Estación Quilmes

  José Carlos Becerra

26 de octubre de 2010




Las reglas del juego

" Cada uno debe entrar en su propio degüello, cada uno retocando su respiración, cultivando sus excepciones a la regla, sus moluscos solares,
haciendo sus abstinencias más inclementes y más diáfanas
porque la luz debe romperse allí, la eternidad debe dejar caer un guijarro en ese gemido.
Recuerden la niñez de vuestra madre, la niñez de vuestra muerte;
solitarios del mundo y de todos los deseos, inoculados por el lagarto y el pájaro que se enfrentan en todas las intenciones de la sangre.
Ustedes han sentido la máscara y la falsificación de la máscara: el rostro en los invernaderos de las pequeñas, inútiles ceremonias que todavía nos conmueven.

Bajo la luz de una luna parecida a la desnudez de las antiguas palabras,
escuchen este ritmo, esta vacilación de las aguas, la noche está moviendo sus ruedas oscuras, estas palabras llevan ese significado, y yo me dejo arrastrar por aquello que quiero decir: aquello que ignoro, y he aquí que la frase delibera su propio silencio.

Oh noche casual de estas palabras, oh azar donde la frase regresa a su silencio y el silencio retorna a la primera frase, en el lenguaje aparecen de nuevo los primeros caracoles, las primeras estrellas de mar, y las bestias de la niebla ponen su vaho en los nuevos espejos.

Aquel que diga la primera palabra dejará caer el primer vaso, aquel que golpee su asombro con violencia verá aparecer el fuego en sus cabellos, aquel que ría en voz alta será el primero en guardar silencio, aquel que despierte antes de tiempo sorprenderá a su esqueleto haciéndole señas extrañas a los árboles;
y el mar, como un síntoma interrumpido, vuelve de nuevo a oírse a los lejos y en su respiración otra vez escuchamos el ruido de esa puerta que bate azotada por el viento del infinito.

Nace la luna sobre el mar como una antigua mirada del hombre.

En el puerto se van encendiendo las primeras luces.


José Carlos Becerra
México (1936 – 1970)
Nació en Villahermosa (Tabasco), y murió en un accidente cerca de la ciudad de Brindisi, Italia. Publicó Oscura Palabra (1965), Corona de hierro (1966) y Relación de los hechos (1967). En 1973, se publicó El otoño recorre las islas, una recopilación de su obra poética hecha por Gabriel Zaid y José Emilio Pacheco y prologada por Octavio Paz, que incluye sus libros inéditos Fiestas de invierno y Cómo retrasar la aparición de las hormigas, así como la única narración que escribió: Fotografía junto a un tulipán. En 1969, obtuvo la beca Guggenheim. Su poesía es la confluencia de dos corrientes próximas; el aliento a Tabasco de Carlos Pellicer, de quien estuvo muy cerca, y la densa cubanidad de José Lezama Lima. Con él se inicia en México una escritura poética de versículo espeso, como un nuevo barroco, que influye en la obra de poetas posteriores como David Huerta y Coral Bracho y, en otras vertientes, en Elsa Cross y José Luis Rivas.

  Marcelo Marcolin

25 de octubre de 2010



Cuando llueve en Lisboa

“No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.”

Fernando Pessoa


Hablan los parroquianos de una lluvia / una lluvia que esconde los sueños
entonces esta ciudad que sabe de ahogos / desvelos atlánticos que olvidan
secretos del Tajo y sus pasiones
se le fugan los sueños en esos días de lluvia.
Ricardo Reis deambula una calle de Lisboa. Llueve / llueve desde los cielos
hacia el mar. Llueve /el mar extasiado de furia
espanta los milagros y las calles tiñen su suerte de otoño
bajo los pies de un Ricardo Reis que hurga en la oscuridad de la iglesia del tormento
esas sombras que distingue en la altura de los santos preconcebidos
descubre sólo sombras y en las sombras puede ver a un Alberto Caeiro
como un signo inerte bajo las mismas sombras.
Alberto Caeiro que traga espíritus
y desconsolado intenta encontrar un sueño / sueño de lluvia / lluvia
que los lleva / los oculta y Alberto Caeiro gime / gime sobre la noche
de Lisboa / gime en su soledad infinita / transitando los corredores
de lo inesperado que entrega la soledad / dibujando rostros
que nunca estarán y la lluvia se empecina en borrarlos hasta de los olvidos.
Alberto Caeiro cae / cae bajo los truenos y relámpagos y se vuelve
y los truenos y relámpagos lo vuelven Álvaro de Campos
y Álvaro de Campos suele ser ese fantasma
fantasma que la lluvia arrastra hasta las costas de la insatisfacción y
deja cuerpos / marcas / enciclopedias olvidadas /ropas sucias de otro pasado /
cangrejos negros / amores que nunca estarán en ninguna primavera.
Álvaro de Campos incendia su última carta / abre los portales del infierno
/ quema centellas / busca las piernas blancas del otro rumor
/ penetra en cielos perceptivos / calles de nada /
sombras y otras sombras y esa lluvia / lluvia que esconde sueños
y Fernando Pessoa zozobrando lateralmente en las veredas de una Lisboa
que intenta descansar de lluvias / fantasmas y sueños no cumplidos.



Marcelo Marcolin
(Poema inédito)
Nació en Buenos Aires en 1957. Fue miembro de la llamada Generación Subterránea argentina; editor y parte de diferentes publicaciones, entre ellas: Artemisa, Antimitomanía, El ojo de la Ballena, Río de la Plata. Colaborador en medios gráficos y radiales como columnista. Premio Zargazazú 1986. Ha editado: La coronación del príncipe mudo, Matecocido, La primera letra, Angeles clandestinos y Siestas de Wincofón.

  Leonel Rugama

24 de octubre de 2010




La tierra es un satélite de la luna

El Apolo 2 costó más que el Apolo 1
el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo 3 costó más que el Apolo 2
el Apolo 2 costó más que el Apolo 1
el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo 4 costó más que el Apolo 3
el Apolo 3 costó más que el Apolo 2
el Apolo 2 costó más que el Apolo 1
el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo costó un montón, pero no se sintió
porque los astronautas eran protestantes
y desde la luna leyeron la Biblia,
maravillando y alegrando a todos los cristianos
y a la venida el papa Paulo VI les dio la bendición.

El Apolo 9 costó más que todos juntos
junto con el Apolo 1 que costó bastante.
Los bisabuelos de la gente de Acahualinca tenían menos
hambre que los abuelos.

Los bisabuelos se murieron de hambre.
Los abuelos de la gente de Acahualinca tenían menos
hambre que los padres.
Los abuelos murieron de hambre.
Los padres de la gente de Acahualinca tenían menos
hambre que los hijos de la gente de allí.
Los padres se murieron de hambre.
La gente de Acahualinca tiene menos hambre que
los hijos de la gente de allí.
Los hijos de la gente de Acahualinca no nacen por
hambre,
y tienen hambre de nacer, para morirse de hambre.
Bienaventurados los pobres porque de ellos será la luna.



Leonel Rugama
Nicaragua (1949 – 1970)
De: “Anillo de silencio” Centroamérica en la poesía Selección de Jorge Boccanera
Ed. Desde la Gente - 2009
Nació el 27 de marzo de 1949 en el Valle de Matapalos, Estela y murió el 15 de enero de 1970 combatiendo contra la guardia somocista.
Sus poemas dispersos en diversas publicaciones integran el libro “La tierra es un satélite de la luna” (1978 y 1987).

  Nicolás Olivari

23 de octubre de 2010




El musicante rengo

Tendrá treinta años el musicante rengo,
y acaso un principio de ataxia locomotriz,
a oír sus rapsodias a este café vengo
arrastrando mi pena como a una lombriz.

La mujer es aquella, la blanca, la loca
mujer que en todos remira
la pobre ya siente que toca
la inmortalidad de “Yira – Yira”.

El hombre para olvidar bebe,
y yo bebo para olvidar:
la mujer esa debe
cocainizarse para terminar.

Entre los tres sumaremos doce lustros,
¡y estamos tan cansados ya!
tengamos un gesto de decadencia augusto:
hagamos un “menage a trois”.

La ronda tan linda de los desgraciados:
un poeta enfermizo y desconocido,
un rengo con cuerda que se le ha terminado,
y la mujer borrosa que de todos ha sido.
El rengo me mira con piadosa mofa,
la mujer me sonríe con un gesto opaco,
yo bostezo y me río de mi perruna estofa,
mientras azul se arrepiente el tabaco.



Nicolás Olivari
Argentino (1900 – 1966)

De: “El gato escaldado”
Ed. CEAL - 1966

Obra: Desnudo de Carlos Alonso

  Osvaldo Guevara

22 de octubre de 2010




Sin pena en la palabra

Aunque me curve el desaliento
como un alud de piedras negras
no se lo cuento a mis palabras.
Escribir triste
es seguir derramando un vino amargo
sobre el mantel del mundo
ya mortalmente percudido.
Pero tal vez
ciertas almas piadosas que me leen
vengan a investigar mis lagrimales
y acaben demostrándome que mis palabras
no sobrevuelan tan livianamente
las aguas del naufragio
como quiero creer.


Osvaldo Guevara
Argentino
De: “Sin Pena en la palabra” (2008)
Extraído del Blog: grupotardesdelabibliotecasarmiento.blogspot.com
Villa Dolores, Capital de la Poesía, Traslasierra, Argentina.

  Osvaldo Guevara

21 de octubre de 2010




Niña Carmen

Niña Carmen: anoche he comido unas uvas
dulces
como sus ojos.
Yo regresaba solo a pieza de hotel.
Iba subiendo, solo, esa escalera
queme pone en los pies lejanías de barco.
Y me salieron al paso los racimos
de un parral numeroso
que lo rodea todo como una sombra verde.
Mi mano deshabitada
que venía de no tocar tu pelo
fue tocando las uvas.
Mi boca desierta
que volvía de hablarle a usted
con la cautela con que una llovizna
se acerca a una paloma
fue comiendo las uvas
lentamente
sintiéndolas
perderse en mi garganta como imposibles besos
oyéndolas
penetrar en mi cuerpo y en mi vida
convertírseme en sangre
una sangre de miel y fuego suave
que cantará en mis venas para siempre.
Minuto tras minuto
uva
tras
uva
seguí yo en la escalera del hotel silencioso
a esa hora en que los huéspedes duermen
pesadamente
o se dejan estar
en un sopor insomne
recordando
olvidando
distintos
ni educados vulgares o feroces
con la brasa indolente del verano
en las respiraciones y las sábanas.
Una sensación honda
delgada
casi como una pena pero sin sufrimiento
entraba en mi memoria
mis manos
mi destino
(una sensación que iría conmigo hasta la pieza
y allí se quedaría
como un agazapado amanecer
hasta este día
este poema).
Y las hojas aún tibias del parral
era una frescura de canción olvidada
de aire envolviéndome el corazón
como un agua
una luz
como una cabellera de mujer.
Inmóvil
subía por las uvas
hasta empujar los racimos del azul con la frente.
Y ya no estuve solo. No me pesaban
enero
los zapatos
la escalera
los años y perjuicios
las habitaciones sordamente entreabiertas
el roce de la noche despierta como un pulso
el amor que no llovió en mi sed
las estrellas cansadas y espesas del verano.
Esas uvas
tan lentamente dulces
tenían el aroma
el color
el sabor de sus ojos
Niña Carmen.


Osvaldo Guevara
Argentino
De: “Niña Carmen” - 1988
Nacido en Río Cuarto, (Córdoba) es uno de los mayores poetas hispanoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. Su suerte es común a la de otros grandes creadores del interior del país que, por el carácter hegemónico de la metrópolis o quizás por el legítimo empeño en no traspasar los umbrales del territorio familiar, su obra no ha alcanzado la difusión y la valoración que se merece.
Con la gratitud del amigo, pero sobre todo con el reconocimiento de su genio, he seleccionado algunos de sus poemas sin más criterio que el gusto personal y, tal vez por ello, no sean los más representativos de su magnífica obra. De todos modos, reflejan su dominio de la lengua, de la metáfora y de las técnicas de versificación -probablemente sea uno mayores sonetistas vivos-, así como su compromiso social y sensibilidad no exenta de un romanticismo panteísta.
Antonio Tello
Extraído de www.eldigoras.com

Publicaciones:
“Oda al sapo y cuatro sonetos” (1960), “La sangre en armas” (1962), “Garganta en verde claro” (1964), “Los zapatos de asfalto” (1967), “Niña Carmen” (1988), “Diario de invierno” (1975), “Primera persona” (1998), “Poemas en verso y prosa” (1998). “Sin Pena en la palabra” (2008); “Siempre deseando verte” (2010)


Obra: Uvas de Fernando Galarza Navarro

  Pablo Queralt

20 de octubre de 2010




De su juego

Las setentonas con sus panzas
Toman el sol
En sus bikinis
Y toman mate
Sin importarle nada

Más que ver
Los cuerpos de los pibes
Tostados brillantes atléticos
Jugando
El fulbito
En la arena
Del borde del mar

En la alegría natural
De la belleza
Del amor sin amor
Del vaho en su piel
Como un filete, vino
Del placer
Esa luz.


De: “89 golpes y un whisky”
Ed. El surí porfiado – 2010



31

Allí en ese comedero
También leen las titas
Las maria Aurelia Bisuttis
De tu barrio
Les trois petits cochons
Esos mediodías de pan
Y salmos
En el disco así
Nos acercamos a la sangre
De nuestros antepasados

De: “escribí mi nombre”
Ed. Mate Pastor – 2010


Pablo Queralt
Argentino

Obra: Navegaciones de Adolfo Nigro