Estación Quilmes

  Mirta Rosenberg

4 de octubre de 2015





CÓMO empieza una casa
Mamá, cómo termina
tan chica como ésta.
Cómo fue que seguí a esa
mujer cómo fue que me siguió
para después poder plantarme.
Soy esa semilla.
Pero la casa es mía
y las palabras que tiene adentro.
Mamá. Mamá. Yo. Hoy.
Una cosa tan chica como ésta,
cosas que no supe descartar
o regalar y palabras que las atestan.
No tienen fin en una casa
tan chica como ésta.

Sentarse y aquí plantada
soltar hojas y nuevas ramas.



* * *


UN TEMBLOR
que la escala de Richter
no registra: no fui
al funeral de mi hermano,
nunca volveré a hacerlo.
Seguro recordaba
tanto a su madre
como un caballo de ocho años,
dice Shakespeare de alguien,
creo que en Coriolano.
Si no, tal vez
no hubiera hecho mutis
dejándome hija  única tardíamente
aquí sentada y con Mamá
por todos lados.



Mirta Rosenberg
De "El paisaje interior"  -  Ed. Bajo la luna  - 2012

Argentina - 1951

Obra publicada en poesía: “Pasajes” (1984); “Madam” (1988); “Teoría sentimental” (1994); “El arte de perder” (1998) y “El árbol de palabras , obra reunida 1984 – 2006” (2006).


Fotografía extraída: salidaalmar.wordpress.com



  Roberto Malatesta

26 de septiembre de 2015





El viento tiene algo que decirnos


El viento tiene algo que decirnos esta noche.
Si no lo oímos será porque creemos demasiado en nuestros asuntos.
Será porque confiamos en que nuestras tristezas o preocupaciones
llegarán a algún sitio. Pero el viento pasa y nunca llega.
Nos hemos acostumbrado a un mundo demasiado seguro,
y si no vemos el fondo de cada cuestión no nos damos por satisfechos;
pero no hay fondo, y las cuestiones no importan.
La seguridad es lo que nos desvela, pero el viento,
el viento tiene algo que decirnos hoy.
No nos ponemos de acuerdo en nuestros desconciertos
Y el viento pasa y nos dice algo que lleva nuestros nombres,
el viento que pasa y nunca llega.




Roberto Malatesta
Argentino – 1961



De: El silencio iluminado - Ed. Leviatán – 2011


Imagen extraída de: elcandildelospensamientoscom


  Antonio Requeni

20 de septiembre de 2015




Primera cana


Es nada más que un hilo blanco, una pálida hebra entre la urdimbre
de otras hebras oscuras, pero se encrespa y resiste cuando el peine
pretende nivelarla, confundirla con las demás. Es solamente una hebra
blanca, pero se sabe invulnerable, como que la he conquistado con mi
vida, con muchos años de dudas, equivocaciones, compañías luminosas,
soledades, esperanzas. Es mi único y verdadero patrimonio. No pienso,
pues, dilapidarlo. No la cubriré con obscenas tinturas, no la arrancaré
con unas pinzas ni voy a echarla al aire. ¿Cómo podría albergar tanta
soberbia? Este hilo tenue, este delgadísimo filamento – tibio suspiro ó
resplandor lunar – guiará desde hoy mis pasos, tirará de mí hacia
lo que aún queda de mí, me recordará constantemente lo que soy  y
lo que he sido. Súbito río de mi sien. Plateado afluente de mis pensamientos.
Metáfora o trofeo de los años. El destino prende ahora de esta hebra que
me estranguló mi juventud.



Antonio Requeni
Argentino – 1930



En: El libro de la edades.  Palabras para acompañar el paso del tiempo.
Ed. El Ateneo – 2003


Foto extraída de:blog.farmaciatorrens.com

  Jorge Calvetti

14 de septiembre de 2015




La basura 


Yo saco la basura a la calle
envuelta con papel y cuidado.
Quedan allí mezcladas, las sobras de la vida,
cáscaras del tiempo y recortes del alma.
Las dejo en la vereda con tristeza
porque son restos de fruta, de comida,
y de literatura
con las cuales
uno jugó a vivir, o se creyó existente.
Y también porque, acaso sin nosotros saberlo,
alguien nos haya envuelto
con papeles de cielo, con nubes de cuidado
y estamos a la orilla del universo
y nadie nos despide.
Yo saco la basura, la dejo en la vereda,
y le digo: Adiós.




Jorge Calvetti
Argentino (1916 – 2002)



De: Imágenes y conversaciones (1965)
En: Los poetas del 40 – Selección - Ed. CEAL – 1968


Foto extraída de: playgroundmag.net





  Antonio Conte

8 de septiembre de 2015




Testamento de ceniza


A mis amigos,
a mis hijos,
a mis novias queridas,
a mis amantes desterradas,
a mi madre en su trono de palabras,
a mi padre, titán de las mañanas,
a la rosa que ignora su fuego natural,
a las noches que ya no serán mías
pero estarán iluminando
cuerpos desnudos y adorables,
a los torturados
por el rencor y el desencanto,
a los atardeceres otoñales de Roma
sobre la plaza España,
a las nubes que son países y animales
a la ceiba fragancia de la Fraternidad,
al Seminario de San Carlos, a cuyas puertas
ella dulcificó mi rostro para siempre,
a la curva armoniosa del Malecón
perdiéndose en la claridad de un beso,
a todos los que he visto destrozarse en la selva,
a los que he destrozado
en las calles del alba,
a las calles del barrio donde amé
un rescoldo de futuro que es arena en los ojos,
al eterno deseo,
a los versos que no verán mis manos;
les digo a todos, alegre como un trino,
que si muero mañana me incineren temprano
para que mi ceniza descanse en claridad;
y que me lancen sobre el manto marino,
y no se vaya nadie
hasta que aquella incertidumbre
que fue mi vida entera
se disuelva en la dulce pirueta de las olas.



Antonio Conte
Cuba (1944 – 2012)



Poema extraído de segundacita.blogspot.com
Foto de Conte extraída de: lapupilainsomne.files.wordpress.com
Foto mar extraída de: garipotaina.com


  Adrián Abonizio

1 de septiembre de 2015





Dios y el diablo en el taller


Dios y el diablo van susurrando cosas a mi espalda
la virgen en camisón se pasea y del lado de la fábrica suena un motor.

Sus bicicletas húmedas descansan en el pasillo
el invierno vino colorado pero esta vez no hay vino
para los dos.

Son dos desocupados mas
lo justo se hizo moda
y el verso casi un verso de verdad
y el trabajo una zona que no está

Aburridos jugadores con los naipes marcados
siempre en el siete
la radio que habla sola
y que trasmite el empate de Ferro y de Platense
cero a cero.

Se prohíbe hablar del mundo en esas salas
Dios y el Diablo van remendando madrugadas
y no entiendo nada.

La virgen como mujer los engaña, los consuela
y les dice que a la vuelta siempre hay que pagar
Muchachos, hay que comer
salgan para el taller.

El diablo que se aburre, que hace sebo,
que va al baño y fuma un caño
Dios, buen operario, cuida el puesto
y entre dientes silba un tango
que habla de.

"Vamos donde hay sol"
El Diablo que conoce mil lugares
donde hay minas
Y algo como amor
Dios dice "Hay que aguantar"
ami con la hora extra
ya me alcanza para hacerme
un viaje a pie a Lujan

Y cerca de las seis
el pito que resuena en el tinglado
entristece mucho mas
La virgen ...


Adrián Abonizio
Argentino – 1956



Abonizio es miembro de la Trova Rosarina, que llegó a la ciudad de Buenos Aires a principios de los años ochenta. Sus composiciones, entre las cuales se destacan El témpano, Mirta, de regreso, Dios y el Diablo en el taller se hicieron muy conocidas de la mano de Juan Carlos Baglietto.
A pesar de esto, su carrera se vio dificultada por su renuencia a participar de sellos discográficos grandes, porque, como dijo en una entrevista: «No encontré la gente que trabaje dignamente, que busque lo artístico, que es lo que yo pretendo».
En 1997, junto a Lalo de los Santos, Rubén Goldín y Jorge Fandermole conformó el grupo Rosarinos, el cual llegó a editar un disco para ese mismo año.
En 2013 ganó el Premio Gardel al Mejor Álbum Nuevo Artista de Tango, con Tangolpeando.

Intérprete: Juan Carlos Baglietto – Santiago Feliú
Del CD: Trovadores (Santiago Feliú) - 1986

Ilustración extraída de: nelsonlombara.wordpress.com


  Liliana Majic

27 de agosto de 2015




divino tesoro            


hay una herida tridimensional
                          en tu ojo golpeado
a toda costa
                    humillan tu sueño
la belleza siempre es culpable
necesitan intoxicar tu sangre
                    quitarle el color
tu tiempo
              insuficiente para levantar el mundo
              más que suficiente para ahogarte en la puta miseria
futuro suicida
              violenta
              degüella
crueldad que te consume los huesos
rigidez que te pretende virtual
cuando en tu carne duele
                  la electricidad ausente de palabras



                           
oscuro


con la cara         sin agujeros
caminaba entre los perros muertos
ignorando las llamas
que el homicida dejaba
en sus amantes cadáver
detrás de una fuente
                              de palabras
sin olfato      
              miraba
la piel rota de olvido
                            avanzaba

melodías sin sentido
saltaban al cielo
para que en las ratas
las alas fueran posibles

un plato
dos diarios
cinco tazas
esconden en la mugre
su blanca persecución
su obsesión
por invadirme
asesinos atroces
con su constante y lento devenir
a la mañana
a mediodía
a la noche
todos los días
todo el tiempo
¿toda esta vida?




caliente


siempre me crucé con asesinos
metáfora de propiedad
                               de dueños
                               de señores
seres insaciables
en pieles inofensivas
hasta en morir pensé
                            pero hoy
                            elijo matar




gramáticas

"los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo"
L. Wittgenstein
muda
eliminada fatalmente
las lenguas alteradas
no sintió
el lento filo de los versos
oculto en el deseo
entre la quinta y la sexta vértebra
tierra en la boca
más tierra en la mirada
sin besos
sepultada
abrió los ojos
para llegar al cuerpo
ahora vacío
pura oscuridad se derrama
en una piel blanca
que no levantó vuelo

silencio
latiendo bajo tierra




Liliana Majic
De "materia oscura" - 2011

Nació en 1964, vive en Berazategui. Es periodista, licenciada en Comunicación Social y profesora, egresada de la Universidad Nacional de La Plata. Trabaja en escuelas secundarias.

En 2008 publicó Malasangre, de la editorial Tiempo Sur.


Fotografía: Gabriela de Echave