Estación Quilmes

  Ángel González

21 de julio de 2014





Así nunca volvió a ser


Como llevaba trenza
la llamábamos trencita en la tarde del jueves.
Jugábamos a montarnos en ella y nos llevaba
a una extraña región de la que nunca volveríamos.

Porque es casi imposible abandonar
aquel olor a tierra de su cabello sucio,
sus ásperas rodillas todavía con polvo
y con sangre de la última caída
y, sobre todo,
la nacarada nuca donde se demoraban
unas gotas de luz cuando ya luz no había.

Como llevaba trenza
la llamábamos trencita en la tarde del jueves.
Jugábamos a montarnos en ella y nos llevaba
a una extraña región de la que nunca volveríamos.

Allí me dejó un día de verano
y jamás regresó
a recoger mi insomne pensamiento
que desde entonces vaga por sus brazos
corrigiendo su ruta, terco y contradictorio,
lo mismo que una hormiga que no sabe salir
de la rama de un árbol en el que se ha perdido.



Ángel González
Nació en Oviedo en 1925, falleció en Madrid en 2008.
Periodista, profesor y escritor español.

Intérprete: Pedro Guerra y participación de Ángel González

Imagen: http://miguelmunarriz.com/2014/01/02/angel-gonzalez-segunda-evocacion/

  María Elena Walsh

16 de julio de 2014




De mis tiempos


En mis tiempos había tiempo.
Recuerdo bien que por ejemplo
la higuera derramaba esparcimiento
y una rosa nos duraba
mucho más que cualquier empleo.
Por otra parte las siestas
se pedían prestadas a la muerte.

Quizás el tiempo era como las frutas,
se regalaba a los vecinos
después de verlo madurar.
Se compartía en las veredas
entre abanicos y señores
de sosegada camiseta,
mientras parsimoniosamente
iban escobas y venían
amontonándolo como importantes.

Y la eternidad sentadita
en su silla de paja, porque sí.

Es que era siempre tan temprano
ya tan segura la abundancia,
la inundación de treguas oportunas
que se guardaba el tiempo en los sombreros
y un día se lo derrochaba todo
en un solo saludo, saludando.

Uno viajaba en libros a todas partes
y visitaba diferentes ocios:
el de al lado, el de enfrente, el de las tías.
No se había inventado
el maleficio de la prisa, no.
De ninguna manera. Los espejos
esperaban de sobra
que uno peinara su pausado pelo
que uno se terminara de encontrar.

El tiempo era un perfume y no venía
nadie a medirlo ni guardarlo en cajas.
Los trenes, todo lo que hacían
era aludirlo en los horarios.

Se podía llorar a gusto
porque eran lentos los rincones
o quizás porque había aún macetas
donde depositar una lágrima
sin que las flores se opusieran.
O porque la llovizna hablaba
en un idioma sin resentimiento.

Todos usaban tiempo y lo perdíamos
cómplices de su lujosa permanencia
y hasta el hastío
era un modo de ser de los balcones
que enternecía delicadamente.

Creo que todavía queda un poco
de tiempo verdadero, pero lejos.
Pero muy lejos, en algunos patios
refugiado en aljibes.
Se queda todavía en niños solos
que reinan sobre umbrales
y en la lustrada majestad del gato.
Supongo, ya no sé, nada sabemos.

Tiempo sin ser castigo.
Yo llegué a conocerlo: está encerrado
en lo más vivo de mi corazón.

Después vinieron los relojes.



María Elena Walsh
De "Hecho a mano" (1965)



Nació en Buenos Aires. (1930-2011)
Poeta, escritora, dramaturga, música y compositora.

Pintura: Tiempo - Alvaro Muñoz

  Antonio Requeni

12 de julio de 2014




Último poema


Quise amarte y te amé. Junto a mi voz te quise
para nombrar contigo la defunción del sueño.
Tú eras verdad. Estabas. Y un sutil poderío
me arrastraba a tus formas de alabastro magnético.

Tus ojos navegables, tus cabellos de lluvia,
tus pechos que rotaron impunemente del sueño;
todo lo que tus labios, sin hablar, descifraban:
la identidad del goce, la embriaguez del olvido.

Pero también, ya acaso talismán más seguro,
los gestos, las llamadas, los minúsculos hábitos;
el hombro en que se acoge la fatiga del día,
las manos que se juntan en un parque con pájaros.

Así te amé y me amaste; lo sé, fuimos felices
como escolares que huyen en tranvías celestes.
Y las noches nos vieron entrelazados, puros,
nupciales, orgullosos, rendidos, inocentes.

Todo ha pasado. Todo. Nunca estaremos juntos.
Una rosa marchita son tu nombre y mi nombre.
Sin embargo te amé como un niño, lo juro;
igual que el niño que ama su juguete y lo rompe.



Antonio Requeni
De "Manifestación de bienes" - Editorial Losada, Buenos Aires - 1965.
En "Antología consultada de la JOVEN POESIA" - Compañía Gral. Fabril Editora
Nació en Buenos Aires. (1930)


Imagen extraída: http://revistaelazarinmovil.blogspot.com.ar

  Carlos Patiño

7 de julio de 2014



Del Pinochetazo


Jorge Celaya LLerena
obrero
lamenta
no estar en condiciones
de responder al imperioso
llamado de la junta que usted
tan dignamente preside
pues casualmente
esa junta
lo fusiló
ayer.




Del encandilado


los veía deslizarse en sus
autitos
los veía descender, abrir
silenciosamente
la puerta de sus garages individuales
y salir
los domingos
por la tarde
incluido
el perro;
los veía siempre
afeitaditos elegantes pulcros,
hasta que una mañana juró
que no descansaría hasta
poseer
ese culito erguido
de los pequeños burgueses prósperos.



Carlos Patiño
De "Retratos"  - Editorial Papeles de Buenos Aires
Nació en Buenos Aires en 1934 y murió en 2013. Poeta, integrante del Grupo Barrilete.

Colección: La pluma y La palabra Nº 21 - Dirección: Roberto Santoro





  Federico Pedrido

4 de julio de 2014




El hombre de la enagua rosada


Fue, muchos, muchos años, pesebrero
y, después, laburó en una pensión.
Cuando compra salame, el corazón
igual que un bandoneón, se frunce entero.

Tuvo dos novios. Uno era frutero;
el otro, un cabecita camaleón.
Le dieron tantos palos en el cuero
que los sueña tambor su evocación.

Ahora está cantando en la escalera,
mientras retuerce un trapo, una habanera
y se clava en un gesto mudo y fijo.

La purreteada juega en la vereda.
Se toca el vientre y por sus nalgas rueda
la noble idea de parir un hijo.



Federico  Pedrido
Argentina  (1926 – 2002) - En: Antología del soneto lunfardo
Ed. Corregidor – 2007



Poeta, dramaturgo, guionista cinematográfico, periodista. Uno de sus libros fue prologado por Macedonio Fernández y por eso Pedrido explicitó “Por ese motivo, y durante cierto tiempo, yo estuve chocho conmigo”.
Libros de poesía:  “ Tras la ojera de mi ventana” (1947); “Poesía de la sonrisa áspera” (1949); “Perfil perdido” (1951); “ Los trenes de la noche” (1952); “Che, Buenos Aires” (1954); “Borracho muerto” (1983); “Cuando se es algo” (1986); “Entre la roña y la nada” (1987), entre otros.

Foto: Bob Carey – EEUU

  Emily Dickinson

30 de junio de 2014




Tuve hambre todos los años


Tuve hambre todos los años;
mi mediodía vino a comer;
yo, temblando, me acerqué a la mesa,
y probé el vino curioso.

Esto fue en mesas que vi,
cuando volviendo, hambrienta, sola,
miré por la ventana la riqueza
que no podía esperar poseer.

Yo no conocía el pan generoso;
era tan distinto de la migaja
que los pájaros y yo a menudo compartimos
en el comedor de la Naturaleza.

La hartura me hizo daño – era tan nueva –,
me sentí mal y extraña,
como baya de un árbol montañés
trasplantado al camino.

Mi yo tenía hambre; así descubrí
que el hambre era una manera de ser
de los que están del lado de afuera de las ventanas,
que los que entran llevan consigo.



Emily Dickinson
EEUU (1830 – 1886)

De: “Poetas americanas”
Ed. Leviatán – 1998
Trad. Raúl Gustavo Aguirre.

Nació en 1830, en Amherst, Massachusetts, Estados Unidos. Estudió en la academia de Amherst y en el seminario femenino de Mount Holyoke.
De hondo e introvertido lirismo, reflejo de una existencia sin exteriores, fue precursora del "Imaginismo". Escribió más de mil poemas breves, de rima regular y métrica simple, siempre en torno al amor, la naturaleza y la muerte.
Sólo dos de sus poemas fueron publicados en vida, aunque sin su consentimiento. Su obra se editó, póstuma, a partir de 1890. En 1924 se publicaron sus Complete Poems.

  Marion Berguenfeld

27 de junio de 2014




ÁNGELA

“La vida para los locos
es como la guerra para los cuerdos”.
Luis Alberto Spinetta


Ya no me suelto mariposas en las venas.

Uno y otro café, bar de provincia, la noche congelaba.
Lejana
la vincha de rigor sujetando sus malos pensamientos
una muchacha que dejaba el comedor colectivo
y salía a cazar.
La que nunca con quién dormiría.

Ya no las mariposas.
Para lavar los muertos dejamos de jugar
dejamos de jugar hace un cuarto de vida
lo que me queda va en puntas de pie.

Diez larvas, otras diez, creciéndole en la cabeza
una bolsa su cráneo melancólico.
Y el deseo de grapa que no deja pensar.
camino al desorden de la guarida.

Vamos por el alcohol
fue lo que dijo.

Dos que se empecinan en la captura.
Dos mujercitas contra los trenes.

Vamos por el alcohol.
No me dejes sola esta noche.



SUM, ESSE, SUNT


Soy este óvalo delgado.
Un cirio
al que el oxígeno
le corta la blancura.

Mis dolores secretos.
La que calla
su materia viva.

Pasajera de mi pequeñez
jugando malabares con los huesos
cantaré la no resurrección.

Por fin mi mano a través de la piedra
por fin mi verdadera fragilidad.
Apenas estos bordes quemados.

Lo intacto detrás de la sombra.




Marion Berguenfeld
De "Forense estación fantasma"

Nació en Buenos Aires en 1962, es Licenciada en Letras.


Imagen intervenida: www.estacionquilmes.blogspot.com