Estación Quilmes

  Alberto Muñoz

18 de octubre de 2015



Amelia



A mi madre, experta en belleza.


No haber nacido doctor como nacían en tu razón los hijos,
haber preferido el río a tu debido campo de alazanes y mantas,
oír mejor el crujido de los muelles que la madera hablada del
violín.
Tu pequeño estado de la gracia ha derivado en las locas
amadas, ¡oh, madre!
Ahora que estás en el frío reinado de las momias, necesito
entrar por un vendaje a un filo de tu amada cabeza y pedir
otra vez que digas a los carros que he nacido, que sepa la luna
de los campos de Tres Lomas que mido un metro sesenta y
cuatro y que llevo las cejas de quien te amó.
¡Oh, madre!, ¿te acuerdas de mí? Soy el de barba.



Alberto Muñoz
De: Camiones 2001

Argentino  - 1951

Es poeta, músico, dramaturgo y guionista. En 1977 obtuvo el título de licenciado en Psicología. Editó los libros Floresta-poemas (1979), La compañía mágica del circo (1980), Almagrosa (1981, 2ª ed.:1990), Acordeón a piano (1984), Terra Balestra (1985) Dos épicas ( con Eduardo Mileo) (1987), Tratado de verdugos (1989), Misa negra (con Eduardo Mileo) (1992), También los jabalíes enloquecen (1998), El deseo en el Pavo Real (edición bilingüe italiano-castellano, con ilustraciones de Willy Castellanos) (2000). Venecia Negra (con Javier Cófreces) (2004). Trenes (2005) Canción de amor vegetal (con Javier Cófreces) (2006). Pianoforte (2006)

Foto extraída de:blogteatro.blogspot.com

  Ana Romano

14 de octubre de 2015





Vestigios


Cae
para que algo acontezca
la tarde

Acechando
el cuerpo

Los fantasmas
susurrando
chillan al oído

Agitada
ella
descubre
la tristeza


y llora.




Suspiro


Acostada
pienso
Dos alas
acompañan
mi sueño
Vuelo
Soy percibida
por las nubes
La brisa
me sostiene
Floto
sobre mares
Un último suspiro.




Siluetas


Una sombra de luz
obsoleta
Sale de tu mirada

Un alud de graznidos
felinos
Huyen de tu boca

Una palma
agitada
ampulosa
Pasea por tu brazo

Y la ausencia
de un destello
me acompaña

Dos especies:
solitarias
hambrientas
abrazan su destino.



Ana Romano



Nació en Córdoba, 1944. Reside desde su infancia en la ciudad de Buenos Aires.

Pintura: Liliam Cuenca 

http://www.miami.com/liliam-cuenca-y-la-soledad-de-los-fantasmas

  Estela Figueroa

8 de octubre de 2015





En sí misma


Sólo una loca pudo
enamorarse de un muro.

Un muro no habla.
No escribe cartas.
           No florece.


Cubierto totalmente por las hojas
deja de ser visible.
Hasta se puede dudar de su existencia.

“No es eso
hija
lo que te enamora.
No es el muro.
Es su esplendor”.





Estela Figueroa
Argentina –  1946



De "A capella" - En: Las 40 – Poetas santafecinas 1922 – 1981
Compiladora: Concepción Bertone- Ed. Universidad Nacional del Litoral - 2008



Foto enredadera extraída: eneljardin.com
Foto Estela extraída de: campodemaniobras.blogspot.


  Mirta Rosenberg

4 de octubre de 2015





CÓMO empieza una casa
Mamá, cómo termina
tan chica como ésta.
Cómo fue que seguí a esa
mujer cómo fue que me siguió
para después poder plantarme.
Soy esa semilla.
Pero la casa es mía
y las palabras que tiene adentro.
Mamá. Mamá. Yo. Hoy.
Una cosa tan chica como ésta,
cosas que no supe descartar
o regalar y palabras que las atestan.
No tienen fin en una casa
tan chica como ésta.

Sentarse y aquí plantada
soltar hojas y nuevas ramas.



* * *


UN TEMBLOR
que la escala de Richter
no registra: no fui
al funeral de mi hermano,
nunca volveré a hacerlo.
Seguro recordaba
tanto a su madre
como un caballo de ocho años,
dice Shakespeare de alguien,
creo que en Coriolano.
Si no, tal vez
no hubiera hecho mutis
dejándome hija  única tardíamente
aquí sentada y con Mamá
por todos lados.



Mirta Rosenberg
De "El paisaje interior"  -  Ed. Bajo la luna  - 2012

Argentina - 1951

Obra publicada en poesía: “Pasajes” (1984); “Madam” (1988); “Teoría sentimental” (1994); “El arte de perder” (1998) y “El árbol de palabras , obra reunida 1984 – 2006” (2006).


Fotografía extraída: salidaalmar.wordpress.com



  Roberto Malatesta

26 de septiembre de 2015





El viento tiene algo que decirnos


El viento tiene algo que decirnos esta noche.
Si no lo oímos será porque creemos demasiado en nuestros asuntos.
Será porque confiamos en que nuestras tristezas o preocupaciones
llegarán a algún sitio. Pero el viento pasa y nunca llega.
Nos hemos acostumbrado a un mundo demasiado seguro,
y si no vemos el fondo de cada cuestión no nos damos por satisfechos;
pero no hay fondo, y las cuestiones no importan.
La seguridad es lo que nos desvela, pero el viento,
el viento tiene algo que decirnos hoy.
No nos ponemos de acuerdo en nuestros desconciertos
Y el viento pasa y nos dice algo que lleva nuestros nombres,
el viento que pasa y nunca llega.




Roberto Malatesta
Argentino – 1961



De: El silencio iluminado - Ed. Leviatán – 2011


Imagen extraída de: elcandildelospensamientoscom


  Antonio Requeni

20 de septiembre de 2015




Primera cana


Es nada más que un hilo blanco, una pálida hebra entre la urdimbre
de otras hebras oscuras, pero se encrespa y resiste cuando el peine
pretende nivelarla, confundirla con las demás. Es solamente una hebra
blanca, pero se sabe invulnerable, como que la he conquistado con mi
vida, con muchos años de dudas, equivocaciones, compañías luminosas,
soledades, esperanzas. Es mi único y verdadero patrimonio. No pienso,
pues, dilapidarlo. No la cubriré con obscenas tinturas, no la arrancaré
con unas pinzas ni voy a echarla al aire. ¿Cómo podría albergar tanta
soberbia? Este hilo tenue, este delgadísimo filamento – tibio suspiro ó
resplandor lunar – guiará desde hoy mis pasos, tirará de mí hacia
lo que aún queda de mí, me recordará constantemente lo que soy  y
lo que he sido. Súbito río de mi sien. Plateado afluente de mis pensamientos.
Metáfora o trofeo de los años. El destino prende ahora de esta hebra que
me estranguló mi juventud.



Antonio Requeni
Argentino – 1930



En: El libro de la edades.  Palabras para acompañar el paso del tiempo.
Ed. El Ateneo – 2003


Foto extraída de:blog.farmaciatorrens.com

  Jorge Calvetti

14 de septiembre de 2015




La basura 


Yo saco la basura a la calle
envuelta con papel y cuidado.
Quedan allí mezcladas, las sobras de la vida,
cáscaras del tiempo y recortes del alma.
Las dejo en la vereda con tristeza
porque son restos de fruta, de comida,
y de literatura
con las cuales
uno jugó a vivir, o se creyó existente.
Y también porque, acaso sin nosotros saberlo,
alguien nos haya envuelto
con papeles de cielo, con nubes de cuidado
y estamos a la orilla del universo
y nadie nos despide.
Yo saco la basura, la dejo en la vereda,
y le digo: Adiós.




Jorge Calvetti
Argentino (1916 – 2002)



De: Imágenes y conversaciones (1965)
En: Los poetas del 40 – Selección - Ed. CEAL – 1968


Foto extraída de: playgroundmag.net