Estación Quilmes

  Pushkin

9 de septiembre de 2010




A K …*

Apareciste ante mi puerta como un rayo deslumbrante
por ti deseaba ser un gran poeta y alcanzarte
un viento liberando a su país
y el ritmo del cosmos, algoritmo marino, giró en
                                                            /mi corazón.
Pero el tiempo pasó, montando la racha helada y gris
los años soltaron sus crines revueltas y no te pude ver:
la oscuridad reptó en mi rostro, se enroscó en mis ojos
y ennegreció mis labios con su veneno azul.
Pero el tiempo pasó, aún con su dolor sin fin,
en una de sus esquinas – la tormenta – te vislumbré
                                                            /otra vez
surgida del blanco remolino; genial aparición
del más puro confín de la belleza.
Y otra vez habló ante mí aquel oro de Saturno
y el entusiasmo astral de su contemplación
volvió a encender mi rostro.
Y recordé al que pudiera ser
al loco abismo que pretendía salvar a su país
y el ritmo del cosmos, girándula de ámbar
                                                            /nocturno girasol,
volvió a arraigar en mí.


Pushkin
Rusia (1799 – 1837)

De “La mariposa en la estrella”
Ed. Leviatán – 2001

Trad. De Victor Toledo
* (N. del T) Versión libre: Un tanto siguiendo la escuela radical de traducción de Pasternak: recreaba el poema “traduciendo” su emotividad, su tensión, recontextualizándola; buscaba ritmos y temas correspondientes al otro idioma, sin traicionar la idea o los conceptos esenciales. Su versión son otros poemas, pero no es así. Para los sistemas antípodas del ruso y español es una opción importante, más en poetas como Pushkin: sustancialmente musicales, indecantables de su historia y tradición.

Aleksandr Sergéyevich Pushkin : Nació el 26 de Mayo de 1799 y murió el 29 de Enero de 1837. Fue poeta, dramaturgo y novelista, considerado el fundador de la literatura rusa moderna.
Fue pionero en el uso de la lengua vernácula en sus obras, creando un estilo narrativo —mezcla de drama, romance y sátira— que fue desde entonces asociado a la literatura rusa e influyó notablemente en posteriores figuras literarias como Gógol, Dostoyevski, Tolstói, y Tiútchev, así como en los compositores rusos Tchaicovski y Músorgski.



Obra: Cuadro de Vasili Tropinin (1827)

  Luis Luchi

8 de septiembre de 2010




Contestarse a sí mismo en el canto

¡¡¡Voy!!!
No contesta-no está.
¡Esperame, falta poco!
¿Estará festejando mi ausencia?
Oigo voces. Están en curda,
suben, cruzan el río,
pasan el bosque
y se escucha en el valle:
¡Estoy por llegar!
¡No terminé! ¡Esperen!
El zapato me queda chico, la media grande;
hace mucho que no me vestía.
¿Cómo se hace?
¿Eh? ¿Con qué viajo?
Sí, sí; ando, es el viento en contra,
me falta poco, estoy,
en el último descanso que tomo
pero verán, ya veremos, hay niebla,
justo hoy se les ocurre un eclipse de sol,
nunca es total, llevo un farol,
una vela, tus ojos en la memoria.




Luis Luchi
Argentino (1921 – 2000)

De “Contestarse a sí mismo en el canto”- 1997
Luis Luchi (seudónimo de Luis Yanischevsky Lerer) nació en Buenos Aires en 1921 y creció en Parque Chas, de donde jamás se marchó. Integrante de los grupos "El matadero" y "Gente de Buenos Aires", su nombre no figura, por su voluntad de permanecer al margen de cualquier manifestación de la cultura oficial, en ninguna de las más importantes antologías de poesía argentina. Su obra incluye los siguientes poemarios: “El obelisco y otros poemas” (1959); “El ocio creador “(1960); “Poema de las calles transversales” (1964); “La vida en serio” (1964); “Vida de poeta” (1966); “El muerto que habla /Poemas cortos de genio” (1970); “Ave de paso” (1973); “Los rostros” (1973); “Poemas 1946-1955” (1975); “La pasión sin Mateo” (1976); “¡Gracias Gutemberg!” (1980); “Resumen del futuro” (1984); “Antología poética” (1986); “Fuera del margen” (1992); “Mishiadura en las dos ciudades” (1993); “Jardín zoológico” (1995); “Contestarse a sí mismo en el canto” (1997); “Poemas y pinturas” (1999); “Amores y poemas en Parque Chas” (2001 póstumo).
Exilado en Barcelona desde 1976, murió en esa ciudad en octubre de 2000. En vida nunca obtuvo más premio y reconocimiento que el de sus lectores e innumerables amigos.

  Alberto Szpunberg

7 de septiembre de 2010




Naide es más que naide responde a don Nadie

a Luis Luchi



El mundo es su palacio y Él reina sobre todos pero todos
somos hombres de palacio: Piatok es hombre de
palacio, su caballo es hombre de palacio, nadie, el que
no es, es hombre de palacio, y el don nadie, el que será,
también es hombre de palacio, hay grandes caminos que
llevan a Moscú o Krivosoiovo o Parque Chas, hay
caminos menores que, por ejemplo, van de Berdichev a
Buenos Aires o el Masnou, hay senderos que atraviesan
el bosque, hay atajos que burlan los senderos que
atraviesan el bosque, y hay pasadizos secretos entre
letra y letra que recorren todo el inmenso mundo, y todo
el inmenso mundo es su palacio, y el quejido de sus
infinitas puertas es nuestro quejido, y el crujir de sus
maderas son nuestros huesos, y sus largos pasillos nos
llevan adonde nos llevan, y todos los que vamos y
venimos somos hombres de palacio que vamos y
venimos, y hasta el Zar de todas las Rusias, maldito sea
su nombre, con su Palacio de Invierno que pronto será
nuestro y antes dejará de serlo, también él es hombre de
palacio, y hasta el tendero que nos desnuda con sus telas
es hombre de palacio,
pero, de pronto, alguien enciende el fuego y se refriega las
manos, otro alza la copa y canta, los demás bailan y
bailan y se abren las ventanas y es primavera y, bajo la
lluvia, el palacio, de punta a punta, es barro y vuelve
al barro y el barro huele a nosotros, los que creamos el
mundo con nuestras manos como si fuese un palacio,
incluso a riesgo de que alguien, Dios no lo quiera,
confunda el aire con el andamio
aunque ya no nos pagan, por cierto, los accidentes de
trabajo ni las horas extras.



Alberto Szpunberg
Argentino - 1940

De La academia de Piatok - 2007

  Roberto Daniel Malatesta

6 de septiembre de 2010




Y el río crece


Advierto que no tengo tinta ni papel
y el río crece. Para mí y para mi perro
lo único seguro es el techo de la casa.
Quiero gritar, pero mi grito es tinta
y no tengo papel donde derramarlo.
Miro el cielo: Llovizna. Detrás de la llovizna
veo la cara húmeda de Dios.
Brilla su oscuridad, su penumbra luminosa.
Me digo: —aún tengo Dios— y me doy bríos.
Descubro que después del papel,
aunque mucho más alto, está Dios,
y sinceramente agradezco.
Dije una plegaria que no recuerdo.
La hubiera escrito, no importa,
todos los hombres la saben,
llegado el momento.




Desde la esquina seca


Le pregunté si bajaba el río.
Sí, me contestó uno, mi casa
es aquélla, una más allá de la esquina,
hoy se ve un poco más que ayer.
Yo me quedé mirando la casa,
rosada, más rosada aún
bajo el sol del atardecer.
Una casa bajo el río no es una casa,
pero aquel hombre de fe dijo firmemente:
sí, baja, es mi casa.




A veces decís


A veces decís:
¿parece mentira, no?
O bien: como si hubiese sido un sueño.
Pero lo decís nomás,
no lo creés.
Esta vez no,
esta vez todos
nos dijimos lo mismo.
Y era verdad la mentira,
y el sueño había salido de su cauce
y estaba ahí,
entre nosotros,
y seguías sin creerlo.



Roberto Daniel Malatesta
De "Por encima de los techos"

  Joaquín O. Giannuzzi

5 de septiembre de 2010




Oficio del esternón


Entre todos los huesos fue el más sensible
a las realidades de la época. Que lo diga
su experiencia. Cuando lo serrucharon
para el abordaje cardíaco
gimió en mi nombre pero resistió
y lo cosieron con alambre. Los setenta
le silbaron balas a su costado soñador,
escuchó la masacre en su oscuridad
y pareció entender algo en un triste
crujido: pero yo pregunté lo suficiente.
Ahora le digo: desmayado pecho,
el futuro está despedazado,
hacete cargo del resto de mi invierno.



Joaquín O. Giannuzzi
(Inédito)

Nació en Buenos Aires en 1924, murió en la ciudad de Salta, el 26 de enero de 2004.

  María Baranda

4 de septiembre de 2010




12

No conozco tu país Dylan Thomas y sin embargo
he visto sus montañas florecidas por el sol de la mañana,
las tierras de cultivo que se levantan
desde un alba antigua a bendecir
la piel desnuda de los niños,
los riscos donde lloran viudas ciegas
y dejan escapar sus gritos
en las voces de los truenos,
las nubes espesas que esparcen su dominio
en colinas animadas por hambrientos,
las cavernas donde los hombres atesoran
sus bienes inexpugnables,
sus partes de miseria y paraíso
donde los lobos lamen la fiebre de los desvanecidos.
He visto las altas cúpulas de flacas carnes
para el que atisba los rasgos del moribundo
abominable en la sed de un lecho.
He visto al joven loco y a la mujer enferma
caminar por esas calles de tu pueblo
buscando un punto angelical, una pluma,
donde caer frente a un dios
besado en manto, en el fardo de las piedras.
He visto a tu mundo envejecer
con su estrella cayendo a la deriva,
y la palabra "Orden" y la palabra "Fe"
que tanto te despellejaban en tus sueños,
ahora son serpientes inofensivas
que se resguardan en el pulpito
del hombre ajeno.
He visto la penumbra de tus compañeros
con sus alas de cuervo espoleando los prodigios:
sus dos pies amputados, sus manos secas
por el delirio del viento prisionero.
He visto a tu país
caer en lágrimas por los desaparecidos,
a los hijos de tus hijos
alimentar su vigor eternamente de rodillas en la tierra.
He visto al lóbrego clausurar sus párpados de fuego
para que no lastimen a sus hijas.
A los necios y gigantes, escasos y nefastos,
plañideros y exaltados caer furiosos
boca a boca contra el suelo para allí,
en el grosor de su mentira rota,
roer la piel de un solo hueso.
Tal vez por eso te apartaste Dylan Thomas,
tal vez quizás no vuelvas por aquí
donde la muchedumbre forma un solo cerro,
donde un corazón llameante
está escondido en la palabra "Secreto".
Quizás pienses que todo esto es vida de ficción
y que el mundo urde su conjura.

Quizás tengas razón y nosotros,
los hombres solos, los huecos
capaces de cargar con la esperanza ajena,
hemos ido anocheciendo poco a poco.



María Baranda
De "Dylan y las ballenas"

Nacida en la ciudad de México en 1962 ha publicado libros como Atlántica y El Rústico (2002), Narrar (2001), Nadie, los ojos (1999) y Los memoriosos (1995), y recibido los premios Castillo de Lectura de Literatura Infantil y Juvenil 2001, el Premio Francisco de Quevedo que otorga la Villa de Madrid en 1998 así como el Premio de Poesía Efraín Huerta en 1995

  Sandro Chiri

3 de septiembre de 2010




Ha muerto José Saramago mientras yo esperaba a Sofía Loren
en Plaza San Miguel

Quien vivió en paz,
que en paz descance
Juan Gonzalo Rose


El cable informa que el lusitano premio nobel comunista a forro
murió de cáncer y tristeza / murió de alocada pena y contaminación,
mientras yo esperaba a Sofía Loren en Plaza San Miguel
con dos coca-colas y una chata de ron. Se había puesto
botas negras y un blue jeans que le levantaba el culito
a la máxima expresión.

El curita Cardenal declara a la prensa y dice que Saramago
fue un ser humano extraordinario, comprometido con las
causas más nobles de la especie y los pueblos,
mientras veo llegar con media hora de retraso a
mi Sofía Loren cubierta de un saco pana plomizo
muy a tono con el cielo maldito de Lima-limón.

Los predicadores en la calle no saben quién carajo
escribió "El Evangelio según Jesucristo", tampoco
les interesa saberlo a pesar de que en Quilca por
diez lucas tienes una punk edición,
pero más bella es mi Sofía Loren cuando me
coje del brazo y me dice "Papi, esta noche
seré tuya". Y así fue, aunque trabajo me costó
bajarle sus bombachas color café light.

Leo que cremarán sus restos en Lisboa y
arrojarán sus cenizas en Lanzarote,
días después de discursos o de las lágrimas de
mi amiga María Fernanda de Abreau,
mientras seguramente Sofía Loren y yo
estemos revolcándonos como dos alucinados
en un telo (mereces) de 30 lucas.

Un caldo de gallina con huevo duro para nuestros cuerpos
y que José Saramago descanse en paz.



Sandro Chiri
Perú (Callao, 1958). Dirige la revista literaria La Casa de Cartón. Ha ejercido la docencia universitaria en la Universidad de San Marcos de Lima (1989-2004), labor que continúa pero en las aulas de Temple University (Filadelfia). Es autor de los poemarios El libro del mal amor (1989), Y si después de tantas palabras (1992), Viñetas (2004) y Poemas de Filadelfia (2006, edición bilingüe). Ha publicado en coautoría las selecciones Cuento peruano contemporáneo (1991), Narrativa de vanguardia en el Perú (1994) y El cuento en San Marcos (2000).