Estación Quilmes

  Liliana Souza

28 de septiembre de 2010




Postal


I


El agua

                 opone su jadeo.

                 Ese rumor

                                                   ira subterránea

                 sólo deja espacio

                                                   para amordazar.


II


                 Desbocada

                                                   puesta a persistir

                                                   en su añeja y vasta mordedura,

el agua se retira en desorden.

                 Como un mantel

                                                   jalando la sobremesa.



III


                 No habrá éxodo

                                                   sino sorpresa en los límites.


El agua no cicatriza.


                 Se acoda y puja

                 en aparente

                                                   estado terminal.



IV


El agua

                 debajo del agua

                                  más agua engendra.


                 El resto es fuga para el ojo.


V


El agua

                 separa idénticos perfiles

                 menguando la frontera

                 de sangre y barro.


                 Migajas para la miseria

                                  y la unción.



VI


El agua

                 ya no hace fondo.




Liliana Souza
Nació en 1958, en Avellaneda, actualmente vive en Don Bosco.
Por su labor poética obtuvo 16 primeros premios nacionales, a los que se suman reconocimientos en España y EE.UU.
Ha publicado en antologías, diarios, revistas y en sitios web.
Ha sido convocada como jurado en concursos literarios.
Sus poemas se incluyen en los libros LA MUJER ROTA y CIRCULO DE POETAS, publicados en Méjico y España, respectivamente.
Colabora con la Dirección General de Cultura de la Universidad Nacional de Quilmes, editando una Página de Poesía -Quilmespoesía- que se difunde en gigantografías dentro y fuera del establecimiento.
También -poemás- folletos de poesía que se distribuyen en diferentes puntos de la comunidad.
Coordina Talleres Literarios Infantiles y Juveniles. También Talleres para Adultos Mayores con el fin de ejercitar el área cerebral. Ambas actividades las desarrolla en Bibliotecas Públicas.
Es socia activa de la Sociedad Argentina de Escritores.
Acaba de editar “esa otra forma” , libro que será presentado en noviembre del corriente año.

  Víctor Redondo

27 de septiembre de 2010




Viernes


Si vieras mi rostro en el espejo
del ascensor. Los pisos no suben,
me bajan. Cada milímetro me aleja de vos.
Hay pequeñas arañas surcándolo.
Yo estoy apoyado contra una de las metálicas paredes
y me observo y me doy miedo y me hastío y ya no canto.
No es no tenerte mi mayor problema:
es no tenerte mi mayor problema.
En el espejo hay un agujero del tamaño de una nuez:
es tu boca. Y hay otro agujero y es tu nombre
lo que falta en él. No nombrarte.
La desaparecida en el ascenso.
Mi boca tiene una sombra que me asusta.
Es otra araña, en el espejo, sobre mi labio.
Otra noche le pregunté porqué me perseguía,
y tan inmunda no me dijo ni mú: me dejó
hablándome solo. Así son las arañas.
Al pasar el tercer piso me deshice.
Quise volver atrás, pero es difícil frenar un ascensor.
Sólo atiné a apagar la luz. Y ahí te vi.
Tenías puesta una víbora en la cabeza, como si fuera tu sombrero cotidiano, y una rosa tristísima en el arco superior de tu oreja derecha, la que te muerdo cuando nos amamos. No me hacía falta verte así para reiterarte que te adoro. Entre el tercero y el cuarto dos arañas me hablaron en cada oído: ella también te ama, me tradujeron. Ya lo sé. Sé todo. Sé que después del tercer piso viene el cuarto, que cuando llueve el balcón amenaza rebalsar y nunca rebalsa. Sé que la hamaca salvadoreña ya tiene tu olor, y sé también que no sé nada. En el cuarto piso prendí la luz y el flash de la noche tuvo tu nombre, una vez más, sobre las letras en mi corazón. Aquí estoy, atravesando un cuarto piso que debe tener parejas dormidas, animales disueltos, acabados o resurrectos caballos arrastrando mulas sobre las autopistas del destierro. Eso pienso que hay en los pisos de este edificio, o de cualquiera. Estuve en edificios con monjas mogólicas, ratas narcotizadas, pulpas salvajes mudas, y con cenicientas majestades: no sé porqué recuerdo hoy, esto, que nunca más existirá. Las mogólicas son sabias porque no hay monjas mogólicas. Estoy en el quinto piso. El silencio de las once de la noche es lejano. Aparto las arañas para verme en el espejo. Te veo. Es lo único que verme. Y así raudo voy atravesando los pisos de este ascensor que me aleja. Soy un superhéroe sin nombre buscando una oscuridad que no sé para qué mierda sirve. En el quinto piso había, o hay, estatuas egipcias sonriéndome. Tienen pequeños rostros de araña, y a su pesar me sonríen.

Apenas entrar al sexto aguardaba una telépata, sus ojos rojos
y serenos buscaron mi pupila. Un infinito de segundo observó y dijo:
"Tus pupilas no son azules ni brunas ni melancólicas ni secretas ni sabias ni sublimes ni otras ni puras ni desesperadas". No terminaba de maldecirla que el séptimo atracó con un galeón en cuyas velas estaba tu rostro insultándome. Los vientos fueron favorables a mi rabia y te hicieron descender. Aún veía la cara de la telépata en cuatro patas aullando como la Sibila del Velo Roto. Las cruces metálicas diagonales me hacían gracia. "Tú que todo lo sabes y todo lo puedes, entrégate a ella", me decían. Escuché y obedecí esa voz y giré hacia abajo y volví a verte,

la testa coronada por pequeñas serpientes con mi rostro besándote. Acerqué mi boca al espejo y te hablé así: "Hasta la muerte en esta vida,
amada de mi sangre que arde en tu lejanía".
Sin ser un verso brillante era una manera de hablar. No sé si la única, pero las condiciones no eran dignas de Ulises y vos aún no eras la Penélope nueva del vestido viejo e inmortal.

En la mitad del séptimo sello se abrió la partida y estuviste a punto de darme jaque, a punto, si no hubiera corrido a otra reina al rincón de una torre. Tuve ganas o lloré, el tiempo se hacía breve en el ascenso hacia sin vos. En el octavo una virgen de blanca certeza hizo una aparición digna del silencio. Diminuta como un colibrí su lengua se transformó en palabras inauditas: "Aquí estoy, desde tu nacimiento deslumbrada, buscándome". Hoy ha muerto un amor y ha nacido un amor. Ni la Virgen Inmaculada se enfrenta a esta compleja virtud. Hola amor, estamos ya en el comienzo del noveno piso. Puedes ver las guirnaldas del zodíaco, las cabras del monte y la flecha que surca siempre las noches trazándote en tu anterior ausencia. Quizá no vengas esta noche. Quizá pase muchas noches sin cubrirte. Quizá las sierpes ya estén muertas y el solo silencio tenga tu voz pura.

Llego a nuestra casa. En breve llegarás. Hola amor.




Víctor Redondo
Extraído de hotelceline.com.ar

Nació en Buenos Aires, Argentina en 1953. Integró los grupos de poesía El sonido y la furia y Nosferatu. Publicó Poemas a la Maga (Ed. Sunda, 1977); Homenajes (Ed. Ultimo Reino, 1980), que obtuvo el Primer Premio de Poesía Nicolás Guillén en conmemoración del Milenario de la Lengua Castellana (España) en 1978; Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984 (Ed. Ultimo Reino, 1985) y Mercado de ópera (Ed. Ultimo Reino, 1989. Editó también la novela Las Familias Secretas (Ed. Catálogos, 1985). Varios de sus libros tienen re-ediciones. Dirige desde 1979 la editorial de poesía Último Reino, que ha editado 400 libros en los últimos veinte años.

  Miguel Angel Morelli

26 de septiembre de 2010



datos personales

a excepción de mi barba
rebelde y obstinada
muy poco puede decir de mí:

nací del lado de la desesperanza
aún no he comprado mi porción de cielo
le di dos hijos a esta tierra y su mañana

no fui si no lo que he olvidado
robé y mentí para salvar a un niño
tuve un amigo como yo (y ahora está muerto)

estoy en tránsito del trigo a la piedra
sin otro equipaje que la rabia y algún poema
jamás escribiré mi epitafio



Miguel Angel Morelli
Argentino – 1955

Texto extraído de su página personal: mamorelli.com.ar

Nació en Cnel. Suarez, Pcia. de Buenos Aires, (1955)
Ha publicado: “Piedra blanca sobre piedra negra” (1980); “Los signos de fuego” (1989); “Fragmentos de un cielo impenetrable” (Faja de Honor de SADE, 1998); y “Humanos, casi humanos” (2008)

  Juano Villafañe

25 de septiembre de 2010



Último aprendizaje

Con mi padre aprendí que antes de morir hay que encontrar a la madre.
Con mi madre,
que uno se muere sin padre y sin madre.
En el ramo vive el jardín y en su fondo se fija el otro ramo.
Con la pérdida se acrecientan los ramos y los fondos del ramo.
Pero ya nadie levanta el jardín con las manos, sólo se desea la entrega y se ofrece su fondo.
Nadie levanta un jardín, por eso estamos llenos de fondos y de ramos.
Es imposible levantar un jardín, como exceso nos rodean sus habitantes, su perfume y su fondo.
Uno va solo a la cita con su ramo de espera y uno espera levantarla.
Ella espera el ramo, su primer perfume.
A mi madre la subí con su ropa de teatro.
Es imposible levantar un jardín.



Juano Villafañe
Argentino - 1952

Poeta, escritor, ensayista y periodista argentino nacido en Quito, Ecuador, residente en Buenos Aires desde 1955. Hijo de Javier Villafañe y de Elba Fábregas, ambos poetas y titiriteros .Formó parte del taller literario Mario Jorge De Lellis en la década del 70. Cofundador de las revistas literarias: "Tientos y Diferencias" (Quito, 1979) y "Mascaró" (Buenos Aires, 1983). Fue director de Liberarte Bodega Cultural, y asesor literario de Ediciones Desde la Gente -editorial del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos-. Desde el 2001 tiene a su cargo la dirección artística de Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini". Poemarios: "Una leona entra al mar”; "Poemas anteriores" " Visión retrospectiva de la botella”; “Deconstrucción”.

  Juan Sasturain

24 de septiembre de 2010



Poema para recuperar a una mujer

Para recuperar una mujer
hay que estar dispuesto a todo.
A todo
menos
ella.
Porque ella es todo lo que uno no tiene.
Es decir:
uno tiene el mundo pero
la realidad es:
ella de un lado
y uno y todo lo demás
del otro.
Y hay que estar dispuesto a disponer de todo
para que ella disponga,
se sirva, se abra,
se ponga y se deje.

Para recuperar una mujer
hay que estar dispuesto a hacer
un embudo
y meter toda la vida en él
para que vaya y caiga
sobre ella;
hay que encender
un ventilador
en el sentido de todas las palabras
y hacerlo soplar
sobre ella;
hay que meterse, finalmente,
en una picadora de carne
y hacer con ella empanaditas
que ella pueda
comer sin esfuerzo;
hay que disolverse y llover
sobre ella
y todo es poco
y no duele
que duela.

Para recuperar una mujer
hay que entrarle por todas partes:
ser la basurita en su ojo,
el ruido que no la deje dormir,
un resto de amor pegado
a su contestador
como
un residuo entre dientes
para su eterno forcejeo;
una piedrita en el zapato,
una gota de sangre en el borde
de su cama
y de su olvido.
Para recuperar una mujer
todo es poco
porque primero
hay que haberla perdido.



Juan Sasturain
Argentino – 1945

Nació el 5 de agosto de 1945 en González Chaves, provincia de Buenos Aires, Argentina. Luego de haberse graduado en Letras y de desempeñarse como docente de Literatura, Sasturain optó por dedicarse de lleno al periodismo.
Como periodista colaboró en diversos diarios y revistas como Clarín, La Opinión, Humor y Super Humor. Creó las revistas "Feriado Nacional" y "Fierro".
Es autor de las novelas policiales "Manual de perdedores", "Arena en los zapatos" y "Los sentidos del agua".
Publicó también las novelas de aventuras "Los dedos de Walt Disney" y "Parecido S.A.", y los volúmenes de relatos "Zenitram" y "La mujer ducha".
Es guionista de los volúmenes de la historieta "Perramus", dibujada por Alberto Breccia, que obtuvo el Premio Amnesty Internacional para el área francófona en 1988. En 1990 recibió el Premio Internacional Semana Negra de Gijón por su relato "Con tinta sangre".

  Jaime Dávalos

23 de septiembre de 2010



Tonada del viejo amor

Jaime Dávalos (Arg. 1921 -1981) – Letra
Eduardo Falú (Arg. - 1923) – Música
Juan Carlos Baglietto (Arg. - 1956)- Intérprete


Y nunca te'i de olvidar
en la arena me escribías
y el viento lo fue borrando
y estoy más solo mirando el mar.

Qué lindo cuando una vez
bajo el sol del mediodía
se abrió tu boca en un beso
como un damasco lleno de miel.

Herida la de tu boca
que lástima sin dolor
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol.

Quisiera volverte a ver
sonreír frente a la espuma
tu pelo suelto en el viento
como un torrente de trigo y luz.

Yo se que no vuelve más
el verano en que me amabas
que es ancho y negro el olvido
que entra el otoño en el corazón.



Jaime Dávalos
Nació en la ciudad de Salta del 29 de enero de 1921.
Cursó estudios en su ciudad natal. Ha reunido en varios libros su producción de escritor, entre los que citamos: "Rastro Seco" (poemas, Salta, 1944), "El Nombrador" (poemas y canciones. Bs. As., 1957. Dos ediciones); "Toro viene el río" (relatos, Bs As., 1959 ; y "Coplas y canciones" (Bs. As. 1959)
Muchas de sus composiciones fueron recopiladas en 1962 en "Canciones de Jaime Dávalos". Entre ellas: Zamba de la Candelaria, Zamba de un triste, Vidala del nombrador, Hacia la ausencia, Zamba de los mineros, La nochera, Zamba de San Juan, La angaquera, Tiempo dorado, La verderrama (cueca), Canción del jangadero, Trago de sombra, Pato sirirí, La golondrina, Zamba enamorada, Vamos a la Zafra.
Falleció en 1981.

Obra: Amantes Nº 2 de Virginia Palomeque
Extraído del blog de la autora: virginiapalomeque. blogspot.com

  Eugenio Mandrini

22 de septiembre de 2010




Una palabra que empieza con A

Esos que de noche ven demasiado con el oído: los asustados
Esos que por órdenes, por fracasos, por hastío, agachan
        la cabeza cada vez más, y uno se pregunta ¿querrán
        morderse el corazón?
Esos que pueden vivir sin mí del mismo modo que yo
        (a veces) no puedo vivir sin sus muertes
Esos que se acuestan con una servilleta al cuello para soñar
        con la Primera Cena: los desmigajados, los convidados a nunca
Esos que mudan los paquetes de la sangre a un carro y se
        golpean los huesos con las coces de un caballo, para que arren
Esos que llevan los roperos al mar y regresan desnudos: los
        ilusos vírgenes
Esos que no pueden dormir porque al despertar oyen relojes
        atrasados: tic-crac tic-crac
Esos que miran caer los contoneos de una hoja de otoño
        y piensan en la devoradora tristeza antes que en los
        bosques del amor
Esos que leyeron el poema de Eluard, juzgaron que faltaba
        oscuridad de aljibe o chillido de desesperación allí, y
        se ponen a nombrar la libertad con un dedo de fuego
        sobre una mole de hielo
Esos que han gastado su último manjar de tabaco y elaboran
        sus propios humos con polvo de diente rechinado
Esos que a pedacitos se cortan las arrugas con tijeras
        porque han visto su respiración perder velocidad
        en los azotes del espejo
Esos que cierran las ventanas temerosos de morir ahogados
        por el polvo que levantan las banderas cuando soplan
        en las calles, y después, arrepentidos, se muerden
        las lágrimas
Esos que dan sus puños solo frente a un momólogo, pero
        secretamente cuentan los abrazos que guardan
Esos que no sobornan a la poesía para que cante como un
        fantasma de oro, sino que la sumergen en lava para que
        explote y aturda con sus silencios al reino de los
        sordos; los mismos que la llevan a que espante a las
        fieras congregadas en las fiestas dominicales y asalte
        los candados que guardan a la inhallable mujer de Dios
Esos que se echan a vivir, sin equipaje, en andenes
        desolados, para saber si después del último tren, bajo
        la noche lustrada por las viejas y empecinadas estrellas,
        volverá a pasar la lluvia con sus latidos de añorado
        corazón: los melancólicos, los del hollín en un ojo,
        los boquiabiertos que tejen la paciencia con sus barbas
Esos que bañan sus lenguas en jugos de pólvora y las
        caricias en océanos de lija, y luego salen a cortejar
        a la muerte, a demorarla
En fin, los trapecistas que hacen reir a los pájaros,
        los suicidas que mueren centenarios en la cama
Para ellos los tesoros
        desenterrados por los locos que cavan en el aire,
        mi almohada de cuero de mortero que hace de pesadillas
        polvo, y en especial una palabra que empieza con A.



Eugenio Mandrini
Argentino – 1936

Poeta, ensayista y guionista de historietas. Fue fundador e integrante de La Sociedad de los Poetas Vivos y es director de la revista "Buenos Aires Tango y lo demás". En 2008 obtuvo el Primer Premio de Poesía "Olga Orozco" por su libro "Conejos en la nieve". Poemarios: "Criaturas de los bosques de papel" (que también incluye cuentos), "Antes que el viento se apague" y "Campo de apariciones".