Estación Quilmes Estación Quilmes

  Roberto Malatesta

18 de febrero de 2019





Último limón para el té


Muy alto el último limón mojado por la llovizna,
vos no lo viste ni me viste, luché por él,
hasta que rendido rodó al pie del árbol.
valió el esfuerzo, limón para el té y tus labios
besando algo más que un té con limón,
algo más que borde de pocillo azul.
Te bebiste mi esfuerzo por bajar un astro,
el último de un árbol exhausto, que como se sabe,
así son estas historias, se ha secado.
Estaba yo en tu beso de media tarde aclarando
todo lo que en mí tiende a cerrarse en lo oscuro.




Mi hija sube a la escalera


Subida a la escalera ella proclama:
¡Estoy en la cima del mundo!
Y uno quisiera estar
junto a ella encaramado,
entonces, desde el llano, manifiesta:
¡Es cierto, es cierto, es cierto!
Y el resto se lo calla.
¿El resto qué diría, si decir se pudiera?:
Saludos de mi parte al nudo de los vientos,
a la inocencia, al horno de las nubes,
al sitio en donde caen las estrellas,
a los ángeles,
y a todo lo que ves y yo no veo.
Y a todo lo que ves y yo veía.



Roberto Malatesta
Argentino – 1961




De: “La estrella roja y otros poemas”
Ed. leviatán - 2014

  Jorge Leónidas Escudero

14 de febrero de 2019





Todavía


M’ encontré nel suburbio donde vegeto
con otro vejete de los que me junto
para recordar ausencias.

E al bar de don Douglas fuimos a ver
si aún tomábamos un traguito.
Llegamos y entre salú y salú
sacamos la cuenta de los amigos muertos. 
Nombrados uno a uno fueron como cuarenta.

¿Qué divertidos no?
Hablamos de lo ayer jamás y nunca. 
Nos pusimos alegres y cuando conté un chiste
largamos toses y carcajadas a granel,
si aquicito nomás
casi en la puerta de nuestra total ausencia.




El pájaro sibilante

Iré mañana al méico ver si me arregla
el asunto e loj moco que se me descuelgan
a la garganta y silban
pa que loj saque de ahí.

Caso curioso este del aire que
entra por la nariz
y al volver del pulmón
toca en la laringe una flauta triste.
Y cuando uste’ tose
no se libra de lo ahí.

O mejor dicho éste es un sibilante
pájaro cantor que desde adentro
anuncia mi involuntario retiro
de bares, viejos amigos
y últimas ilusiones.

Es horroroso
oir en la alta noche la voz fúnebre
dese pájaro burlesco que stá organizando,
al parecer,
mi despedida final con una rechifla.



Jorge Leónidas Escudero
Argentino (1920 – 2016)

De: Dicho en mí - Ediciones en Danza – 2008

Nació y residió en la provincia de San Juan. Comenzó a publicar recién a los cincuenta años. Ha escrito más de veinticinco poemarios y fue merecedor de múltiples distinciones y homenajes. Algunos de sus títulos: “La raíz en la roca” (1970); “ le dije y me dijo” (1978); “Piedra sensible” (1984); “ Jugado” (199); “Viaje a ir” (1995); “Divisadero” (2005); “Tras la llave” (2006).

Fotografía extraída: https://adriancuassolo.blogspot.com/2013/07/jorge-leonidas-escudero.html


  Elida Berelejis

29 de enero de 2019




“hay tanta gente sola/ hoy tanta gente llora”
                                                  Charly García  


cansada   de ser
desnuda

descalza

toda de soledad
en mi lugar de quietud
me visto de pasajera
en un bondi cualquiera
cruzo semáforos
me dejo  arrastraempujar
a los mismos sitios
a lugares donde vamos todos
pero a quién le digo
que hoy  quiero llorar
que se me pegó la letra de una canción
si alguien vio anoche la luna llena
así entre la gente
igual de desnuda
igual de descalza
toda de soledad.






tiempos   


al tiempo que en Roma
cae  una flor marchita
en Berlín hay un hombre
distraído
atropellado en el tránsito
en las costas del Mediterráneo
las algas del mar
envueltas en plástico rojo
llegan a morir a la orilla
en medio de los Alpes Suizos
la anciana no termina de marcar
el número de teléfono del auxilio
un niño en Dinamarca
resulta aplastado por una fórmula matemática
de su manual escolar
que no comprende
al mismo tiempo en Argentina
se deshace la esperanza
en el escándalo provocado





paradojas


a veces
me acuerdo de olvidar
que vi
con ojos cerrados
todo el silencio del mar
cuando  agranda la tormenta
pensándome canoa
de papel
cuando me  abracé al viento
y respondió con sus brazos
enteros
me llevó lejos
vi baldíos
como ciudades
de cemento
a veces
me acuerdo de olvidar
que sembré
naranjas
en medio del desierto.

por la fragilidad
de los cimientos.           




Elida Berelejis
(Inéditos)

Argentina - Reside en "El Pato" Partido de Berazategui - Bs. As.

 


  Alfredo Zitarrosa

18 de enero de 2019




Milonga más triste


Quisiera decir que tengo
alegría en lo que doy
pero con mi canto voy
más triste de lo que vengo.
Tengo un canto que me canta,
tal vez para que me asombre,
cuando canto soy un hombre
con un pueblo en la garganta.
Nací en tierras de estancieros
y ya me sé de memoria
que aquí se escribe la historia
según valen los terneros.
Al pobre nadie lo hamaca,
nadie tasa su desgracia,
la justicia es una vaca
pastando en la democracia.
Si alguien conoce el secreto
supongo que me dirán
por qué donde falta el pan,
siempre sobran los decretos.
Las leyes no son iguales
pa' los que no andan unidos,
con que advierta el que ha sufrido,
dónde están sus propios males.
No se trata del dinero
sino más bien del trabajo,
con los tomates de abajo
se llena el cajón entero.
El que lo entienda primero
que no se ponga tan duro,
que sepa que en el futuro
lo esperan sus compañeros.
Y también decirle quiero
que en la milonga canté
todo lo poco que sé,
todo lo mucho que espero.




Alfredo Zitarrosa

Nació en Santiago Vázquez 1936 y falleció en Montevideo, 1989. Cantante y compositor considerado uno de los más reconocidos representantes de la canción popular y de protesta de Latinoamérica.



  Mario Benedetti

15 de enero de 2019





Bienvenida


Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero

después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco

yo nostalgio
tu nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie

tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros

no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza

sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.



Mario Benedetti
Nació en Paso de los Toros, 1920, murió en Montevideo, 2009 (Uruguay)



  Sergio Manganelli

27 de diciembre de 2018




Hay noches
que no se parecen en nada
a la esperanza,
sino más bien
a flores del infierno,
a horas sin propósito,
en que alguien vaga
por vereditas de la memoria,
con su puerta al deseo
su musgo solidario, su refugio,
las flechas que Cupido
devuelve envenenadas.

Hay amaneceres
que no guardan
la luz perfecta,
ni entibian el huerto
en que soñamos,
sino pasillos pálidos
que huelen a remedio,
hendijas en los muros
donde purgan los muertos
la lepra cotidiana.

Tardes subterráneas,
en que la dicha
oculta sus carnes al verdugo,
y viaja clandestina
a confines de niebla,
a tierras de extravío,
donde sentirse próspera
o al menos exiliada.

Madrugadas que imponen
la amnistía,
que invitan
en un bar su torre de Baebel,
o nos prestan el lecho
de cualquier primavera,
para hacernos dormir
la pena por un rato.

Hay jueves que parecen lunes,
lunes que siempre
son de miércoles,
miércoles agotados de rebelión,
viernes con tregua.

Sábados de gloria
y domingos sin dios.

Hay agua en el vaso
de la mesa de luz,
una lámpara
alumbra la piel
que se estremece
en el pinchazo,
la puerta inquieta
o quieta,
y una infancia que vuela
en el pobre barrilete
de la desolación.

La muerte puede
confiscarme el pellejo,
decretar su silencio hospital,
amputarme la risa,
pero nunca obligarme
a abandonar el barco.
Que nadie arroje la toalla,
dejen que muerda,
que aliente a sus soldados
contra mi ciudadela,
que me hiera su toro
en la embestida,
y sienta fundar
su imperio en mi derrota.

Entonces aprenderá
que tengo noches
de gallito ciego,
amaneceres
que nacen como hijos,
tardes de Sandokán
o piedra libre,
madrugadas de verme
en otros ojos,
calendario de lluvias,
versos que se abren
como labios.

Y una verónica ingenua
con besos en las gradas
para hacerle morder el polvo del aplazo.




Sergio Manganelli
De " SANGRE DE TORO poemas y banderillas"  -  (2019) Nuevohacer 
Grupo Editor Latinoamericano
       

Nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967. Reside actualmente en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense.



  Federico Spoliansky

25 de noviembre de 2018




    El infinitivo escribir me ha traído problemas. Ocupé tres días de febrero repitiéndolo en voz alta, doblándole la punta para que dejase de ser infinitivo. Un infinitivo tiene algo de cosa militar: pisan los soldados, los sonidos buscan una silla para esconderse. Solo hay música en el infinitivo ser cantante.

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    Escribo soslayando la cresta de la ola, sentado en la panza, no soy holgazán. La panza me permite quedar a salvo. Escribo con datos, ocurrencias, garabatos: baja sombra el abedul. Sentado en la panza escribo de a ratos. Olvido mucho, pero alcanza: palo, guampa, tereré. Los datos sacan del letargo al holgazán. Escribo en postergo.

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    Es febrero en Argentina. Los meses se escriben con minúscula, es el castellano. Argentina se escribe con mayúscula, es un país. El paisaje es duro: ESMA, AMIA, Tren Fantasma, Cromañón, entongues, camorra. Argentina tiene giba, soporta el peso de tanto país.

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    El camello se rebela, no pide un hombre a cuestas. Nace y muere con jorobas. Nace, trae, lleva.

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    Dudar, matracar sobre penurias es propio del bonaerense y del porteño, sean doctos o iletrados; toda charla parece interconsulta. Es difícil contener la duda, la contamos. Rueda como el tambor de un lavarropas, de principio a fin y da capo al infinito no se agota de girar sobre sí. Dudar es un vaivén: sacar la cola o meterla, sacar la lengua y meter púa, guantear, ¿guanteamos? Si contamos nos opinan.
    La tramoya de la duda opera en el conurbano y en la CABA. Dalmiro Sáenz dijo: “Dudá solo en voz baja”. Escribo solo en voz baja. Escribir es un vaivén: sacar la cola y meterla, sacar la lengua y meterla, pisar y meter la pata, mano, mula, subir y bajar la capucha. Escribir endeudado mandamás: ¡Sacá pecho! ¡Poné cara! ¡Meté panza! Pecho, cara, panza, pucha; habiendo pucha pongo pucha.
    Dalmiro fue mi proxeneta. Voy y vengo en lo que dijo o entendí: “Dudá en un corral de capones. Dudá de un corsario; si va a pata no es corsario ni pirata, es mochilero. Dudá en cualquier embajada. No dejes de escribir ni un día, leé en la trinchera y conocé a Napoleón Tolstói”.

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    En Capital Federal y alrededores construimos cada día poniendo el cuerpo, tragando el humo del cigarrillo vecino en el andén. “Qué le pasa, qué le pasa a mi camión, qué le pasa, qué le pasa que no arranca”. Estamos fritos desde el levante hasta el acueste. En el tren los vendedores ofrecen lo que venga a base de plástico, inoxidables y extracto de vainilla; los clásicos de la literatura universal, la Guía T de bolsillo. “Y para los que pidieron rodilleras, rodilleras”. Si no existiera tanta oferta nadie necesitaría. “Hoy la cáscara, mañana la manzana”. Si no existiera la oferta, ¿alguien compraría?
    “¡Soltá el telefonito, papito. O mandá un Sí a la gorra!”.
En Capital Federal y el conurbano cruzamos calles y avenidas con el semáforo en rojo; si se nos antoja no sacamos boleto para el tren. “Legítima tijera entrego hoy; le corta papel, chapa, cartón. La lleva a la mitad de su valor”. Así es para el escribano, deambulamos desplazados o indocumentados como tantos. Somos aledaños, atlánticos distintos, nos quema el sol rebotado por la medianera.

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    Vivo en un país de ríos; no son ríos mansos. Camino hacia la estación frente al río, tren y río, tren y río hay en mi país. En mi país hay pejerreyes, dorados y surubíes, rellenos y desnutridos; merenguitos, pastafrola, pastelera, churros. Si hay azúcar impalpable debe ser mi país rico.
    Los trenes dividen el paisaje donde sea que haya vía. El tren le escapa al sol, es tren. ¿Anda el tren? Anda mal, el paisaje anda mal. En mi país sobran las palabras. Cuando sobran las palabras hay goteras. Sobramos donde sea: taco, puntera, suela, entresuela, cordón, capital, provincias. Sobrar trae goteras. Sobran forros y plantillas.



Federico Spoliansky
De "ATLÁNTOV"  - Ediciones del Dock, 2016.



Nació en Buenos Aires en 1970. Posee un Master en Realización Audiovisual (London Film School & London Metropolitan University). Es Licenciado en Psicología (Universidad de Buenos Aires). Publicó los libros Atlántov, Duda patrón y El agujero. Recibió el Primer Premio Nacional Iniciación de Poesía, Ministerio de Cultura de la Nación (Bienio 1991-1992). En 2017 ganó una beca de Formación (Letras) del Fondo Nacional de las Artes. Escribió, dirigió y editó los cortometrajes C´est Tout y I & Thou. I & Thou ganó el Premio a la Mejor Producción en el IV Festival de Cine UNIACC de Chile, el Premio al Mejor Corto Experimental en el IV Festival Internacional de Cortometrajes de Miami. En 2018 fue Visiting Scholar del departamento de Estudios Hispánicos de Brown University (Providence, USA).

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El maestro desafía a su exdiscípulo: “Si tuvieras la plata, ¿te irías de acá al aeropuerto” para volar a Rusia? El exdiscípulo se indigna: “¡Voy a cambiar todas mis contraseñas!”.
A partir de esa extemporánea amenaza o —promesa—, los textos de Federico Spoliansky se suceden rompiendo todas las normas y guiándonos por un camino de desconcierto y encantamiento. Animistas, protoplasmáticos, son tarjetas de invitación a nuevas imaginaciones. A partir del infinitivo del verbo escribir acepta que “solo hay música en el infinitivo ser cantante”. He ahí la búsqueda siguiendo “la tramoya de la duda” en la cual “toda charla parece interconsulta”.
Porque somos aledaños, atlánticos distintos, el cambiador de contraseñas avanza por minimalistas, exaltados mundos. Como marcas de agua.
“Así es en la escritura: hay latitud, longitud. Y hervor”, reconoce. Y en ese hervor nunca más aludido de las olas del Atlántico, y en ojotas, el observador de lo inobservable va atravesando refugios de palabras en los que “hay goteras”. Quien habla comprimida y verborrágicamente deambula por playas, sorpresas, adopciones, intuiciones, presencias, hasta alcanzar esa otra Rusia del alma que es la voz del tenor: Atlántov.
Propongo aquí mi interpretación de este libro escrito en total libertad que, como una ristra de koans, abre caminos de extrañamiento, reflexión y empatía. 


LUISA VALENZUELA