Estación Quilmes

  Fernando Delgado

22 de marzo de 2020





Donde nace la esperanza


Hay un sueño entre nosotros
un mañana sin distancia
un abrazo tierno y silencioso
donde nace la esperanza

Ni esa llama que nunca se apaga
ni este cielo luminoso
borrarán el camino de la infancia
tu sonrisa quieta, aquí en mis ojos

Y hoy que todo me recuerda
al vacío de tu ausencia
Sentado en la mitad de la noche
como un lamento como un reproche

Y ya nadie me pregunta
bajo este cielo de estrellas
Soñando me llevará este viento
como una esperanza, tu nombre en el silencio

Dicen que nada regresa
dicen que todo ha pasado
Tarde que se inclina y que me espera
como un árbol olvidado

Pero se, verás que todo vuelve
con su máscara de risa
con fantasmas que persisten que no duermen
con cada ilusión, como la vida.




Fernando Delgado
1954, nació en Wilde, Pdo. de Avellaneda



Poeta y letrista. Técnico en informática


Intérpretes: Ensayo Coral de Avellaneda
Dir. Esteban Tozzi



Música y arreglo: Esteban Tozzi


  Liuba María Hevia

2 de marzo de 2020




Con los hilos de la luna


El recuerdo viene a mí
filtrado rayo de luna,
y me conmueve la cuna
humilde donde nací.
Jesús Orta Ruiz (Indio Naborí)


Mi abuelo llegó en un barco, pero se trajo la luna
dibujada en un pañuelo que un día colgó en mi cuna.
La inmensa luna diamante era la mejor fortuna
que acompañó al emigrante de aquella España lorquiana y dura.

Cantaba con ese acento que tanto lo distinguía,
risueño me revelaba la copla que así decía:
"Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante".

No sé si he podido ser lo que él soñó que yo fuera,
lo cierto es que, mire usted, mi abuelo fue mi primera escuela,
puso raíz en el puerto y estrenó bajo una ceiba
las alas del papalote que me llevaban hasta su tierra.

Mi abuelo tejió mi hamaca con los hilos de la luna,
abuelo pintó mi infancia con un verdor aceituna.
Se puede viajar el mundo en los ojos de un abuelo
que nos regala la luna dibujada en un pañuelo.

Un día llegué a su tierra y allí me estaba esperando
la luna de aquel dibujo que desde el cielo iba pregonando:
"Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante".

Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante,
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante.

Trajo la gaita asturiana y el pasodoble elegante
pero se quedó conmigo entonando "De dónde son los cantantes…"

Abuelo tejió mi hamaca con los hilos de la luna,
artesano de mis alas, carrusel para la altura.

Su sonrisa desafiaba el trueno y el aguacero.
Cuánta ternura cabía bajo las alas de su sombrero.

Ay luna, luna, lunera, cascabelera ternura,
abuelo Hevia pintó tu cara para colgarla en mi cuna.

Mi abuela besó a mi abuelo en luna cuarto menguante;
mi abuela bebió el misterio bendito del asturiano emigrante.

Mi abuelo llegó en un barco, pero se trajo la luna
dibujada en un pañuelo que un día colgó en mi cuna.



Liuba María Hevia
(La Habana, Cuba, 14 de diciembre de 1964). Compositora y cantante por excelencia, es una de las más altas representantes de la cultura cubana contemporánea.



Forma parte del Movimiento de la Nueva Trova desde el año 1982.


  Yacaré Manso

23 de febrero de 2020



Poesía Musicoambiental - MARTÍN FIERRO



Yacaré Manso
Nació en Santo Tomé, provincia de Corrientes, el 14 de octubre de 1982.

A los 9 años da sus primeros pasos en la música en el Coro Polifónico Infantil de Santo Tomé. Durante toda su etapa escolar estudia canto con la profesora Posadeña, Dora Collman, para luego continuar con Ana María Lavalle profesora de música de la Escuela Normal.

  Fernando Pessoa

3 de febrero de 2020




POEMAS INCONJUNTOS



No basta abrir la ventana
para ver los campos y el río.
No es bastante no ser ciego
para ver los árboles y flores.
También es necesario no tener filosofía.
Con filosofía no hay árboles: hay sólo ideas.
Hay sólo cada uno de nosotros, como un sótano.
Hay sólo una ventana cerrada, y todo el mundo afuera;
y un sueño de lo que se podría ver si la ventana se abriera,
que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana.



* * *



Hablas de civilización y de no deber ser,
o de no deber ser así.
Dices que todos sufren o la mayor parte,
con las cosas humanas puestas de esta forma;
dices que si fueran diferentes sufrirían menos.
Dices que si fuera como tú quieres sería mejor.
Escucho sin oírte.
¿Para qué querría oírte?
Oyéndote, terminaría sin saber nada.
Si las cosas fueran diferentes, serían diferentes: eso es todo.
Si las cosas fueran como tú quieres, serían sólo como tú quieres.
¡Ay de ti y de todos que pasan la vida
queriendo inventar la máquina de hacer felicidad!



* * *



Entre lo que veo de un campo y lo que veo de otro campo
pasa un momento una figura de hombre.
Sus pasos van con «él» en la misma realidad,
pero yo reparo en él y en ellos, y son dos cosas:
El «hombre» va andando con sus ideas, falso y extranjero,
y los pasos van con el sistema antiguo que hace andar las piernas.
Lo miro de lejos sin opinión ninguna.
Qué perfecto que es en él lo que él es: su cuerpo,
su verdadera realidad que no tiene deseos ni esperanzas
sino músculos y la forma cierta e impersonal de usarlos.



* * *



Niño desconocido y sucio jugando en mi puerta,
no te pregunto si me traes un recado de los símbolos.
Me haces gracia por nunca haberte visto antes
y, naturalmente, si pudieras estar limpio serías otro niño,
y no vendrías aquí.
¡Juega en el polvo, juega!
Aprecio tu presencia sólo con los ojos.
Vale más la pena ver una cosa siempre por primera vez que conocerla,
porque conocer es como no haber visto nunca por primera vez,
y no haber visto nunca por primera vez es sólo haber oído contar.
El modo en que este niño está sucio es diferente del modo en que otros están sucios.
¡Juega! Al coger una piedra que te cabe en la mano
sabes que te cabe en la mano.
¿Qué filosofía es la que llega a mayor certeza?
Ninguna, y ninguna puede venir a jugar nunca a mi puerta.



* * *



Verdad, mentira, certeza, incerteza…
Aquel ciego del camino conoce también estas palabras.
Estoy sentado en un alto escalón y tengo las apretadas manos
sobre lo más alto de las rodillas cruzadas.
Bien: verdad, mentira, certeza, incerteza ¿qué son?
El ciego para en el camino,
solté las manos de encima de las rodillas.
Verdad, mentira, certeza, incerteza, ¿son las mismas?
Algo mudó en una parte de la realidad: mis rodillas y mis manos.
¿Cuál es la ciencia que tiene conocimiento para esto?
El ciego continúa su camino y yo no hago más gestos.
Ya no es la misma hora, ni la misma gente, ni nada igual.
Ser real es esto.



* * *



Una carcajada de muchacha suena con el aire del camino.
Rió de lo que dijo quien no veo.
Me acuerdo ya que oí.
Pero si me hablasen ahora de una carcajada de muchacha del camino.
diré: no, los montes, las tierras al sol, el sol, la casa aquí,
y yo, que sólo oigo el ruido callado de la sangre que hay en mi vida a los dos lados de la cabeza.



* * *



Noche de San Juan más allá del muro de mi patio.
De este lado, yo sin noche de San Juan.
Porque hay San Juan donde lo festejan.
Para mí hay una sombra de luz de hogueras en la noche,
un ruido de carcajadas, los golpes de los saltos.
Y un grito casual de quien no sabe que existo.



* * *



Ayer el predicador de sus verdades
habló de nuevo conmigo.
Habló del sufrimiento de las clases que trabajan
(no de las personas que sufren, que es, al fin, quien sufre).
Habló de la injusticia de que unos tengan dinero
y otros tengan hambre, que no sé si es hambre de comer
o si es sólo hambre del postre ajeno.
Habló de todo lo que pudiera hacerle molestarse.
¡Qué feliz debe ser quien puede pensar en la infelicidad de los demás!
¡Qué estúpido si no sabe que la infelicidad de los demás es de ellos
y no se cura por fuera,
porque sufrir no es tener falta de pintura
o que el ataúd no tenga aros de hierro!
Que haya injusticia es como que haya muerte.
Yo nunca daría un paso para alterar
aquello que llaman la injusticia del mundo.
Mil pasos que diera para eso
serían sólo mil pasos.
Acepto la injusticia como acepto que una piedra no sea redondeada,
y que un alcornoque no haya nacido pino o roble.
Corté la naranja en dos, y las dos partes no podían quedar iguales.
¿Para cuál fui injusto, yo, que voy a comerlas ambas?
Tú, místico, ves una significación en cada cosa.
Para ti todo tiene un sentido velado.
Hay algo oculto en cada cosa que ves.
Lo que ves lo ves siempre para ver otra cosa.
Yo, gracias a tener ojos sólo para ver,
veo ausencia de significación en cada cosa;
lo veo y me amo porque ser una cosa es no significar nada.
Ser una cosa es no ser susceptible de interpretación.




Fernando Pessoa
"Poemas de Alberto Caeiro" - Ediciones Continente (2012)


Alberto Caeiro, uno de los heterónimos en los que Pessoa se desdobla en su obra.
(Lisboa,1888-1935)


  León Felipe

19 de enero de 2020





LA TANGENTE


¿Y la tangente, señor Arcipreste?...
¿El radio de la esfera que se quiebra y se fuga?
¿La mula ciega de la noria, que un día, enloquecida, se liberta del estribillo rutinario?...
¿La correa cerrada de la honda, que se suelta de pronto para que salga la furia del guijarro?...
¿Esa línea de fuego tangencial que se escapa del círculo y luego se convierte en un disparo? Porque el cielo... Señor Arcipreste, ¿sabe usted?,
No hay arriba ni abajo...
y la estrella del hombre es la que ese disparo va buscando, ese cohete místico o suicida, rebelde, escapado...
De la noria del Tiempo como el dardo, como el rayo, como el salmo.
Dios hizo la bola y el reloj: la noria dando vueltas y vueltas sin cesar, y el péndulo contándole las vueltas, monótono y exacto...
El juguete del niño, señor Arcipreste, ¡el maravilloso regalo!
Pero un día el niño se cansa del juguete y se le saca las tripas y el secreto como a un caballito mecánico, como a un caballito de serrín y de trapo.
Es cuando el niño inventa la tangente, Señor Arcipreste, la puerta mística de los caballeros del milagro, de los grandes aventureros de la luz, de los divinos cruzados de la luz, de los poetas suicidas, de los enloquecidos y los santos que se escapan en el viento en busca de Dios para decirle que ya estamos cansados todos, terriblemente cansados de la noria y del reloj, del hipo violáceo del tirano, de las barbas y las arrugas eternas, de los inmóviles pecados, de este empalagoso juguete del mundo, de este monstruoso, sombrío y estúpido regalo, de esta mecánica fatal, donde lo que ha sido es lo que será y lo que ayer hicimos, lo que mañana hagamos.



León Felipe (España 1884 - 1968)


Pintura: Marco Melgrati

  Thomas Hardy

4 de enero de 2020







LOS BUEYES


Nochebuena. Las doce en el reloj.
"Ahora se arrodillan", decía un viejo
cuando estábamos todos sentados, apiñados
al amor de la lumbre.
E imaginábamos
a las mansas criaturas apacibles
en su cuadra de paja
y a nadie le pasaba por la mente dudar
que entonces se pusieran de rodillas.

Pocos podrían urdir tan bella fantasía
en estos años. Sin embargo, siento
que si alguien nos dijera en Nochebuena: "Ven
a ver cómo los bueyes se arrodillan
en el corral a solas, junto a aquel
valle que nuestra infancia frecuentaba",
yo me iría con él en la penumbra
con la esperanza de poderlos ver.



Thomas Hardy
Higher Bockhampton, (1840) - Dorchester, (1928). Novelista y poeta inglés.

Traducción: Miguel d'Ors, en "Poesía inglesa del siglo XX" (Colección Universos, 1993)

Música: Jonathan Rathbone

Intérprete: Voces8  

  María Wérnicke

15 de diciembre de 2019



  La avenida de los tilos


    Ayer he caminado más que sola,
    ayer he caminado sin vos,
    y estaba la avenida de los tilos
    tan largamente triste, que pensé:
    ¿en qué país estoy? Si estoy sin vos,
    ¿en qué país, hecho de desamor?

    Ayer he caminado más que sola,
    ayer he caminado sin vos,
    y estaba la avenida como un río
    de otro país tan pobremente frío,
    tan largamente triste, que pensé
    que el otoño es igual que el desamor.

                Ayer he caminado sin vos,
                y todo lo que he visto no lo he visto;
                apenas he mirado, porque tuve
                mucho miedo aquí en el corazón.

    Ayer he caminado más que sola,
    ayer he caminado sin vos,
    y estaba la avenida de los tilos
    tan largamente triste, que pensé:
    ¿en que país estoy, de este color,
    de este color de caminar sin vos?


María Wérnicke

(1930-2013) Fue una poetisa y escritora argentina. También escribió canciones (algunas de ellas de gran popularidad, como Avenida de los Tilos) y obras teatrales. Fue conductora de programas radiales de gran audiencia. En 1954 se radicó en Mar del Plata, donde falleció a los 83 años.




1970: Los poemas del último año. Buenos Aires: Fundación Argentina para la Poesía.
1972: Figuras. Buenos Aires: Alberto Burnichon.
1987: Antología de poesía contemporánea (tomo 1). Bs As. Fundación Argentina para la Poesía.
1987: Estoy pensando en uvas. Buenos Aires: Rafael de Armas.
1997: La torre del homenaje. Mar del Plata: Universidad Nacional de Mar del Plata.
1999: Canciones de ida y vuelta, con la cantante Inés Rinaldi.
2004: Relicario latino. Mar del Plata: Funalfa.
2006: La palabra desnuda (audiolibro). Mar del Plata: Alsina.

El poema, convertido en canción por Marquitos Montoya (Carlos Rodriguez) e interpretado por la cantante Luciana fue un éxito en Argentina y latinoamerica. Pero en 1976 la dictadura prohibió su difusión en Argentina, al considerar que ofrecía una imagen negativa del país y deslizaba embozadas referencias sobre desaparecidos.

En realidad, el poema fue motivado por la tristeza de María ante la ida de su hija a España. La poetisa lo dijo en varios reportajes cuando retornó el tiempo de poder hablar.

La censura no pudo, sin embargo, impedir que aquella canción siga resonando en la memoria de los jóvenes de entonces. Ni que algunos sigamos llamando «Avenida de los Tilos» a la Diagonal Pueyrredon.-

Nota extraía del facebook de Gustavo Visciarelli