Estación Quilmes

  Wislawa Szymborska

8 de abril de 2015




El terrorista; Él mira


La bomba va a estallar en el bar a las trece y veinte.
Ahora son sólo las trece y dieciséis.
Algunos todavía tienen tiempo para entrar.
Otros, para salir.
El terrorista ya caminó al otro lado de la calle.
Esta distancia lo preserva de todo el mal.
Y además un panorama como en el cine:
Una mujer con campera amarilla, ella entra.
Un hombre de anteojos oscuros, él sale.
Muchacho en jeans, ellos hablan.
Las trece y diecisiete con cuatro segundos.
El más bajo, este tiene suerte, se sube a la moto,
y el más alto entra.
Trece y diecisiete y cuarenta segundos.
Una chica, ella camina con una cinta verde en el pelo.
Sólo que el colectivo de pronto la tapa.
Trece y dieciocho.
Ya no está la chica.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
se verá cuando los saquen afuera.
Trece y diecinueve.
Parece que no entra nadie.
Al contrario, sale un gordo pelado.
Parece que busca algo en los bolsillos y
a las trece y veinte menos veinte segundos
él se vuelve por los miserables guantes.

Son las trece y veinte.
Tiempo, como tarda.
En cualquier momento.
Todavía no.
Si, ahora.
La bomba, ella estalla.



Wislawa Szymborska
Polonia (1923 – 2012)




Foto extraída de mexico.cnn.com


  Leopoldo Marechal

6 de abril de 2015






19


Cuarenta días recorrí el desierto,
    antes de la Visión y de su fruta.
    El número cuarenta es el que rige
 la mortificación y el retorno al Principio.
    Si excedes el cuarenta o no lo alcanzas,
empezaras de nuevo tu contabilidad.
    Y has de seguir el orden "regresivo”
    que usan los disfrazados astronautas.
 Porque sabrás que todas las empresas de altura
    caminan de lo múltiple a lo uno.
Si no temiese yo violentar el poema,
te alabaría el cero de la Gran Beatitud;
no el cero de Robot, instalado en la nada,
sino el que magnifica la plenitud del Todo.
    ¿Y quién me pone ahora en este juego
       de santas aritméticas?
Yo medía el desierto, y era sólo un desierto
    que pisaba el desierto.



Leopoldo Marechal
Argentino (1900 – 1970)



De: El Poema de Robot - Ed. Tierra Firme – 1986


Foto: Gigante de Tarapacá (Chile)



  Alberto Szpunberg

1 de abril de 2015




XI


A Albert Cañagueral y Coby
A la Asamblea Permanente de El Masnou


“No en la palabra la ternura, sino en las manos,
no la justicia en la ley sino en lo que damos y tomamos,
como el clavel del aire – dice – echa raíces en la nada”
El poeta se pone al final de la cola y se desentiende;
“no desconfío de la urgencia de quien me hace a un lado;
siempre dispuestos, empecemos de nuevo hasta lograrlo”.





XII

A Cacho Lotersztain


Las manos no tienen otro sentido que el agua
que se cuela definitivamente entre los dedos:
su forma sólo se debe a lo que no retienen,
incluso el vacío que el puño sostiene en alto
como si fuese el golpe final de nuestro esfuerzo,
pero es sólo un hálito de risa que entrevemos,
como si todo fuese un juego que comienza.



Alberto Szpunberg
Argentino – 1940



De: “Como el clavel del aire” (2013)
En: Como sólo la muerte es pasajera – Poesía reunida - Ed. Entropía – 2013


  Raúl O. Artola

26 de marzo de 2015



      ENSAYO GENERAL  


Dos conferencistas andaban de gira por ciudades patagónicas con una modalidad novedosa.
Cuando ella se disponía a exponer sus conclusiones se apoyaba en la mesa con los codos y anunciaba que él sería su auxiliar expresivo. Luego se levantaba ligeramente la pollerita escocesa y él la penetraba more ferarum. Las conclusiones, así, alcanzaban inesperadas temperaturas para un público habitualmente frío.
Esta variante no fué confirmada por ninguna crónica de la prensa. Tal vez porque en esa época la censura gubernamental era muy estricta con los editores.


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El viejo escribe en su nikki la impresiones del día. Su amiga en Obaru se ha roto una pierna y el hijo la ayuda como puede.
El viejo quema unas hojas en el jardín agrega flores secas de cerezo y ruega para que su ofrenda llegue hasta Obaru. Las nubes parpadean cuando sube el humo perfumado. El viejo entiende que su amiga ha recibido la intención.


(a Yolanda I. Garrafa)



Raúl O. Artola
De "Registros de hora prima"   -   Ediciones La Carta de Oliver  (2014)

Fotografía: http://article.wn.com
Intervención fotográfica: Estación Quilmes

  Hamlet Lima Quintana

24 de marzo de 2015







Cielo blanco


No veo el cielo madre, sólo un pañuelo blanco
no sé si aquella noche yo en ti estaba pensando
o si un perfil de sombras me acunaba en sus brazos
pero entré en otra historia con el cielo cambiado.

No me duele la carne que se fue desgarrando
me duele haber perdido las alas de mi canto
las posibilidades de estar en el milagro
y recoger las flores que caen de tu llanto.

No quiero que me llores, mírame a tu costado
mi sangre está en la sangre de un pueblo castigado
mi voz está en las voces de los iluminados
que caminan contigo por la ronda de Mayo.

No quiero que me llores ahora que te hablo
mi corazón te crece cuando extiendes las manos
y acaricias las cosas que siempre hemos amado
la libertad y el alma de todos los hermanos.

No sé si aquella noche amanecí llorando
o si alguna paloma se me murió de espanto
la vida que ha esperado tanto
es el cielo que crece sobre tu pañuelo blanco.




Hamlet Lima Quintana
Argentino (1923 – 2002)

De: La tierra canta  - Selección de poesía popular argentina
Ed. Planeta – 1999 – Selección a cargo de Omar Cerasuolo.

Poeta, autor de más de cuatrocientas canciones, entre ellas la muy popular “Zamba para no morir”. Entre 1940 y 1960, Lima Quintana fue músico y cantor primero en la compañía de Ariel Ramírez y luego con los grupos Los musiqueros y Los mandingas.
Desde Buenos Aires, Hamlet Lima Quintana componía canciones que acompañaron al movimiento artístico y cultural denominado Nuevo Cancionero (1962), que integraban también el poeta mendocino Armando Tejada Gómez y el músico Oscar Matus. Artistas de la talla de Mercedes Sosa y Horacio Guarany interpretaron sus composiciones.
Además de su actividad artística, trabajó en las redacciones de la agencia de noticias United Press y de la sección Política del diario Clarín. También se desempeñó como cobrador, vendedor de la editorial Sudamericana y empleado del Instituto Nacional de Cinematografía.


Obra: Hamlet Lima Quintana de Manuel Oliveira (argentino – 1927)

  Giuseppe Ungaretti

19 de marzo de 2015




Los recuerdos


Los recuerdos, un infinito inútil,
Pero solos y unidos contra el mar,
Intacto entre estertores infinitos...

El mar, la voz de una grandeza libre,
Pero inocencia cruel en los recuerdos,
Veloz para borrar las dulces huellas
De un pensamiento fiel...

El mar, y sus caricias indolentes,
Tan feroces y tan, tan esperadas,
Y en su agonía,
Presente siempre, renovada siempre,
En la mente, que veía, la agonía...

Los recuerdos, el renovarse vano
De arena que se mueve
Leve sobre la arena,
Ecos breves que aún vibran,
Ecos sin voz de los adioses
A minutos que creíamos felices...


Giuseppe Ungaretti

De "El Dolor" - Alción Editora 2009
Nació el 8 de febrero de 1888 en Alejandría (Egipto). Murió en Milán el 2 de junio de 1970.

Obra: Desnudo y torso  - Juan Carlos Boveri

  Raúl Gustavo Aguirre

12 de marzo de 2015




Nosotros


Y por último, un día nos decidimos a partir.

Tenemos equipajes y algún papel en el bolsillo con
anotaciones minúsculas;
un número de teléfono al que no llamaremos jamás,
el nombre de unas píldoras para dormir o no dormir,
el relámpago muerto de algún poema.

Tenemos equipajes con ropa y máquina de afeitar y algunos de nosotros
botellas de coñac o perfume o aceite para el sol
y libros sagrados y de álgebra y de ciencia ficción,
tenemos treinta años y padecemos todos, cada uno según su necesidad,
humo y amor y redes y violencias, sed de verdad, insomnio
[y desesperación,
y hemos sacado algunas conclusiones.

(En la ciudad inmensa cada uno cavó su guarida,
acumuló sus propiedades, sus olvidos, su oposición a la muerte.
Cada uno disfrutó de derrumbes y papeles en blanco,
lloró de rabia ante las cajas fuertes del tiempo,
firmó con mil imágenes de Dios pactos después desconocidos,
creyó en todo,
abrió sus brazos, tomó vino, contó dinero, acarició, supuso
librarse bien, salvarse, haber hallado cómplices para la gran reunión
[en la sala principal de la cueva
para el acuerdo universal del que saldría limpio e inocente.
Pero no hubo al fin más que carozos y cenizas y botellas vacías.

Queda la noche, sin embargo,
la noche abierta a los pequeños ensayos de fuga ya los
[pequeños abismos,
el fondo de la noche donde tampoco habrá solución
porque igualmente se lo habrán montado, se lo habrán repartido
[sin concederle siquiera que tuvo algo que ver,
que él puso algo de su parte también;
algo de buena voluntad, de asombro, de inocencia
y no tan sólo su cara de extraño.

En la comisaría lo apalean por gritar en la calle
que el suyo es un horrible país, y en el casino
le prohíben la entrada porque ven en sus ojos
el fuego inconfundible de los videntes.

La mañana está lejos, de cualquier manera:
puede durar un poco más esta frágil tregua nocturna
antes del sol y el ruido de las máquinas y la pobreza mental.

Entra en el bar y mira aquella mesa:
ella por fin ha vuelto.
Afuera ha comenzado la lluvia,
y melancólicamente
los dos conversan de su amor de diez años atrás.

Después se encuentra solo en el filo despiadado del amanecer.

En la puerta de un sótano la música de Charlie Parker
lo atropella en su fuga hacia las estrellas afiebradas
y siente que ya sabe hasta su última mentira.


En su cabeza brilla una bella ecuación
pero a los camaradas no les sirve
para cambiar el mundo.
Los bares del olvido están cerrados para siempre,
no tiene donde estar y la lucidez se paga sabiéndolo.)

Todos perdidos en la noche y roídos por innumerables agravios,
todos equivocados y autores de desastres irreparables,
todos dementes y llagados y llenos de bichos y de confusión,
ustedes, yo, nosotros, mis amigos difíciles, cazadores de lejanos poemas
sobre la gran llanura marcada por el rayo.




Raúl Gustavo Aguirre
Argentino ( 1927 – 1983)

En: La Rosa y el poeta y otros poemas y aforismos.
Ceal – Fascículo LOS grandes POETAS Nº 42 - 1988

Foto extraída de: degollandocardenales.blogspot.com

Poeta adscrito al grupo del invencionismo, mostró una cierta influencia surrealista. Traductor celebrado de Apollinaire. Obras principales: Cuerpo del horizonte (1951), Antología de una poesía nueva (1952), La danza nupcial (1954), Alguna memoria (1960) y Señales de vida (1962). Creó y dirigió la revista "Poesía Buenos Aires", con treinta números editados entre 1950 y 1960.