Estación Quilmes

  Fernando Delgado

1 de agosto de 2020





ESTAMOS


Estamos aquí cantando para salvar la alegría 
Estamos aquí soñando, como será el nuevo día
Para abrigar la esperanza, llevaremos una flor 
Iremos sembrando estrellas donde se acuna la luz del sol

Estamos aquí cantando debajo del mismo cielo 
Estamos aquí soñando, son nuestros mismos desvelos 
Haremos que nuestras manos, unidas con otras más, 
señalen nuestro camino, destino donde encontrar la paz
                         
Descubramos hoy el día 
y esta ilusión 
Que el viento no se detenga, tendremos siempre una canción
Que el viento no nos detenga, tendremos siempre esta pasión

Desde esta tierra al Sur
puedo comenzar 
Ir, es volver a empezar. Y 
por eso estoy aquí,
cantando, cantando, cantando…

Estamos aquí cantando para salvar la alegría 
Estamos aquí soñando, como será el nuevo día 
Para abrigar la esperanza, llevaremos una flor 
Iremos sembrando estrellas donde se acuna la luz del sol 
Iremos sembrando estrellas donde se acuna la luz del sol 
Iremos sembrando estrellas…. donde se acuna la luz del sol



Fernando Delgado
1954, nació en Wilde, Pdo. de Avellaneda



Música y arreglo: Esteban Tozzi





ECAVAL - Espacio Coral Abierto Virtual de América Latina -
40 cantantes de: Argentina, Chile, Venezuela, México, Cuba, Rep. Dominicana y España
Dir. y edición de audio: Esteban Tozzi
Idea y edición de video: Fernando Delgado

  Jorge Curinao

26 de julio de 2020




TIEMPO

Hablo del fracaso
del poema
de la resurrección de las palabras.

Hablo del silencio
de las cosas que no existen
de un corazón enjaulado en un jardín.

Hablo de la música
espacio privilegiado del ausente.

Hablo de mí.




ABANDONO

Un perro
cruza el puente
a las tres de la mañana.

El último gesto de la noche pide huesos.




SUR

Para hablar
del viento
habrá
que convencer
a los álamos
de su existencia.




NADA

Todo y nada es Historia:

el sol partido,
la triste crónica del pájaro atropellado,
el mozo sin idioma,
las piedras de mi sueño,
el oleaje del vaso,
las nubes sobre los muros,
las sombras que pueblan los días,
el zumbido del cansancio,
el mudo enojado con el mundo,
el azar del sepulturero,
el testimonio desamparado de las madres sin techo,
el florista de las mañanas,
el recolector de vestigios,
los mensajes para nadie.

Sin embargo,
en la piel de las estatuas todo es mentira:
gloria perversa que corre sobre los calendarios ciegos del tiempo.




NAUFRAGIO

De tanto estar solo
setenta veces dije tu nombre.

Ya no estoy solo
setenta preguntas me acompañan.




BAHÍA

Bajo los pliegues
de una hoja
en blanco
corre
un río
transparente
que lleva tu nombre.



Jorge Curinao

Nació en Río Gallegos, Santa Cruz, en 1979. En el año 2006, su libro Sábanas de viento fue elegido para ser publicado en la selección Mi Primer Libro, organizada por la Municipalidad de Río Gallegos.

Posteriormente publicó Plegarias del humo (2009), Cactus (2010), Nadando (2012), Otros animales (2014) y Gorriones de la noche (2020).

Algunos de sus poemas fueron incluidos en la Antología Federal de Poesía de Patagonia, publicada por el Consejo Federal de Inversiones en 2014 y en la Antología de poesía del sur argentino, publicada por editorial Inolas (Potsman, Alemania) en 2019.

En 2007 y 2015 representó a la provincia de Santa Cruz en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Actualmente colabora en la revista La Rama.

Fotografía extraída: https://revistakundra.com/2018/03/10/jorge-curinao/


  Oscar Hahn

17 de julio de 2020




Parque de entretenciones


La Tierra había llegado a rotar
a la velocidad precisa
Ni un segundo más rápido
ni un segundo más lento
pero no estábamos conformes
y la hacíamos girar
como si estuviéramos en una
de esas ruedas descomunales
que dan vueltas y vueltas
en los parques de entretenciones
mientras se escuchan los gritos
y las risas nerviosas
de los que suben y bajan
de sus asientos colgantes
Pero nosotros no íbamos 
a salir de este parque
porque el planeta seguía
girando y girando
y lo que venía era la última vuelta
lo que venía era la última vuelta
y no podríamos bajarnos




Oscar Hahn
De: La primera oscuridad - Ed. FCE - 2011
Chile – 1938


  Joan Manuel Serrat

23 de junio de 2020



Mediterraneo


Quizá porque mi niñez
sigue jugando en tu playa,
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya,
y amontonado en tu arena
guardo amor, juegos y penas.

Yo, que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno,
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.
A fuerza de desventuras,
tu alma es profunda y oscura.

A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino...
Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,
Tengo alma de marinero...

¿Qué le voy a hacer, si yo
nací en el Mediterráneo?

Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas, pensando en volver.
Eres como una mujer
perfumadita de brea
que se añora y que se quiere
que se conoce y se teme.

Ay... si un día para mi mal
viene a buscarme la parca.
Empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo...

En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
Quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista...

Cerca del mar. Porque yo
nací en el Mediterráneo...

Empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.

Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo...

En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
Quiero tener buena vista.

Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista...
Cerca del mar. Porque yo
nací en el Mediterráneo...




Joan Manuel Serrat
Barcelona, 27 de diciembre de 1943. Cantautor, compositor, poeta y músico español.


Intérpretes: Mariana Flores, Cappella Mediterranea & Leonardo García Alarcón

  Federico García Lorca

16 de junio de 2020




Pequeño Vals Vienés


En Viena hay diez muchachas,
Un hombro donde solloza la muerte
Y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
En el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
De sí, de muerte y de coñac
Que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
Con la butaca y el libro muerto,
Por el melancólico pasillo,
En el oscuro desván del lirio,
En nuestra cama de la luna
Y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
Donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
Que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
En el desván donde juegan los niños,
Soñando viejas luces de Hungría
Por los rumores de la tarde tibia,
Viendo ovejas y lirios de nieve
Por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
Con un disfraz que tenga
Cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
Mi alma en fotografías y azucenas,
Y en las ondas oscuras de tu andar
Quiero, amor mío, amor mío, dejar,
Violín y sepulcro, las cintas del vals. 

Federico García Lorca
(Fuentevaqueros, 5 de junio de 1898 – camino Víznar a Alfacar, 1936). Poeta y dramaturgo español.


Versión del tema de L. Cohen y F. García Lorca
Intérpretes: Silvia Pérez Cruz y Pájaro

  Fernando Delgado

16 de mayo de 2020




ESPERA


Aquí esperando
el amanecer,
todo mi pueblo
quiere renacer
Y en la voz, su dolor
sigue cantando
y cantando otra vez

Abre sus manos
sin miedo a perder
Sabe de un sueño,
y juntos crecer
Y en la voz, su clamor
busca un camino
en este anochecer

Viene llegando
el amanecer
Crece del pueblo
este renacer
Y en la voz, su dolor
viene cantando
¡Vamos a vencer!

Sembremos juntos
esta templanza
Con los que cantan
a la esperanza

Viene llegando
el amanecer
Crece del pueblo
este renacer
Y en la voz, su dolor
viene cantando
¡Vamos a vencer!





Fernando Delgado
1954, nació en Wilde, Pdo. de Avellaneda



Poeta y letrista. Técnico en informática





Música y arreglo: Esteban Tozzi



-canción de Cuarentena- (E Tozzi-F Delgado) "THE WAIT" -quarantine song-
- Obra para CORO (SATB) a capella Escrita, grabada y editada durante la cuarentena de mayo 2020 con cantantes de Argentina, España y Rep. Dominicana. Letra: Fernando Delgado. Música: Esteban Tozzi. Direrción musical y edición de audio: Esteban Tozzi. Edición de video: Horacio Novello





  Mario Benedetti

17 de abril de 2020




A ras de sueño


Señores,
basta una nube
para averiguar la
verdad
Joaquín Pasos


Sólo una temporada provisoria,
tatuaje de incontables tradiciones,
oscuro mausoleo donde empieza
a existir el futuro, a hacerse piedra.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Sin embargo, la infancia se empecina,
comienza a levantar sus inventarios,
a echar sus amplias redes para luego.
Es una isla limpia y sobre todo
fugaz, es un venero de primicias
que se van lentamente resecando.

Queda atrás como un rápido paisaje
del que persistirán sólo unas nubes,
un biombo, dos juguetes, tres racimos,
o apenas un olor, una ceniza.
Con luces queda atrás, a la intemperie,
yacente y aplazada para nunca,
sola con su aptitud irresistible
y un pudor incorpóreo, agazapado.
Para nunca aplazada, fabulosa
infancia entre sus redes extinguida.

Por algo queda atrás. Esa entrañable
cede paso al fervor, al pasmo, al fruto,
el azar hinca el diente en otra bruma,
somos los moribundos que nacemos
a la carne, a la sangre, al entusiasmo,
nos burlamos del sol, de la penumbra,
manejamos la gloria como un lápiz
y en las vírgenes tapias dibujamos
el amor y su viejo colmo, el odio,
el grito que nos pone la vergüenza
en las manos mucho antes que en la boca.

El celaje se enciende. Somos niebla
bajo el cielo compacto, insolidario,
el asombro hace cuentas y no puede
mantenernos serenos, apacibles,
somos el invasor protagonista
que hace trizas el tiempo, que hace ruido
pueril, que hace palabras, que hace pactos,
somos tan poderosos, tan eternos,
que cerramos el puño y el verano
comienza a sollozar entre los árboles.

Mejor dicho: creemos que solloza.
El verano es un.vaho, por lo tanto
no tiene ojos ni párpados ni lágrimas,
en sus tardes de atmósfera más tenue
es calor, es calor, y en las mañanas
de aire pesado, corporal, viscoso,
es calor, es calor. Con eso basta.

De todos modos cambia a las muchachas,
las ilumina, las ondula, y luego
las respira y suspira como acordes,
las envuelve en amor, las hace carne,
les pinta brazos con venitas tenues
en colores y luz complementarios,
les abre escotes para que alguien vierta
cualquier mirada, ese poderhabiente.

La vida, qué región esplendorosa.
¿Quién escruta la muerte, quién la tienta?
A la horca con él. ¿Quién piensa en esa
imposible quietud cuando es la hora
para cada uno de morder su fruta,
de usar su espejo, de gritar su grito,
de escupir a los cielos, de ir subiendo
de dos en dos todas las escaleras?

La muerte no se apura, sin embargo,
ni se aplaca. Tampoco se impacienta.
Hay tantas muertes como negaciones.
La muerte que desgarra, la que expulsa,
la que embruja, la que arde, la que agota,
la que enluta el amor, la que excrementa,
la que siega, la que usa, la que ablanda,
la muerte de arenal, la de pantano,
la de abismo, la de agua, la de almohada.

Hay tantas muertes como teologías,
pero todas se juntan en la espera.
Esa que acecha es una muerte sola.
Escarnecida, rencorosa, hueca,
su insomnio enloquecido se desploma
sobre todos los sueños, su delirio
se parece bastante a la cordura.
Muerte esbelta y rompiente, qué increíble
sirena para el Mar de los Suicidas.

No canta, pero indica, marca, alude,
exhibe sus voraces argumentos,
sus afiches turísticos, explica
por qué es tan milagrosa su inminencia,
por qué es tan atractivo su desastre,
por qué tan confortable su vacío.

No canta, pero es como si cantara.
Su demagogia negra usa palomas,
telegramas y rezos y suspiros,
sonatas para piano, arpas de herrumbre,
vitrinas del amor momificado,
relojes de lujuria que amontonan
segundos y segundos y otras prórrogas.

No canta, pero es como si cantara,
su espanto vendaval silba en la espiga,
su pregunta repica en el silencio,
su loco desparpajo exuda un réquiem
que es prado y es follaje y es almena.

Hay que volverse sordo y mudo y ciego,
sordo de amor, de amor enmudecido,
ciego de amor. Olfato, gusto y tacto
quedan para alejar la muerte y para
hundirse en la mujer, en esa ola
que es tiempo y lengua y brazos y latido,
esa mujer descanso, mujer césped,
que es llanto y rostro y siembra y apetito,
esa mujer cosecha, mujer signo,
que es paz y aliento y cábala y jadeo.

Hay que amar con horror para salvarse,
amanecer cuando los mansos dientes
muerden, para salvarse, o por lo menos
para creerse a salvo, que es bastante.
Hay que amar sentenciado y sin urgencia,
para salvarse, para guarecerse
de esa muerte que llueve hielo o fuego.

Es el cielo común, el alba escándalo,
el goce atroz, el milagroso caos,
la piel abismo, la granada abierta,
la única unidad uniyugada,
la derrota de todas las cautelas.

Hay que amar con valor, para salvarse.
Sin luna, sin nostalgia, sin pretextos,
Hay que despilfarrar en una noche
—que puede ser mil y una— el universo,
sin augurios, sin planes, sin temblores,
sin convenios, sin votos, con olvido,
desnudos cuerpo y alma, disponibles
para ser otro y otra a ras de sueño.

Bendita noche cóncava, delicia
de encontrar un abrazo a la deriva
y entrar en ese enigma, sin astucia,
y volver por el aire al aire libre,
Hay que amar con amor, para salvarse.

Entonces vienen las contradicciones
o sea la razón. El mundo existe
con manchas, sin arar, y no hay conjuro
ni fe que lo desmienta o modifique.

El manantial se seca, el árbol cae,
la sangre fluye, el odio se hace muro,
¿Es mi hermano el verdugo? Ese asesino
y dios padrastro todopoderoso,
ese señor del vómito, ese artífice
de la hecatombe, ¿puede ser mi hermano?
Surtidor de napalm, profeta imbécil,
¿ése, mi prójimo?, ¿ése, el semejante?
Sindico en todo caso de la muerte,
argumento Y proclama de la ruina,
poder y brazo ejecutor. Estiércol.

Por esta vez no he de mirar mis pasos
sino el contorno triste, calcinado.
Miro a mi sombra que está envejeciendo,
la sombra de los míos que envejecen.

El mundo existe. Con o sin sus manes,
con o sin su señal. Existe. Punto.

El mundo existe con mis ex iguales,
con mis amigos-enemigos, esos
que ya olvidé por qué se traicionaron.

Tiendo mi mano a veces y está sola
y está más sola cuando no la tiendo,
pienso en los compradores emboscados
y tengo duelo y tengo rabia y tengo
un reproche que empieza en mis lealtades,
en mis confianzas sin mayor motivo,
en mi invención del prójimo-mi-aliado.
Ni aun ahora me resigno a creerlo.

No todos son así, no todos ceden.
Tendré que repetírmelo a escondidas
y barajar de nuevo el almanaque.

Mi corazón acobardado sigue
inventando valor, abriendo créditos,
tirando cabos sólo a la siniestra,
aprendiendo a aprender, pobre aleluya,
y quién sabe, quién sabe si entre tanta
mentira incandescente, no queda algo
de verdad a la sombra. Y no es metáfora.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Pero ¿por qué creerle a pie juntillas?
¿En qué galaxia está el certificado?

Algo aquí, nada allá. ¿Es tan distinto?
Lo propongo debajo de mis párpados
y en mi boca cerrada.
   ¿Es tan distinto?
Ya sé, hay razones nítidas, famosas,
hay cien teorías sobre la derrota,
hay argumentos para suicidarse,

Pero ¿y si hay un resquicio?
   ¿Es tan distinto,
tan necio, tan ridículo, tan torpe,
tener un espacioso sueño propio
donde el hombre se muera pero actúe
como inmortal?


Mario Benedetti
De " A ras de sueño" - Editorial Página12 (2010)


Paso de los Toros, Uruguay (1920-2009 )