Estación Quilmes

  Luis Eduardo Alonso

25 de noviembre de 2012




Trabajo a tristeza


quien sólo vendió y vendió una nada que arrastraba blandiendo
                                                                               como un demente
y vio sus sueños en grandes letras prenderse y apagarse LEVI’S
                                                                              FORD
quien fue tornero
o pintor o telefonista alucinada por ser hermosa en la habitación
                                                                              44 del loquero
quienes soñaron que no tenían que comer y al despertar nunca
                                                                tenían que comer
quienes sin estar borrachos sólo salían de las fábricas sabiendo
                                                                que no hay más trabajo
quienes saltaron desde un edificio poseídos a altas horas
                                                                 de la desesperación
y frente a la Naturaleza muerta de las máquinas fueron felices
                                                                 con un pico y una piedra
quien en vano puso a su almacén nombres como
                                                                 EL PORVENIR
                                                                                   EL TRIUNFO
quien fue portuario y boxeador y nuevamente portuario
y quien se mató por miedo a todo esto y creyó en Dios
                                                                                   en Perón
mientras la mujer
ay mi madre lavó treinta años el mismo plato tras la melancolía
                                                                    de la jaula de los canarios
son golpes a la cabeza, al estómago
Loche esquiva en un ring donde los héroes sucumben
                                                                                     bruscamente
y aplaudimos
semejanzas
parentescos entre ídolos y el pueblo
esquivar los golpes y quedar intactos
hemos dejado las alas quietas ente un liberalismo que chorrea
                                                                                      nuestra sangre
años quemados en el propio fuego que encendimos y votamos
                                                                           aunque sea yeta nombrarlo
vivimos muy tristes, trabajamos
a tristeza




Luis Eduardo Alonso
Argentino (1951 – 2002)

De: Sudestadas (1999) - En: Los poetas de Mascaró
Ediciones Desde la Gente – 2012


Foto de Daniel Grad extraída de: www.revagliatti.com.ar

  Edgar Bayley

21 de noviembre de 2012




El poeta político


El poeta era también político. Se interesaba por los problemas
pequeños y grandes de las gentes y era capaz de encontrar y
aplicar soluciones. Su generosidad era eficiente. Podía sostener
una empresa. Podía dominar los pequeños detalles. Podía
enunciar, exponer. Su elocuencia había superado la impostura,
y entre las gentes sencillas y buenas el poeta político había
logrado ser uno más. Pero, si el poeta, más allá de la palabra,
atendía  a las cosas del mundo, sintiéndose simplemente vivir
también sentía la urgencia de la palabra misma. También
experimentaba  la necesidad de demorarse, de interrumpir la
fluencia entre el mundo y él. Entonces el poeta empezaba a
hablar para sí mismo en un intento de hablar mejor, más hondo,
a todos los hombres. Y perdía su voz y rompía su instrumento.
Así era, así será siempre.




Edgar Bayley
Argentino (1919 – 1990)

De: Obra poética  -  Ediciones Corregidor (1976)

Miembro fundador de la revista Arturo y de la Asociación Arte Concreto-Invención, fue un poeta tan libre como alegremente inteligente, y entre sus contemporáneos brilla con estilo propio.

Obra: El poeta y su sombra – Rafael Trelles

  Anne Sexton

18 de noviembre de 2012




Cuando un hombre entra en una mujer


Cuando un hombre entra
en una mujer,
como el oleaje que muerde la orilla,
una y otra vez,
y la mujer abre la boca del placer
y sus dientes brillan
como el alfabeto,
Logos aparece ordeñando una estrella,
y el hombre
dentro de la mujer
hace un nudo,
para que nunca más estén separados
y la mujer
sube a una flor
y Logos aparece
y desata los ríos.

Este hombre,
esta mujer
con su doble hambre,
han procurado penetrar
la cortina de Dios,
lo cual brevemente
han logrado
aunque Dios
en su perversidad
deshace el nudo.



Anne Sexton
Estados Unidos (1928 – 1974)

De: Poetas americanas
Ed. Leviatan – 1998

Obra: Hombre y mujer – Picasso (España)


  Federica Rosenfeld

15 de noviembre de 2012




Los ruidos


Los ruidos son triángulos chatos, especulares y
rotos. Insignificados introducidos hasta mi sangre
con tijeras de cirujano.

El ruido es un monstruo de órganos grandes, sueltos.
cuando se acerca me da la fiebre de los maxilares
y empieza a dolerme la nariz.

Los ruidos se pasean por mis encías, me pellizcan
el entrecejo y al irse dejan todos los puentes levantados.

La tonadillera Kitty lapida cada día mis ojos. Por
detrás y desde su garganta se avecina un mazo ululante
que gira por la cara interna de un tubo opaco.

Los ruidos pueden ser distraídos con harina o corcho
molido, pero emergen.




Federica Rosenfeld
De: Poetas americanas - Ed. Leviatán – 1998

Nació en Buenos Aires en 1914. Murió en la misma ciudad en 1998. Fue una de las primeras mujeres que obtuvo el título de arquitectura en la Universidad de Buenos Aires. Residió en la provincia de San Juan, a cuya capital se trasladó para trabajar en la reconstrucción tras el terremoto, desde 1948 hasta 1970. Publicó cuatro libros de poesía: La matinée danzante (Utopía, 1962), Cerco (Botella al Mar, 1978), La taza china (Carrá, 1986) y Poemas sin metáforas (Mugnani, 1993). Sus poemas fueron incluidos en la Antología de poesía argentina de Raúl Gustavo Aguirre (ediciones Fausto, 1973).


Obra: Barrio – Xul Solar (Argentino)





  Oliverio Girondo

12 de noviembre de 2012













9


¿Nos olvidamos, a veces, de nuestra sombra o es que nuestra sombra nos abandona de vez en cuando?
Hemos abierto las ventanas de siempre. Hemos encendido las mismas lámparas. Hemos subido las escaleras de cada noche, y sin embargo han pasado las horas, las semanas enteras, sin que notemos su presencia.
Una tarde, al atravesar una plaza, nos sentamos en algún banco. Sobre las piedritas del camino describimos, con el regatón de nuestro paraguas, la mitad de una circunferencia. ¿Pensamos en alguien que está ausente? ¿Buscamos, en nuestra memoria, un recuerdo perdido? En todo caso, nuestra atención se encuentra en todas partes y en ninguna, hasta que, de repente advertimos un estremecimiento a nuestros pies, y al averiguar de qué proviene, nos encontramos con nuestra sombra.
¿Será posible que hayamos vivido junto a ella sin habernos dado cuenta de su existencia? ¿La habremos extraviado al doblar una esquina, al atravesar una multitud? ¿O fue ella quien nos abandonó, para olfatear todas las otras sombras de la calle?
La ternura que nos infunde su presencia es demasiado grande para que nos preocupe la contestación a esas preguntas.
Quisiéramos acariciarla como a un perro, quisiéramos cargarla para que durmiera en nuestros brazos, y es tal la satisfacción de que nos acompañe al regresar a nuestra casa, que todas las preocupaciones que tomamos con ella nos parecen insuficientes.
Antes de atravesar las bocacalles esperamos que no circule ninguna clase de vehículo. En vez de subir las escaleras, tomamos el ascensor, para impedir que los escalones le fracturen el espinazo. Al circular de un cuarto a otro, evitamos que se lastime en las aristas de los muebles, y cuando llega la hora de acostarnos, la cubrimos como si fuese una mujer, para sentirla bien cerca de nosotros, para que duerma toda la noche a nuestro lado.



Oliverio Girondo
Argentino (1892 – 1967)


De: Espantapájaros
En: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía y otras obras.
Ed. CEAL - 1991

  Valeria Pariso

9 de noviembre de 2012












Estoy
sentada en tu silencio
tan cómodamente
como si fuera mío.

La palabra nos mira
con esa cara que siempre
pone el temblor ante el silencio.



. . . . . . . . . . . . . . . .


Antes
cuando te quería
todo se podía
comprar con monedas.


. . . . . . . . . . . . . . . .




No me olvides.

Mi madre llamaba así
a unas florcitas blancas
como ojitos de azucar.
Bueno, eso es aparte.
No me olvides.





Valeria Pariso
De "Cero sobre el nivel del mar" (2012) - Ediciones Aql

Nació en la Provincia de Buenos Aires en 1970. En 1993 egresa con el título de abogada de la Universidad de Buenos Aires. Publicó antología con varios autores, entre ellos "II Colección de Autores contemporáneos - II Certámen de poesías, cuentos y cartas de amor", "Poesía encontrada" (2007), "Vuelo Íntimo" (2008) y "Lunario" (2008). Sus cuentos y poemas son publicados en numerosas revistas literarias (tanto digitales como en papel) y en diversos blogs. En 2012 publica su libro de poesía "Cero sobre el nivel del mar", Ediciones AqL.

  La Franela

8 de noviembre de 2012




Hacer un puente


Si te veo, amor,
del otro lado,
no voy a dudar,
todo lo que veo,
más todo lo que siento.
Si te veo, amor,
del otro lado,
yo voy a cruzar,
todo lo que tengo
es todo lo que intento.
Un carnaval,
un río bravo,
una calle en contramano,
un hospital abandonado,
la oscuridad,
de corazón yo voy andando de tu mano.
Si te veo, amor,
del otro lado,
no voy a dudar,
todo lo que veo,
más todo lo que siento.
Si te veo, amor,
del otro lado,
yo voy a cruzar.
Todo lo que tengo
es todo lo que intento.
Un temporal,
un circo malo,
una playa sin verano
en espiral abandonado,
la claridad,
de corazón yo voy andando de tu mano.
Sin ganar,
vos no mentís,
no está tan mal,
nada mal.
Va a ser tan lindo hacer un puente,
de verdad,
todo para vos.
Va a ser hermoso hacer un puente,
sobre el mar,
solo para vos.


La Franela
Es una banda argentina de rock formada en 2008.