Estación Quilmes Estación Quilmes

  Federico Spoliansky

25 de noviembre de 2018




    El infinitivo escribir me ha traído problemas. Ocupé tres días de febrero repitiéndolo en voz alta, doblándole la punta para que dejase de ser infinitivo. Un infinitivo tiene algo de cosa militar: pisan los soldados, los sonidos buscan una silla para esconderse. Solo hay música en el infinitivo ser cantante.

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    Escribo soslayando la cresta de la ola, sentado en la panza, no soy holgazán. La panza me permite quedar a salvo. Escribo con datos, ocurrencias, garabatos: baja sombra el abedul. Sentado en la panza escribo de a ratos. Olvido mucho, pero alcanza: palo, guampa, tereré. Los datos sacan del letargo al holgazán. Escribo en postergo.

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    Es febrero en Argentina. Los meses se escriben con minúscula, es el castellano. Argentina se escribe con mayúscula, es un país. El paisaje es duro: ESMA, AMIA, Tren Fantasma, Cromañón, entongues, camorra. Argentina tiene giba, soporta el peso de tanto país.

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    El camello se rebela, no pide un hombre a cuestas. Nace y muere con jorobas. Nace, trae, lleva.

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    Dudar, matracar sobre penurias es propio del bonaerense y del porteño, sean doctos o iletrados; toda charla parece interconsulta. Es difícil contener la duda, la contamos. Rueda como el tambor de un lavarropas, de principio a fin y da capo al infinito no se agota de girar sobre sí. Dudar es un vaivén: sacar la cola o meterla, sacar la lengua y meter púa, guantear, ¿guanteamos? Si contamos nos opinan.
    La tramoya de la duda opera en el conurbano y en la CABA. Dalmiro Sáenz dijo: “Dudá solo en voz baja”. Escribo solo en voz baja. Escribir es un vaivén: sacar la cola y meterla, sacar la lengua y meterla, pisar y meter la pata, mano, mula, subir y bajar la capucha. Escribir endeudado mandamás: ¡Sacá pecho! ¡Poné cara! ¡Meté panza! Pecho, cara, panza, pucha; habiendo pucha pongo pucha.
    Dalmiro fue mi proxeneta. Voy y vengo en lo que dijo o entendí: “Dudá en un corral de capones. Dudá de un corsario; si va a pata no es corsario ni pirata, es mochilero. Dudá en cualquier embajada. No dejes de escribir ni un día, leé en la trinchera y conocé a Napoleón Tolstói”.

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    En Capital Federal y alrededores construimos cada día poniendo el cuerpo, tragando el humo del cigarrillo vecino en el andén. “Qué le pasa, qué le pasa a mi camión, qué le pasa, qué le pasa que no arranca”. Estamos fritos desde el levante hasta el acueste. En el tren los vendedores ofrecen lo que venga a base de plástico, inoxidables y extracto de vainilla; los clásicos de la literatura universal, la Guía T de bolsillo. “Y para los que pidieron rodilleras, rodilleras”. Si no existiera tanta oferta nadie necesitaría. “Hoy la cáscara, mañana la manzana”. Si no existiera la oferta, ¿alguien compraría?
    “¡Soltá el telefonito, papito. O mandá un Sí a la gorra!”.
En Capital Federal y el conurbano cruzamos calles y avenidas con el semáforo en rojo; si se nos antoja no sacamos boleto para el tren. “Legítima tijera entrego hoy; le corta papel, chapa, cartón. La lleva a la mitad de su valor”. Así es para el escribano, deambulamos desplazados o indocumentados como tantos. Somos aledaños, atlánticos distintos, nos quema el sol rebotado por la medianera.

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    Vivo en un país de ríos; no son ríos mansos. Camino hacia la estación frente al río, tren y río, tren y río hay en mi país. En mi país hay pejerreyes, dorados y surubíes, rellenos y desnutridos; merenguitos, pastafrola, pastelera, churros. Si hay azúcar impalpable debe ser mi país rico.
    Los trenes dividen el paisaje donde sea que haya vía. El tren le escapa al sol, es tren. ¿Anda el tren? Anda mal, el paisaje anda mal. En mi país sobran las palabras. Cuando sobran las palabras hay goteras. Sobramos donde sea: taco, puntera, suela, entresuela, cordón, capital, provincias. Sobrar trae goteras. Sobran forros y plantillas.



Federico Spoliansky
De "ATLÁNTOV"  - Ediciones del Dock, 2016.



Nació en Buenos Aires en 1970. Posee un Master en Realización Audiovisual (London Film School & London Metropolitan University). Es Licenciado en Psicología (Universidad de Buenos Aires). Publicó los libros Atlántov, Duda patrón y El agujero. Recibió el Primer Premio Nacional Iniciación de Poesía, Ministerio de Cultura de la Nación (Bienio 1991-1992). En 2017 ganó una beca de Formación (Letras) del Fondo Nacional de las Artes. Escribió, dirigió y editó los cortometrajes C´est Tout y I & Thou. I & Thou ganó el Premio a la Mejor Producción en el IV Festival de Cine UNIACC de Chile, el Premio al Mejor Corto Experimental en el IV Festival Internacional de Cortometrajes de Miami. En 2018 fue Visiting Scholar del departamento de Estudios Hispánicos de Brown University (Providence, USA).

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El maestro desafía a su exdiscípulo: “Si tuvieras la plata, ¿te irías de acá al aeropuerto” para volar a Rusia? El exdiscípulo se indigna: “¡Voy a cambiar todas mis contraseñas!”.
A partir de esa extemporánea amenaza o —promesa—, los textos de Federico Spoliansky se suceden rompiendo todas las normas y guiándonos por un camino de desconcierto y encantamiento. Animistas, protoplasmáticos, son tarjetas de invitación a nuevas imaginaciones. A partir del infinitivo del verbo escribir acepta que “solo hay música en el infinitivo ser cantante”. He ahí la búsqueda siguiendo “la tramoya de la duda” en la cual “toda charla parece interconsulta”.
Porque somos aledaños, atlánticos distintos, el cambiador de contraseñas avanza por minimalistas, exaltados mundos. Como marcas de agua.
“Así es en la escritura: hay latitud, longitud. Y hervor”, reconoce. Y en ese hervor nunca más aludido de las olas del Atlántico, y en ojotas, el observador de lo inobservable va atravesando refugios de palabras en los que “hay goteras”. Quien habla comprimida y verborrágicamente deambula por playas, sorpresas, adopciones, intuiciones, presencias, hasta alcanzar esa otra Rusia del alma que es la voz del tenor: Atlántov.
Propongo aquí mi interpretación de este libro escrito en total libertad que, como una ristra de koans, abre caminos de extrañamiento, reflexión y empatía. 


LUISA VALENZUELA 







  Héctor Negro

12 de noviembre de 2018






Levántate y canta


Si algún golpe de suerte, a contrapelo,
a contrasol, a contraluz, a contravida,
te torna pájaro que quiebra el vuelo
y te revuelca con el ala herida...

Y hay tanto viento para andar las ramas.
Tanto celeste para echarse encima.
Y pese a todo, vuelve la mañana.
Y está el amor que su milagro arrima.

Por qué caerse y entregar las alas.
Por qué rendirse y manotear las ruinas.
Si es el dolor, al fin, quien nos iguala.
Y la esperanza, quien nos ilumina.

Si hay un golpe de suerte, a contrapelo,
a contrasol, a contraluz, a contravida.
Abrí los ojos y tragate el cielo.
Sentite fuerte y empujá hacia arriba.



Héctor Negro
(1934-2015) Buenos Aires. Poeta y periodista argentino


Ensayo Coral de Avellaneda
dirección y arreglo: Esteban Tozzi
Bella Vista, 23 de septiembre 2018


Música: César Isella

  Sergio Manganelli

9 de noviembre de 2018



Librería Hernández
Edipo libros
Librería del alumno
Sudeste libros
Librería Los Gracos-Latinoamérica

  Anónimo (Negro Spiritual)

5 de noviembre de 2018




Swing low, sweet chariot


Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.
Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.

Miré al río Jordan, y ¿qué es lo que vi
viniedo para llevarme a casa?
Un grupo de ángeles venían tras de mi,
para llevarme a casa.

Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.
Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.

A veces estoy animado, otras deprimido
(Viniendo para llevarme a casa)
Pero aún así mi alma se siente maravillosamente unida.
(Viniendo para llevarme a casa)

Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.
Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.

El día más iluminado que puedo contar
(Viniendo para llevarme a casa)
cuando Jesús lavó mis pecados
(Viniendo para llevarme a casa)

Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.
Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.

Si llegó allí antes que tu
(Viniendo para llevarme a casa)
abriré un agujero y tiraré de ti a través de él.
(Viniendo para llevarme a casa)

Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.
Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.

Si llegas tú primero que yo
(Viniendo para llevarme a casa)
dile a todos mis amigos que yo también llegaré.
(Viniendo para llevarme a casa)

Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.
Balancéate suávemente, dulce carruaje,
viniendo para llevarme a casa.



Traducción: Juan Peribáñez

Nota: Existen muchas versiones sobre quién fué el autor de este cántico tradiccional de música góspel. Se habla de él como una melodía que los esclavos de la América de principios del siglo XX entonaban cuando escapaban de su cautiverio. Eran los tiempos de los afroamericanos poblando los campos de algodón del sur de EEUU. Pero hay una versión que cuenta que la letra fué obra de un tal Wallis Willis, del año 1862. Un indiano que se inspiró en el Red River, relacionándolo con el río Jordan y el profeta Elías, el cual llegó al cielo en un carruaje.


Interpretación: Ensayo Coral de Avellaneda
Arreglo y dirección: Esteban Tozzi

Encuentro coral: 14 de octubre de 2018. - Catedral de Morón






  Alberto Cortez

11 de octubre de 2018






Como el primer día


Te sigo queriendo, como el primer día,
con esta alegría con que voy viviendo;
mas que en el relevo, de las cosas idas
en la expectativa de los logros nuevos.

Como el primer día, de un sentir primero,
como el alfarero de mis fantasías,
con la algarabía de un tamborilero;
y el gemir austero de una letanía,

como el primer día te sigo queriendo.
Te sigo queriendo valga la osadía,
con la garantía de mis pobres sueños,
es decir empeños, por que todavía
vive el alma mía de seguir creyendo

Como el primer día, como el primer beso
y el primer exceso de melancolía,
como la afolia del primer intento,
como el argumento, de una profecía
como el primer día, te sigo queriendo.

Te sigo queriendo, si no lo diría,
se que no podría con mis sentimientos
lo que llevo adentro se convertiría
en una jauría de remordimientos.

Como el primer día, eres el velero,
la estrella, y el viento de mi travesía.
Mi filosofía, mi apasionamiento
mi mejor acento, mi soberanía
como el primer día, te sigo queriendo.



Alberto Cortez

Nació en Rancul, La Pampa en 1940. Cantautor y compositor argentino.

Concierto sinfónico en Puerto Rico

  Vicente Feliú

26 de septiembre de 2018




Quién va a morirse esta mañana?


¿Quién no ha caído en su camino,
a quién no le ha pesado un poco más
alguna de sus cruces?
¿Quién no ha dejado algún pedazo
de su fuerza en un obstáculo
cercano de las luces?
¿Quién no ha llorado un día triste,
quién no ha querido echarlo todo
por la suerte de una hora?
¿Quién va a morirse esta mañana?
¿Quién va a morirse esta mañana?

¿Quién no ha cruzado el cementerio,
lo ha visitado alguna noche
para ver los fuegos fatuos?
¿Quién no ha soñado su velorio,
con los amigos dando espaldas
y algún busto de Vallejo?
¿Quién ha vencido a la tristeza,
quién no ha rodado entre sus piernas
en las noches solitarias?
¿Quién va a morirse esta mañana?
¿Quién va a morirse esta mañana?

¿Quién no ha pensado en el suicidio,
quién no ha tratado de justificar
un día a Maiakovski?
¿Quién no ha reparado en que
la muerte es una puta caliente
sobre todos los que sienten?
¿Quién no ha entregado una canción,
al menos una, a la muerte
por no seguir su itinerario?
¿Quién va a morirse esta mañana?
¿Quién?
¿Quién va a morirse esta mañana
de hoy?



Vicente Feliú
La Habana, 11 de noviembre de 1947. Es un músico, cantante, guitarrista y cantautor cubano.




Intérprete: Santiago Feliú

  Jorge Fandermole

9 de septiembre de 2018




Cuando 



Cuando te despiertes cada día
con el cuerpo de aire y ese olor
feliz del sueño manso de las lilas
sin miedo al movimiento ni al dolor.

Cuando yo no tenga casi nada
de sangre en la garganta de papel
ni un agrio pez nadando en la mirada
ni quiera más amparo que la piel.

Van a ser los días esos barcos
de luz que una vez pude escribir
y la alegría que hemos olvidado
volviendo por los huesos a subir.
Yo me alimento con una quimera
en que los ojos al sol verán brillar
los brazos de mi padre en las banderas
y una ceniza negra, y una ceniza negra
y una ceniza negra que se va.

Cuando me convenza que la suerte
me rige a la par que la pasión
y no el temible arcángel de la muerte
velando sobre el campo del reloj.

Si lo consumado y lo posible
tienen siempre la cara del horror
en esta patria de lo inaccesible
en este tiempo olvidado de Dios.

Yo digo que mis ávidos amores
son fuertes y viven más que yo
son gigantes tenues como flores
que alientan este turbio corazón.
Los alimento con una quimera
en que los ojos al sol verán brillar
los brazos de mi padre en las banderas
y una ceniza negra, y una ceniza negra
y una ceniza negra que se va.




Jorge Fandermole

Nació en Santa Fe, Argentina, en 1956. Autor, compositor, intérprete y docente de música.

Junto a otros músicos fundó en 1988 la Escuela de Músicos de Rosario; proyecto educativo, de creación y de producción artística basado en las expresiones musicales populares.
Reacio a la limitación que imponen las definiciones de género dentro de la canción y partidario de la multiplicidad de lenguajes, su producción compositiva integra elementos de las diversas formas de la canción urbana y rural de Argentina.




Intérprete: Juan Carlos Baglietto