Estación Quilmes

  Lucy Cristina Chau

23 de abril de 2015




Amor eterno

Y fui la mujer de su vida
por catorce minutos y medio.




De Noche

Salgo de noche
y llevo puesto mi traje de locura.

Sólo así puedo
lanzarme a la jauría.



La casa que fui

La casa que fui
no tiene puertas
ha dejado salir
al habitante.





Lucy Cristina Chau 
Panamá – 1971



Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2009-2010, Premio Ricardo Miró 2008 y Premio Nacional de Poesía Joven Gustavo Batista Cedeño en el 2006. Es egresada de la Universidad de Panamá como Licenciada en Humanidades con especialización en el idioma inglés. Desde 1993 pertenece al Colectivo de Escritores José Martí, y desde el 2010 co-organiza el Festival Internacional de Poesía Ars Amandi, Panamá



Poemas extraídos de: Círculodepoesía.com

Obra: Las vírgenes – Gustav Klimt (Austria – 1862 – 1918)

  Marcos Silber

19 de abril de 2015




Ladran los caballos como caballos que ladran


Ladran los caballos como caballos que ladran
a la luna de la cuantiosa soledad;
entonces la loca de atar grita: “los niños,
salven a los niños”,
y levanta los brazos como escaleras de incendio.
Ladran los caballos como caballos que ladran
al sol de las muchas penurias;
entonces la loca de atar grita: “los pianos,
salven a los pianos”;
y agita el sombrero negro como ave de muerte.
Ladran los caballos como caballos que ladran
al aire de tantas zozobras;
entonces la loca de atar grita: “las novias,
salven a las novias”!
y se dispara de una frontera a otra de la penumbra.
Adentro del silencio del pavor de la noche
los caballos no cesan de ladrar,
ni los gritos de la loca,
ni cesan de gritar los caballos
ni el ladrido de la loca
como si nunca fueran a cesar.



Marcos Silber 
Argentina – 1934



De: Visita guiada – Selección de textos 1968 – 2012
Ed. Desde la gente – 2013


Fotografía extraída de: http://www.posterdejardin.es/animales/caballos/

  Francisco Madariaga

12 de abril de 2015




Celestes ojos italianos


1
Margarita, ¡qué lejanos están el celeste,
el colorado, el verde, el amarillo!
Y tú, mi madre, en una tumba sin colores,
en medio de una provincia joyante:
vecina, en el cementerio, del viento que
se pudre en el corazón seco y negro de
ciertas familias.
¿Estarás cantando la canción que cantaban
tus celestes ojos italianos?
¿O estarás escuchando cómo canta mi corazón,
que fue la única maravilla en tu terror,
      a los viejos gauchos bandoleros?,
y en tu fracaso?

2
Llueve para tus ojos el color de unas
   invisibles esmeraldas,
y estoy, por segunda vez, cantando
   para ti,
junto a un mar salvaje y aldeano.

3
El resplandor de dos Países Natales encendió
   el color -a veces verde- de mis
   ojos,
y deambulé,
condenando a los impostores de la poesía
   con los sueños y poderes de las
   aguas,
brillando, desesperado, en mi amistad con los
   gauchos más arcaicos,
y con pequeñas mujeres verdes de ojos
  dorados,
que me cantaban canciones en guaraní
y me transferían la sangre del cantar.



Francisco Madariaga
De "Aroma de apariciones"  - Último Reino  1998



Argentino (1927-2000)


Fotografía extraída: www.franciscomadariaga.blogspot.com  (musiqueando)

  Wislawa Szymborska

8 de abril de 2015




El terrorista; Él mira


La bomba va a estallar en el bar a las trece y veinte.
Ahora son sólo las trece y dieciséis.
Algunos todavía tienen tiempo para entrar.
Otros, para salir.
El terrorista ya caminó al otro lado de la calle.
Esta distancia lo preserva de todo el mal.
Y además un panorama como en el cine:
Una mujer con campera amarilla, ella entra.
Un hombre de anteojos oscuros, él sale.
Muchacho en jeans, ellos hablan.
Las trece y diecisiete con cuatro segundos.
El más bajo, este tiene suerte, se sube a la moto,
y el más alto entra.
Trece y diecisiete y cuarenta segundos.
Una chica, ella camina con una cinta verde en el pelo.
Sólo que el colectivo de pronto la tapa.
Trece y dieciocho.
Ya no está la chica.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
se verá cuando los saquen afuera.
Trece y diecinueve.
Parece que no entra nadie.
Al contrario, sale un gordo pelado.
Parece que busca algo en los bolsillos y
a las trece y veinte menos veinte segundos
él se vuelve por los miserables guantes.

Son las trece y veinte.
Tiempo, como tarda.
En cualquier momento.
Todavía no.
Si, ahora.
La bomba, ella estalla.



Wislawa Szymborska
Polonia (1923 – 2012)




Foto extraída de mexico.cnn.com


  Leopoldo Marechal

6 de abril de 2015






19


Cuarenta días recorrí el desierto,
    antes de la Visión y de su fruta.
    El número cuarenta es el que rige
 la mortificación y el retorno al Principio.
    Si excedes el cuarenta o no lo alcanzas,
empezaras de nuevo tu contabilidad.
    Y has de seguir el orden "regresivo”
    que usan los disfrazados astronautas.
 Porque sabrás que todas las empresas de altura
    caminan de lo múltiple a lo uno.
Si no temiese yo violentar el poema,
te alabaría el cero de la Gran Beatitud;
no el cero de Robot, instalado en la nada,
sino el que magnifica la plenitud del Todo.
    ¿Y quién me pone ahora en este juego
       de santas aritméticas?
Yo medía el desierto, y era sólo un desierto
    que pisaba el desierto.



Leopoldo Marechal
Argentino (1900 – 1970)



De: El Poema de Robot - Ed. Tierra Firme – 1986


Foto: Gigante de Tarapacá (Chile)



  Alberto Szpunberg

1 de abril de 2015




XI


A Albert Cañagueral y Coby
A la Asamblea Permanente de El Masnou


“No en la palabra la ternura, sino en las manos,
no la justicia en la ley sino en lo que damos y tomamos,
como el clavel del aire – dice – echa raíces en la nada”
El poeta se pone al final de la cola y se desentiende;
“no desconfío de la urgencia de quien me hace a un lado;
siempre dispuestos, empecemos de nuevo hasta lograrlo”.





XII

A Cacho Lotersztain


Las manos no tienen otro sentido que el agua
que se cuela definitivamente entre los dedos:
su forma sólo se debe a lo que no retienen,
incluso el vacío que el puño sostiene en alto
como si fuese el golpe final de nuestro esfuerzo,
pero es sólo un hálito de risa que entrevemos,
como si todo fuese un juego que comienza.



Alberto Szpunberg
Argentino – 1940



De: “Como el clavel del aire” (2013)
En: Como sólo la muerte es pasajera – Poesía reunida - Ed. Entropía – 2013


  Raúl O. Artola

26 de marzo de 2015



      ENSAYO GENERAL  


Dos conferencistas andaban de gira por ciudades patagónicas con una modalidad novedosa.
Cuando ella se disponía a exponer sus conclusiones se apoyaba en la mesa con los codos y anunciaba que él sería su auxiliar expresivo. Luego se levantaba ligeramente la pollerita escocesa y él la penetraba more ferarum. Las conclusiones, así, alcanzaban inesperadas temperaturas para un público habitualmente frío.
Esta variante no fué confirmada por ninguna crónica de la prensa. Tal vez porque en esa época la censura gubernamental era muy estricta con los editores.


_____________________________________________________________



El viejo escribe en su nikki la impresiones del día. Su amiga en Obaru se ha roto una pierna y el hijo la ayuda como puede.
El viejo quema unas hojas en el jardín agrega flores secas de cerezo y ruega para que su ofrenda llegue hasta Obaru. Las nubes parpadean cuando sube el humo perfumado. El viejo entiende que su amiga ha recibido la intención.


(a Yolanda I. Garrafa)



Raúl O. Artola
De "Registros de hora prima"   -   Ediciones La Carta de Oliver  (2014)

Fotografía: http://article.wn.com
Intervención fotográfica: Estación Quilmes