Estación Quilmes

  Luis Jorge Boone

12 de agosto de 2010




Animal Planet

-
Sucedió que, a fuerza de observarme y observarlos,
ella empezó a encontrarme parecido a otras especies.


La primera adivinanza de aquel libro
que leía mi madre
era ésta:

-
¿Cuál es el animal que se arrastra por la hierba
y hace ruido?
La respuesta era Yo:
gateando en el jardín,
papá meciéndose en el porche,
siguiendo el ritmo de mi sonaja
en una casa que ya no existe.
-


¿Cuál es el animal
que es feliz bajo el agua y sólo emerge a respirar?
Yo: recostado en el fondo de un estanque
en medio del desierto.
-


¿Cuál es el animal que tiene alas
y nunca se separa de la tierra?
¿Cuál el que carga a sus crías sobre los pies
y camina con ellas los primeros 3,000 pasos?
¿Cuál, el capaz de quebrar un tronco con los dientes
y besar una pequeña boca sin herirla?
-


Nagual de mi infancia en una jaula,
animalito protector del álbum de estampas,
de mi libro de adivinanzas, ya no aguardes mi respuesta.
Esa silueta que recorre el horizonte
soy yo:
soy yo
que cabalgo hacia el sol sobre mi propio lomo.
-


Luis Jorge Boone
México – 1977

Nació en Coahuila el 30 de julio de 1977. Actualmente radica en la ciudad de México y se desempeña como escritor y crítico literario. Su primer poemario publicado fue “Legión”, editado por el Instituto Coahuilense de Cultura. Luego le seguiría “Galería de armas rotas” (Fondo Editorial Tierra Adentro).
Además de otros importantes premios en su país en 2007 recibe el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino por su obra “Traducción a lengua extraña”.

  Humberto Costantini

11 de agosto de 2010




Suele suceder

Suelo morirme a las mañanas.
justamente a la hora
de guardar El escarabajo de Oro en el portafolios,
cuando en el andén de Constitución
recibe los últimos boqueos de mi subterráneo,
y el reumatismo, que ya me perdió el respeto,
me palmea confianzudamente la rodilla
al levantarme.
Suelo morirme a las mañanas,
casi sin odio le digo que no va más
a tanta cosa ardiente que me brota ¿de donde?
y un dos, un dos, un dos,
el viejo embozalarse en molinetes,
el viejo insomnio trepando pasamanos,
un dos, un dos, un dos,
un poco de fatiga y la bufanda
y la piel de aguantar
hasta el dedo del jefe en mis papeles.
Y me muero.
Acudo al Equanil, recuerdo deudas,
me grito pobre tipo,
y ya me estoy tocando la calvicie,
y ya salgo a buscar bicarbonato,
me doy un tironcito a la mortaja,
y chau, me quedo muerto.

Pero ocurre que a veces,
a veces porque sí,
por primavera,
por cuento por salir,
o por muchacha,
me vuelvo inteligente, solidario,
sé de pronto quién soy
y donde piso.
Se me viene un pasado a la memoria
y me nace un futuro en la garganta,
crezco en el tiempo,
y me circulo entero.
y ya me nace la palabra hombre
y el prodigio de ser hasta el zapato
de puro estar cambiando el universo,
creyéndome y creyendo.

Creyéndome y creyendo
cuando le planto un no como una casa
al jefe, al comisario, a jesucristo,
cuando me doy en cacho para siempre,
haciendo lo que hago, cosas, cuentos,
pateando la tristeza,
alborotando,
dando mi piel caliente,
mis dos manos,
éste soy yo venga una copa y cante,
qué tanto fin de mes ni tanta cuenta
si el hermanito zeus
me hace señas del as
y voy matando.

Y voy matando sombras
degollando
muñecos de aserrín que dicen dónde
dónde nos lleva este sufrir sufriendo
y hasta cuándo.

Hasta cuando me saquen a tirones
de esta ciudad que es hembra
y me responde

Que todo el aire es canto
y voy cantando

Y entonces sí,
entonces sí compadre, resucito,
siento mis pies que pisan y prometen,
se me va el reuma, el hígado, el resfrío,
ando de costantini hasta los pelos,
digo gran puta y lo que soy viviendo,
le aprieto la cintura a buenos aires,
le hago un hijo de sangre, canto y cuento,
y salgo a caminar con tanta vida,
con tanta cosa ardiente aquí en el pecho.


Humberto Costantini
Argentino (1924 – 1987)

De “Cuestiones con Costantini”
Ed. Los cuatro indiecitos - 2007

  Carlos Patiño

10 de agosto de 2010




Atrás, atrás


Buscaremos el modo de borrar la tristeza
de convertirla en música y en cantos/
de acorralarla al menos/ o volverla chiquita y obediente.
La tristeza es una neblina misteriosa que segrega la vida
cuando mueren los sueños, los amores, los jóvenes, los niños
y los pájaros. Anda bajo la piel, te vuelve loco,
te obliga a rascarte el corazón
a no mirar de frente, a caminar pegado a las paredes.
La tristeza hace aullar a los perros
porque huele distinto y les molesta.
Ya sé que no es muy fácil derrotarla
que tiene fabricantes en todos los despachos/
pero debemos hallar el modo
de acorralarla al menos/ o volverla chiquita y obediente.
¿Cuántas veces lo hicimos?
Cada vez que paseamos nuestras manos por el cuerpo querido
cada vez que nos dicen “yo te amo”
cada vez que un niño se embadurna la boca en chocolate
cada vez que la gente reclama sus derechos
que una abuela sonríe
o que un soldado tira sus armas al armario y se pone a mirar la televisión.
Muchas veces lo hicimos. Muchas veces lo hacemos.
Por eso no podemos permitir que esta vez
en que sus cómplices y socios aportantes
emprendedores, serios, entusiastas,
trabajan duramente para subirla al trono de todas las cabezas
puedan llegar a hacerlo.
Buscaremos el modo de borrar la tristeza
de convertirla en música y en cantos/
de acorralarla al menos/ o volverla chiquita y obediente



Carlos Patiño
Argentina – 1934

De “Buscados (pero no hay recompensa)”
Ed. El ojo de la ballena - 2005

  Jorge Boccanera

9 de agosto de 2010




El rock de la cárcel


Ella pone la radio a todo volumen cuando intento
escribir
cuando quiero dormir,
ella baila en el piso de arriba.
Baja las escaleras con fuerte zapateo,
sus hijos lloran,
sus perros ladran.
Todo el santo día hay personas que tocan a mi
puerta y por toda disculpa dice: me
equivoqué de puerta.
Ahora sube las escaleras corriendo, da un portazo
en su cuarto y discute a los gritos.
Sus hijos ladran,
sus perros lloran.
Con ella el vecindario es mucho más que una
riña de gallos en el techo,
mucho peor que una explosión adentro de la
almohada.
Un día respiré profundo, subí las escaleras,
- me atendió un hombre que estaba agonizando -
dije tímidamente: me equivoqué de puerta,
mis hijos lloran,
mis perros ladran.
Ella tiene la radio a todo volumen cuando intento
escribir
cuando quiero dormir,
ella baila en el piso de arriba.
Hace años que mi único deseo es cruzarme con
ella en la escalera,
y decirle a la cara ¡me voy!
y rociarla con nafta,
y apagar mi cigarro en su vestido rojo.



Jorge Boccanera
Argentina - 1952
De “Marimba” Antología personal - Ed. Colihue - 2006

Nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1952. Poeta y periodista.
Vivió parte de su exilio en México y Costa Rica. En su quehacer literario ha publicado además textos de crónica y de ensayo. En 1976 obtuvo el Premio Casa de las Américas de Cuba y un año después el Premio Nacional de Poesía Joven de México.

  José Agustín Goytisolo

8 de agosto de 2010




El lobito bueno
en la voz: Paco Ibáñez



Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.



José Agustín Goytisolo
España (1928 – 1999)


Nacido en Barcelona el 13 de abril de 1928, de familia burguesa , que se vio brutalmente sacudida por la muerte de la madre -Julia Gay- víctima de un bombardeo del bando nacional sobre la ciudad en 1938. El hecho dramático afectó a todos los hijos, pero especialmente a José Agustín, que puso a su hija el nombre de la madre perdida, y que en Palabras para Julia, uno de sus más célebres poemas une voluntariamente, en amor y deseo, a las dos mujeres. Sus muchas depresiones le llevaron a suicidarse el 19 de marzo de 1999.

  Alberto Szpunberg

7 de agosto de 2010




Merkell, el matemático, desmonta las matemáticas

Un hombre, el más solo de los solos, ¿es sólo el más
          solo de los solos? ¿es sólo un hombre solo?
en la boca del hambriento, por ejemplo, un día + otro
          día no son dos días sino una eternidad
          menos un bosque, aunque bajo la lluvia, sobre
          todo en otoño, cale hasta los huesos la tristeza
una lluvia + los charcos entre las hojas + el camino de
          tierra que lleva hacia otros pueblos no son tres
          sino el mismo otoño del que hablaba
          cosecha,
cinco son los libros pero son uno y caben en una sola
          mano cuando ésta se abre como un libro
la raíz cuadrada de un roble padece por cada hoja
          arrancada y se abraza a la tierra desesperadamente
          hasta engendrar nuevos robles donde ya se oyen
          cantar los pájaros que se van siempre por las
          ramas,
no es lo mismo restar horas que la última hora o
          dividir de un solo golpe los pocos dientes que aún
          sonríen
dividir para gobernar no es dividir ni gobernar
          cuando amar es crecer y multiplicarse
¿qué receta es la distancia más corta entre un pájaro y
          un suspiro, entre una vocal y una consonante,
          entre mañana y lo que vendrá?
nunca alcanzan los dedos para contar ni un solo
          segundo de sufrimiento
pero hasta el mismo infinito siente envidia de un
          corazón que ríe.



Alberto Szpunberg
Argentino - 1940

De “La Academia de Piatock” - 1997

Obra: "Chamuyando" Molina Campos

  Damián Ríos

6 de agosto de 2010



La misma luz en todas partes

"a Marina, Julia, Germán y Mariano"



Empecé otro
sobre bichitos de luz, aviones
y ruidos de gente sola que se conecta
a cualquier hora o
llama por teléfono y todo se mezcla
con el pedo de mi viejo un verano
a las tres de la tarde,
cuando no es mi viejo todavía,
es mi papá,
y falta un rato para que empiece a entender,
tengo los pies metidos en el barro.

O las luces de los aviones
o las de los bichitos de luz,
o las que se reflejan en las caras de los
que hacen fuerza con los dedos,
los codos, los hombros y teclean:
serán las tres?
Son las tres o las diez,
hay sol, en algunas partes soy el uno
que se ceba un mate en un pe hache
en planta baja, arriba duermen ellas,
se dan vuelta, me tropiezo con un zapato,
pateo una caja de pastillas,
está oscuro.


Ay, cómo me duele la nuca
de tanto mirar de los aviones las luces
de los bichitos que andan al ras del piso
y se apagan, allá está, no, está allá, está:
el movimiento
para agarrar un bichito
de luz debe ser armónico
y calculado,
inclinando apenas los hombros y pensando vas a ver
bichito, vas a ver.
Después, cerrar las manos como un cuenco para estudiarlo.
Si se prende es porque está asustado,
si se apaga es porque está buscando novia
y piensa que para buscar novia
hay que ser medio canuto.


Ay, esa rama de sauce que una tarde mete
y saca del agua mi viejo, hace calor,
sigue sentado con el agua hasta
las rodillas al lado del titi,
su mejor amigo, me acerco y los miro.

¿Están en pedo?
Sí, están en pedo.

Todos merecemos estar en pedo.
Todos merecemos estar en pedo.
Todos merecemos estar en pedo.

Ayyy, cómo me duele la nuca
de tanto mirar aviones, luces, no es verano,
es primavera y el cielo está más negro
que nunca las estrellas esplenden porque la luna
se ve entera exactamente al otro
lado del mundo, o no, donde un joven maestro
chino la mira brillar y piensa con desdén
en los que están de este lado,
tengo los pies en el barro frío
y de abajo brota un olor húmedo y verde,
quiero fumar para secarme la boca.


El piloto, el copiloto y la azafata
cruzan el cielo manejando
y ven apenas un manchoncito de luz
que viene a ser el pueblito dónde mamá me dice que
qué ando haciendo en el bajo a esta hora,
cazando bichitos enamorados, mami,
los tripulantes me miran desde la cabina
y soy esta sombra buscándole la vuelta a esto,
se me va de la cabeza,
mi viejo no deja de sorprenderse
mientras mete y saca la rama del agua,
le pone el ojo, digamos, y después
lo mira al titi que asiente y mi primo me codea
(están en pedo, dice)
y a mí me gustaría poder contar
ahora una historia, sólo para ser bueno,
sólo para salvarme,
que tiene a una chica apenas iluminada
por el resplandor de su pantalla
a las tres de la mañana,
el pelo negro. Le gustaría estar durmiendo
para responder al otro día: estoy bien.

En una casa que no es su casa,
se mueve, va a su cuarto de dormir sola,
¿hay una escalera?,
corre algunos libros y abajo la pantalla se
apaga, pac, automática.


Y mi viejo que vuelve
a sacar la rama del agua, está en cuero,
el titi tiene la camisa desabrochada
medio flameando, al contrario de
sus rulos, firmes, ¿se quedará pelado
en alguna parte de esto
que va, viene y no sabe
para donde agarrar?


El uno baja al chino a comprar
cigarrillos y con la primera pitada
se empieza a llenar toda su casa de luz,
es decir que los dientes, los pulmones, el corazón
del uno brillan en la oscuridad
y le hace señas de luces al piloto diciendo
ey, entregá la azafata que acá abajo,
nunca, dice el piloto, acá estamos iluminados
por las luces del tablero.


La chica de nuevo baja las escaleras
haciendo el ruido
de la noche. El ruido de la noche es
igual y distinto en todas partes:
es el ruido del teclado,
de las ranas, de las puertas,
del ventilador de la cpu,
de la respiración pesada de los que duermen bien,
de la liviana de los que duermen mal,
de los ojos bien abiertos de
los que no pueden dormir y
agarran un cigarrillo con la mano izquierda
y con la derecha el encendedor,
e inclinan apenas las cabezas
que ahora también resplandecen, débiles.

Buenos Aires es un panal
de bichitos en el horizonte.

Que lo parió, dice mi papá,
y me mira. Se apaga
el sol, la siesta entera queda
a oscuras, y sólo mi papá y yo,
iluminados, empezamos a explicarnos
con los pantalones arremangados,
y una rama en la mano
que entra y sale de lo oscuro
por la que sube un caminito de hormigas
que después de estar un rato
abajo del agua sin respirar, no se ahogan.
No se ahogan. No se mueren.
¡Es raro!

¿Entendés?

sí

todos merecemos estar en pedo

todos el uno el miguel la guadalupe la chichita la cecilia la cecilia la cecilia la cecilia lupe eleonora el chichí el puto elías el todos taco julia gaby fernanda josé silvia ilona todos ilu uli merecemos marina todos merecemos germán mariano nico estar julia marianino juancito ariel en pedo todos merecemos papá estar todos merecemos estar mamá en pedo

Todos merecemos estar en pedo
Todos merecemos estar en pedo
Todos merecemos estar en pedo
estar en pedo
estar en pedo




Damián Ríos
Nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, en agosto de 1969.

Desde 1991 vive en la ciudad de Buenos Aires. El número 8 de poesia.com recogió sus primero poemas. Ha publicado poemas en las revistas Diario de poesía y Los amigos de los ajeno. Publicó: La pasión del novelista (poemas, Deldiego, 1998), Habrá que poner la luz (novela, Deldiego, 1999; Eloísa cartonera, 2003), De costado (poemas, Deldiego, 2000), Poemas perros (poemas, Belleza y felicidad, 2001) y El perro del poema (poemas, Vox, 2005). Polvo (Voy a salir y si me hiere un rayo, 2004), una antología en cd room, reúne algunos de sus poemas. Y en 2005 ha sido traducido al alemán: http://www.lyrikline.org/de/ShowPoem.aspx?authorId=dr00&poemId=2704En 2002 cofundó Interzona editora, sello en el que se desempeña como Director editorial desde septiembre de 2003