Estación Quilmes

  Federico García Lorca

8 de abril de 2010



Son de negros en Cuba

Cuando llegue la luna llena
iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago,
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano,
iré a Santiago.
Iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con la rosa de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!
Iré a Santiago.
Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago,
calor blanco, fruta muerta,
iré a Santiago.
¡Oh bovino frescor de calaveras!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.




Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, Granada, el 5 de junio de 1898.
Poeta, músico, dramaturgo, ensayista, pintor, conferenciante, artista sobre todas las cosas...
Perteneció a la llamada "Generación del 27", compuesta, entre otros, por Rafael Alberti, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Vicente Alexaindre con quienes compartió amistad e inquietudes artísticas.
Su reputación descansa principalmente en las tres tragedias populares: "Bodas de Sangre", "Yerma" y "La casa de Bernarda Alba".
Federico siempre estuvo a favor del desprotegido: "Creo que el hecho de ser de Granada me inclina siempre a la comprensión simpática del perseguido.
Del gitano, del negro, del judío, del morisco que todos llevamos dentro"- decía.
Sus posiciones antifascistas y su fama le convirtieron en una víctima fatal de la Guerra Civil española, en Granada, donde le fusilaron, en agosto de 1936.

  Alfonsina Storni

7 de abril de 2010


Retrato de García Lorca


Buscando raíces de alas
la frente
se le desplaza
a derecha
e izquierda.

Y sobre el remolino
de la cara
se le fija,
telón del más allá,
comba y ancha.

Una alimaña
le grita en la nariz
que intenta aplastársele
enfurecida...

Irrumpe un griego
por sus ojos distantes.

Un griego
que sofocan de enredaderas
las colinas andaluzas
de sus pómulos
y el valle trémulo
de su boca.

Salta su garganta
hacia afuera
pidiendo
la navaja lunada
de aguas filosas.

Cortádsela.
De norte a sud.
De este a oeste.

Dejad volar la cabeza,
la cabeza sola,
herida de ondas marinas
negras...

Y de caracolas de sátiro
que le caen
como campánulas
en la cara
de máscara antigua.

Apagadle
la voz de madera,
cavernosa,
arrebujada
en las catacumbas nasales.

Libradlo de ella,
y de sus brazos dulces,
y de su cuerpo terroso.

Forzadle sólo,
antes de lanzarlo
al espacio,
el arco de las cejas
hasta hacerlos puentes
del Atlántico,
del Pacífico...

Por donde los ojos,
navíos extraviados,
circulen
sin puertos
ni orillas...




Alfonsina Storni nace en Suiza el 22 de Mayo de 1892 y se suicida en Mar del Plata en 1938.
Obra poética: La inquietud del rosal, Buenos Aires, Librería de la Facultad, 1916; El dulce daño, Buenos Aires, Cooperativa Editorial Limitada Buenos Aires, 1918; Irremediablemente, Buenos Aires, Cooperativa Editorial Limitada Buenos Aires, 1919; Languidez, Buenos Aires, Cooperativa Editorial Limitada Buenos Aires, 1920; Ocre, Buenos Aires, Babel, 1925; Mundo de siete pozos, Buenos Aires, Tor, 1934; Mascarilla y Trébol:-círculos imantados-, Buenos Aires, Imprenta Mercatali, 1938; Morir sobre los campos, Buenos Aires, 1918; Dos palabras . Poesía en Prosa: Poemas de amor, Buenos Aires, Editorial Nosotros, 1926.

  Joaquín O. Giannuzzi

6 de abril de 2010



Pulitzer

Los niños despavoridos
alzan los brazos en la carretera bombardeada.
Hay un cielo humoso que ha resignado su inocencia
sin preguntar qué sucede con las lágrimas
ni si el dolor no tenía ya lenguaje suficiente.
La fotografía planea
hacia el escritorio del presidente como un naipe
y pierde la apuesta: no logra detener la guerra.
Entre la imagen y los ojos
del Gran Magistrado circula una sombra
que de pronto es coagulada
para que el imperio devore su petróleo mortal.
Pulcro y contra natura, tiene ante sí
suficientes razones de estado, su bandera en la luna
y una familia sonriendo detrás del vidrio.
Y no está en sus manos
hacer de la historia un lugar para vivir.



Joaquín O. Giannuzzi nació en Buenos Aires en 1924. Ejerció el periodismo y la crítica literaria en diversos medios, entre ellos la revista Sur y los diarios Crítica, La Nación y Clarín. Su vida de escritor la dedicó a la poesía. Fue distinguido con el Premio Vicente Barbieri otorgado por la SADE (1957), el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes (1963 y 1977), el Gran Premio de Honor Fundación Argentina para la Poesía (1979), el Segundo Premio Nacional de Poesía (1981), el Primer Premio Municipal de Poesía (1980 - 1982), el Primer Premio Nacional de Poesía (1992) y el Premio Esteban Echeverría (1993). Ha publicado los siguientes libros: Nuestros días mortales (Sur, 1958), Contemporáneo del mundo (1962), Las condiciones de la época (1967), Señales de una causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1980), Violín obligado (1984), Cabeza final (1991), Apuestas en lo oscuro, Emecé(2000), y Obra Poética (Obras completas, Emecé, 2000).

  Gianni Siccardi

5 de abril de 2010



Preguntas

Sentado en su silla envejecida
el anciano interroga
a la noche.

Afuera
el árbol triste
cubierto de pájaros
sostiene el horizonte.
Las cenizas adormecen
los muelles de la noche,
El cielo sangra.

Dónde están los caminos
que dibujaba el sol?
Dónde están los días
en que el amor cantaba?

Esta es la hora nupcial.
Las sombras se detienen
al borde de la casa
pero entran rumores
voces impetuosas
siluetas de otro tiempo.

Cuando el anciano cierra los párpados
empieza la boda
entre el crepúsculo y la noche.
Cuando abre la boca
unas pocas palabras secretas
atraviesan su vida.
Una dicha intransferible
lo mira desde su juventud.
Con los ojos cerrados
entrega confiadamente su pasado
a la noche que comienza.




Gianni Siccardi nació en Banfield
(Prov. de Bs. Aires), el 27 de septiembre de 1933.

Libros publicados

Conversaciones (1962, Nueva Expresión)
Travesía (1967, Sunda)
Ella (1989, Ed. del sol)
Fragmentos (1995, Topatumba)

  Marcos Silber

4 de abril de 2010



HACER EL ODIO (Con verso perverso)
CANTATA CIANURA PARA CORO MURGUERO DE MARGINADOS,
RELATOR RUFIAN Y MEZZO BUSCONA SOLISTA.

en la voz del autor


Hay sequía loco. Va para largo que no cae una gota de merca. El Monje está guardado, y no alcanza el fervor maternal de la rusa María, la braguetera del callejón no alcanza. Ni alcanza el fueguito que Juan Mechita sostiene como llama votiva. Entonces nos juntamos –vea- a gritar cantar entre todos: decimos queremos hacer el odio no el amor y decimos: con los derechos de la misiadura y decimos: el que no canta grita que se borre y decimos: el que se borra es hijo de la yuta.

Hay sequía loco. Va para mucho que no cae una gota de merca. Aunque el Nene Manguera anuncia: hoy vienen. Viene el alemán barbudo, se llama Carlos y la tiene clara; te la dice posta cómo te tragan los de arriba. Chamuya fino pero se entiende. Y también viene Vladimiro, el bocha que no deja de chillar: "todo el poder a la doce". Y anuncia Manguera: algo traen, no sé. Son de peligro dice la taquería.
Deben traer de la buena; sería grande que no tarden. Aquí hay bronca y soledad y frío y oscuridad hay aquí. Se supo, fue el cuervo Marito quien se volteó a la sorda del quiosco. Y Manguera dice que Vladimiro dice que Carlos dice: "los de abajo no deberían lastimarse entre sí"

Hay sequía loco. Va para demasiado que no cae una gota de merca. Entonces nos juntamos –vea- para gritar cantar "queremos hacer el odio no el amor"
y decimos: con los derechos de la misiadura y decimos: así que vengan los pesados del verso los grandotes de la palabra que vengan. Que venga el portugués Fernando con sus múltiples sombras; que venga el Ciego Mayor Señor de los Laberintos, aquí lo espera el arca con las cenizas de Alejandría. Que venga el cabrón Perse con sus "poemas hechos de nada". El tano Salvatore que venga el Quasimodo porque "anochece y estamos solos sobre el corazón de la tierra"; que venga el Raúl el Ángel que se venga con sus lunas, sus gatillos, el agujero de su media; y que venga Federico, el espléndido marica, en la calle ésta de los cuchillitos estaremos a las cinco en punto de la tarde. Que venga el Capitán de Chile con sus mineros que venga con sus versos más tristes y el azul de metileno. Y el Cholo Cesar que venga, que se traiga su jueves, el puto jueves, la puta muerte, el aguacero.

Hay sequía loco. Va para eternidad que no cae una gota de merca. ¿Qué pasa? ¿Se murieron los Dilers? ¿Todos se murieron? ¿Qué dice la gilada? ¿La tele que dice? ¿Dice de nosotros? ¿Algo dice? ¿Por qué no vienen?
¡Arrugan eh! ¿Tienen miedo? ¿No quieren que mostremos la jeta? ¿Malos somos? ¿Somos feos? Monstruos, eso somos; forajidos y oscuros y perdedores y reos somos, eso. ¿Qué pasa hoy, no servimos? ¿No vendemos? ¿No hicimos ningún barullo grande, no nos fumamos todo, no tapamos el cielo? ¿No somos noticia hoy? ¿Ningún chico se regaló para fiambre? vengan turros y díganle a la gilada que aquí es siempre noche, sólo noche, y que te devora las tripas la víbora de fuego; y que el silencio, esa rata de la oscuridad se pone arriba del día, y digan que te pudre, que mata, revienta. Vengan turros y vean la tiniebla, que vive aquí, Que no se corre, que se queda.

Hay sequía loco. Va para olvido que no cae una gota de merca. No queda otra entonces que juntarnos a cantar gritar "queremos hacer el odio no el amor" y decimos: pesa el bajón, loco, pesa. Va para el reloj de todo el tiempo y no da para más la sequía. No. Así que vengan los pesados del verso los grandotes de la palabra que vengan, que vengan a levantarla aquí. Aquí donde vamos a regarla con alcoholes de zozobra y blancas de soledad vamos a regarla; con los gritos nuestros los cantos de nosotros disparados desde las tripas nuestras de nosotros; que vengan los pesados los grandotes que vengan los Papás de la espléndida palabra que vengan hasta/para el corazón la cabeza de nuestro fugitivo chiflado mísero día. De cada día. Aquí.


Marcos Silber
Nació en 1934, actualmente reside en Buenos Aires. Ha publicado numerosos libros, entre ellos: Volcán y trino (1958), Las fronteras de la luz (1962), Ella (1968) y Doloratas (2001). También ha participado en antologías nacionales y extranjeras. Colabora en revistas y publicaciones locales y del exterior. Es autor de la versión argentina de Raíces (teatro) de A. Wesker, editada por Nueva Visión. Fue invitado al Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia). Es Faja de Honor de SADE 1968 así como 1º premio en Mérida (España) con el libro Preposiciones y buenos modales. Entre sus premios y participaciones en concursos se destacan: Finalista con Thrillers en Casa de las Américas; 1º y 2º premio Certamen nacional de Poesía de la APDH; 1º premio Casa de la Amistad argentino-cubana (Viaje a Cuba); 1º premio (publicación Editorial La Luna Que); premio 1999 y 2000 Certamen prosa breve de Contextos (Radio Cultura). Es miembro de las Sociedad de los Poetas Vivos.

  Roberto Diaz

3 de abril de 2010




La muerte en Kosovo

Una dama de chal negro revuelve con un palito.
La tierra se calcina por efecto de la explosión.
Hay sirenas que suenan por todas partes
y gente que corre, aterrada, con niños en los brazos

La dama sonríe y trata de borrar toda huella.
Saca un celular de entre sus ropas y se comunica
con el cuartel central.
«Misión cumplida» -dice. «Hemos logrado el objetivo».

Del otro lado, dan vítores. Se prenden medallas
en sus uniformes. Descorchan botellas de champaña.
El objetivo ha sido logrado, es decir han matado
la proporción justa, la cantidad razonable,
ni un niño de más o de menos, han conseguido un terror medido,
los destrozos correctos, las bajas que señalaban
las computadoras como políticamenete viables.

Han conseguido que el mundo globalizado
no se desglobalice demasiado.
Y que la muerte coma, pero no se indigeste.



Roberto Diaz
nació en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, en 1938. Poeta, periodista, traductor de lengua inglesa.
Pertenece a la generación del '60
integró el grupo "El pan duro".

  Gustavo Caso Rosendi

2 de abril de 2010



Cuando cayó el soldado Vojkovic
dejó de vivir el papá de Vojkovic
y la mamá de Vojkovic y la hermana
También la novia que tejía
y destejía desolaciones de lana
y los hijos que nunca
llegaron a tener
Los tíos los abuelos los primos
los primos segundos
y el cuñado y los sobrinos
a los que Vojkovic regalaba chocolates
y algunos vecinos y unos pocos
amigos de Vojkovic y Colita el perro
y un compañero de la primaria
que Vojkovic tenía medio olvidado
y hasta el almacenero
a quien Vojkovic
le compraba la yerba
cuando estaba de guardia

Cuando cayó el soldado Vojkovic
cayeron todas las hojas de la cuadra
todos los gorriones todas las persianas



Bombardeo

Caían los barriletes
regresaban todos juntos
envueltos en llamas
con sus colas de trapo
de sábanas del cielo
desde donde alguna vez
abrazados a un oso
nos besaron la frente
y susurraron al oído

buenas noches
hijo
que descanses

Caía la noche vidrio roto
desde una muy alta claraboya
y caía el sol de mayo
entre la sangrienta melena
de ese roble
también la lombriz
en el territorio de aquel bagre
y la espera en vano
el vano regreso
la tarde colgando del anzuelo
y entre las manos un tazón
con leche hirviendo y miel
sobre una tostada casi negra
y ese tufo entre las uñas
a lata a tierra a humo
a pez ausente
y aparecían de pronto
los perros de la infancia
para echarse al lado nuestro
y nos olían el miedo y nos lamían
y luego por fin el silencio
al fin el silencio poder dormir
dormir un poco o para siempre

(Buenas noches
compañeros
buenas noches)




Bolero del náufrago

A veces la ausencia
se nos instala en la orilla
cargada de gestos
facciones y nombres
que ya no pueden juntarse
Un pedazo de pan
una lata vacía
una carta trunca
una birome agujereada
restos de yerba
una fotografía carcomida

A veces la ausencia
es una sirena que canta



Con los ojos bien abiertos

Cuando uno está por matar
es cuando más quiere la vida

Se corre se saltan cuerpos
mientras se escucha:
¡Oh! ¡Dios! ¡Ah!
como cuando se hace el amor

Corremos vaya a saber
por qué para qué para dónde
(gritos de parto gritos que parten
hacia el silencio absoluto)
y corremos como la sangre
hacia la oscuridad
sin cordón umbilical
huyendo de las vinchucas rojas
que buscan picarnos la frente

Cuando uno está por matar
puede llegar a hacerlo
o elegir esquivar el silbido
y alejarse a la orden de repliegue
o simplemente morir

Adiós soldados adiós
Ya no se debe mirar hacia atrás
Pero se mira



Gustavo Caso Rosendi
nació en Esquel (Chubut) en 1962. Reside en la ciudad de La Plata. Publicó: elegía común (1987); bufón fúnebre (Último Reino, 1995) y Soldados (Ministerio de Educación de la Nación, 2009). Sus poemas figuran en varias antologías: el viento también recuerda (de ex combatientes de Malvinas, Último Reino, 1996); 8 Poetas Regionales, (Vinciguerra, 1997); Poesía 36 autores (La Comuna, 1999); Naranjos de fascinante música (Libros de la talita dorada, 2003) y Poesía en El Círculo (Rosario, Editorial Ciudad Gótica, 2008). Grabó, junto a Martín Raninqueo, el CD Poemas (2000).