Estación Quilmes

  Javier Aduriz

7 de diciembre de 2012



Ante la ley


Los extremos de mi barba ya se enredan
con las uñas que sangran por el dorso.
En cada mano puedo plantar un ombú
aunque la condición se compromete
desde que todo lo presente pica
igual que un piojo.

Por qué no sabré ver ahora
la luz en la pared de la caverna
y sólo este bastidor sucede
haciendo sobras
                           de sombra,
remedos de un remedo
ataviados
como una mercancía.

El vacío se borda y desteje
inhumano. Ahí detrás
alguien consume
                   con usura
una enormidad de nada.

Debo darme bríos:
                                no sé que hago aquí,
                                no sé qué espero.




Javier Aduriz
(1948-2011)
De "La forma humana" (1999)

  José Lezama Lima

4 de diciembre de 2012




















La madre


Vi de nuevo el rostro de mi madre.
Era una noche que parecía haber escindido
la noche del sueño.
La noche avanzaba o se detenía,
cuchilla que cercena o soplo huracanado,
pero el sueño no caminaba hacia su noche.
Sentía que todo pesaba hacia arriba,
allí hablabas, susurrabas casi,
para los oídos de un cangrejito,
ya sé, lo sé porque vi su sonrisa
que quería llegar
regalándome ese animalito,
para verlo caminar con gracias
o profundizarlo en una harina caliente.
La mazorca madura como un diente de niño,
en una gaveta con hormigas plateadas.
El símil de la gaveta como una culebra,
la del tamaño de un brazo, la que viruta
la lengua en su extension doblada, la de los relojes
viejos, la temible
y risible parlante.
Recorría los filos de la puerta,
para empezar a sentir, tapándome los ojos,
aunque lentamente me inmovilizaba,
que la parte restante pesaba más,
con la ligereza del peso de la lluvia
o las persianas del arpa.
En el patio asistían
la luna completa y los otros meteoros convidados.
Propicio era y mágico el itinerario de su costumbre.
Miraba la puerta,
pero el resto del cuerpo permanecía en lo restado,
como alguien que comienza a hablar,
que vuelve a reírse, pero como se pasea entre la puerta
y lo otro restante,
parece que se ha ido, pero entonces vuelve.
Lo restante es Dios tal vez,
menos yo tal vez,
tal vez el raspado solar
y en él a horcajadas el yo tal vez.
A mi lado el otro cuerpo,
al respirar, mantenía la visión
pegada a la roca de la vaciedad esférica.
Se fue reduciendo
a un metal volante con los bordes
asaltados por la brevedad de las llamas,
a la evaporación de una pequeña
taza de café matinal,
a un cabello.




Mayo y 1971


José Lezama Lima
Cuba (1910 – 1976)

De: “Fragmentos a su imán” (póstumo)
En: 24 poetas latinoamericanos
Ed. Aique – 2011


Nació en 1910 en un campamento militar cercano a La Habana.
Se graduó como abogado y publicó su primer librote poesía en 1937. Entre ese año y 1944 fundó tres revistas literarias. Durante la Revolución y al triunfo de ésta, no dejó de leer y escribir; comprendió que su lugar estaba ahí.
Murió en 1976.
Obra poética: Muerte de Narciso (1937); Enemigo rumor (1941); Aventuras sigilosas (1945); Dador (1960); Poesía completa (1975); Obras completas (póstumo – 1977);
Fragmentos a su imán (póstumo – 1978); Poesía completa (póstumo – 1985).

Imagen extraída de cubaliteraria.com

  Violeta Parra

30 de noviembre de 2012


La jardinera


Para olvidarme de ti
voy a cultivar la tierra.
En ella espero encontrar
remedio para mi pena.

Aquí plantaré el rosal
de las espinas más gruesas.
Tendré lista la corona
para cuando en mí te mueras.

Para mi tristeza, violeta azul,
clavelina roja pa’ mi pasión,
y, para saber si me corresponde,
deshojo un blanco manzanillón:
si me quiere –mucho, poquito, nada–,
tranquilo queda mi corazón.

Creciendo irán poco a poco
los alegres pensamientos.
Cuando ya estén florecidos,
irá lejos tu recuerdo.

De la flor de la amapola
seré su mejor amiga.
La pondré bajo la almohada
para dormirme tranquila.

Cogollo de toronjil,
cuando me aumenten las penas,
las flores de mi jardín
han de ser mis enfermeras.

Y si acaso yo me ausento
antes que tú te arrepientas,
heredarás estas flores:
¡ven a curarte con ellas!



Violeta Parra 
Chile (1917 – 1967)

En: Violeta – El folclore y la pasión.


Intérpretes:  Ligia Piro y Liliana Herrerro


  Liliana Souza

27 de noviembre de 2012






















VI


algún día
                  dejaré de sentir


correré las cortinas
cerraré los cajones
los puños
los dientes
me sentaré a ayunar


preguntarán quién soy
diré que ya no la que era
ni seré otra tampoco


algún día
     dejaré de pensar

     me haré la muerta





IV


haber nacido
es no tener
dónde esconderse


haber nacido
es malversar
que he muerto
mañana




Liliana Souza
Argentina – 1958

De: Cuarto de costura
Ed. Del Dock - 2012

  Luis Eduardo Alonso

25 de noviembre de 2012




Trabajo a tristeza


quien sólo vendió y vendió una nada que arrastraba blandiendo
                                                                               como un demente
y vio sus sueños en grandes letras prenderse y apagarse LEVI’S
                                                                              FORD
quien fue tornero
o pintor o telefonista alucinada por ser hermosa en la habitación
                                                                              44 del loquero
quienes soñaron que no tenían que comer y al despertar nunca
                                                                tenían que comer
quienes sin estar borrachos sólo salían de las fábricas sabiendo
                                                                que no hay más trabajo
quienes saltaron desde un edificio poseídos a altas horas
                                                                 de la desesperación
y frente a la Naturaleza muerta de las máquinas fueron felices
                                                                 con un pico y una piedra
quien en vano puso a su almacén nombres como
                                                                 EL PORVENIR
                                                                                   EL TRIUNFO
quien fue portuario y boxeador y nuevamente portuario
y quien se mató por miedo a todo esto y creyó en Dios
                                                                                   en Perón
mientras la mujer
ay mi madre lavó treinta años el mismo plato tras la melancolía
                                                                    de la jaula de los canarios
son golpes a la cabeza, al estómago
Loche esquiva en un ring donde los héroes sucumben
                                                                                     bruscamente
y aplaudimos
semejanzas
parentescos entre ídolos y el pueblo
esquivar los golpes y quedar intactos
hemos dejado las alas quietas ente un liberalismo que chorrea
                                                                                      nuestra sangre
años quemados en el propio fuego que encendimos y votamos
                                                                           aunque sea yeta nombrarlo
vivimos muy tristes, trabajamos
a tristeza




Luis Eduardo Alonso
Argentino (1951 – 2002)

De: Sudestadas (1999) - En: Los poetas de Mascaró
Ediciones Desde la Gente – 2012


Foto de Daniel Grad extraída de: www.revagliatti.com.ar

  Edgar Bayley

21 de noviembre de 2012




El poeta político


El poeta era también político. Se interesaba por los problemas
pequeños y grandes de las gentes y era capaz de encontrar y
aplicar soluciones. Su generosidad era eficiente. Podía sostener
una empresa. Podía dominar los pequeños detalles. Podía
enunciar, exponer. Su elocuencia había superado la impostura,
y entre las gentes sencillas y buenas el poeta político había
logrado ser uno más. Pero, si el poeta, más allá de la palabra,
atendía  a las cosas del mundo, sintiéndose simplemente vivir
también sentía la urgencia de la palabra misma. También
experimentaba  la necesidad de demorarse, de interrumpir la
fluencia entre el mundo y él. Entonces el poeta empezaba a
hablar para sí mismo en un intento de hablar mejor, más hondo,
a todos los hombres. Y perdía su voz y rompía su instrumento.
Así era, así será siempre.




Edgar Bayley
Argentino (1919 – 1990)

De: Obra poética  -  Ediciones Corregidor (1976)

Miembro fundador de la revista Arturo y de la Asociación Arte Concreto-Invención, fue un poeta tan libre como alegremente inteligente, y entre sus contemporáneos brilla con estilo propio.

Obra: El poeta y su sombra – Rafael Trelles

  Anne Sexton

18 de noviembre de 2012




Cuando un hombre entra en una mujer


Cuando un hombre entra
en una mujer,
como el oleaje que muerde la orilla,
una y otra vez,
y la mujer abre la boca del placer
y sus dientes brillan
como el alfabeto,
Logos aparece ordeñando una estrella,
y el hombre
dentro de la mujer
hace un nudo,
para que nunca más estén separados
y la mujer
sube a una flor
y Logos aparece
y desata los ríos.

Este hombre,
esta mujer
con su doble hambre,
han procurado penetrar
la cortina de Dios,
lo cual brevemente
han logrado
aunque Dios
en su perversidad
deshace el nudo.



Anne Sexton
Estados Unidos (1928 – 1974)

De: Poetas americanas
Ed. Leviatan – 1998

Obra: Hombre y mujer – Picasso (España)