazo a su estima
y provócale sexo mucho más allá de su cuota sentimentalista.

Oh mis amigos no pudimos con las estrellas y los setenta
regresamos vomitando freud y cuba libre,
por favor no preguntes esta noche
sobre los cometas que se han perdido
yo me duermo entre botellas naufragas
y mi padre está muy lejos para abrir las ventanas
y aún no he encontrado la habitación de los sueños.

¿Saben los dioses de esta cena?
¿Saben bien ellos de aquellos desvelos en la ruta 8?
¿Saben las mujeres del pasado lo bien que está este futuro?

Retomaré urgente hacia tus costas,
hundiré mi karma en tu cielo en llamas:
ya no habrá calma para tus abismos,
ya no habrá sangre en las copas de los traidores.
Es un final nocturno de febrero
sin condenas ni perros blancos en la delicia
vamos por el azul a despeinar ciudades y diamantes.
Urgente vístete de zonda sobre las sabanas marcadas
y escribe tu lágrima en las horas que regresan.

Ya lo gritan los quemeros de los vientos
ya lo hemos proclamado en esta noche alucinada;
lo dijo el rusito vladimir, lo afirma el marica federico
lo agitan las putas baratas y viejas de villa tranquila,
lo gritan los hombres desde las casillas ocultas,
lo piden los pibes del barrio:
todo el poder a la doce / todo el poder a la doce /
todo el poder a la doce.



Marcelo Marcolin
De "Otros elefantes de regreso a la constelación de Orión" - El ojo de la ballena  (2009)

Argentino (1957-2011) Poeta y editor. Miembro de la Generación Subterránea.
Nació en Buenos Aires.

  Marcelo Marcolin

10 de febrero de 2012






















Viajeros de los días y las constelaciones



Es el octavo vuelo
           y no he descubierto ángeles a mi alrededor.
Demasiadas voces saltan en mi cabina
         pero siempre lejanas,
corazones de un infierno más incurable
           -diría como eterno-
mordiscos de azufre a mi nave de sal.
Ojos que van y vienen
etéreas vaginas del circuito
adolescente,
labios infectados de soledad
y mi otro cuerpo así,
               mi otro cuerpo
por tus calles introvertidas.
         Saliva de Paris en mis dedos sudamericanos
/ plumas azules de la tarde /
         / bocas que parten día tras día /
fugaz o perenne viaje
                             siempre así
/ atrevido /
          / olvidado /
                   en busca de ángeles por las constelaciones
ángeles que se esfuman en los años
         por los baretos de Madrid
                  que se olvidan de los paraísos
         y pese a mis impulsos no los puedo atrapar.



Marcelo Marcolin
(1957-2011)
De "El viejo automóvil de los sueños"
Fue integrante de la llamada Generación Subterránea en la que desarrolló una vasta
tarea como editor y escritor.

  Marcelo Marcolin

3 de septiembre de 2011


  Marcelo Marcolin

29 de mayo de 2011




La amante negra de Mao Tse Tung

“Al principio yo dudaba porque era negra”
Jack Kerouac


La amante de Mao Tse Tung era negra.
Había llegado de lejos / tan lejos como el deseo de Mao.
Dos veces al año bajaba del silencio hasta Pekín.
Era negra / tan negra como esos agujeros secretos. Era negra y el pelo rojo
tan de acuerdo al régimen precoz y a los blasones que adornaban
el cuarto de Mao Tse Tung.
Ella untaba su cuerpo con óleos mágicos enviados desde la India. Olores
extremos / sabrosos / carnales. En ese instante
el brillo iluminaba los cielos y las estrellas / desterraba los males
y encendía las furias más intensamente guardadas en la inmensidad del apetito.
Cuando el viento aullaba entre las columnas / Lin Biao convocaba a la amante
a penetrar en los bosques amables de una habitación casi en las sombras
sombras humeantes de intrigas y aromas. Ella / cual hechicera / hurgaba sigilosa
los silencios envueltos en una bandera roja.
Mao la esperaba al borde de una gran cama dorada
/ entonces comenzaba su tarea. Suave y delicadamente decía en el oído de Mao:
Zedong / Zedong. Y le otorgaba al líder la bondad y la delicia.
Fraseaba en su cuerpo los acordes sublimes de una melodía
llegada desde un horizonte en llamas. Ella entendía los buenos secretos
del amor y sus laberintos / del himen esparcido en la angustia
de una guerra sin final / del dolor de ser el oculto placer de la revolución.
La amante negra de Mao viajaba por las geografías y pensamientos de un Mao
destronado / perpetrado / condenado.
Ella repetía: Zedong / Zedong. El callaba y gemía. Abría sus ojos al espacio
y destinaba babas al destino. Mientras ese cántaro de ébano y carne encendido
alzaba ecos de lenguas sobre lenguas
y los espíritus del placer
se esparcían por las ventanas de una ciudad
que siempre estaba dormida en sus propios prismas.
Y otra vez / la mujer sobre las muecas del líder / y otra vez: Zedong / Zedong
y la lluvia llevándose los rituales de un dragón arrojado en los roperos
de una revolución que sigue agitándose más allá de la ventisca.
Zedong / Zedong y el penúltimo sabor de una amante negra
preparando la secuencia del beso inesperado entre los arcos de la muerte.

La amante de Mao Tse Tung era negra y una tarde de tan poco sol
partió tan lejos / tan lejos como parten el adiós o la soledad /
los suicidas de rojo / los pájaros de plumas de fuego y algunas revoluciones.



Marcelo Marcolin
Buenos Aires (1957)

  Marcelo Marcolin

3 de mayo de 2011




Mientras la lluvia lo dice

“Si tu forma de lluvia me mojara”
Roberto Santoro


Todo lo arrastra esta maldita lluvia
lluvia sin color sobre el horizonte y los pecados.
Todo lo lleva y todo lo trae
mensajes de aquel lado del día que viaja sobre los pies
y se queda con todo mi equipaje.
Mirá la pieza del hombre rojo / la secreta estadía del recuerdo
se aferra en sus paredes de tiempo sin forma
y ahí están las supremas cosas que resisten a las tempestades / a los olvidos / las traiciones
y allá, de aquel lado
mi cajita / mi cajita con fotos / estampas/ con la moneda de Canadá / un diente /
con siete semillas de manzana envueltas en papel celeste para la suerte,
cajita cargada de viento que en las mejores siestas
bailó de marihuana por el barrio
y todos decíamos revolución / Guevara / revolución
y todos fuimos declarados inmortales en las leyendas / las secuencias
en los bolsillos de la memoria.
Lluvia alguna vez dije / habitaciones en secreto de aquel otoño en Budapest
y tus ojos guatemaltecos hablando de la lluvia / de la deliciosa humedad
que brota de tu cuerpo / de tu cuerpo en estado de espuma celestial /
y ojos guatemaltecos / espuma negra penetrando sigilosa como fantasmas
en una noche de Budapest y nuestras manos necesitando regresar al sitio imperfecto
que nunca estuvimos / para otra vez partir / partir digo sobre la tarde
y los ojos guatemaltecos / partir de Budapest y la cajita
volver pienso / muchas veces lo pienso
pero han dado vuelta este mapa y las rutas
toman el otro rumbo y yo sigo esperando / casi solo y perdido /
aquel estrepitoso ómnibus azul parado frente a una shell
y Susi / Susi la de las caderas soñadas dice yoin / yoin / se quita sus ropas
me muestra su cuerpo en la tarde vagabunda y alucinada
mientras leemos a Castaneda en un departamento satisfecho y desolado de sábado de abril
yoin / yoin / y esas marcadas grietas de furia en mi cuerpo
y este cansancio que hace que pierda el sombrero y gire en la esquina
como buscando el esquivo sonido de los pájaros en tus pechos de luz.
Entonces abro la puerta y enfrento a los malvones y las hortensias /
dejo mi valija en el costado de la vida / percibo el aroma a cedrón
y le sugiero un té a mi abuela Josefina / ella asiente
con sus ojos atravesando la eternidad.
Ha dejado de llover en este barrio, así, así lo dice la lluvia.



Marcelo Marcolin
Fue miembro de la llamada Generación Subterránea argentina; editor y parte de diferentes publicaciones, entre ellas: Artemisa, Antimitomanía, El ojo de la Ballena, Río de la Plata. Colaborador en medios gráficos y radiales como columnista. Premio Zargazazú 1986. Ha editado: La coronación del príncipe mudo, Matecocido, La primera letra, Angeles clandestinos, Siestas de Wincofón y Otros elefantes de regreso a la constelación de Orión.

Audio: IV Festival Internacional de Poesía, en la Feria del Libro.

  Marcelo Marcolin

25 de octubre de 2010



Cuando llueve en Lisboa

“No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.”

Fernando Pessoa


Hablan los parroquianos de una lluvia / una lluvia que esconde los sueños
entonces esta ciudad que sabe de ahogos / desvelos atlánticos que olvidan
secretos del Tajo y sus pasiones
se le fugan los sueños en esos días de lluvia.
Ricardo Reis deambula una calle de Lisboa. Llueve / llueve desde los cielos
hacia el mar. Llueve /el mar extasiado de furia
espanta los milagros y las calles tiñen su suerte de otoño
bajo los pies de un Ricardo Reis que hurga en la oscuridad de la iglesia del tormento
esas sombras que distingue en la altura de los santos preconcebidos
descubre sólo sombras y en las sombras puede ver a un Alberto Caeiro
como un signo inerte bajo las mismas sombras.
Alberto Caeiro que traga espíritus
y desconsolado intenta encontrar un sueño / sueño de lluvia / lluvia
que los lleva / los oculta y Alberto Caeiro gime / gime sobre la noche
de Lisboa / gime en su soledad infinita / transitando los corredores
de lo inesperado que entrega la soledad / dibujando rostros
que nunca estarán y la lluvia se empecina en borrarlos hasta de los olvidos.
Alberto Caeiro cae / cae bajo los truenos y relámpagos y se vuelve
y los truenos y relámpagos lo vuelven Álvaro de Campos
y Álvaro de Campos suele ser ese fantasma
fantasma que la lluvia arrastra hasta las costas de la insatisfacción y
deja cuerpos / marcas / enciclopedias olvidadas /ropas sucias de otro pasado /
cangrejos negros / amores que nunca estarán en ninguna primavera.
Álvaro de Campos incendia su última carta / abre los portales del infierno
/ quema centellas / busca las piernas blancas del otro rumor
/ penetra en cielos perceptivos / calles de nada /
sombras y otras sombras y esa lluvia / lluvia que esconde sueños
y Fernando Pessoa zozobrando lateralmente en las veredas de una Lisboa
que intenta descansar de lluvias / fantasmas y sueños no cumplidos.



Marcelo Marcolin
(Poema inédito)
Nació en Buenos Aires en 1957. Fue miembro de la llamada Generación Subterránea argentina; editor y parte de diferentes publicaciones, entre ellas: Artemisa, Antimitomanía, El ojo de la Ballena, Río de la Plata. Colaborador en medios gráficos y radiales como columnista. Premio Zargazazú 1986. Ha editado: La coronación del príncipe mudo, Matecocido, La primera letra, Angeles clandestinos y Siestas de Wincofón.

  Marcelo Marcolin

1 de septiembre de 2010




Numérica

Todo su cuerpo son números:
números espaciales perpetuamente tatuados
A veces con forma de pelo, otras de ojos
y muchas tantas de dientes.
Ella discute la matemática casi como una constante
y se convierte en sombra del uno, del dos
y demasiadas veces, como cinco,
del cinco.
Uno saborea su parte 62
y descubre el 25 en el inmenso placer
que otorga jugar en el 36.
Ella calma los números
desvela incógnitas
se enloquece a través del 57
y se hunde en el éxtasis que el 22 le provoca.
Me muerde el 18.
Me mira el 14.
Me perfuma el 51.
7 veces la quise.
8 veces morí por ella.
20 veces la espero.
Sé que estoy en sus números:
en el lugar del 27 (o sea en su corazón)
Por eso voy de un lado a otro de sus álgebras
sangrando ecuaciones imperfectas.
40 veces sueño en sus sueños,
eternamente resto pasiones a su pasado
infinitamente deambulo por el futuro de sus propios laberintos
en la enésima pasión que su cuerpo otorga.


Marcelo Marcolín
De “Otros elefantes regresando a la constelación de Orión”
Ed. El Ojo de la ballena - 2009