Estación Quilmes: Fernando Pessoa
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Pessoa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Pessoa. Mostrar todas las entradas

  Fernando Pessoa

3 de febrero de 2020




POEMAS INCONJUNTOS



No basta abrir la ventana
para ver los campos y el río.
No es bastante no ser ciego
para ver los árboles y flores.
También es necesario no tener filosofía.
Con filosofía no hay árboles: hay sólo ideas.
Hay sólo cada uno de nosotros, como un sótano.
Hay sólo una ventana cerrada, y todo el mundo afuera;
y un sueño de lo que se podría ver si la ventana se abriera,
que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana.



* * *



Hablas de civilización y de no deber ser,
o de no deber ser así.
Dices que todos sufren o la mayor parte,
con las cosas humanas puestas de esta forma;
dices que si fueran diferentes sufrirían menos.
Dices que si fuera como tú quieres sería mejor.
Escucho sin oírte.
¿Para qué querría oírte?
Oyéndote, terminaría sin saber nada.
Si las cosas fueran diferentes, serían diferentes: eso es todo.
Si las cosas fueran como tú quieres, serían sólo como tú quieres.
¡Ay de ti y de todos que pasan la vida
queriendo inventar la máquina de hacer felicidad!



* * *



Entre lo que veo de un campo y lo que veo de otro campo
pasa un momento una figura de hombre.
Sus pasos van con «él» en la misma realidad,
pero yo reparo en él y en ellos, y son dos cosas:
El «hombre» va andando con sus ideas, falso y extranjero,
y los pasos van con el sistema antiguo que hace andar las piernas.
Lo miro de lejos sin opinión ninguna.
Qué perfecto que es en él lo que él es: su cuerpo,
su verdadera realidad que no tiene deseos ni esperanzas
sino músculos y la forma cierta e impersonal de usarlos.



* * *



Niño desconocido y sucio jugando en mi puerta,
no te pregunto si me traes un recado de los símbolos.
Me haces gracia por nunca haberte visto antes
y, naturalmente, si pudieras estar limpio serías otro niño,
y no vendrías aquí.
¡Juega en el polvo, juega!
Aprecio tu presencia sólo con los ojos.
Vale más la pena ver una cosa siempre por primera vez que conocerla,
porque conocer es como no haber visto nunca por primera vez,
y no haber visto nunca por primera vez es sólo haber oído contar.
El modo en que este niño está sucio es diferente del modo en que otros están sucios.
¡Juega! Al coger una piedra que te cabe en la mano
sabes que te cabe en la mano.
¿Qué filosofía es la que llega a mayor certeza?
Ninguna, y ninguna puede venir a jugar nunca a mi puerta.



* * *



Verdad, mentira, certeza, incerteza…
Aquel ciego del camino conoce también estas palabras.
Estoy sentado en un alto escalón y tengo las apretadas manos
sobre lo más alto de las rodillas cruzadas.
Bien: verdad, mentira, certeza, incerteza ¿qué son?
El ciego para en el camino,
solté las manos de encima de las rodillas.
Verdad, mentira, certeza, incerteza, ¿son las mismas?
Algo mudó en una parte de la realidad: mis rodillas y mis manos.
¿Cuál es la ciencia que tiene conocimiento para esto?
El ciego continúa su camino y yo no hago más gestos.
Ya no es la misma hora, ni la misma gente, ni nada igual.
Ser real es esto.



* * *



Una carcajada de muchacha suena con el aire del camino.
Rió de lo que dijo quien no veo.
Me acuerdo ya que oí.
Pero si me hablasen ahora de una carcajada de muchacha del camino.
diré: no, los montes, las tierras al sol, el sol, la casa aquí,
y yo, que sólo oigo el ruido callado de la sangre que hay en mi vida a los dos lados de la cabeza.



* * *



Noche de San Juan más allá del muro de mi patio.
De este lado, yo sin noche de San Juan.
Porque hay San Juan donde lo festejan.
Para mí hay una sombra de luz de hogueras en la noche,
un ruido de carcajadas, los golpes de los saltos.
Y un grito casual de quien no sabe que existo.



* * *



Ayer el predicador de sus verdades
habló de nuevo conmigo.
Habló del sufrimiento de las clases que trabajan
(no de las personas que sufren, que es, al fin, quien sufre).
Habló de la injusticia de que unos tengan dinero
y otros tengan hambre, que no sé si es hambre de comer
o si es sólo hambre del postre ajeno.
Habló de todo lo que pudiera hacerle molestarse.
¡Qué feliz debe ser quien puede pensar en la infelicidad de los demás!
¡Qué estúpido si no sabe que la infelicidad de los demás es de ellos
y no se cura por fuera,
porque sufrir no es tener falta de pintura
o que el ataúd no tenga aros de hierro!
Que haya injusticia es como que haya muerte.
Yo nunca daría un paso para alterar
aquello que llaman la injusticia del mundo.
Mil pasos que diera para eso
serían sólo mil pasos.
Acepto la injusticia como acepto que una piedra no sea redondeada,
y que un alcornoque no haya nacido pino o roble.
Corté la naranja en dos, y las dos partes no podían quedar iguales.
¿Para cuál fui injusto, yo, que voy a comerlas ambas?
Tú, místico, ves una significación en cada cosa.
Para ti todo tiene un sentido velado.
Hay algo oculto en cada cosa que ves.
Lo que ves lo ves siempre para ver otra cosa.
Yo, gracias a tener ojos sólo para ver,
veo ausencia de significación en cada cosa;
lo veo y me amo porque ser una cosa es no significar nada.
Ser una cosa es no ser susceptible de interpretación.




Fernando Pessoa
"Poemas de Alberto Caeiro" - Ediciones Continente (2012)


Alberto Caeiro, uno de los heterónimos en los que Pessoa se desdobla en su obra.
(Lisboa,1888-1935)


  Fernando Pessoa

30 de noviembre de 2010




Si cuando que yo muera quieren escribir mi biografía,
Nada hay más simple.


Sólo tiene dos fechas: la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra todos los días son míos.

Soy fácil de definir.
Vi como un poseído.
Amé las cosas sin sentimentalidad alguna.
Nunca tuve un deseo que no pudiera realizar, porque nunca me cegué.
Ni siquiera oír fuera para mí más que un acompañamiento de ver.
Comprendí que las cosas son reales y todas diferentes unas de otras;
comprendí esto con los ojos, nunca con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento sería creerlas todas iguales.

Un día me entró sueño como a un niño cualquiera.
Cerré los ojos y dormí.
Aparte de esto, fui el único poeta de la Naturaleza.



(1935)

Fernando Pessoa
Portugal (1888 – 1935)

De Poemas de Alberto Caeiro
En “Poemas”
Ed. Losada – 2010
Trad. De Marcelo Cohen

Imagen extraída de descontexto.blogspot.com

  Fernando Pessoa

23 de mayo de 2010



Al volante del Chevrolet por el camino de Sintra

Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra,
al claro de luna y al sueño, en la carretera desierta,
solitario manejo, manejo casi despacio, y un poco
me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa atrás dejada o Sintra a la que llegar,
que sigo, ¿y que más puede haber en seguir sino no parar, proseguir?

Voy a pasar la noche en Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
pero, cuando llegue a Sintra, sentiré la pena de no haberme quedado
en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre,
esta excesiva angustia del espíritu por ninguna cosa,
en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera
de la vida...

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante,
abajo salta conmigo el automóvil que me prestaron.
Sonrío por el símbolo, de pensar en él, y al doblar a la derecha.
¡En cuántas cosas prestadas yo sigo en el mundo!
¡Cuántas cosas que me prestaron manejo como mías!

A la izquierda la casucha -sí, la casucha-, al borde del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que hace poco parecía darme libertad,
es ahora una cosa donde estoy encerrado,
que puedo conducirlo sólo si estoy encerrado en él,
que domino sólo si me incluyo en él y él me incluye.

A la izquierda, ya atrás, la casucha modesta, menos que modesta.
Allí la vida debe ser feliz, sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio desde la ventana de la casucha soñará: aquel sí que es feliz.
Tal vez al niño que espiaba por los vidrios de la ventana del piso superior.

Tal vez yo haya quedado (con el automóvil prestado) como un sueño,
como un hada real.
Para la muchacha que al oír el motor miró por la ventana de la cocina,
desde el piso de abajo.
Soy algo del príncipe de todo corazón de muchacha,
y ella me mira de reojo, por los vidrios hasta la curva en que me pierdo.

Dejaré sueños atrás de mí, ¿o es el automóvil el que los deja?
Yo, conductor del automóvil prestado, o ¿el automóvil prestado que conduzco?

En la carretera de Sintra al claro de luna, en la tristeza, ante los campos
y la noche, mientras conduzco el Chevrolet prestado desconsoladamente,
me pierdo en la carretera futura, me sumo en la distancia que alcanzo,
y en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero...

Pero mi corazón quedó en el montón de piedras que esquivé al verlo sin verlo,
junto a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra al filo de la medianoche, al luar, al volante,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí.


Fernando Pessoa
Nació el 13 de junio de 1888 en Lisboa (Portugal).
Muere el 30 de noviembre de 1935.
La consigna de Pessoa fue: "iSé plural como el Universo!".
Su aullido: "Dios mío, Dios mío, ¿A quién asisto? ¿Cuántos soy? ¿Quién es yo? ¿Qué es este intervalo que hay entre mí y mí?".