Estación Quilmes

  León Felipe

29 de mayo de 2010



Pero diré quién soy más claramente

Pero diré quién soy más claramente, para que no me
ladre el fariseo,
y para que registre bien mi ficha
el psicoanálisis,
el erudito
y el detective:
Soy la sombra,
el habitante de la sombra
y el soldado que lucha con la sombra.
Y digo al comenzar:
¿Quién no tiene una joroba y un gran saco de lágrimas?
¿Quién ha llorado ya bastante?
La luz está más lejos de lo que contaban los astrónomos,
y la dicha más honda de lo que cantabas tú Walt
Whitman.
¡Oh Walt Whitman! Tu palabra happiness la ha borrado
mi llanto.
La vida, arrastrándose, ha cubierto el mundo de dolor
y de lágrimas.
Este es el mantillo de la tierra,
El gran cultivo junto al cual la esperanza de Dios se ha
sentado paciente.
De la amiba a la conciencia que asciende por una
escalada de llanto.
Y esto ya lo saben los biólogos
Lo discuten ahora los poetas domésticos y los juglares.
Han llorado la almeja y la tortuga,
el caballo,
la alondra
y el gorila...
Ahora va a llorar el hombre.
El hombre es la conciencia dramática del llanto.
Antes que yo lo habéis dicho vosotros, ya lo sé.
Y ahora digo además:
esta fuente es mía...y no la explota nadie.
Nadie me engañará ya nunca:
mi llanto mueve los molinos
y la correa de la gran planta eléctrica.
De mi sudor vivió el rey,
de mi canción, el pregonero,
y de mi llanto, el arzobispo.
Sin embargo, mi sangre es para el altar.
Sacad de los museos esa gran piedra azteca y
molinera,
afilad otra vez el navajón de pedernal,
rasgadme el pecho de la sombra
y dad mi sangre al sol.
¡Qué hay algo que los dioses no pueden hacer solos!


León Felipe
España (1884 – 1968)
De “Antología Rota”


Nace en 1884 en Tábara, pueblo de Zamora, hijo de un notario. Su verdadero nombre era Felipe Camino Galicia de la Rosa. Pertenecía a una burguesía acomodada.
Su obra fue respetada, valorada y querida (que sería lo más importante para él) por sus compañeros de exilio y por la crítica mexicana.
Después de una larga vida enfrentándose a la injusticia a través de su verbo, fallece en México en 1968.

Obra: Angustia de Guayasamin

  Ray Bradbury

28 de mayo de 2010



Los mecánicos de bicicletas

Unos cuantos viejos, un niño, un perro zarzoso
ése es todo el público que había en Kitty Hawk aquel día ventoso
semanas antes de la fecha mayor que la historia vio y conoció.
El cielo estaba gris y el viento lo limpió buscando el sol.
Los Wright arrastraron afuera el tambor, la libélula,
la máquina de coser, el cacharro histérico;
caminaron alrededor una y otra vez para tocar
el papel maché, el alambre de piano de aquel artefacto de ensueño.
Al niño le pareció hermoso. Los viejos sacudieron la cabeza.
El perro se acercó a orinar la rueda derecha;
garabateó y subrayó su nombre con indiferencia
Y después se sentó y se quedó mirando.
El viento soplaba la arena.
La nave cabeceó elevándose y casi dejó la sombra en la tierra.
La cometa, bajando, susurró entonces alguna frágil promesa.
Los Wright, un júbilo de dos, se fueron a casa.
Los pocos viejos hacía ya tiempo que se habían marchado.
El niño y el perro se quedaron por fin solos.
El perro olió otro perro a un kilómetro de distancia y echó a correr
en silencio.
El viento sopló el polvo como si, bueno, como si nada hubiera
levantado
y después bajado temblando hasta tocar el suelo.
Ahora reinaba el silencio donde de algún modo había ocurrido
algo muy extraño.
El niño, solo, retrocedió, retrocedió, retrocedió,
preguntándose qué era lo que había visto.


Ray Bradbury
EEUU - 1920
De “Antología poética”
Ed. Desde la gente - 2000

Nació el día 22 de agosto de 1920. Prolífico narrador y novelista.
Obras: Recopilaciones de relatos: “Crónicas marcianas” (1950); “El hombre ilustrado” (1951); “Las doradas manzanas del sol” (1953); “El país de octubre” (1955); “Icarus Montgolfier Wright” (1956); “Remedio para melancólicos” (1960); “Las maquinarias de la alegría” (1964); “I Sing the Body Electric” (1969); “Cuentos de dinosaurios” (1983); “El convector Toynbee” (1988); “La bruja de abril y otros cuentos” (1994); “Más rápido que el ojo” (1996); “A Ciegas” (1997); “De la ceniza volverás” (2001); Algo más en el equipaje”(2003)El signo del gato”(2005)
Novelas: “Fahrenheit” 451 (1953); “El viento del estío (1957); La feria de las tinieblas (1962); El árbol de las brujas (1972); La muerte es un asunto solitario (1985); Cementerio para lunáticos (1990); El ruido de un Trueno (1990); Sombras verdes, ballena blanca (1992); Matemos todos a Constance (2004); El verano de la despedida (2006)

  Daniel Viglietti

27 de mayo de 2010





Daltónica

A Roque Dalton

Pulgarcito de poeta
que se escapa y me cosquilla,
tan alegre, tan sin silla,
tan de amores torrenciales,
tan sin fin.

Alegría de una tierra
que se quita las fronteras,
se desnuda las caderas
tan volcánicas centrales
de la luz.

Yo lo vi,
yo lo vi,
yo lo vi,
yo lo vi,
el año 32 él no vivía
y yo lo vi,
contando sus historias de futuro
iba entre mil.
Yo lo vi,
yo lo vi,
yo lo vi.

Pobrecitos los poetas
ven visiones, son daltones,
donde hay huesos
ven marrones territorios
prometidos como un sol.

Tan bracito su poesía
se levanta en los sensuales
laberintos marsupiales
y reparten polen rojo,
se abre en flor.

Yo lo vi,
yo lo vi,
yo lo vi,
yo lo vi,
era el año 2000 y él no vivía
y yo lo vi,
la muerte equivocada lo llevó
y él anda aquí.

Yo lo vi,
yo lo vi,
yo lo vi,

Pulgarcito de poeta
que se escapa y me cosquilla,
tan alegre, tan sin silla,
tan de amores torrenciales,
tan sin fin.

Crece armado de esperanza,
desentierra lo perdido,
le hace un hijo de sonido
al silencio de ese pueblo
que es maestro de sus sueños,
que se escapa y nos cosquilla,
tan sin miedo, tan sin silla,
que se escapa y nos cosquilla
tan sin miedo, tan sin silla,
tan sin miedo, tan sin silla,
tan amado,
tan armado,
tan amado,
tan armado,
tan de todos...
Salvador.

Daniel Viglietti
Uruguay - 1939
Cantautor uruguayo nacido en Montevideo en 1939
Su obra adquiere un carácter radical de fuerte contenido social y de izquierda, con letras asociadas a las luchas populares en Uruguay y en Latinoamérica. En el marco de represión de los movimientos de izquierda que precedió al golpe de estado cívico-militar de 1973, Viglietti es preso en 1972. La campaña por su liberación desde el exterior fue encabezada por nombres como Jean Paul Sartre, François Mitterrand, Julio Cortázar y Oscar Niemeyer.


Obra: Roberto Favelo

  Roque Dalton

26 de mayo de 2010



Por qué escribimos

Uno hace versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.

Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan, hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.

Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.

Preguntarán qué fuimos,
quiénes con llamas puras les antecedieron,
a quiénes maldecir con el recuerdo.

Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.


Roque Dalton
El Salvador - 1935 - 1975

Fotografía: Isla Mujeres – Mariano Assenza Parisi

  Raúl González Tuñón

25 de mayo de 2010



La Libertad

I
De pronto entró la Libertad.

La Libertad no tiene nombre,
no tiene estatua ni parientes.
La Libertad es feroz.
La Libertad es delicada.

La Libertad es simplemente
la Libertad.

Ella se alimenta de muertos.
Los Héroes cayeron por Ella.
Sin angustia no hay Libertad,
sin alegría tampoco.
Entre ambas la Libertad
es el armonioso equilibrio.

Nosotros tenemos vergüenza,
la Libertad no la tiene,
la Libertad anda desnuda.
(Y el señor Jesucristo dijo
que el reino de Dios vendrá
cuando andemos de nuevo desnudos
y no tengamos vergüenza.)

Hermanos, nosotros sabemos,
pero la Libertad no sabe.


II

Hay que ser piedra o pura flor o agua,
conocer el secreto violeta de la pólvora,
haber visto morir delante del relámpago,
conocer la importancia del ajo y el espliego,
haber andado al sol, bajo la lluvia, al frío,
haber visto a un soldado con el fusil ardiente,
cantando, sin embargo, la Libertad querida.

Viva el amor, la vida poderosa,
la muerte creadora de olores penetrantes
y eso porque uno muere y resucita,
la luz sobre los techos de la aurora,
sobre las torres del petróleo,
sobre las azoteas de las parvas,
sobre los mástiles del queso y el vino,
sobre las pirámides del cuero y el pan,
la gente retornando,
una ventana con la bandera en familiar bordado
y la exacta ambulancia, con heridos,
cantando, sin embargo, la Libertad querida.

Hay que ser como el puente necesario,
natural como el lirio, como el toro,
saber llegar al fondo del silencio,
al subsuelo del brote y a la raíz del grito,
hay que haber conocido el miedo y el valor,
haber visto una mano que agita una linterna
de noche, hacia el distante nido de metralla,
hay que haber visto a un muerto cicatrizado y solo
cantando, sin embargo, la Libertad querida.


III

De pronto entró la Libertad.

Estábamos todos dormidos,
algunos bajo los árboles,
otros sobre los ríos,
algunos más entre el cemento,
otros más bajo la tierra.

De pronto entró la Libertad
con una antorcha en la mano.

Estábamos todos despiertos,
algunos con picos y palas,
otros con una pantalla verde,
algunos más entre libros,
otros más arrastrándose, solos.

De pronto entró la Libertad
con una espada en la mano.

Estábamos todos dormidos,
estábamos todos despiertos
y andaban el amor y el odio
más allá de las calaveras.

De pronto entró la Libertad,
no traía nada en la mano.

La Libertad cerró el puño.
¡Ay! Entonces...


Raúl González Tuñón
Argentino (1905 – 1974)
De “La muerte en Madrid” (1939)

Nació en Buenos Aires, 1905 y falleció en 1974. Es autor de poemarios simbolistas (El violín del diablo, 1926; Todos bailan, 1934), históricos (La rosa blindada, 1936; La muerte en Madrid, 1939) y sociales (Primer canto argentino, 1945). Fue uno de los primeros autores que incorporó el lunfardo a la poesía.


Obra: Sur – Nicolás García Uriburu

  Francisco Urondo

24 de mayo de 2010



La verdad es la única realidad

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha
hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,
a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.


Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

Paco Urondo
Argentino (1930 – 1976)
De “Obra poética” – 2006-
Adriana Hidalgo editora

  Fernando Pessoa

23 de mayo de 2010



Al volante del Chevrolet por el camino de Sintra

Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra,
al claro de luna y al sueño, en la carretera desierta,
solitario manejo, manejo casi despacio, y un poco
me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa atrás dejada o Sintra a la que llegar,
que sigo, ¿y que más puede haber en seguir sino no parar, proseguir?

Voy a pasar la noche en Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
pero, cuando llegue a Sintra, sentiré la pena de no haberme quedado
en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre,
esta excesiva angustia del espíritu por ninguna cosa,
en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera
de la vida...

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante,
abajo salta conmigo el automóvil que me prestaron.
Sonrío por el símbolo, de pensar en él, y al doblar a la derecha.
¡En cuántas cosas prestadas yo sigo en el mundo!
¡Cuántas cosas que me prestaron manejo como mías!

A la izquierda la casucha -sí, la casucha-, al borde del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que hace poco parecía darme libertad,
es ahora una cosa donde estoy encerrado,
que puedo conducirlo sólo si estoy encerrado en él,
que domino sólo si me incluyo en él y él me incluye.

A la izquierda, ya atrás, la casucha modesta, menos que modesta.
Allí la vida debe ser feliz, sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio desde la ventana de la casucha soñará: aquel sí que es feliz.
Tal vez al niño que espiaba por los vidrios de la ventana del piso superior.

Tal vez yo haya quedado (con el automóvil prestado) como un sueño,
como un hada real.
Para la muchacha que al oír el motor miró por la ventana de la cocina,
desde el piso de abajo.
Soy algo del príncipe de todo corazón de muchacha,
y ella me mira de reojo, por los vidrios hasta la curva en que me pierdo.

Dejaré sueños atrás de mí, ¿o es el automóvil el que los deja?
Yo, conductor del automóvil prestado, o ¿el automóvil prestado que conduzco?

En la carretera de Sintra al claro de luna, en la tristeza, ante los campos
y la noche, mientras conduzco el Chevrolet prestado desconsoladamente,
me pierdo en la carretera futura, me sumo en la distancia que alcanzo,
y en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero...

Pero mi corazón quedó en el montón de piedras que esquivé al verlo sin verlo,
junto a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra al filo de la medianoche, al luar, al volante,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí.


Fernando Pessoa
Nació el 13 de junio de 1888 en Lisboa (Portugal).
Muere el 30 de noviembre de 1935.
La consigna de Pessoa fue: "iSé plural como el Universo!".
Su aullido: "Dios mío, Dios mío, ¿A quién asisto? ¿Cuántos soy? ¿Quién es yo? ¿Qué es este intervalo que hay entre mí y mí?".