Estación Quilmes

  Eliana Navarro

21 de julio de 2010



Así procura agua el que tiene sed

súbito, es
un hecho orgánico
así el acto sucio
levantar el cuerpo
de la silla / llevarlo a orinar

otra vez

días de no hablar
sino con mi sombra

forjé nuevas relaciones
con paredes
ventanas
el suelo tenía cosas para decirme

en el baño hay suficiente jabón
para mi cuerpo de ballena / esta noche
tránsito /prefiero

una sola caricia el viaje
ese tacto

ahí, donde iremos
abriré mis piernas
y dirás qué valgo

después de todo
qué cosas importan
antes de acabar

qué importa después

después
tomemos café

bañémonos juntos

la única toalla limpia
tiene un tajo del tamaño
del miedo.



Eliana Navarro
Nació en Buenos Aires en 1975, desde el ’76 vive en Bariloche. Es cofundadora del grupo de poesía El diente en el ojo, que en el 2005 organizó el Festival internacional de poesía Bariloche. Fue becada en dos oportunidades por la Fundación Antorchas para participar en talleres de poesía contemporánea y en 2007 fue becada por el Fondo Nacional de las Artes para integrar los talleres de perfeccionamiento en poesía coordinados por Irene Gruss.

  Fredi Casco

20 de julio de 2010



Agua cero

A los inigualables ‘Negro Zoombón & The Zoombies in Love’


Encontrarla en un crepúsculo de mediodía
al resguardo de mediasombra deshecha
— Murmurar despacito ‘no más puertas’ —

Bordear los desiertos habituales
de un por-siempre-en-domingo ocaso
— Gritar con los pulmones ‘¡No más puertas!’ —

Volar hacia la vaga promesa de una isla
con los perros de la desgracia pisando nuestros talones
Y jurar por su dios que ‘no más puertas no más puertas no más puertas’
— No más puertas —

Desde entonces, amparados
por el (en)canto monocorde de cazadores de cabezas
celebrar cada mañana la intensidad diapositiva de un cielo azul lindante

Y es esta toda la noción de felicidad que nos cabe
— que no creas es poca —

Aunque en ciertas noches nos llegue débil el estremecimiento de los carnavales
Allí, donde volvemos una y otra vez en sueños
para sumarnos dócilmente a las ruinas multitudinarias de autómatas
que corean fragmentos desordenados de una zoomba antigua
y a mitad olvidada:

‘Ahora que llevamos el último vehículo adentro
ya no dejamos de oír el Gran ruido blanco’

(Apenas audible)
‘La estática de los futuros holocaustos’



Fredi Casco
De Ego Caos (Inédito)

  Fredi Casco

19 de julio de 2010



Marzo & Sansón paraguayo

¿Como es posible
no haberla visto antes
- torciendo pescuezos gallinos -
entre la bulla filistea?

Los mercachifles de mitos
me estamparon en la falta,
una reproducción barata
de sus senos patrios.

Deja vu en negativo
Historia oval
Una tragedia retorna
con envoltura de olvido.

Pero esta vez, no blandiré
quijadas nazionanistas, ni derribaré
sus templos - de iniquidad tropical -
No da el cuero cabelludo, para casi nada.



Fredi Casco

De Baby Zoom (Inédito)

Asunción, 1967. Artista plástico, ensayista, poeta. Expuso sus obras en diversas salas de Latinoamérica y Europa. Co-fundador y director de Ediciones de la Ura, actualmente edita la revista Wild. Publicó Ojos de Leteo (2000) y Antesala/ El mirlo literario (2001)

  Violeta Boncheva

18 de julio de 2010




Canción de la lluvia

Amo la música blanca de la lluvia.
Cuando partí, estaba lloviendo.
Una niebla primaveral de nubes
Desplegó gotas menudas largamente.
Amo la lluvia sobre mis cabellos,
Cuando un gesto impasible las hiela,
Cuando una palabra maligna me ensucia.
La lluvia de nada deja huella.
Que caiga un aguacero en alguna hora tardía,
Cuando nuestros pasos con lentitud retornen.
Un halito de lluvia y el aroma de la noche
Que entren conmigo a casa y se quedan allí.
Que en lluvia sin fin se derrame en mi sueño
Y mi canción naufrague en ella…
La vida arrebata tanta luz.
Ojalá al menos la lluvia me dejara.




Violeta Boncheva
Nació el 01 de abril de 1951 en la ciudad de Stara Zagora, Bulgaria. Profesora de espanol en un colegio preparatorio. Tiene siete libros, cinco de poesia y dos en prosa. Dos de los libros son bilingues, traducidos por el traductor mexicano Reynol Perez Vazquez. Ganadora de premios nacionales y internacionales: de EEUU y del Reyno de Espana. Ha vivido casi tres anos en Monterrey, Mexico donde trabajaba y estudiaba espanol. Sus obras traducidos al ingles, espanol y portugues son publicados en Mexico, Argentina, Chile, Espana, Grecia, EEUU, etc.

  Alejandra Pizarnik

17 de julio de 2010



1

sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra


5

por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo

13

explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome


18

como un poema enterado
del silencio de las cosas
hablas para no verme


23

una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos


31

Es un cerrar los ojos y jurar no abrirlos. En tanto afuera se alimenten de relojes y de flores
nacidas de la astucia. Pero con los ojos cerrados y un sufrimiento en verdad demasiado grande
pulsamos los espejos hasta que las palabras olvidadas suenan mágicamente.



Alejandra Pizarnik
De "Árbol de Diana" 1962

  Juana Luján

16 de julio de 2010



I

Cuentan mis abuelas y tías abuelas
que allá lejos
el primero de los hermanos
mató a su mujer
para casarse con su hijastra.
La mató -dicen- con un hacha
que clavó en su espalda
después de esperar hora, hora y media,
tras la puerta.
Dice mi madre
que dicen mis primos
que dicen mis tías abuelas
que el primero de los hermanos
era carnicero de oficio
-uno muy bueno-
y que mando a dos empleados suyos
-Juan y Lorenzo -
a que cortaran
el cuerpo
y arrojaran después los pedazos
a la crecida del río
y que entonces Juan enloqueció
y les contó a mis tías abuelas
que su hermano
el primero
se acostaba con su hijastra
ya preñada y que para no vivir
en pecado decidió enviudar.
Nadie le creyó
y Juan pasó, ya perdido, por varios pueblos
contando.
Su voz tuvo que atravesar
102 años
y quién sabe cuántas bocas
para que hoy yo cuente
con la certeza de quien ha visto.



XII

Cuando mi papá tenía cinco
bajó por la defensa del río
y allá abajo
un perro le mordió el hombro izquierdo.

El perro se llamaba Otelo
y era grande y negro.
Las tías
casi se desmayan cuando vieron sangre
Era seguro, decían,
que Otelo había cortado el músculo y la cicatriz
seguiría ahí por siempre.
Mi padre no recuerda cómo llegó a la casa
y la herida ya no sabe bien
dónde estaba.
Es de mi abuela
de quien se acuerda.
Mi abuela
juntó ceniza de romero, greda
y pelaje del mismo Otelo
y lo untó en la herida.
Se acuerda
porque esto pasó antes
de que le quitaran el hijo
de que la mandaran lejos.


Juana Luján
De “Árbol Familiar”

Nació en Córdoba 1981, publicó “Fiestita” en Septiembre del 2005 con Editorial La Creciente.
Participó con “Troquel 06” en la intervención urbana “Troquel” en el 2005 y con “Binario” en la Intervención urbana “Pret-a-Poet” en abril de 2007, ambas intervenciones desarrolladas con el colectivo de artistas “Troquel” de Córdoba.

  Adriana Kogan

15 de julio de 2010




Nuestros hijos

Nuestros hijos no saben escucharnos
no saben repetir a la perfección aquellas particularidades
si somos delicadísimas
si no queremos perpetuar la especie
nuestros hijos sabrán comprender
quisimos solamente
amarnos entre nosotros.

Entre los órganos a veces genitales,
cuando logramos entendernos en un intercambio lácteo
cuando nada de eso parece ser fluido,
el mundo se parece demasiado a mí y a nuestros hijos.

¿Entonces por qué considerar
o dejar de considerar la posibilidad?
Si alguna vez me preguntaras
no sabría cómo especificar
o dejar de especificar el terror
cuando mis hijos avanzan contra el cielo
el miedo es fatal cuando los oigo venirse
no estamos locas, sabemos diferenciarnos entre nosotras.

La distinción
se basa en un fundamento cuantitativo
reproducir la especie no responde a un simple ritual
¿coger en grupo será una solución sincera?

Si descartamos posibilidades
nuestros hijos no se acordarán de nosotros
tuvimos encanto de sobra y sin embargo
hay bichas en mi sangre ahora.

Zoo, cosmos, caos, ojetes
osos hormigueros que lamen
un nido anillado de hormigas negras en la intemperie
estamos a punto de entrar y entonces
el dolor amenaza con todo
reproducirnos entre nosotras como aquellos corceles
galopar en la tormenta cuando empiezo a fluir exactamente sobre tu espalda
¿nos confundimos de especie?

Lo más sano para la humanidad es que nos confundamos de vez en cuando
cuando amenaza un dolor intenso
nuestros hijos sabrán entender
el tiempo apremia
nos enfermamos cada tanto y cuando volvemos
nosotras nos parecemos tanto
somos los caballos
somos su más pura continuación.

Soñaste con un tremendo lobo
yo me preparo para morir todo el tiempo y sin embargo
hacemos el amor varias veces al día
nos montamos entre nosotros como alces
¿algunos de nuestros hijos podrá reconocerme?

Sabemos pertenecer a la especie, por eso
nos contagiamos repetidamente
la bichada se ha quedado entre nosotras
la reducción habrá sido eficaz si dejamos de preguntarnos
hablemos de lo que sea lo único que quiero es no quedarme en silencio ahora
miles de animales se avecinan despacio.



Adriana Kogan
Nació en Buenos Aires en 1983 y estudia Letras en la UBA. Participa de diferentes encuentros de poesía y colabora de manera estable en la sección de reseñas de Plebella.