Estación Quilmes

  Luis Alberto Spinetta

22 de diciembre de 2012














La soledad


Para saber como es la soledad,
habrás de ver que a tu lado no esta,
que nunca a ti te dejara pensar
en donde estaba el bien, en donde la maldad.
La soledad es un amigo que no esta,
es su palabra que ya nunca ha de llegar;
si es que sus sueños son luces en torno a ti,
tu te das cuenta que el ya nunca ha de morir.
Al observar como muere la flor
tu veras que también muere la paz,
y es que esa paz revivirá en su voz,
la flor te la dará para cantarla igual.
La soledad es un amigo que no esta,
es su palabra que no ha de llegar igual;
si es que sus sueños son luces en torno a ti
tu te das cuenta que el ya nunca ha de morir...
nunca ha de morir...
Para saber como es la soledad,
habrás de ver que un amigo no esta...




Luis Alberto Spinetta
Argentino (1950 – 2012)


Intérprete: Leonardo Favio
Argentino (1938 – 2012)

  Juan Manuel Roca

19 de diciembre de 2012

















Sueño con ángeles
Han llegado los ángeles en un buque de carga
María Baranda. 



Por el sueño navega un barco cargado de ángeles. Vienen en cajas de madera, en guacales de tablones salvados de un naufragio.
Los marineros los ven comiendo flores en su cepo como reos andróginos de una mudez de ostra.
Su destino es un misterio. No se sabe si serán vendidos a un zoológico, a un circo, a un aviario, a un taxidermista, a un tratante de alas.
Por tratarse de un extraño contrabando – aunque no hay leyes marítimas que prohíban el transporte de ángeles en barcos-, por tratarse de un tráfico de sueños, el capitán evita tocar los grandes puertos del mundo.
Es como si el barco estuviera condenado a no anclar nunca, a viajar sin destino con la carga emplumada y melancólica. Cada día huelen peor, a pústulas y almizcle, los maltrechos ángeles en sus podridos guacales. La nave se enfantasma en la niebla apagando sus luces y sus voces. Y la tripulación empieza a impacientarse, empieza a impacientarse...



Juan Manuel Roca
Colombia – 1946


Obra: El viaje de la luna – Ronald Companoca (Perú)
www.ronaldcompanoca.blogspot.com

  Raquel Fernández

16 de diciembre de 2012













Lucy

“Alguien te llama, respondes lentamente,
La chica con ojos de caleidoscopio”
John Lennon


La chica con ojos de caleidoscopio
fluye,
se vierte,
gotea.
Hay mariposas
que se rompen como espejos,
y vientos de músculos feroces
que la arrastran.
La chica se aferra a la mañana,
pero no alcanza:
no se puede tener tres años toda la vida.

Pero el cielo es el cielo
y la chica
tiene el sol en los ojos.

La magia se aventura
en la grafía inédita del cuerpo.
Hay nubes echadas a sus pies
y flores migratorias.
Jamás fatigada por el día,
la chica
es un ancho relámpago
hilvanando diamantes.

Hay un puente.
Un hilo de luz
sobre lo escaso de la memoria.

La chica sube al tren.
Mira hacia atrás
para decir adiós.
Y él canta.
Canta.
Canta.

Tengo tres años,
piensa ella.



Raquel Fernández
Argentina – 1967







De: “La antigua enfermedad del otoño”
Ed. La Iguana – 2011 (I Certamen de Poesía.)


Imagen extraída de bebesymas.com

  María Elena Walsh

13 de diciembre de 2012




Oración de la Justicia



Señora de ojos vendados
que estás en los tribunales
sin ver a los abogados,
baja de tus pedestales.
Quítate la venda y mira
cuánta mentira.

Actualiza la balanza
y arremete con la espada,
que sin tus buenos oficios
no somos nada.

Lávanos de sangre y tinta,
resucita al inocente
y haz que los muertos entierren
el expediente.

Espanta a las aves negras,
aniquila a los gusanos
y que a tus plantas los hombres
se den la mano.

Ilumina al juez dormido,
apacigua toda guerra
y hazte reina para siempre
de nuestra tierra.

Señora de ojos vendados,
con la espada y la balanza
a los justos humillados
no les robes la esperanza.
Dales la razón y llora
porque ya es hora.



María Elena Walsh
Argentina (1930 – 2011)



  Rodolfo Braceli

10 de diciembre de 2012













Preguntas, desde la cornisa



¿Cuánto hace que no damos un abrazo sin motivo alguno, de repente?
¿Cuánto hace que no nos hincamos, para beber el agua?
¿Cuánto hace que no caminamos descalzos, por la tierra?
¿Cuánto hace que no comemos nueces con pan, a esa hora en que la tardecita es rumiada y devorada por la noche?
¿Y cuánto, cuánto hace que no ponemos nuestro oído sobre el pecho indefenso de alguien que duerme en nuestra habitación?

En verdad, vivimos despilfarrándonos.

Respiramos impunemente. Para colmo homenajeamos a la muerte. Hacemos minutos de silencio cuando algún notorio se muere. Pero ¿por qué no hacemos eso cuando encontramos a alguien que está vivo y además, despierto?

Vayamos del dicho al hecho: ya que estamos, hagamos ahora, un momento de silencio por los vivos que están vivos; por los pocos vivos que quedan despiertos, desesperadamente despiertos.

…………………………………………………………………………………………….

Y enseguida vociferemos, y desnuquemos el silencio:
- ¡Aleluuuyaaa! ¡Huiiijaaa! ¡Alehuiiijaaaa!
¡A ladrar, a ladrar, a ladrar hasta que la sangre se nos subleve!




Rodolfo Braceli 
Argentino – 1940

De: “Cuerpos AbraSados”
Ed. De la Flor – 1984

Poeta, ensayista, novelista, dramaturgo, cineasta, periodista.
Nació en Luján de Cuyo, Mendoza, en 1940. Vive y trabaja en Buenos Aires desde 1970.
Varios de sus libros fueron traducidos al inglés, francés e italiano. Algunos son texto de estudio en escuelas de periodismo, talleres de teatro y en universidades argentinas y de los Estados Unidos.
Sus Reportajes Latinoamericanos aparecieron en diarios y revistas de 23 países y en 9 idiomas.
Poesía: “Pautas eneras” (Primera edición, prohibida y quemada, junio de 1962; segunda edición, diciembre de 1962); “El último padre” (1974, 1978 y 2004); “La conversación de los cuerpos” (1982) “Cuerpos abraSados” (1984); "Vincent, te espero desnuda al final del libro". Alción Editora, 2007. Segunda edición, Galerna, 2009. (La obra de Rodolfo Braceli se puede encontrar completa en la Biblioteca Nacional, Argentores, Biblioteca Teatral Hueney, Biblioteca Gral. San Martín, de Mendoza, TEA, entre otras.)

  Javier Aduriz

7 de diciembre de 2012



Ante la ley


Los extremos de mi barba ya se enredan
con las uñas que sangran por el dorso.
En cada mano puedo plantar un ombú
aunque la condición se compromete
desde que todo lo presente pica
igual que un piojo.

Por qué no sabré ver ahora
la luz en la pared de la caverna
y sólo este bastidor sucede
haciendo sobras
                           de sombra,
remedos de un remedo
ataviados
como una mercancía.

El vacío se borda y desteje
inhumano. Ahí detrás
alguien consume
                   con usura
una enormidad de nada.

Debo darme bríos:
                                no sé que hago aquí,
                                no sé qué espero.




Javier Aduriz
(1948-2011)
De "La forma humana" (1999)

  José Lezama Lima

4 de diciembre de 2012




















La madre


Vi de nuevo el rostro de mi madre.
Era una noche que parecía haber escindido
la noche del sueño.
La noche avanzaba o se detenía,
cuchilla que cercena o soplo huracanado,
pero el sueño no caminaba hacia su noche.
Sentía que todo pesaba hacia arriba,
allí hablabas, susurrabas casi,
para los oídos de un cangrejito,
ya sé, lo sé porque vi su sonrisa
que quería llegar
regalándome ese animalito,
para verlo caminar con gracias
o profundizarlo en una harina caliente.
La mazorca madura como un diente de niño,
en una gaveta con hormigas plateadas.
El símil de la gaveta como una culebra,
la del tamaño de un brazo, la que viruta
la lengua en su extension doblada, la de los relojes
viejos, la temible
y risible parlante.
Recorría los filos de la puerta,
para empezar a sentir, tapándome los ojos,
aunque lentamente me inmovilizaba,
que la parte restante pesaba más,
con la ligereza del peso de la lluvia
o las persianas del arpa.
En el patio asistían
la luna completa y los otros meteoros convidados.
Propicio era y mágico el itinerario de su costumbre.
Miraba la puerta,
pero el resto del cuerpo permanecía en lo restado,
como alguien que comienza a hablar,
que vuelve a reírse, pero como se pasea entre la puerta
y lo otro restante,
parece que se ha ido, pero entonces vuelve.
Lo restante es Dios tal vez,
menos yo tal vez,
tal vez el raspado solar
y en él a horcajadas el yo tal vez.
A mi lado el otro cuerpo,
al respirar, mantenía la visión
pegada a la roca de la vaciedad esférica.
Se fue reduciendo
a un metal volante con los bordes
asaltados por la brevedad de las llamas,
a la evaporación de una pequeña
taza de café matinal,
a un cabello.




Mayo y 1971


José Lezama Lima
Cuba (1910 – 1976)

De: “Fragmentos a su imán” (póstumo)
En: 24 poetas latinoamericanos
Ed. Aique – 2011


Nació en 1910 en un campamento militar cercano a La Habana.
Se graduó como abogado y publicó su primer librote poesía en 1937. Entre ese año y 1944 fundó tres revistas literarias. Durante la Revolución y al triunfo de ésta, no dejó de leer y escribir; comprendió que su lugar estaba ahí.
Murió en 1976.
Obra poética: Muerte de Narciso (1937); Enemigo rumor (1941); Aventuras sigilosas (1945); Dador (1960); Poesía completa (1975); Obras completas (póstumo – 1977);
Fragmentos a su imán (póstumo – 1978); Poesía completa (póstumo – 1985).

Imagen extraída de cubaliteraria.com