Estación Quilmes: Sergio Manganelli
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  Sergio Manganelli

27 de diciembre de 2018




Hay noches
que no se parecen en nada
a la esperanza,
sino más bien
a flores del infierno,
a horas sin propósito,
en que alguien vaga
por vereditas de la memoria,
con su puerta al deseo
su musgo solidario, su refugio,
las flechas que Cupido
devuelve envenenadas.

Hay amaneceres
que no guardan
la luz perfecta,
ni entibian el huerto
en que soñamos,
sino pasillos pálidos
que huelen a remedio,
hendijas en los muros
donde purgan los muertos
la lepra cotidiana.

Tardes subterráneas,
en que la dicha
oculta sus carnes al verdugo,
y viaja clandestina
a confines de niebla,
a tierras de extravío,
donde sentirse próspera
o al menos exiliada.

Madrugadas que imponen
la amnistía,
que invitan
en un bar su torre de Baebel,
o nos prestan el lecho
de cualquier primavera,
para hacernos dormir
la pena por un rato.

Hay jueves que parecen lunes,
lunes que siempre
son de miércoles,
miércoles agotados de rebelión,
viernes con tregua.

Sábados de gloria
y domingos sin dios.

Hay agua en el vaso
de la mesa de luz,
una lámpara
alumbra la piel
que se estremece
en el pinchazo,
la puerta inquieta
o quieta,
y una infancia que vuela
en el pobre barrilete
de la desolación.

La muerte puede
confiscarme el pellejo,
decretar su silencio hospital,
amputarme la risa,
pero nunca obligarme
a abandonar el barco.
Que nadie arroje la toalla,
dejen que muerda,
que aliente a sus soldados
contra mi ciudadela,
que me hiera su toro
en la embestida,
y sienta fundar
su imperio en mi derrota.

Entonces aprenderá
que tengo noches
de gallito ciego,
amaneceres
que nacen como hijos,
tardes de Sandokán
o piedra libre,
madrugadas de verme
en otros ojos,
calendario de lluvias,
versos que se abren
como labios.

Y una verónica ingenua
con besos en las gradas
para hacerle morder el polvo del aplazo.




Sergio Manganelli
De " SANGRE DE TORO poemas y banderillas"  -  (2019) Nuevohacer 
Grupo Editor Latinoamericano
       

Nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967. Reside actualmente en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense.



  Sergio Manganelli

9 de noviembre de 2018



Librería Hernández
Edipo libros
Librería del alumno
Sudeste libros
Librería Los Gracos-Latinoamérica

  Sergio Manganelli

26 de mayo de 2015

 


Poema 33


Hay noches
que no se parecen en nada
a la esperanza,
sino más bien
a flores del infierno,
a horas sin propósito,
en que alguien vaga
por vereditas de la memoria,
con su puerta al deseo
su musgo solidario,
su refugio,
las flechas que Cupido
devuelve envenenadas.

Hay amaneceres
que no guardan
la luz perfecta,
ni entibian el huerto
en que soñamos,
sino pasillos pálidos
que huelen a remedio,
hendijas en los muros
donde purgan los muertos
la lepra cotidiana.

Tardes subterráneas,
en que la dicha
oculta sus carnes al  verdugo,
y viaja clandestina
a confines de niebla,
a tierras de extravío,
donde sentirse próspera    
o al menos exiliada.                                                                                  

 Madrugadas que imponen
 la amnistía,
que inventan
en un bar su torre de Babel,
o nos prestan el lecho
de cualquier primavera,
para hacernos dormir
la  pena  por un rato.

Hay jueves que parecen lunes,
lunes que siempre
son de miércoles,
miércoles agotados,
martes de rebelión,
viernes con tregua.

Sábados de  gloria
y domingos sin dios.

Hay agua en el vaso
de la mesa de luz,
una lámpara
alumbra la piel
que se estremece
en el pinchazo,
la puerta inquieta
o quieta,
y una infancia que vuela
en el pobre barrilete
de la desolación.

La muerte puede
confiscarme el pellejo,
decretar su silencio hospital,
amputarme la risa,
pero nunca obligarme
a abandonar el barco.
Que nadie arroje  la toalla,
dejen que muerda,
que aliente a sus soldados
contra mi ciudadela,
que me hiera su toro
en la embestida,
y sienta fundar
su imperio en mi derrota.

Entonces aprenderá
que tengo noches
 de gallito ciego,
amaneceres
que nacen como hijos,
tardes de Sandokán
o piedra libre,
madrugadas de verme
en otros ojos,
calendario de lluvias,
versos que se abren
como labios.

Y una verónica ingenua
con besos en las gradas,
para hacerle morder el polvo del aplazo.                                                      



Sergio Manganelli 
(Inédito)



Nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967. Reside actualmente  en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense.


Obra fotográfíca: http://www.fotolog.com/danna_rnb/53973798/

  Sergio Manganelli

10 de febrero de 2015



“O tal vez ese viento, 
que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda,
en mitad de la calle y desnuda”
Joaquín Sabina  

                                                         
“Se prohíbe la mendicidad”
presumía el histérico letrero
en la puerta del bar,
miré al pocillo
y protesté con la boca
aún amarga:

Prohíbo que te enfríes,
que perfumes a invierno,
incites al amor  
o retrases el sueño.

Qué tentación mandar! -pensé-
como un pretor flamante
en su silla de Roma.

Y dispuse más firme:

Prohíbo la orfandad,
los padres sin memoria,
los pibes sin infancia.

Prohíbo la tortura
y la sangría absurda de la barbarie urbana.

Prohíbo el dolor
y su luctuosa partitura de muecas.

Prohíbo que me espanten las brumas
y las intermitencias.

Prohíbo la usura
que desguaza naciones y enluta las paneras.

Prohíbo sea del prójimo
la mujer codiciada.

Prohíbo la jauría
de los inquisidores.

Prohíbo que haya pobres
durmiendo en las veredas.

Prohíbo que la muerte aquiete las caricias
y hiele la entrepierna.

Prohíbo al que predica
parábolas de lucro.

Prohíbo que prohíba
el mandamás de turno.

Prohíbo que las emociones gocen
de menos chance que los emoticones.
Prohíbo que te inquietes
y cierres la ventana.

Prohíbo el pelotón
de fusilar franquezas.

Prohíbo al almanaque
multiplicar semanas.

Prohíbo los quirófanos
de extirpar la esperanza.

Prohíbo la sordidez
de los que nunca aman.

Les prohíbo a tus ojos
cerrar de madrugada.

Prohíbo que tu pecho
se estremezca en mi magia.

Y para concluir este códice
de ajado desaliento,
solo pido un deseo,
una tregua,
un absurdo,
una impúdica gracia:

Que ya nunca me asalte
una noche sin tu alba.



Sergio Manganelli
(Inédito)

Nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967.
Reside actualmente en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense.

  Sergio Manganelli

9 de junio de 2014


                                                                       OBRA:  ELICIO MARTINEZ CORCUERA

Poema 43


Anoche viajé sin luces.

Regresando en la memoria
hacia esa patria
de exilio inevitable
que es la infancia.

Y supe cuan riesgoso
es conducir la pena.

Las pupilas
debieran venir
                  con limpiaparabrisas.



Poema 37


Hay que tener cuidado
de no tropezar con un domingo,
sobre todo a las siete de la tarde.

Que ese día no te rocen
las hebras de la telaraña,
o la espina flamante
 de un antiguo dolor.

No bebas
ni la copa turbia,
ni el café espeso
de la pena arbitraria.

Ni se te ocurra
desempolvar ayeres.

O almorzar pesadillas.

Es terrible el domingo,
con su santificada soledad
y ese desamparo de séptimo día.

Parece que Dios
tiene cerrado su shopping de milagros.

Nunca tropieces con esa jornada feroz,
sobre todo en sus tardes homicidas,
cuando tus ojos se vuelven pozos
que pueden ahogarte para siempre.

Jamás le des la espalda
a la tristeza un domingo,
menos aún si tras la puerta
viene cayendo el sol.

Te matan sin pudor.

Son días despiadados.

Nunca tropieces con un domingo
               mucho menos a las siete de la tarde.

Yo sé lo que te digo.




Sergio Manganelli



Nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967.
Reside actualmente  en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense.

Fotografía: http://www.derecho.unlz.edu.ar/ventanas_2011/noticia_2011_32.html