Estación Quilmes

  Leopoldo Marechal

9 de julio de 2013














Descubrimiento de la Patria


1

Dije yo en la ciudad de la Yegua Tordilla:
“La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo”.
Los apisonadores de adoquines
me clavaron sus ojos de ultramar;
y luego devoraron su pan y su cebolla
y en seguida volvieron al ritmo del pisón.

2

¿Con que derecho definía yo la Patria,
bajo un cielo en pañales
y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda?
Los apisonadores de adoquines
escupieron la palma de sus manos:
en sus ojos de allende se borraba una costa
y en sus pies forasteros ya moría una danza.
“Ellos vienen del mar y no escuchan”, me dije.
“Llegan como el otoño: repletos de semilla,
vestidos de hoja muerta.”
Yo venía del sur en caballos e idilios:
“La Patria es un dolor que aun no sabe su nombre”.

3

Una lanza española y un cordaje francés
riman este poema de mi sangre:
yo también soy un hijo del otoño,
que llegó del oriente sobre la tez del agua.
¿Qué harían en el Sur y en su empresa de toros
un cordaje perdido y una lanza en destierro?
Con la virtud erecta de la lanza
yo aprendí a gobernar los rebaños furiosos;
con el desvelo puro del cordaje
yo descubrí la Patria y su inocencia.

4

La Patria era una niña de voz y pies desnudos.
Yo la vi talonear los caballos frisones
en tiempo de labranza;
o dirigir los carros graciosos del estío,
con las piernas al sol y el idioma en el aire.
(Los hombres de mi estirpe no la vieron:
sus ojos de aritmética buscaban
el tamaño y el peso de la fruta.)

5

La Patria era un retozo de niñez
en el Sur aventado, en la llanura
tamborileante de ganaderías.
Yo la vi junto al fuego de las yerras:
¡estampaba su risa en los novillos!
O junto al universo de los esquiladores,
cosechando el vellón en las ovejas
y la copla en las dulces guitarras de setiembre.
(No la vieron los hombres de mi clan:
sus ojos verticales se perdían
en las cotizaciones del Mercado de Lanas.)

6

Yo vi la Patria en el amanecer
que abrían los reseros con la llave
mugiente de las tropas.
La vi en el mediodía tostado como un pan,
entre los domadores que soltaban y ataban
el nudo de la furia en sus potrillos.
La vi junto a los pozos del agua o del amor,
¡niña, y trazando el orbe de sus juegos!
Y la vi en el regazo de las noches australes,
dormida y con los pechos no brotados aún.

7

Por eso desbordé yo mi copa de tierra
y un cachorro del viento pareció mi lenguaje.
Por eso no he logrado todavía
sacarme de los hombros este collar de frutas,
ni poner en olvido aquel piafante
cinturón de caballos
ni esta delicia en armas que recogí en Maipú.

8

Guardosos de semilla,
vestidos de hoja muerta,
los hombres de mi clan ignoraron la Patria.
Con el temblor sin sueño del cordaje
la descubrí yo solo allá en Maipú.
Y de pronto, en el mismo corazón de mi júbilo,
sentí yo la piedad que se alarmaba
y el miedo que nacía.
“La Patria es un temor que ha despertado”,
me dije yo en el Sur y en su empresa de toros.
“Niña y pintando el orbe de su infancia,
en su mano derecha reposa la del ángel
y en su izquierda la mano tentadora del viento.”
El temor de la Patria y su niñez
me atravesó encostado (la cicatriz me dura).

9

Tal fue la enunciación, el derecho y la pena
que traje a la Ciudad de la Yegua Tordilla.
Y así les hablé yo a los inventores
de la ciudad plantada junto al Río,
y a sus ensimismados arquitectos,
o a sus frutales hombres de negocio:
“La Patria es un dolor en el umbral,
un pimpollo terrible y un miedo que nos busca.
No dormirán los ojos que la miren,
no dormirán ya ell sueño de los bueyes.”
(Los apisonadores de adoquines
masticaban su pan y su cebolla.)

10

Y así les hablé yo a los albañiles:
“La Patria es un peligro que florece.
Niña y tentada por su hermoso viento,
necesario es vestirla con metales de guerra
y calzarla de acero para el baile
del laurel y la muerte”.
(Los albañiles, desde sus andamios
hacían descender cautelosas plomadas.)

11

Y dije todavía en la Ciudad,
bajo el caliente sol de los herreros:
“No solo hay que forjar el riñón de la Patria,
sus costillas de barro, su frente de hormigón:
es de urgencia poblar su costado de Arriba,
soplarle en la nariz el ciclón de los dioses.
La Patria debe ser una provincia
de la tierra y del cielo.”

12

Me clavaron sus ojos en ausencia
los amontonadores de ladrillos.
Los abismados hombres de negocio
medían en pulgadas la madera del norte.
Nadie oyó mis palabras, y era justo:
yo venía del Sur en caballos y églogas.

13

Y descubrí en mi alma: “Todavía no es tiempo:
no es el año ni el siglo ni la edad.
La niñez de la Patria jugará todavía
más allá de tu muerte y la de todos
los herreros que truenan junto al río.”

14

La Patria no ha de ser para nosotros
una madre de pechos reventones;
ni tampoco una hermana paralela en el tiempo
de la flor y la fruta;
ni siquiera una novia que nos pide la sangre
de un clavel o una herida.

15

Yo la vi talonear los caballos australes,
niña y pintando el orbe de sus juegos.
La Patria no ha de ser para nosotros
nada más que una hija y un miedo inevitable,
y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito.

16

Por eso, nunca más hablaré de la
Patria.




Leopoldo Marechal
Argentino (1900 – 1970)

En: Poemas de Marechal
Ed. Eudeba – 1966

Imagen extraída: guillerzeus.deviantart.com

  Leticia Hernando

5 de julio de 2013




















Asilo


Tus manos una contra otra
bajo tu mirada        tus manos

una contra otra       tus uñas
negras laceran.

Laceran.



Asilo II ( un sacrificio a ojos abiertos )


Alguien yace su último poema:

mujer insólita habla
descalza la sonrisa
abierta
a los costados/
autopista/
acechando/
y vuelve,
todavía viendo todavía pisando

y espera.



Asilo III


( Me mira con ojos estáticos de otro lado )

Estática,

no soy más
que unos ojos acuosos.

Acuosa,

no soy más que el balbuceo
de unos ojos,

    una sonrisa opaca y mendiga.



Un sacrificio a ojos abiertos II ( Asilo IV )

“Alguien golpea en las venas.
Voy a abrir.”
-Daniel Grad-

¿Hay pasión estéril a la que no cobije?

¿piernas que no aprieten la garganta?

¿Mujer que no golpee en las venas? Oscura. ¿Que no sonría?




Asilo V ( acechar )


¿Quién se disgrega
y se repite frente a un espejo
( imagen que contiene )
y junto a su sombra
a los pies de quién
siempre mide
comprueba su pulso,
ríe?




Asilo VI


por aprender a arrastrarse,
por des-aprender a levantarse:

( mi lengua lamiendo las baldosas
ásperas, heladas, olvidadas… )




Asilo VII


Antigua.
Retorcía las manos en el aire
inventando sombras
contra su sola, propia cama.
Nueva.
Engendra un ojo negro.
Pierde la mirada.



Leticia Hernando
De "La alegría del desarreglo" (poemas 1993 - 2001)

Nació en Buenos Aires en 1976.

Imagen extraída: www.elortiba.org

  Jorge Prieto

2 de julio de 2013










Sólo la espera hace atractivo el final


En aquellos mediodías indefensos
sin distancia en las miradas
ni señal alguna de pájaro
el viento
contra todo lo esperado
alejó mis tristezas.



Pura suerte


Todo el tiempo
cada vez tan sin rumbo
iba sin mi.

Aquel día,
arrastrado por el viento
una cierta musiquita
me trajo a vos.


Jorge Prieto
De " Álbum de esperas y otros asuntos" - Ediciones El Mono Armado (2010)

Argentino




  Arcipreste de Hita

24 de junio de 2013















Lo que puede el dinero

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto y hombre de respetar,
hace correr al cojo y al mudo le hace hablar;
Quien no tiene dinero no es de sí señor.

También al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
Quien no tiene dinero no es de sí señor.

Y si tienes dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración.

Comprarás Paraíso, ganarás la salvación;
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Él crea los priores, los obispos, los abades
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades,
a los clérigos necios da muchas dignidades,
de verdad hace mentiras, de mentiras hace verdades.

Él hace muchos clérigos y muchos ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les da por bien examinados,
a los pobres les dice que no son ilustrados.

Yo he visto a muchos curas en sus predicaciones
despreciar al dinero, también sus tentaciones
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones

Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir,
mas si huelen que el rico está para morir
y oyen que su dinero empieza a retiñir,
por quien a de cogerlo empiezan a reñir.



Arcipreste de Hita España (1283 - 1350)

Imagen: antiquechrist.com

Canta: Paco Ibáñez – España









  Juan Manuel Roca

20 de junio de 2013














Antioración

(Un reclamo por los poetas)


Ni aunque me dotaras con la lengua
y el tacto del Rey Salomón,
ni aunque me dictaras un bello Cantar
que abreve en labios de alguna moabita,
ni recibiendo en dádiva a la hija del Faraón,
ni por un caballo negro
que chapotee en la lluvia
y piafe bajo un cielo de olivos,
ni por la dignidad del viento
o de un gran señor en las viñas de Baal,
ni a cambio de un próspero comercio
de toneles de vino y bosques de olor,
lograré entender, Señor,
que en la lengua de John Donne,
en la misma de tu hijo William Blake,
se sigan ordenando las matanzas.




Juan Manuel Roca 
Colombia – 1946

  Luis Eduardo Alonso

16 de junio de 2013




La vida por Perón



Dijeron la vida por Perón
y murieron peleando con un palo contra los aviones
corriendo con una piedra en la mano como un delantero hacia el
arco del avión contrario
sin banderas, izando tu camisa rota por todo estandarte, tu ropa
  sucia
dándole a los bombos en ese incendio del que no huimos porque
tanto cansancio nos demora
o quizá sólo pasábamos por esas calles que se hunden en el río
y pudimos dejar la muerte
extraviarla en un sueño donde se dan cuenta los hombres
que van a morir
ven de noche en extrañas fábricas que la vida por Perón no fue
  una muerte brusca
sino esta lenta agonía.




Luis Eduardo Alonso
Argentino (1951 – 2002)

De: “Sudestadas”
En: “Los poetas de Mascaró”. Ed. Desde la Gente – 2012


Obra: Guernica de Pablo Picasso (España)


  Javier Adúriz

14 de junio de 2013




Un artista


Del hambre no hay mucho que decir,
Es constitucional, intrínseca en la jaula.
Todo consiste en una suerte de honor
Sombrío, algo que llega desde otra parte.

Hubo días – extraordinarios días –
En que una muchedumbre se aproximaba
Expectante. Incluso, quien pagara
Por ver. Días de gloria en suma.

Pero ahora ¿qué decir del ahora?
Cuando estoy parado y seco y flaco
En el fondo del patio de las fieras.

¿Ni un paso atrás en estas condiciones?
¿Ni siquiera morderme las uñas?
¿O abrir los ojos y estar a lo que venga?




Javier Adúriz
Argentino (1948 – 2011)

De: “Los Nada”
Ed. del Dock – 2011


Foto: cuspedepita.blogspot.com.ar