Estación Quilmes

  Leticia Hernando

5 de julio de 2013




















Asilo


Tus manos una contra otra
bajo tu mirada        tus manos

una contra otra       tus uñas
negras laceran.

Laceran.



Asilo II ( un sacrificio a ojos abiertos )


Alguien yace su último poema:

mujer insólita habla
descalza la sonrisa
abierta
a los costados/
autopista/
acechando/
y vuelve,
todavía viendo todavía pisando

y espera.



Asilo III


( Me mira con ojos estáticos de otro lado )

Estática,

no soy más
que unos ojos acuosos.

Acuosa,

no soy más que el balbuceo
de unos ojos,

    una sonrisa opaca y mendiga.



Un sacrificio a ojos abiertos II ( Asilo IV )

“Alguien golpea en las venas.
Voy a abrir.”
-Daniel Grad-

¿Hay pasión estéril a la que no cobije?

¿piernas que no aprieten la garganta?

¿Mujer que no golpee en las venas? Oscura. ¿Que no sonría?




Asilo V ( acechar )


¿Quién se disgrega
y se repite frente a un espejo
( imagen que contiene )
y junto a su sombra
a los pies de quién
siempre mide
comprueba su pulso,
ríe?




Asilo VI


por aprender a arrastrarse,
por des-aprender a levantarse:

( mi lengua lamiendo las baldosas
ásperas, heladas, olvidadas… )




Asilo VII


Antigua.
Retorcía las manos en el aire
inventando sombras
contra su sola, propia cama.
Nueva.
Engendra un ojo negro.
Pierde la mirada.



Leticia Hernando
De "La alegría del desarreglo" (poemas 1993 - 2001)

Nació en Buenos Aires en 1976.

Imagen extraída: www.elortiba.org

  Jorge Prieto

2 de julio de 2013










Sólo la espera hace atractivo el final


En aquellos mediodías indefensos
sin distancia en las miradas
ni señal alguna de pájaro
el viento
contra todo lo esperado
alejó mis tristezas.



Pura suerte


Todo el tiempo
cada vez tan sin rumbo
iba sin mi.

Aquel día,
arrastrado por el viento
una cierta musiquita
me trajo a vos.


Jorge Prieto
De " Álbum de esperas y otros asuntos" - Ediciones El Mono Armado (2010)

Argentino




  Arcipreste de Hita

24 de junio de 2013















Lo que puede el dinero

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto y hombre de respetar,
hace correr al cojo y al mudo le hace hablar;
Quien no tiene dinero no es de sí señor.

También al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
Quien no tiene dinero no es de sí señor.

Y si tienes dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración.

Comprarás Paraíso, ganarás la salvación;
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Él crea los priores, los obispos, los abades
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades,
a los clérigos necios da muchas dignidades,
de verdad hace mentiras, de mentiras hace verdades.

Él hace muchos clérigos y muchos ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les da por bien examinados,
a los pobres les dice que no son ilustrados.

Yo he visto a muchos curas en sus predicaciones
despreciar al dinero, también sus tentaciones
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones

Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir,
mas si huelen que el rico está para morir
y oyen que su dinero empieza a retiñir,
por quien a de cogerlo empiezan a reñir.



Arcipreste de Hita España (1283 - 1350)

Imagen: antiquechrist.com

Canta: Paco Ibáñez – España









  Juan Manuel Roca

20 de junio de 2013














Antioración

(Un reclamo por los poetas)


Ni aunque me dotaras con la lengua
y el tacto del Rey Salomón,
ni aunque me dictaras un bello Cantar
que abreve en labios de alguna moabita,
ni recibiendo en dádiva a la hija del Faraón,
ni por un caballo negro
que chapotee en la lluvia
y piafe bajo un cielo de olivos,
ni por la dignidad del viento
o de un gran señor en las viñas de Baal,
ni a cambio de un próspero comercio
de toneles de vino y bosques de olor,
lograré entender, Señor,
que en la lengua de John Donne,
en la misma de tu hijo William Blake,
se sigan ordenando las matanzas.




Juan Manuel Roca 
Colombia – 1946

  Luis Eduardo Alonso

16 de junio de 2013




La vida por Perón



Dijeron la vida por Perón
y murieron peleando con un palo contra los aviones
corriendo con una piedra en la mano como un delantero hacia el
arco del avión contrario
sin banderas, izando tu camisa rota por todo estandarte, tu ropa
  sucia
dándole a los bombos en ese incendio del que no huimos porque
tanto cansancio nos demora
o quizá sólo pasábamos por esas calles que se hunden en el río
y pudimos dejar la muerte
extraviarla en un sueño donde se dan cuenta los hombres
que van a morir
ven de noche en extrañas fábricas que la vida por Perón no fue
  una muerte brusca
sino esta lenta agonía.




Luis Eduardo Alonso
Argentino (1951 – 2002)

De: “Sudestadas”
En: “Los poetas de Mascaró”. Ed. Desde la Gente – 2012


Obra: Guernica de Pablo Picasso (España)


  Javier Adúriz

14 de junio de 2013




Un artista


Del hambre no hay mucho que decir,
Es constitucional, intrínseca en la jaula.
Todo consiste en una suerte de honor
Sombrío, algo que llega desde otra parte.

Hubo días – extraordinarios días –
En que una muchedumbre se aproximaba
Expectante. Incluso, quien pagara
Por ver. Días de gloria en suma.

Pero ahora ¿qué decir del ahora?
Cuando estoy parado y seco y flaco
En el fondo del patio de las fieras.

¿Ni un paso atrás en estas condiciones?
¿Ni siquiera morderme las uñas?
¿O abrir los ojos y estar a lo que venga?




Javier Adúriz
Argentino (1948 – 2011)

De: “Los Nada”
Ed. del Dock – 2011


Foto: cuspedepita.blogspot.com.ar


  Carlos Patiño

11 de junio de 2013






















Biografías intensificadas


¡Y quién será el tal Carlos Patiño?
Dicen que nació una incierta madrugada
de la cual manifiesta no acordarse
en algún sitio blanco y de alucinantes luces
en pleno barrio de Caballito
pero
eso es lo que él dice.
La verdad es que nació cuando una mano femenina
acarició su muslo en la oscuridad de la calle Espinosa
y desde entonces
siempre quiso una mano de mujer acariciando su  muslo
y hasta cosas más atrevidas el muy ladino.
Y eso que a veces pudo lograrlo y otras no
pero dice que es la suerte de todos los humanos
eso dice
quizá por consolarse
o tal vez tenga razón y que así sea.

También dice que alguna vez vio como apaleaban
sin piedad
a un caballo enfermo que no podía incorporarse
o cómo dejaban con platos vacíos al vecino de enfrente
y a sus hijos/ sus amigos de siempre/
mientras el responsable de privar a sus ollas de un trozo de
carne
se iba confortablemente sentado en un automóvil del largo de
una cuadra
y dice que esas cosas no le gustaron para nada
y que algo había que hacer para impedirlo.

Y dice también que cierta vez tuvo una hoja en blanco
frente a sus anteojos
y que sintió el impulso irreprimible de llenarlo de letras
y que de allí en adelante su mollera se clavó en esas cosas
y que todo eso le valió desgracias y desprecios
tiros que rozaban su cabellera oscura y enrulada
zapatos de energúmenos uniformados pisando sus espaldas
y el olor de la muerte para siempre.

Y dice además que tuvo incalificables éxtasis de muslos
y que varias veces le nació un dolor en el costado
donde el esternón dobla en huesos curvos
y que llenó muchas hojas que a la mayoría de la gente
nunca le interesaron.
Pero que él, tozudo, siguió haciendo esas cosas
y que hasta hoy las hace pobre tipo.

Y dice con orgullo inexplicable
que tuvo muchas voluntades tendidas para ayudarlo
a ponerse de pie cuando rodaba por el fango
o caminaba por el borde de los precipicios.

Pero no pongamos las manos en el fuego por gente como ésta
que imagina más de lo que es cierto.
Fíjense que vacía el cenicero constantemente
para hacerse creer que ha fumado menos.

Lo concreto es que el tal Carlos Patiño
- aunque algunas ya murmuran que su nombre verdadero
es carlopati75@gmail.com –
siente los pasos de su propia muerte y eso no lo asusta.
al menos eso dice.

Lo dice.

Pero tales hechos no son demasiado creíbles
y lo más probable es que el tal Carlos Patiño
sea sólo un vecino más de la calle La Paz
1876 Bernal
y que como sus vecinos alguna vez se irá
porque la vida desanda su trocha indiferente a
cataclismos, esperanzas y tiempos mal o bien consumidos
y de sus paredes alguien descolgará fotos
e inmóviles y dudosos trofeos vencidos por el tiempo
los reemplazará por marinas o posters de cantantes de moda
y mientras lo hace
comentará lo cambiante de este tiempo loco
y pintará de celestes esas paredes.




Carlos Patiño
Argentino – 1934-2013


De: Caderas, lejanías y diagonales
El Monje Editor – 2013