Estación Quilmes: 06-sep-2010

  Roberto Daniel Malatesta

6 de septiembre de 2010




Y el río crece


Advierto que no tengo tinta ni papel
y el río crece. Para mí y para mi perro
lo único seguro es el techo de la casa.
Quiero gritar, pero mi grito es tinta
y no tengo papel donde derramarlo.
Miro el cielo: Llovizna. Detrás de la llovizna
veo la cara húmeda de Dios.
Brilla su oscuridad, su penumbra luminosa.
Me digo: —aún tengo Dios— y me doy bríos.
Descubro que después del papel,
aunque mucho más alto, está Dios,
y sinceramente agradezco.
Dije una plegaria que no recuerdo.
La hubiera escrito, no importa,
todos los hombres la saben,
llegado el momento.




Desde la esquina seca


Le pregunté si bajaba el río.
Sí, me contestó uno, mi casa
es aquélla, una más allá de la esquina,
hoy se ve un poco más que ayer.
Yo me quedé mirando la casa,
rosada, más rosada aún
bajo el sol del atardecer.
Una casa bajo el río no es una casa,
pero aquel hombre de fe dijo firmemente:
sí, baja, es mi casa.




A veces decís


A veces decís:
¿parece mentira, no?
O bien: como si hubiese sido un sueño.
Pero lo decís nomás,
no lo creés.
Esta vez no,
esta vez todos
nos dijimos lo mismo.
Y era verdad la mentira,
y el sueño había salido de su cauce
y estaba ahí,
entre nosotros,
y seguías sin creerlo.



Roberto Daniel Malatesta
De "Por encima de los techos"