Estación Quilmes

  Anne Michaels

16 de octubre de 2013


















Buceadores de la piel


Bajo la carpa
de las estrellas, vacas
a la deriva, sus vientres cepillando
la hierba alta, listos para un copioso
festín. Tierras bajas que centellean como mica
bajo la luna. La luz de las estrellas
nos empapa los zapatos.
La pradera de algas marinas se inclina suplicante, el mismo
campo de arpillera que en invierno cruje con la helada
es salpicado por el pincel negro
de los cuervos. Gélidos diamantes de las cintas de la reina Ana.

Porque se siente amada, la luna permite que nuestros ojos
la sigan por el sembrado, pisando
su ropa, seda reluciente
esparcida por los surcos. Sintiéndose amada, la luna desea
que la miren, nadando
toda la noche por el río.

Llama a través de los estores,
extiende una tira blanca por el pasillo a oscuras,
alcanza un vaso de la mesa.
Vigila la fortaleza del sueño.
Como la luna, quiero tocar espacios
sólo con la mirada. Contarte
cosas nuevas a las tres de la mañana, cuando nos
despierta la lluvia o una preocupación, o adelgazándonos por
los juncos del sueño, emergemos en la piel. En esta habitación
donde tantas cosas han ocurrido, donde el amor
es ese tintineo de los botones al deslizarse tu camisa
al suelo, el sonido de la calderilla;
un libro entreabierto, ropa
entreabierta. Sentimos de nuevo
cómo se transparenta la superficie
del cuerpo empujado ante la puerta
del mundo. Para leer lo que hay dentro
nos alzamos el uno al otro
hacia la luz. Recogemos
a todos los que amamos o deseamos
perder de vista, los llevamos
a cada pradera nocturna y nos sentamos con ellos
mientras las vacas se demoran como barcos
que apenas se mueven en la distancia.
La lluvia goteando desde la lona de las estrellas.

Pulido por el agua, el cuerpo recuerda
como una planicie inundada, anegado de sensibilidad,
ganando terreno en la bajamar.
Terrazas de la memoria, lisas como deltas verdes.
O arrecifes y cordilleras
plegando el mundo hasta el hueso.
La luna palpa el significado
de las cosas con sus dedos ciegos,
luego nos devuelve al cerúleo
aluminio de los amaneceres. La noche,
una carretera apuntando al este.
Su hermana, la memoria, revuelve en el armario empotrado
buscando ropa que conserve la silueta de alguien.
Se frota las manos en el delantal
manchado de infancia, un olor familiar
en el pelo; traquetea con ollas y cacerolas
en la cocina circadiana.
Mientras, en la habitación de una pradera nocturna,
la luna se desviste; su salto de cama
flora eternamente a ras de suelo.
La memoria se demora por el césped de las fincas,
se mueve lentamente por la hierba húmeda, cargada
de instantes atrapados en su red nocturna, en el éter
reluciente de su falta. El aire se aviva,
la memoria alza la cabeza y casi
desaparezco. Alzas la vista, una mirada que siento
por todas partes, la lengua de una mirada,
y el amor esta pradera nocturna, la sombra de la mañana
de nuestras voces, el papel carbón púrpura
de esta oscuridad plomiza. Pesa la memoria con la joyería
de esta lluvia, pesa su falda con los brotes de mercurio
congelados que adornan las ramas,
mientras avanza oímos el castañeteo
de esos huesos tan bellos. Entonces, el amor,
tan alejado del cuerpo, se alcanza sólo
por vía del cuerpo. El tiempo es el alambique
que transforma lo conocido
en misterio. En aire,
en la mancha púrpura de la dulzura.
El laburno, el iris silvestre, los abedules tan espesos
que resplandecen por la noche, olores que nos alcanzan
por todas partes; la alquimia que nos mantiene
tan felices tumbados en el suelo, incluso si no abarcamos
nada, nada: el evasivo
troque de los pájaros. Nunca tomaremos velocidad
de crucero, más bien nos hundiremos en el húmedo
firmamento, aprenderemos a permanecer en el fondo,
respirando por la piel.
Con membranas de plata, en ríos
color de lluvia. Bajo el agua, bajo la piel;
con arcanas aletas transparentes.

Esta noche la luna deambula descalza,
deja atrás medias de seda
como jirones de río.
Las pisadas del verano en nuestros brazos y piernas
palmeando húmedos
de lodo y algas.

Rodamos desde el borde al fondo de la pradera,
nos levantamos bajo la lluvia
de nuestra silueta en la hierba húmeda.
Nadadores nocturnos, buceadores de la piel.




Anne Michaels
De: “Buceadores de la piel”. Traducción de Jaime Priede - Bartleby Editores. – 2003

Canadá – 1958. Es una destacada escritora canadiense de la actualidad. Su primera novela, Piezas en fuga (Alfaguara, 1997), ocupó durante años la lista de los libros más vendidos en Canadá y recibió, entre otros premios, el Orange Prize, el Trillium Book Award, el Giusepe Acerbi y el Lannan Literary Award for Fiction. Fue traducida a numerosos idiomas. También es autora de libros de poesía muy celebrados: “El peso de las naranjas and miner s pond” y “Buceadores de la piel”, entre otros.


Obra: (serie) La hora de las estrellas - Miguel Carini - España


  Melba Guariglia

13 de octubre de 2013





















No corro
camino
estoy llegando
oculta en la punta del viento
con todas las piedras.
Reconozco el hoyo del zapato
ametrallado
lo que queda de mi prisa
boca escupiendo perfiles
sin aliento
el cupo zurcido de mis medias
buena memoria.
Ando puentes y zaguanes
entre amor/cigarrillos
consecuencias/resaca
color aguamarina en plazas oscuras
esa pesada melancolía
en las rodillas
ese tiempo que llega con el vino
la cólera lentamente.



Melba Guariglia
Uruguay

De "17 poetas uruguayas de hoy" - Comp. Julia Galemire
Ed. Carlos Marchesi - 1996

Poeta, asistente social y periodista.
Integra diversas antologías de poesía en Uruguay  y México, una de ellas bilingüe español-portugués, un libro colectivo de cuentos (México) y poemas suyos han sido musicalizados, editados en CD y traducidos al francés.
Es coeditora del libro La palabra entre nosotras (E. La Banda Oriental, 2005) que recoge las Memorias del I Encuentro de Literatura Uruguaya de Mujeres, del que fue co-organizadora.
Actualmente reside en Uruguay, dirige Ático Ediciones y es socia fundadora y ex Presidenta de la Casa de los Escritores del Uruguay.
Obra poética: “Pequeñas islas” Ed. Ático 2010; “Entredichas palabras” Ed. Ático, 2008;
“Sublevación del silencio” Univ. Del estado de México, 2000;
“Oficio de ciegos” E. de la Crítica, 1998; Señas del derrumbe Ed. del Mirador, 1991;
“La casa que me habita” Ed. de la banda oriental, 1986; “A medio andar”  Monte Sexto, 1987; “El sueño de siempre” Ed. Oasis, México, 1984.

Obra: Figura veneciana – Santiago Cogorno (Argentino)

  Mario Benedetti

10 de octubre de 2013



Una mujer desnuda y en lo oscuro


Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda

una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan

una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo

una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.



Mario Benedetti
Uruguay (1920-2009)

Interpretación: Roy Brown - Puerto Rico (1954)

Obra: Luz oculta - Isabel Picasso
http://picassoisabel.blogspot.com.ar/

  Jaime Sabines

6 de octubre de 2013



Te quiero porque tienes…


Te quiero porque tienes
las partes de la mujer en el lugar preciso
y estás completa.
No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.

Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.
Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy la mancha, un punto en la pared,
alguna raya que tus ojos, sin ti,
se quedan viendo.

Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.

Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.
Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.



Jaime Sabines
México (1926 – 1999)

Obra: El beso de Klimt recreado en mosaico - Silvia Danelutti (Italia - 1970)


  Cristina Peri Rossi

2 de octubre de 2013













LA AMBIGÜEDAD DEL AMOR


"¿Y por qué le tendríamos miedo?
me preguntaste con falsa ingenuidad.
No hay mayor deflagración que un cuerpo.
Se teme a las palpitaciones
al exceso de sudor
a la palabras
tanto como al silencio
a la bóveda del paladar
y a la bóveda del vientre
Se teme a las piernas y a las caderas:
son visiones irresistibles,
se teme no verlas
y se teme verlas al mismo tiempo
Es mejor estar siempre vestida
Ocultemos los animales que llevamos adentro
No me enseñes el puma
y yo no te enseñaré la gacela
O vístete de palabras
y tomemos café.




RELOJES

Cuando empezamos a amarnos
me dijiste que te hubiera gustado conocerme mucho antes
Yo, que preveía lo que iba a suceder,
te contesté
que hubiera preferido que nos conociéramos cien años
después.




Cristina Peri Rossi
De "INMOVILIDAD DE LOS BARCOS" - BASSARAI POESÍA 1997

Nació en Montevideo, Uruguay el 12 de noviembre de 1941


  Zoé Valdés

30 de septiembre de 2013




















Locura y elección


De todas las muertes uno elige la suya
la de la mano incógnita
que ya jugó a alcanzar en la carrera infantil
de policías y ladrones
uno se apodera de la que te lanzará sobre un charco
debajo de las ruedas
robas la bala de oro la manzana envenenada
el gen cáncer el gen bacilo de Koch
el gen interminable que te persigue desde los ancestros
el encomendado para asesinar
La vida te la endosan
la muerte
uno tiene la sensación de elegirla
con fineza reflexivo
titubeando si no habrá otra mejor
más colorida más a la moda
el traje ilícito del sida
y registras en la prensa con confiada ufanía
ninguna se parece a tu carácter
todas son terquedad por nada
ni la muerte chic de los grandes atentados
ni los terremotos después del almuerzo
mucho menos el suicidio o el infarto indecoroso
tampoco aquellas donde se pretende dejar herencias
de todas las muertes uno selecciona con pulcritud
y a veces hasta con al irreverente certeza de aquel refrán
El hueso que está p’a uno no hay perro que se lo lleve.



Zoé Valdés
Cuba – 1959







De: Vagón para fumadores - Ed. Lumen – 1996

Escritora de narrativa y poesía, guionista y directora de cine, reside en París desde 1995 y nacionalizada española en 1996.
Estudia los primeros cursos de Filología en la Universidad de La Habana. Se traslada a París, estudiando en la Alianza Francesa, donde trabaja como documentalista en la Delegación de Cuba ante la Unesco y en la Oficina Cultural de la Misión de Cuba en París.
En 1988 vuelve a Cuba, participa en el movimiento pictórico del país, trabaja en la revista Cine cubano y colabora como guionista en el Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográficos.
Colabora en la prensa española y francesa. En el ámbito cinematográfico, es guionista de Vidas paralelas de Pastor Vega, Amorosa de Pilar Távora, etc.
Su obra se define por ser una visión crítica y nostálgica de la vida en Cuba. Ha sido traducida a inglés, francés, alemán, flamenco, polaco, portugués, italiano, serbio, checo, eslovaco, entre otras lenguas.

Obra: Pareja de calaveras – José Guadalupe Posadas (México)

  María Teresa Andruetto

26 de septiembre de 2013



Hamaca


Estoy en cama
      (la enfermera
       se llama Erminda)
Por la ventana que da al patio,
mi hermana pasa a bordo de una hamaca.
Pasan también las moras, el verano,
las chicharras. Ha de ser octubre,
como esta tarde, o tal vez noviembre,
y el calor agobia, porque mi padre
que llega del trabajo, se ha soltado,
cosa extraña, la corbata. Yo estoy
en cama. Y Ana que pasa alegre,
viva, a bordo de la hamaca.
Habrá sido de vidrio el aire,
como esta tarde.



María Teresa Andruetto
De "KODAK" - Ediciones Argos - 2001

Nació el 26 de enero de 1954 en Arroyo Cabral, provincia de Córdoba, Argentina.