Estación Quilmes: 11-sep-2012

  Silvina Ocampo

11 de septiembre de 2012




















Epístola a Giorgio de Chirico


Giorgio de Chirico, yo fui su alumna.
Recuerdo el perfil griego y la manzana
y el cielo de París en la ventana
donde soñó el espacio y la columna.

Mientras pintaba yo impetuosamente,
en el silencio, atenta, su mirada,
me asustaba en su cara aprisionada;
Giorgio de Chirico, era usted paciente.

Y recuerdo, en sus cuadros, con un yeso,
pescados cuya sangre no manchaba:
usted para asombrarme la tocaba.
Yo me reí. Perdóneme por eso.

En el ámbito trágico del mar
de sus cuadros, el viento azul se calla,
y en el relámpago se ve en la playa
dos caballos con furia triangular.

Del carro de mudanzas con espejos,
de los muebles que pueblan el desierto,
del ventanal, con sombras, entreabierto,
sobre el místico ardor de los reflejos,

de aquellos habitantes de mi sueño,
de aquellos gladiadores en la arena,
de la niña del arco en la serena
calle patética, es usted el dueño.

Europa está sangrando; así es la guerra
con los follajes de las explosiones
que ha destruido los tiernos corazones,
los hijos, los hogares y la tierra.

Pero el mundo en sus cuadros, admirable,
que buscó el edificio y la moldura
y desdeñó del árbol la dulzura,
permanece en el tiempo, irrevocable.

Las alas del papel, los muros rojos,
la oscura catedral, el cisne triste,
lo que aún no pintó, para mí existe
con imágenes suyas en mis ojos.

El negro, el ocre y el azul -misterio
del aire en sus cuadros- me ha seguido
con fulgor en la vida. Ha prometido
la realidad buscar su cautiverio.

La centáurea es más densa, más abierta;
las estaciones oyen más secretos,
levantando los brazos, altos, quietos;
hay rumores de mar en cada puerta.

Giorgio de Chirico en un sueño arcano
a un muerto habló en las sombras del laurel:
"Oh Piranesi, el bello capitel
conmueve más, sin flores, que un verano.

No invocaré las hojas ni las ramas,
para pintar paisajes duraderos;
no invocaré los hombres verdaderos:
quiero del edificio el muro en llamas,

el hombre como un leño sobre el suelo,
las arañas de sombra estremecida,
la máscara, la espuma definida,
la atormentada formación del cielo".




Silvina Ocampo

Argentina (1903 – 1993)

De: Poemas de amor desesperado (1949)
En: Otro Río que pasa – un siglo de poesía argentina contemporánea.
Ed. Bajo la Luna – 2010


Nació en Buenos Aires y fue la menor de 6 hermanos. Poetisa, narradora y traductora, sus inicios en la literatura están ligados a la influencia de su hermana Victoria, fundadora de la revista Sur, y a la del escritor Adolfo Bioy Casares, al que conoció en el año 1933 y contraería matrimonio en 1940-
En 1954 recibió el Premio Municipal de Literatura por su poemario Espacios métricos; en 1962, el Premio Nacional de Poesía por Lo amargo por dulce y en 1988 el Premio del Club de los 13 por Cornelia frente al espejo, su última antología de cuentos.


Obra: Canzone meridionale – Giorgio de Chirico (Italia)