Estación Quilmes

  Elsa Borneman

15 de agosto de 2010




¡Ufa con el lunes!

Falta a la semana
el octavo día;
¡Qué bello domingo
yo le sumaría!

Un nuevo domingo
en cada almanaque
(porque al feo lunes
ya no hay quien lo saque).

Con mis dos domingos
endomingaría
toda la semana
de paz y alegría.

Y así, endomingado,
podría- yo creo-
soportar los lunes
tal como deseo.

Lunes. a la escuela
lunes: al deber.
Mi alma dominguera
sueña sin querer.



Elsa Borneman
Argentina – 1952

Es maestra nacional, se recibió de Profesora en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, se doctoró y obtuvo varios diplomas de estudio en idioma inglés, alemán, italiano, latín y griego clásico.
Durante la última dictadura militar que gobernó Argentina, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, su libro "Un elefante ocupa mucho espacio" fue censurado y pasó a integrar la lista de autores prohibidos. Ese mismo cuento fue galardonado con la Lista de Honor del Premio Internacional Hans Christian Andersen otorgado por IBBY (International Board on Books for Young People) por primera vez para un escritor argentino, al considerárselo un ejemplo de la literatura de importancia internacional.
Obra editada: Un elefante ocupa mucho espacio; La edad del pavo; El libro de los chicos enamorados; Queridos monstruos; Los desmaravilladores; Disparatario; Los Grendelines; Sol de noche; Corazonadas; No hagan olas; ¡Socorro 1! doce cuentos para caerse de miedo y muchísimos más

  Jaime Sabines

14 de agosto de 2010




La luna


La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.



Jaime Sabines
México (1926 – 1999)

De “Uno es el poeta” Antología
Visor de Poesía - 2001

  Nicanor Parra

13 de agosto de 2010



La sonrisa del Papa nos preocupa


nadie tiene derecho a sonreír
en un mundo podrido como éste
salvo que tenga pacto con el Diablo
S.S. debiera llorar a mares
y mesarse los pelos que le quedan
ante las cámaras de televisión
en vez de sonreír a diestra y siniestra
como si en Chile no ocurriera nada
¡Sospechoso señoras y señores!
S.S. debiera condenar
al Dictador en vez de hacer la vista gorda
S.S. debiera preguntar
x sus ovejas desaparecidas
S.S. debiera pensar un poquito
fue para eso que los Cardenales
lo coronaron Rey de los Judíos
no para andar de farra con el lobo
que se ría de la Santa Madre si le parece
pero que no se burle de nosotros.



Nicanor Parra
Chile – 1914

de “Parranda Larga”
Ed. Alfaguara - 2010

  Luis Jorge Boone

12 de agosto de 2010




Animal Planet

-
Sucedió que, a fuerza de observarme y observarlos,
ella empezó a encontrarme parecido a otras especies.


La primera adivinanza de aquel libro
que leía mi madre
era ésta:

-
¿Cuál es el animal que se arrastra por la hierba
y hace ruido?
La respuesta era Yo:
gateando en el jardín,
papá meciéndose en el porche,
siguiendo el ritmo de mi sonaja
en una casa que ya no existe.
-


¿Cuál es el animal
que es feliz bajo el agua y sólo emerge a respirar?
Yo: recostado en el fondo de un estanque
en medio del desierto.
-


¿Cuál es el animal que tiene alas
y nunca se separa de la tierra?
¿Cuál el que carga a sus crías sobre los pies
y camina con ellas los primeros 3,000 pasos?
¿Cuál, el capaz de quebrar un tronco con los dientes
y besar una pequeña boca sin herirla?
-


Nagual de mi infancia en una jaula,
animalito protector del álbum de estampas,
de mi libro de adivinanzas, ya no aguardes mi respuesta.
Esa silueta que recorre el horizonte
soy yo:
soy yo
que cabalgo hacia el sol sobre mi propio lomo.
-


Luis Jorge Boone
México – 1977

Nació en Coahuila el 30 de julio de 1977. Actualmente radica en la ciudad de México y se desempeña como escritor y crítico literario. Su primer poemario publicado fue “Legión”, editado por el Instituto Coahuilense de Cultura. Luego le seguiría “Galería de armas rotas” (Fondo Editorial Tierra Adentro).
Además de otros importantes premios en su país en 2007 recibe el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino por su obra “Traducción a lengua extraña”.

  Humberto Costantini

11 de agosto de 2010




Suele suceder

Suelo morirme a las mañanas.
justamente a la hora
de guardar El escarabajo de Oro en el portafolios,
cuando en el andén de Constitución
recibe los últimos boqueos de mi subterráneo,
y el reumatismo, que ya me perdió el respeto,
me palmea confianzudamente la rodilla
al levantarme.
Suelo morirme a las mañanas,
casi sin odio le digo que no va más
a tanta cosa ardiente que me brota ¿de donde?
y un dos, un dos, un dos,
el viejo embozalarse en molinetes,
el viejo insomnio trepando pasamanos,
un dos, un dos, un dos,
un poco de fatiga y la bufanda
y la piel de aguantar
hasta el dedo del jefe en mis papeles.
Y me muero.
Acudo al Equanil, recuerdo deudas,
me grito pobre tipo,
y ya me estoy tocando la calvicie,
y ya salgo a buscar bicarbonato,
me doy un tironcito a la mortaja,
y chau, me quedo muerto.

Pero ocurre que a veces,
a veces porque sí,
por primavera,
por cuento por salir,
o por muchacha,
me vuelvo inteligente, solidario,
sé de pronto quién soy
y donde piso.
Se me viene un pasado a la memoria
y me nace un futuro en la garganta,
crezco en el tiempo,
y me circulo entero.
y ya me nace la palabra hombre
y el prodigio de ser hasta el zapato
de puro estar cambiando el universo,
creyéndome y creyendo.

Creyéndome y creyendo
cuando le planto un no como una casa
al jefe, al comisario, a jesucristo,
cuando me doy en cacho para siempre,
haciendo lo que hago, cosas, cuentos,
pateando la tristeza,
alborotando,
dando mi piel caliente,
mis dos manos,
éste soy yo venga una copa y cante,
qué tanto fin de mes ni tanta cuenta
si el hermanito zeus
me hace señas del as
y voy matando.

Y voy matando sombras
degollando
muñecos de aserrín que dicen dónde
dónde nos lleva este sufrir sufriendo
y hasta cuándo.

Hasta cuando me saquen a tirones
de esta ciudad que es hembra
y me responde

Que todo el aire es canto
y voy cantando

Y entonces sí,
entonces sí compadre, resucito,
siento mis pies que pisan y prometen,
se me va el reuma, el hígado, el resfrío,
ando de costantini hasta los pelos,
digo gran puta y lo que soy viviendo,
le aprieto la cintura a buenos aires,
le hago un hijo de sangre, canto y cuento,
y salgo a caminar con tanta vida,
con tanta cosa ardiente aquí en el pecho.


Humberto Costantini
Argentino (1924 – 1987)

De “Cuestiones con Costantini”
Ed. Los cuatro indiecitos - 2007

  Carlos Patiño

10 de agosto de 2010




Atrás, atrás


Buscaremos el modo de borrar la tristeza
de convertirla en música y en cantos/
de acorralarla al menos/ o volverla chiquita y obediente.
La tristeza es una neblina misteriosa que segrega la vida
cuando mueren los sueños, los amores, los jóvenes, los niños
y los pájaros. Anda bajo la piel, te vuelve loco,
te obliga a rascarte el corazón
a no mirar de frente, a caminar pegado a las paredes.
La tristeza hace aullar a los perros
porque huele distinto y les molesta.
Ya sé que no es muy fácil derrotarla
que tiene fabricantes en todos los despachos/
pero debemos hallar el modo
de acorralarla al menos/ o volverla chiquita y obediente.
¿Cuántas veces lo hicimos?
Cada vez que paseamos nuestras manos por el cuerpo querido
cada vez que nos dicen “yo te amo”
cada vez que un niño se embadurna la boca en chocolate
cada vez que la gente reclama sus derechos
que una abuela sonríe
o que un soldado tira sus armas al armario y se pone a mirar la televisión.
Muchas veces lo hicimos. Muchas veces lo hacemos.
Por eso no podemos permitir que esta vez
en que sus cómplices y socios aportantes
emprendedores, serios, entusiastas,
trabajan duramente para subirla al trono de todas las cabezas
puedan llegar a hacerlo.
Buscaremos el modo de borrar la tristeza
de convertirla en música y en cantos/
de acorralarla al menos/ o volverla chiquita y obediente



Carlos Patiño
Argentina – 1934

De “Buscados (pero no hay recompensa)”
Ed. El ojo de la ballena - 2005

  Jorge Boccanera

9 de agosto de 2010




El rock de la cárcel


Ella pone la radio a todo volumen cuando intento
escribir
cuando quiero dormir,
ella baila en el piso de arriba.
Baja las escaleras con fuerte zapateo,
sus hijos lloran,
sus perros ladran.
Todo el santo día hay personas que tocan a mi
puerta y por toda disculpa dice: me
equivoqué de puerta.
Ahora sube las escaleras corriendo, da un portazo
en su cuarto y discute a los gritos.
Sus hijos ladran,
sus perros lloran.
Con ella el vecindario es mucho más que una
riña de gallos en el techo,
mucho peor que una explosión adentro de la
almohada.
Un día respiré profundo, subí las escaleras,
- me atendió un hombre que estaba agonizando -
dije tímidamente: me equivoqué de puerta,
mis hijos lloran,
mis perros ladran.
Ella tiene la radio a todo volumen cuando intento
escribir
cuando quiero dormir,
ella baila en el piso de arriba.
Hace años que mi único deseo es cruzarme con
ella en la escalera,
y decirle a la cara ¡me voy!
y rociarla con nafta,
y apagar mi cigarro en su vestido rojo.



Jorge Boccanera
Argentina - 1952
De “Marimba” Antología personal - Ed. Colihue - 2006

Nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1952. Poeta y periodista.
Vivió parte de su exilio en México y Costa Rica. En su quehacer literario ha publicado además textos de crónica y de ensayo. En 1976 obtuvo el Premio Casa de las Américas de Cuba y un año después el Premio Nacional de Poesía Joven de México.