Estación Quilmes

  Francisco Madariaga

13 de enero de 2014



Edgar Bayley


Estaban ocultas las estrellas entre una lluvia
roja
que llegaba hasta la ventana del Hospital,
pero de pronto resaltaron y pararon a la lluvia,
para acompañar al Rey del Sueño.

-Murió Edgar Bayley- se lee en los diarios de Buenos
Aires.
Pero Edgar no ha muerto, ha quedado encantado,
con ese antiguo esplendor de los cantores
sobre cuyos cabellos dormían los pájaros que sabían
qué era y cuándo nació la poesía.

La Capital del Sueño lo ha reclamado.
Buenas albas, dolor.



Francisco Madariaga
Argentino (1927 – 2000)

De: Criollo del universo - Ed. Argonauta – 1998

Foto extraída de: dossierstematicos.blogspot.com.ar
(Madariaga – Bayley  y Rodolfo Alonso)



  Digdora Alonso

9 de enero de 2014



Prosapia del gato


Misterio en los destellos de sus ojos en la noche,
en los saltos desde la altura cayendo de pie y sin daño,
en su andar silencioso de uñas escondidas...


Sube a los tejados para ver a Isis en la Luna
y se tiende gozoso bajo los rayos de Horus.
No tiene dueño.
Pasa indiferente entre los hombres
que ya no son sus adoradores.
Vive con nosotros sólo por su odio ancestral a los
ratones que profanaban los templos de Amón Ra.
Pero ama la casa como un templo.
De los mitos griegos le viene su temor al perro
que siempre es el Can Cerbero.
y huye del agua de la laguna Estigia.


Cierra los ojos mientras come
para no ver a los que le ofrecen sobras.
Y gusta del pescado que no sabe pescar,
porque se lo llevaban como ofrenda
desde las márgenes del Nilo.


El gato era un Dios y lo recuerda.


Digdora Alonso 
Cuba (1921 – 2007)

De “Yo, mi desconocida” – 1988  - En: “Retorno”- Poesía casi completa
Ediciones Matanzas - 2010


Foto extraída de: ogunguerrero.wordpress.com

Obra: http://www.abretelibro.com


  Arturo Carrera

6 de enero de 2014



Reyes

I

¿Qué me van a traer –pá- los reyes?;
¿me van a traer esos bsbss que les pedí? –y
me lo decía al oído, poniendo su manita en el contorno
de mi oreja como para volver más audible
el enigma,


y el cielo donde vimos pasar, sobre la luna llena,
caravanas de nubes y mirra, incienso en forma de
camellos y el turbante finito y los zuecos escamados
de cobre y piedras parecidas a
este cielo, de terraza,
cuando otra vez la vocecita nombra
todo el supremo intercambio:

“qué les daré yo, pá?
¿Pasto?”



Arturo Carrera
Argentino – 1948

De: Potlatch - Ed. Interzona – 2004

Obra: Mosaico antiguo de la Iglesia de San Apolinar el Nuevo – Ravena (Italia)
Foto extraída de: ernestogarcialopez.blogspot.com


  Marcelo Marcolin

2 de enero de 2014



Un huracán está llegando


hay sequía loco,             
va para largo que no cae
una gota de merca         
Marcos Silber

Aquella sonrisa rota dibujada en el bar
o aquellas piernas saladas desde el atlas,
tal vez el héroe en un caballo blanco circulando por los laberintos
o las brisas de mayo temblando en un bulevar de Rosario;
todo eso mujer en mis persecuciones de espera
todo eso con un trago fuerte bajo el farol
sin un ómnibus para viajar al otro lado.
Por favor basta de golpearme la puerta
ya comprendí al che, marx
y también las putas concesiones democráticas.
Hoy me pondré las medias y los pantalones,
leeré le monde y beberé ese amargo silencio.

Necesito tu lengua sobre los poemas
necesito mi cuerpo sobre tu lengua
y también necesito demasiadas revoluciones para esta noche.
Alguien está agitando el teléfono
alguien agita su sexo:
que se inunde de sexo este milenio
que lluevan orgasmos sobre las cabezas momificadas
que el viento revuelva la sangre y los corazones.

Has llamado a mi amigo?
Has preguntado en que lugar se quiebran las esquinas?
Voy hacia aquellas rutas
las del no sé donde debo partir
las rutas donde la noche traza su enigma
y la respiración sacrificada aprieta las venas.
El poeta no ha nacido y todos lo deben saber
el verdadero poema no ha sido escrito
y la tormenta se ha llevado la inspiración.

Toma aquella carretera hacia el sur
bebe otra mujer al borde de la locura
hazle el tajo más perfecto y respira su miel sin hormigas
acaricia su centro hacia el este
para descifrar sus transparencias a través de los espejos
ponle un lazo a su estima
y provócale sexo mucho más allá de su cuota sentimentalista.

Oh mis amigos no pudimos con las estrellas y los setenta
regresamos vomitando freud y cuba libre,
por favor no preguntes esta noche
sobre los cometas que se han perdido
yo me duermo entre botellas naufragas
y mi padre está muy lejos para abrir las ventanas
y aún no he encontrado la habitación de los sueños.

¿Saben los dioses de esta cena?
¿Saben bien ellos de aquellos desvelos en la ruta 8?
¿Saben las mujeres del pasado lo bien que está este futuro?

Retomaré urgente hacia tus costas,
hundiré mi karma en tu cielo en llamas:
ya no habrá calma para tus abismos,
ya no habrá sangre en las copas de los traidores.
Es un final nocturno de febrero
sin condenas ni perros blancos en la delicia
vamos por el azul a despeinar ciudades y diamantes.
Urgente vístete de zonda sobre las sabanas marcadas
y escribe tu lágrima en las horas que regresan.

Ya lo gritan los quemeros de los vientos
ya lo hemos proclamado en esta noche alucinada;
lo dijo el rusito vladimir, lo afirma el marica federico
lo agitan las putas baratas y viejas de villa tranquila,
lo gritan los hombres desde las casillas ocultas,
lo piden los pibes del barrio:
todo el poder a la doce / todo el poder a la doce /
todo el poder a la doce.



Marcelo Marcolin
De "Otros elefantes de regreso a la constelación de Orión" - El ojo de la ballena  (2009)

Argentino (1957-2011) Poeta y editor. Miembro de la Generación Subterránea.
Nació en Buenos Aires.

  Julián Axat

31 de diciembre de 2013



El derecho a las estrellas para 2014


Hace pocos días visité un centro de encierro de adolescentes de la provincia de Buenos Aires, una de las actividades fue escribir en secreto, en un papel que les di, algún deseo para 2014. Antes de irme me los entregaron y los leí en voz alta, pero sin identificar a sus autores. La mayoría pidió un 2014 en libertad, otros, cosas más simples o sencillas, como “me gustaría sentir la lluvia en el cuerpo” o “poder mirar la noche estrellada más seguido”. Estos últimos deseos me llevaron a escribir lo que sigue.

No hay ningún artículo de ninguna constitución, convención, tratado o ley que establezca el derecho a contemplar el cielo estrellado dentro de las cárceles del planeta. Nuestra civilización viaja lentamente hacia la matriz de Guantánamo, confinamiento en jaulas bajo techo donde la diferencia entre noche y día se pierde. Donde el infierno se impone sobre el cielo.

Ni a Juan Bautista Alberdi ni a ningún constitucionalista de los nuestros se les hubiera pasado por la cabeza la idea de un derecho al cielo en los lugares de encierro. Es cierto que existiendo en la Argentina actual déficit de alimentación, higiene, salud, como altos niveles de violencia dentro de las cárceles, pensar el derecho a contemplar el cielo estrellado o a sentir la lluvia sobre el cuerpo puede sonar inocente, extravagante, romántico o hasta canallesco. Pero no, decimos que nada es incompatible en el contexto carcelario que sea, y para toda persona presa (aun en el dantesco infierno de todos los círculos y las crueldades), el derecho a contemplar la bóveda celeste es una necesidad humana de los encerrados, como lo es el deseo de absoluto y el rezo en la celda. Y ya no como parte del derecho a tener una abertura en la celda para proyectar la mirada, sino como parte del esparcimiento. En el cielo, la proyección de la libertad de quien está solo y espera, estar con alguien.

La eternidad a través de los astros es el libro que escribió en 1871 Louis-Auguste Blanqui, encerrado en una celda como consecuencia de su actuación en la Comuna de París. “Me refugio en los astros donde uno puede pasearse sin límites... y sentir que todo ser humano es eterno en cada uno de los segundos de su existencia. Esto que escribo en este momento en una celda del fuerte de Taureau, lo he escrito y lo escribiré durante la eternidad, sobre una mesa, con una pluma, con vestimentas, en circunstancias semejantes.” El amparo estelar de Blanqui es el derecho o la forma de comunicarse con lo absoluto que tienen todos los confinados. Blanqui es el padre del derecho a las estrellas.

La Convención Internacional de los Derechos del Niño de 1989, en el artículo 40, refiere al derecho al esparcimiento y a la dignidad que tiene la infancia encerrada por motivos penales. El derecho a la recreación en lugares abiertos choca de plano con los lugares con barrotes y muros que cada vez caracteriza más a los centros de encierro juvenil de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, hace poco conocí la experiencia de un conjunto de egresados de la Facultad de Astronomía de La Plata, seguramente ellos incentivaron a deseos de estrellas que yo luego recogí en mi visita. El proyecto se llama: “Derecho al cielo nocturno” y está a cargo de los docentes Mara Inés Fasciolo, María Cecilia Scalia, Federico García, Ignacio Gargiulo. Los talleres se dictaron en horario nocturno durante 2013. Una evaluación final sostiene: “...en general, las actividades realizadas durante estos siete encuentros consistieron tanto en observación del cielo nocturno a simple vista, utilizando también binoculares y telescopios, como en talleres áulicos con los que abordamos contenidos como el reconocimiento de los puntos cardinales, movimiento diurno, fases de la Luna y planetas, el origen de los meteoritos, etc. En todos los encuentros, llevamos cartas celestes que repartimos entre los jóvenes, las cuales fueron recibidas con mucho entusiasmo. Pudimos observar a los chicos muy entusiasmados en la tarea de hacer un reconocimiento del cielo a simple vista, que en su gran mayoría no habían podido ver desde antes de ingresar al Instituto, ya que las ventanas de las celdas no les permiten ver el cielo...”

En la obra de teatro de Albert Camus, Calígula, el emperador en decadencia lo tenía todo pero le faltaba algo, “quiero la luna” vociferaba. A los presos de nuestro país les falta todo o demasiado, pero aun así pueden “querer las estrellas”. El derecho al cielo es mucho más que el deseo de un preso, puede ser el de cualquier ciudadano de este país que no levanta la cabeza y sueña. En esa proyección, en ese olvido del desasosegado, el derecho a las estrellas como deseo para el año que viene.

* Defensor juvenil.


Julian Axat

(1976) La Plata

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Obra: Mujer, pájaro, estrellas  -  Joan Miró


  Emma Barrandéguy

29 de diciembre de 2013




El Cuerpo

¿Por qué no es posible el amor?,
me preguntas.
Somos viejos, respondo.
Y que pases tu mano
por mi pierna,
me da cierta vergüenza.
Tonterías, dice el amigo
y cediendo
me tiendo a su lado como cuando era joven
y lo ignoraba.
Pienso en todos los viejos
que desde un banco al sol
miran transcurrir las muchachas.
En mi padre y sus esquelas victorianas
a las niñas de los mandados.
Pienso en mi madre pulcra
cubriendo sus desnudos en un último gesto.
Pienso que los viejos son como todos
y apetecen sin pausa
si no han sido saciados.
El cuerpo gira ante sus ojos
con el gusto de lo prohibido,
como siempre.
Se los instala en la sabiduría
y no la tienen;
codician como jóvenes,
tienen pequeñas ternuras
como mi amigo,
tienen lascivas preferencias
que no les cuentan a los otros,
tienen derecho al amor
aun a costa del ridículo.
Y si pasan tomados de la mano
o se encierran en su mundo
con las persianas bajas,
tendríamos que mirarlos sin asombro
como a lentos vagabundos
o discretos amantes que renuevan caricias.




Emma Barrandéguy
Argentina (1914 – 2006)



De: Camino hecho, 1996 - En : Poesías completas, Ed. Del  Copista - 2009

  Graciela Cros

24 de diciembre de 2013




La poesía no es una declaración jurada
La poesía no se escribe en formularios


   La poesía está hecha de muerte.
Tiene prohibida la entrada en las casas bien puestas:
sucede que el jugo de sus cadáveres estropea las alfombras.
   La poesía está hecha de vida.
Tiene prohibida la entrada en los edificios:
sucede que el olor a sangre, sexo y sudor
altera el ánimo quebradizo de los señores consorcistas.
   La poesía está hecha de sueños.
Tiene prohibida la entrada en las oficinas:
sucede que su viento desordena los papeles,
su lluvia los deshace y su fuego los quema.
   La poesía no es un hobby de domingo y ni siquiera
sirve para eludir la intemperie.
   La poesía no es un juego de salón:
arruina las fiestas, los almuerzos de trabajo, las cenas íntimas.
Especialmente complica el día si se la lee al amanecer.
   Mi poesía -en particular-  es mejor que la de algunos hombres
pero debo mandarla a la tintorería a que le quiten
las manchas de menstruación.
Mi poesía -en particular-  tiene prohibidos los balcones
                         y también las cornisas:
sucede que siente atracción por el vacío y, sobre todo,
                         sucede que ama el riesgo.

   Mi poesía, en particular, se pudre en los floreros:
sucede que trabaja sin descanso en su propia destrucción.
                         Se niega a ser adorno.
                         Mi poesía me hace quedar mal.
                         Es agresiva. Es contradictoria.
                         Mi poesía no está sana.
Respira, cruje. Hace ruidos molestos.
Sabe hablar de la duda y sus tropiezos.
Mi poesía miente porque miente la vida.
Mi poesía sufre desilusión. Mi poesía está desesperada.
Porque está hecha de preguntas y no encuentra respuestas
                         no avanza, no progresa.
                         Está desesperada.
Ha perdido la fe. Quiere ser piedra.
¡Pobre mi poesía! ¡Tanto tiembla!
                          Dice tenerme a mí
                                                       y eso
                                                               es muy poco.




Graciela Cros
Argentina - 1945 -  De: Flor azteca.  Ed. del Dock - 1991.

Nació en Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, y vive en Bariloche desde 1971. Publicó: "Pares Partes",1985; "Flor Azteca",1991; "Decimos",1992; "La escena imperfecta", 1996; "URCA", 1999; "Cordelia en Guatemala", 2001; "Libro de Boock", 2004; “La cuna de Newton”, 2007; “Hacer la de Elvis”, 2009; “Mansilla”, 2010-.Los cuentos "Sin venganza no hay madera", (comp.), 1991; y la novela "Muere más tarde", 2004. Como antóloga preparó en 1995 "Marcas en el tránsito. Antología de poetas jóvenes de Bariloche" (Selección y prólogo).


Obra: Cena navideña  -  Juan Echenique  (Perú)
Fotografía: fcp.org.ar