Estación Quilmes

  Raúl Carnota

5 de octubre de 2012

















Salamanqueando pa mí


Cuando me pille la muerte
la via´esperar
cajoneando fuerte el bombo
y l´hago bailar...
Salamanca... llévatela.

Me topé con una bruja
y al despertar
m´encontado con mi suegra
y se va quedar...
Salamanca... llévatela.

El diablo me anda buscando
no me encontró,
parece que yo le debo
un alma o dos...
Salamanca... llévatelo.

Mi chacarerita doble
es la sin sol.
"Machadito" y por las noches
sale mejor...
Salamanquero soy señor.

Mi mujer se me había ido
y un despertar,
yo me la encontré gritando
¡A trabajar!
Salamanca... llévatela.

Si es agarrado el pulpero,
créamelo,
después de los veinte vinos
no más me fío...
Salamanca... llévatelo.

Me han robado un gallo flaco
y sin espolón
ni pa´riña ni puchero,
pobre ladrón...
Salamanca... llévatelo.

Mi chacarerita doble
es la sin sol.
"Machadito" y por las noches
sale mejor...
Salamanquero soy señor.




Raúl Carnota 
Argentino – 1947

Nació en el barrio de Almagro de la ciudad de Buenos Aires.
En el año 1968 fue integrante de “Los Huanca Hua” y entre 1969 y 1972 del “Cuarteto Sur”. Entre los años 1974 y 1979 fue músico acompañante de Adolfo Abalos, Susana Rinaldi, Trío de Cuatro, Enrique Llopis, Hamlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez y Silvia Iriondo.
Paralelamente realizó una carrera solista desde el año 1990.
Es un reconocido autor y compositor que ingresa a Sadaic en 1977, y sus temas son grabados por Mercedes Sosa, Ángela Irene, Cantoral, Carlos Torres Vila, Chango Nieto, Los Indios Tacunau, Ariel Ramírez, Jaime Torres, Suna Rocha, Liliana Herrero, Santaires, Caracol Paviotti, Laura Albarracín, Silvia Iriondo, Alfredo Abalos y Los Chalchaleros, entre otros.

Intérpretación: Raúl Carnota

* Nota: En el norte argentino la Leyenda de la Salamanca tiene muchos adeptos, los que están convencidos de su existencia. Los cantores populares han recogido este pensamiento folclórico volcándolo en canciones que hablan de su existencia y logros obtenidos por aquellos que la han visitado.

Básicamente se trata del baile de los diablos, donde asisten los condenados, los perdidos, los poseídos, es decir todos aquellos socialmente repudiados. También entran a La Salamanca aquellos que quieren obtener ciertas destrezas para el canto, la oratoria, la jineteada, etc. que el Diablo les otorga a cambio de su alma, la que debe ser entregada en un tiempo estipulado en el contrato firmado con sangre. En la región montañosa el pueblo la ubica en las cuevas y socavones de las laderas. Dicen escuchar música, risas estridentes y un irresistible deseo de ingresar en ella. En cambio en la llanura boscosa el paisano dice que ésta se halla en lo profundo de los montes. Junto a los diablos , las diablas y los marginales que arman tremendo alboroto cantando y bailando, están las brujas y brujos que van a actualizar sus conocimientos.

* http://www.cuco.com.ar/salamanca.htm


Obra: La fogata de San Juan - Florencio Molina Campos



  Juan José Ceselli

2 de octubre de 2012






















Maleficio


Ella
Cruzaba las piernas y aludía a todas las tentaciones
Cruzaba las piernas y prometía las más intensas
   alucinaciones
Cruzaba las piernas y liberaba los esclavos
Cruzaba las piernas y desataba dulzuras infernales
Cruzaba las piernas y estallaba el asombro
Cruzaba las piernas y me sentía borracho
Cruzaba las piernas y me arrodillaba ante el
   Misterio
Cruzaba las piernas y conocía la Revelación





Violín María


De noche
mientras dentro de sus chinelas las aves construyen
         los nidos de la intimidad
Le diré a mi esclavo que le relate mis hazañas
Y cuando por los rincones se amontonen las breves
         alegrías de los arrebatos
Y caiga sobre nosotros el incesante molino de la borrasca
Se reclinará sobre mi hombro con el cálido peso
         de sus alas en llamas
Las curvas de sus tobillos revelarán la nueva
         geometría de la belleza
Y clavando en mis carnes uno a uno los sombríos
         misterios de la cabala
Acariciando mis gemidos con el filo ensortijado
         de la voluptuosidad
Hará sentirme tan pequeño
que sólo podré amarla a pedacitos




Juan José Ceselli
Argentino (1909 – 1982)

De: Siete surrealistas argentinos
Ed. Leviatán – Colección Poesía Mayor – s/f edición.

Obra: Jean Cocteau (Francia) – S/d de título. Extraída de: canelafina-lula.blogspot.com

  Rosa María Pargas

29 de septiembre de 2012






















Y una anda discutiendo con el sol
que la entretiene
y pidiendo que la olvide en estos días.
Y el jefe, la oficina
que no puedo…
Y este trago de mañana
que me trepa,
que me ahuyenta, que me pierde
que me lleva…
Y esa gente paso-serio
que me duele…
Y querer ser de tierra,
ser igual,
ser de todos los días,
por momentos,
ser de horarios,
por a veces.
Y este día, en esta calle,
que me aleja como a todos,
…siempre igual…




Rosa María Pargas
Argentina (1949 – 1977)

De: hubiera querido
Ed. Libros de la talita dorada – 2011

Nació en Gualeguaychú, Entre Ríos. A los 20 años viaja a La Plata y luego a Bs. As. a estudiar Sociología. Participa de diversas agrupaciones políticas. En 1972 es detenida y trasladada al penal de Rawson. Allí conoce a su compañero Alberto Miguel Camps, uno de los tres sobrevivientes de la Masacre de Trelew. Trasladada a Devoto es liberada tras la amnistía del gobierno de Cámpora. En 1974 se exilian y luego regresan al país clandestinamente y continúan su militancia en Montoneros. El 16 de agosto de 1977 Alberto es asesinado en un operativo parapolicial y Rosa María secuestrada, Al día de hoy permanece desaparecida, siendo vista por última vez, en el CCD “El Vesubio”.

  Oscar Hahn

26 de septiembre de 2012














La memoria de los espejos


En este espejo que cuelga
en el baño de mi dormitorio
ella se peinó una noche
y después se fue para siempre

Ahora me pregunto si su imagen
no habrá quedado presa en el espejo
como la joven que se peina
en el cuadro de Renoir

Día a día la busco
por los rincones del azogue
pero lo único que encuentro
es el reflejo de la cama vacía

De esa noche sólo me quedan
dos cabellos suyos
enredados en mi cepillo
y la triste certeza
de que los espejos no tienen memoria




Oscar Hahn
Chile – 1938

De: La primera oscuridad
Ed. Fondo de cultura Económica – 2011


Obra: La mujer del espejo – Diego Velázquez (España)

  Enrique Santos Discépolo

23 de septiembre de 2012














Monólogos de radio "Mordisquito", en la década de los 40/50

"La historia no se repite, pero a veces se parece mucho"
                                             María del Carmen Molet  


Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa
todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago
a financista sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas
acostumbrado a saber que tu patria era la factoría
de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de
una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias
por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa
en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado.
¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, ¿qué
me vas a contar a mí? ¿A quién le llevás la contra? Antes
no te importaba nada y ahora te importa todo. Y protestás.
¿Y por qué protestás? ¡Ah, no hay té de Ceilán!
Eso es tremendo. Mirá qué problema. Leche hay, leche
sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno,
ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta.
¡Pero no hay té de Ceilán! Y, según vos, no se puede vivir
sin té de Ceilán. Te pasaste la vida tomando mate cocido,
pero ahora me planteás un problema de Estado porque
no hay té de Ceilán. Claro, ahora la flota es tuya, ahora
los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos,
ahora el gas es tuyo, pero…, ¡no hay té de Ceilán! Para
entrar en un movimiento de recuperación como este al
que estamos asistiendo, han tenido que cambiar de sitio
muchas cosas y muchas ideas; algunas, monumentales;
otras, llenas de amor o de ingenio; ¡todas asombrosas!
El país empezó a caminar de otra manera, sin que lo
metieran en el andador o lo llevasen atado de una cuerda;
el país se estructuró durante la marcha misma; ¡el país
remueve sus cimientos y rehace su historia!
Pero, claro, vos estás preocupado, y yo lo comprendo:
porque no hay té de Ceilán. ¡Ah… ni queso!
¡No hay queso! ¡Mirá qué problema! ¿Me vas a decir a
mí que no es un problema? Antes no había nada de
nada, ni dinero, ni indemnización, ni amparo a la vejez,
y vos no decías ni medio; vos no protestabas nunca, vos
te conformabas con una vida de araña. Ahora ganás bien;
ahora están protegidos vos y tus hijos y tus padres. Sí;
pero tenés razón: ¡no hay queso! Hay miles de escuelas
nuevas, hogares de tránsito, millones y millones para
comprar la sonrisa de los pobres; sí, pero, claro, ¡no hay
queso! Tenés el aeropuerto, pero no tenés queso. Sería
un problema para que se preocupase la vaca y no vos,
pero te preocupás vos. Mirá, la tuya es la preocupación
del resentido que no puede perdonarle la patriada a los
salvadores.
Para alcanzar lo que se está alcanzando hubo que
resistir y que vencer las más crueles penitencias del
extranjero y los más ingratos sabotajes a este momento
de lucha y de felicidad. Porque vos estás ganando una
guerra. Y la estás ganando mientras vas al cine, comés
cuatro veces al día y sentís el ruido alegre y rendidor que
hace el metabolismo de todos los tuyos. Porque es la primera
vez que la guerra la hacen cincuenta personas mientras
dieciséis millones duermen tranquilas porque tienen
trabajo y encuentran respeto. Cuando las colas se formaban
no para tomar un ómnibus o comprar un pollo
o depositar en la caja de ahorro, como ahora, sino para
pedir angustiosamente un pedazo de carne en aquella
vergonzante olla popular, o un empleo en una agencia
de colocaciones que nunca lo daba, entonces vos veías
pasar el desfile de los desesperados y no se te movía un
pelo, no. Es ahora cuando te parás a mirar el desfile de
tus hermanos que se ríen, que están contentos… pero eso
no te alegra porque, para que ellos alcanzaran esa felicidad,
¡ha sido necesario que escasease el queso! No
importa que tu patria haya tenido problemas de gigantes,
y que esos problemas los hayan resuelto personas.
Vos seguís con el problema chiquito, vos seguís buscándole
la hipotenusa al teorema de la cucaracha, ¡vos, el
mismo que está preocupado porque no puede tomar té
de Ceilán! Y durante toda tu vida tomaste mate! ¿Y a
quién se la querás contar? ¿A mí, que tengo esta memoria
de elefante? ¡No, a mí no me la vas a contar!



Enrique Santos Discépolo
De "Mordisquito" programa radial en las décadas de 1940/50

Nació en el Barrio porteño de Balvanera el 27 de marzo de 1901 y falleció el 23 de diciembre de 1951.
Fue compositor, músico, dramaturgo y cineasta argentino.

Material aportado por: María del Carmen Molet



  Tonolec

20 de septiembre de 2012






Canción de cuna


Dormi, dormi hijito dormí
Dormi dormi
Porque tu papá se fue a mariscar
Se fue a buscar miel de abeja
Para nosotros

Dormi, dormi hijito dormí
Porque yo quiero hacer
mi trabajo
Tengo que tejer la red para cazar los pescados
a tu papá




Tonolec: integrado por Charo Bogarín y Diego Pérez

"Canción de cuna ancestral de la comunidad indígena Toba" en el norte de Argentina.

  Manuel Orestes Nieto

17 de septiembre de 2012



Papeles como féretros


Uno regresa a contar sus muertos
a limpiar su muerte
a no dejar huellas del sitio en que cayeron
de la bala que perforó la piel
del día que fue penetrando hasta el bajo vientre
del gatillo que cedió contra la vida
contra la alegría de haber creído siempre.

uno viene solemne   incólume
endureciéndose con el recuerdo
con esas lágrimas de ancianas que no conocimos
con un decaimiento de hombros
y esa manera de ser invadidos una vez más
de ser asaltados en las plazas
en los callejones sin luz
en las bocacalles donde choca el amor contra el amor
y en las avenidas donde no es posible olvidar
donde todo sigue tan presente   tan inalterable
tan cierto

uno regresa a sus muertos
en medio de la llovizna
vuelve a saldar sus deudas
a poner en claro
a manifestar las garrafales pérdidas de entonces
lo que explotaba cada día en el mundo
en alguna parte del miedo
de la rabia que fue preciso padecer
y en lo que heredamos una tarde felizmente
y hoy cargamos como una contraseña
conocida   pública   inevitable

uno regresa a contar el polvo
de sus muertos
a saber que efectivamente murieron su muerte
a no engañarse
a no dar falsas noticias para la resignación
aunque se nos venga encima esa especie de seriedad
de atascamiento en la garganta
y los malditos búfalos atropellando el tiempo

uno vuelve con la certidumbre del rostro
de los asesinos
con el odio agarrado en las manos
con la certeza del corazón
con el color de la sangre
con la transparencia de los hechos

y con la acusación más grave
la condena más feroz
y el recuento de los nombres más largos
y los días más pesados.




Manuel Orestes Nieto
Panamá – 1951

De: El cristal entre la luz –
Obra poética 1968 – 2008
Ed. La Dama Dorada – 2008

Es autor de doce poemarios y publica desde 1970.
Recibió en tres ocasiones el Premio Nacional "Ricardo Miró" de su país (1972, 1983, 1996), con los libros: “Reconstrucción de los Hechos”, “Panamá enla Memoria de los Mares”, y “El Mar de los Sargazos”.
Ganó el Premio Casa de las Américas en 1975 con su libro “Dar la Cara”.
Ostenta la Medalla Gabriela Mistral otorgada por el gobierno de Chile.
Recibe el Premio Nacional de Literatura Pedro Correa en septiembre del 2000, por la excelencia literaria del conjunto de su obra poética.
Ganó el premio José Lezama Lima, Casa de las Américas – Cuba, por el conjunto de su obra literaria.

Obra: s/t   Pieter Brueghel el Viejo (Holanda)