Estación Quilmes

  Mario Benedetti

12 de septiembre de 2014






Oda a la pacificación


No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz
pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas contra la pacificación
y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados

cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar
y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro

es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado por la espalda
o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento
en realidad somos un país tan peculiar
que quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será.



Mario Benedetti
Uruguay (1920 – 2009)

De: Tres odas provisorias
En: Biblioteca Benedetti de poesía – Tomo 1
Ed. Página 12 - 2010

  Robinson Jeffers

8 de septiembre de 2014





Valor de águila, cerebro de pollo


Desgraciado país, qué alas las que tienes.
Aun aquí,
sin nada importante que proteger, y a un océano de
distancia del enemigo más próximo, qué nube de
bombarderos deja atónita la
montaña costeña, qué avispero de aviones de combate,
y día y noche la artillería practicando.


Desgraciado, alas y pico de águila y cerebro de pollo.
Llora (es frecuente en asuntos humanos), llora por la terrible
magnificencia de los medios,
la ridícula incompetencia de las razones,
y el ruin y sangriento
patetismo del resultado.




Robinson Jeffers
EEUU (1887 – 1962)



De: Antología de la poesía norteamericana - Traducción:  José Urtecho – Ernesto Cardenal - Fundación Editorial El perro y la rana. 2007


Escribió muchos poemas inspirados en su entorno, la costa de California. Contrario a la civilización industrial profetizaba su decadencia. Era un auténtico solitario (vivió aislado en una montaña de California en una torre de piedra que él mismo construyó) y sus poemas alejados del lirismo, influyeron a muchos poetas de su época.

Obra poética:  “Flagons and Apples” (1912); “Californians” (1916); “Tamar and Other Poems” (1924); “Roan Stallion, Tamar, and Other Poems” (1925); “The Women at Point Sur” (1927); “Cawdor and Other Poems” (1928); “Dear Judas and Other Poems” (1929); “Thurso's Landing and Other Poems (1932); Give Your Heart to the Hawks and other Poems (1933); Solstice and Other Poems (1935); Such Counsels You Gave To Me and Other Poems (1937); The Selected Poetry of Robinson Jeffers (1938); Be Angry at the Sun (1941);  Medea (1946); The Double Axe and Other Poems (1948); Hungerfield and Other Poems (1954); The Beginning and the End and Other Poems (1963); Robinson Jeffers: Selected Poems (1965); Stones of the Sur (2001).


  Alejandro García Schnetzer

4 de septiembre de 2014





Sin Esther, Lucio se hundió en una depresión nerviosa. Largó la orquesta, vendió el piano, malvendió todo y se mudó a la pensión  Olinda, donde pasó las primeras semanas postrado en una cama. Durante el trance lo visitó un médico; éste le dio algunos consejos pero Lucio no hizo caso. Cada noche moría tres o cuatro veces. Su pensamiento se enquistaba en la suerte esquiva, que le había dado la felicidad y la pena más negra. Pasaron los días y al final logró emerger del catre con una palidez de fantasma atormentado y diez kilos menos.
¿Qué lo decidió a seguir? Lo que el techo le dijera: tanto si velas como si dormís, estás solo entre los demás.



***


De Darío estos  versos que solía repetirse al pisar la peatonal: “Penas y duelos olvida, canta deleites y amores, busca la flor de las flores, por Florida”. La copla había quedado en el recuerdo como esas melodías que se evocan sin razón; al presente no era más que un trasto inútil. Todo en su memoria era un amasijo de cirios, traperío negro y cadáveres de flores.
Para ocupar el rato eligió actuar como flâneur de Montparnasse.
Se demoraba ante las vitrinas como quien busca un regalo para su cocotte; sentíase a gusto mezclado entre los nativos: tan amables y risueños; ay, en pocos días se abriría el ancho mar a bordo del Marsella con destino al Havre; su midinette lo aguardaba en la mansarda, ansiosa por conocer sus hazañas en las pampa…
Poco le vino a durar; nomás llegar a la esquina un carro de tiro casi lo aplana y Andrade volvió a la condición de hombre que está solo y espera.




Alejandro García Schnetzer
De: “Andrade”  (novela) - Ed. entropía – 2012

Alejandro García Schnetzer nació en 1974 en Buenos Aires. Vive en Barcelona  donde trabaja como editor y traductor. Requena fue su primera ficción publicada y Andrade es su segunda novela.
“El verdadero protagonista de Andrade no es Andrade, es el lenguaje” dijo acerca de esta novela Juan Gelman.

Imagen extraída de: blog.eternacadencia.com.ar

  Federico García Lorca

1 de septiembre de 2014




Romance de la luna, luna


La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.



Federico García Lorca
De "Romancero gitano"

España (1898 – 1936)

Obra: Romance de la luna, luna – Inés Bogo (Argentina)

  Guillermo Ibáñez

28 de agosto de 2014



La puerta herméticamente abierta


Dolorosamente las paredes
sollozan
ante mi respiración oculta.

Cada lado de este cubo
huye de mis ojos
y siempre mis brazos
son cortos
para algo tan vano
como el olvido.

Cada plano se convexa
y un globo me circunda,
nuevo o viejo,
como el nuevo o viejo globo.
Las diferencias están en que
lo mío es transparente.

La mirada guarda soledades
incómodas, mudas y tristes
que socavan el cuerpo.
Estoy totalmente conmigo
con todos los testigos que
guardo sin ruido.

La habitación llora mis
lóbregas diferencias
y a mi cielo, a mi tiempo,
a mi sueño
y al silencio impotente
cargado de gritos
de un primer número
similar a la perfección
inconsciente.



Hoy


El cielo se abrió a mis ojos
y nací a este momento,
el momento con fe de sangre
y he visto derramarme.

Desde la primera letra
en posición de punto
que se hace siglo,
del invento de alegrías,
de puentes hacia el llanto,
de transformación de esquemas,
siento el mismo cansancio
en mis pies viejos.

Del reflejo introvertido
de la perfecta rutina.
Del caos de la luz
y del invierno,
del silencio, la guerra y la arruga.

Nací mi muerte con la extrañeza
del tarado y tal como antes
me estoy llamando.
El cielo se cerró en mis párpados
y recién entonces, pensando
me sentí esperado.

Ya no había negación en el silencio
ni oscuridad en la luz del día.
Tanto tiempo transcurrí, soñaba.
Pesado minuto caído de la nada y
ya vuelto.

Ayer observé detenidamente
mi terraza en el espejo del agua
y la sabía con el deseo de ahogarse.
Ayer estuve recordando;
nadie tiene azotea,
sólo algo así como una sonrisa,
dientes de brillante, ojos de vidrio
y lengua de gigante.

Manos de nene, pies de tambor,
dedos de sentencia,
Hoy amanecí temblando:
el miedo era mi llanto.



Guillermo Ibáñez
De "Árbol de la memoria" - DÉDALUS - Colección de poesía - Nº 11 - Editorial Ciudad Gótica



Nació en Rosario en 1949. Argentina.


Obra: Brassai-Burdel.-Rue-Quincampoix,-1932

  Horacio Salas

25 de agosto de 2014



Los locos


Un día, cualquier noche,
o esta misma mañana al levantarnos,
medio dormidos, casi sin darnos cuenta,
comenzamos un lento itinerario
hacia los pozos más sucios y profundos
atravesando cloacas, cementerios,
ríos empantanados de basura,
charcos viscosos que nos queman la piel;
peleamos con fantasmas y con muertos
que nos chupan la sangre de los brazos
hasta que al fin llegamos al túnel sin salida,
al laberinto donde las cucarachas suben a los ojos.
A veces, por un rato, despertamos,
volvemos hacia el día,
saludamos al tiempo, al cielo claro.
Justificamos la técnica del sueño,
la rotación del sol
y luego, horrorizados,
nos prometemos muy solemnemente
no reincidir más en nuestro viaje.
Pero nadie nos cree.
Por nuestro aspecto,
somos los deshollinadores de la noche,
al vernos pasar sucios y con galera
sonríen y se burlan
porque no entienden nada.
Aunque juremos haberlo visto a Dios en un tranvía,
escondido detrás de los buzones
o jugando agitado a la rayuela,
nuestros amigos dudan.
Nadie puede creernos.
El amor nos rechaza
o ejerce temeroso sus funciones.
Ninguna mujer -aunque nos ame-
estará segura de quien vendrá primero,
si el grito del orgasmo o de la muerte.
La piel de tanto andar a oscuras
se adormece, se estira, se aterrona.
Cuando se cansan de vernos y escuchar nuestras voces
enloquecen y vuelven a encerrarnos
para que elaboremos los infinitos plagios del suicidio.
Piensan -con razón- que hemos muerto,
que hablamos un idioma secreto
que solo dialogamos con las sombras.
Todo lo que digo entra en sospecha,
por eso, estoy seguro,
ya nadie me creerá cuando le cuente
que he perdido la última batalla hace seis años
y anoche he muerto solo en Santa Elena.




Horacio Salas
De "La corrupción" en Antología consultada de la Joven Poesía moderna.
Compañía General Fabril Editora, 1968



Nació en Buenos Aires, 1938. Perteneció al grupo literario "El grillo de papel" dirigido por Ernesto Sábato

Pintura extraída de http://www.fotolog.com/nini_06/

  Luisa Futoransky

22 de agosto de 2014




les digo
bájense del bronce, tiriten
que un resto de vendetta perenne los nombra
con dolor y mi parte angélica de nefilá que rodó
os condena desde mi abovedado tragaluz
a lentísimo purgatorio como lo que son
meros
méritos
subrayo
enanos de jardín

la vejez es un trabajo a tiempo completo
un trabajo de esclavos



*****


“Hay adolescentes que desean los abusos, incluso te provocan”,
Insistió el Bernardo Alvarez, obispo de Tenerife, un 28 de diciembre,
creedme
créanme
si lo dice la Iglesia, metro patrón del orden y sosiego
qué nos queda a nuestras agencias, escuelitas
y ministerios defensores de la viuda y del menor
hacer la vista gorda
brindemos a Moloch nuestros hijitos más desharrapados
desvíen señoras y señores el paso y la mirada
¿colonialista, hijo de puta, gran bonete, yo?

campo
cereales alumnos en silos
carreteras del purgatorio
ohio, el mundo




Luisa Futoransky
De “Ortigas”  -  Ed. leviatan – 2011

Argentina – 1939

Foto extraída de: biennaledespoetes.fr