Estación Quilmes

  Atahualpa Yupanqui

19 de agosto de 2014






Preguntitas sobre dios


Un día yo pregunté:
Abuelo, dónde está Dios.
Mi abuelo se puso triste,
y nada me respondió.

Mi abuelo murió en los campos,
sin rezo ni confesión.
Y lo enterraron los indios,
flauta de caña y tambor.

Al tiempo yo pregunté:
¿Padre, qué sabes de Dios?
Mi padre se puso serio
y nada me respondió.

Mi padre murió en la mina
sin doctor ni protección.
¡Color de sangre minera
tiene el oro del patrón!

Mi hermano vive en los montes
y no conoce una flor.
Sudor, malaria, serpientes,
la vida del leñador.

Y que nadie le pregunte
si sabe donde está Dios.
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.

Yo canto por los caminos,
y cuando estoy en prisión
oigo las voces del pueblo
que canto mejor que yo.

Hay un asunto en la tierra
más importante que Dios.

Y es que nadie escupa sangre
pa que otro viva mejor.

¿Que Dios vela por los pobres?
Tal vez sí, y tal vez no.
Pero es seguro que almuerza
en la mesa del patrón.



Atahualpa Yupanqui
Argentino (1908 – 1992)

Del disco: Preguntitas sobre dios (1969)
Imagen: mundozamba.com.ar


  Ricardo Zelarayán

15 de agosto de 2014




Mancha


La mancha se descuelga,
entera,
y una oreja suelta y fresca
busca donde posarse.
La mancha sigue de largo,
voladora,
hasta que se topa con las voces muertas
que se lleva el viento.
Cuando las manchas se juntan
dicen que es la vida,
aleteando…
La tumba se arma de paciencia
hasta hacerse transparente.




Entre manoteos


Entre manoteos y pataleos
se le va  a uno la vida.
Las voces se van alejando
y la memoria se hace a un lado.
Prenderse fuerte de cada día
y aguantarse…
La vida es darse maña,
pura maña,
de mañana.



Ricardo Zelarayán
Argentino (1922 – 2010)



De: “Ahora o nunca” – Poesía reunida
Ed. Argonauta – 2009



  Roberto Malatesta

10 de agosto de 2014




Mi hija sube a la escalera


Subida  a la escalera ella proclama:
¡Estoy en la cima del mundo!
Y uno quisiera estar
junto a ella encaramado,
entonces, desde el llano, manifiesta:
¡Es cierto, es cierto, es cierto!
Y el resto se lo calla.
¿El resto qué diría, si decir se pudiera?
Saludos de mi parte al nudo de los vientos,
a la inocencia, al horno de las nubes,
al sitio en donde caen las estrellas,
a los ángeles,
y a todo lo que ves y yo no veo.
Y a todo lo que ves y yo veía.




Roberto Malatesta 
Argentino – 1961



De: "La estrella roja y otros poemas"  -  Ed. leviatán – 2014

Imagen extraída de: Wikipedia.es


  Graciela Maturo

5 de agosto de 2014



Ardo despacio


Ardo despacio y puedo
contemplar mi llama.
Mis manos de rara estirpe que entrelazan las flores
y dibujan las cifras.
Mi exacta piel, mis ojos
que recogen la luz para inventar las formas.
Ardo despacio
lumbre de amor de sangre de misterio
Este es mi valle nocturno.
La jaula de hechizos desde donde creo
que alguien sueña por mí.




Tumbas


El tiempo se detuvo entre las piedras
que custodian el sueño de los muertos
hiedras tenaces, obstinadas
entrecruzan sus ramos verdes como el amor.
Entre terrones se desmoronan
entre los cuerpos que se desmoronan
siguen su lento recorrido
las hormigas.



Graciela Maturo
Argentina – 1928

De: Antología poética - Fondo Nacional de las Artes – 2008

Nació en Santa Fe. Es poeta, escritora y ensayista.
Publicó: Un viento hecho de pájaros (1958); El Rostro (1961); El mar que en mí resuena (1965); Habita entre nosotros (1968); Canto de Eurídice (1982); El mar se llama ahora con tu nombre (1993); Orfeo canta (1995); Cantos de Orfeo y Eurídice (1996); Nacer en la palabra (1997); Memoria del trasmundo (1994) y Navegación de altura (2004).

Foto extraída de: correveidile.com.ar


  Néstor Tellechea

31 de julio de 2014



Una Carta


estimado César:

                        nada nuevo
         
sigue cayendo ese sonido desgranado
que ya antes de morirse moja
casi más que tiempo
soledad

llueve
                             
y para mí
es como si no lloviera
si en esta carta fracasada tantas veces
no puedo hablarle
como si tuviera algo así como un hambre
por lo que dijera todo el adentro del agua que hubiera querido escribirle

aunque se ensombre una idea con la otra

una verdad con la tensión
con la obviedad
o con la soberbia

así que desde el vamos
sé que tendría que haberle llegado exacto
en punto al agua que pasó y todavía está pasando tan cerca
de mi expectativa
                               
sigue lloviendo
y mientras en la mesa
se dibujan los golpes derramados de la lluvia
me parece sentir que el agua de la carta
puede ser más desesperante todavía si no moja lo que escribo

que si yo fuese de verdad una carta a la que no le lluevo
la verdad es que no sé cómo escucharme ni siquiera
la suerte fracasada de un poeta escribiendo la lluvia

que si lo real del agua no es nada de lo que le escribo
todo lo que siento va a seguir yéndose y quedándose
nada más que como una consecuencia que se precipita
se aligera y sigue su camino por nada

o para que yo de cuando en cuando deje de escribirle
me asome y busque si es cierto cómo estoy

algunas veces
tieso de diluvio                                                                      

porque el agua que suspiro
llega y corre como un peso
que se rompe sin ningún milagro

y cuando vuelvo al silencio de esta carta
puedo ver que sobre el progreso de la hora
en el reloj de mi cocina
la tormenta fogonea las sombras deshilachadas del agua
que se van alargando como venas o lágrimas grises
y entonces ya voy atrasado de nuevo César

porque el agua de la carta que trabajo con la lluvia
parece un reflejo de alegría desmejorada
y siento que estoy  leve
o quizás también furioso pero igual de agua cayendo cayendo
desatadamente mal escrito
por una y otra ráfaga mal dicha
que empiezan y terminan siendo nada del ahora
por ejemplo que hayan sido estas mismas palabras
que le estoy escribiendo

todo porque del fracaso
que hablo con el agua
queda también un color doloroso en el aire

como el de un espejo que se nuble reflejando
el fuego de un cielo mal escuchado

entonces para mí como ahora mismo
el agua de esta carta de vez en cuando también arde César
se lo juraría

por más escrito de diluvio que me sienta
me parece que todo lo que vivo por dentro queda calcinado
en el último gesto con el que termino cada letra
por la ansiedad y el apuro con que escribo
alimentándome con la agonía incendiada de la luz
para que todo lo que siga diciéndole
por lo menos empiece y termine como era

subiendo
subiendo
por un calor aunque más no sea mal oído
mal esperado y nada

acentos y acentos de esta harina transparente que pasan y se pierden
y duele repetirme lo que oigo que me digo mientras bajo y subo la mano
como si estuviera haciendo llover a cada sonido que dejo en el papel

si hoy no le lluevo bien al dolor
hoy no le lluevo bien a casi nada

cayendo
cayendo
en palabras a lo mejor hasta demasiado vacías
y que de mi parte dejan nada más que un gusto a hiel de hambre escrita
hacia donde no habría valido la pena haber soñado

envuelto y desenvuelto en la avaricia de escribirle
como no quise hacerlo
sin haber escuchado lo preciso como tendría que haberlo logrado
mientras la lluvia baja
me ensordece
y como ya le dije
paro
y pienso
y espero

y de repente también tengo visiones que me nombra la ventana
y apenas humedezco de nuevo lo sentido
y lo derramo mal y tarde en las palabras
esta carta de golpe ahora ya es el Perú por ejemplo
como ya había sido en otros fracasos
con un cielo que amenaza con sus nubes como piedras intensas
y ahora ya es París el agua
helándome los huesos con un comienzo de calor casi filoso y suave

y de repente el vértigo caído vuelve a ser
alguna que otra foto suya aligerada que desaparece
mientras la lluvia vuelve a ser una carta que viaja envuelta y desenvuelta
por el agua que se trenza y se destrenza sobre mi patio
y que ahora por ejemplo fue París de nuevo y está lloviendo
o jueves otra vez  para nada

o de repente no alcanzo a entender que querría avisarme el futuro
girando en la rabia lluviosa
llevándose tan rápido sus rumores de vara que suenan como enojados
mientras golpean de barrida los vidrios

o el cuerpo del aire está como sordo
o el agua sigue siendo un presente mojado para nada
o de nuevo usted está y no está
aparece y desaparece
y todo termina siendo nada
siempre por mi culpa

pan sin vida
fuego confundido
y nada




Néstor Tellechea
"Una carta" es un fragmento del poema  y que pertenece al libro "César", que permanece inédito.



Quilmes, Buenos Aires, 1962. Publicó: “Poemas”, (1995, libro artesanal); “El Emperador de la Oscuridad ”(1997,plaqueta); “La Brisa” (1998, plaqueta);“Las incorporaciones del ya"( 2001,plaqueta); “La luz y la rima”( 2001, plaqueta); “Hospital versus hospital”,  (2001,plaqueta); “Olga” ( 2004, plaqueta); “Montale, esquina Ungaretti”(2005, edición postal); “Cerca. Lejos” (2005, plaqueta (diseño e impresión: Hilda Paz); “Pasaje Molinari”(2006  edición postal); "Balance"( 2009, edición postal) y"Cuatro Momentos", 2012.

Imagen extraída: http://dialogos.ca/2013/11/cesar-vallejo-2/

  Oscar Hahn

25 de julio de 2014



Tratado de sortilegio


En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh,
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,
y un semen volando de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñas en el jardín,
llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
y la mayonesa se cortó en la cocina
y sus muñecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen
de la enagua, el néctar de los senos, ves tú?
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, a dónde llevas
ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
con sus durezas y blanduras y patas
y sangre amarilla, aj!
No se pare, no se siente, no hable
con la boca llena
de sangre:
que la sangre sueña con dalias
y las dalias empiezan a sangrar
y las palomas abortan cuervos
y claveles encinta
y unas magnolias curiosísimas, oye,

unas rosas re-raras, oh.



Oscar Hahn
Chile – 1938



(de Arte de morir, 1977)


Obra extraída: http://www.viajeslibres.com/2011/02/


  Ángel González

21 de julio de 2014





Así nunca volvió a ser


Como llevaba trenza
la llamábamos trencita en la tarde del jueves.
Jugábamos a montarnos en ella y nos llevaba
a una extraña región de la que nunca volveríamos.

Porque es casi imposible abandonar
aquel olor a tierra de su cabello sucio,
sus ásperas rodillas todavía con polvo
y con sangre de la última caída
y, sobre todo,
la nacarada nuca donde se demoraban
unas gotas de luz cuando ya luz no había.

Como llevaba trenza
la llamábamos trencita en la tarde del jueves.
Jugábamos a montarnos en ella y nos llevaba
a una extraña región de la que nunca volveríamos.

Allí me dejó un día de verano
y jamás regresó
a recoger mi insomne pensamiento
que desde entonces vaga por sus brazos
corrigiendo su ruta, terco y contradictorio,
lo mismo que una hormiga que no sabe salir
de la rama de un árbol en el que se ha perdido.



Ángel González
Nació en Oviedo en 1925, falleció en Madrid en 2008.
Periodista, profesor y escritor español.

Intérprete: Pedro Guerra y participación de Ángel González

Imagen: http://miguelmunarriz.com/2014/01/02/angel-gonzalez-segunda-evocacion/