Estación Quilmes

  Alberto Szpunberg

14 de septiembre de 2012




XXVI


La mujer que amo
no es siempre la mujer que amo.

A veces,
se parece tanto a la mujer que amo,
que vuelvo a amarla
como si no la conociera.

Cuando estoy perdido
irrumpe en mis sueños
y me encuentra:
creo que dice mi nombre
para que yo crea que soy yo
pero yo soy otro que la ama.

A veces,
suelo equivocarme
y la llamo por su nombre,
pero ella sigue de largo.

Como la casualidad rige sus pasos,
yo sé que viene hacia mí.

Cierra los ojos
hasta que encuentro en sus caricias
las líneas de sus manos
que descifran a tientas mi futuro.




  
Alberto Szpunberg
Argentino – 1940
De: El libro de Judith
Ed. El surí porfiado - 2008


Obra: Una mirada hacia atrás  -  Luis Blanco 

  Silvina Ocampo

11 de septiembre de 2012




















Epístola a Giorgio de Chirico


Giorgio de Chirico, yo fui su alumna.
Recuerdo el perfil griego y la manzana
y el cielo de París en la ventana
donde soñó el espacio y la columna.

Mientras pintaba yo impetuosamente,
en el silencio, atenta, su mirada,
me asustaba en su cara aprisionada;
Giorgio de Chirico, era usted paciente.

Y recuerdo, en sus cuadros, con un yeso,
pescados cuya sangre no manchaba:
usted para asombrarme la tocaba.
Yo me reí. Perdóneme por eso.

En el ámbito trágico del mar
de sus cuadros, el viento azul se calla,
y en el relámpago se ve en la playa
dos caballos con furia triangular.

Del carro de mudanzas con espejos,
de los muebles que pueblan el desierto,
del ventanal, con sombras, entreabierto,
sobre el místico ardor de los reflejos,

de aquellos habitantes de mi sueño,
de aquellos gladiadores en la arena,
de la niña del arco en la serena
calle patética, es usted el dueño.

Europa está sangrando; así es la guerra
con los follajes de las explosiones
que ha destruido los tiernos corazones,
los hijos, los hogares y la tierra.

Pero el mundo en sus cuadros, admirable,
que buscó el edificio y la moldura
y desdeñó del árbol la dulzura,
permanece en el tiempo, irrevocable.

Las alas del papel, los muros rojos,
la oscura catedral, el cisne triste,
lo que aún no pintó, para mí existe
con imágenes suyas en mis ojos.

El negro, el ocre y el azul -misterio
del aire en sus cuadros- me ha seguido
con fulgor en la vida. Ha prometido
la realidad buscar su cautiverio.

La centáurea es más densa, más abierta;
las estaciones oyen más secretos,
levantando los brazos, altos, quietos;
hay rumores de mar en cada puerta.

Giorgio de Chirico en un sueño arcano
a un muerto habló en las sombras del laurel:
"Oh Piranesi, el bello capitel
conmueve más, sin flores, que un verano.

No invocaré las hojas ni las ramas,
para pintar paisajes duraderos;
no invocaré los hombres verdaderos:
quiero del edificio el muro en llamas,

el hombre como un leño sobre el suelo,
las arañas de sombra estremecida,
la máscara, la espuma definida,
la atormentada formación del cielo".




Silvina Ocampo

Argentina (1903 – 1993)

De: Poemas de amor desesperado (1949)
En: Otro Río que pasa – un siglo de poesía argentina contemporánea.
Ed. Bajo la Luna – 2010


Nació en Buenos Aires y fue la menor de 6 hermanos. Poetisa, narradora y traductora, sus inicios en la literatura están ligados a la influencia de su hermana Victoria, fundadora de la revista Sur, y a la del escritor Adolfo Bioy Casares, al que conoció en el año 1933 y contraería matrimonio en 1940-
En 1954 recibió el Premio Municipal de Literatura por su poemario Espacios métricos; en 1962, el Premio Nacional de Poesía por Lo amargo por dulce y en 1988 el Premio del Club de los 13 por Cornelia frente al espejo, su última antología de cuentos.


Obra: Canzone meridionale – Giorgio de Chirico (Italia)




  Mario Benedetti

8 de septiembre de 2012















En primera persona


Un cielo melancólico acompañó mi infancia
dios era una entelequia de misa y sacristía
con siete padrenuestros y alguna avemaría
me otorgaba perdones su divina jactancia.

luego poquito a poco fue tomando distancia
y un día me hallé lejos de aquella eucaristía
vi tantas injusticias y tanta porquería
que dios ya no era dios sino una circunstancia

se agravó mi conciencia maravillosamente
y cada vez son menos las cosas en que creo/
cuando interpelo a dios se va por la tangente

los milagros se venden de nuevo al menudeo
y así me fui cambiando de buen a mal creyente
de mal creyente a agnóstico / y de agnóstico a ateo




Mario Benedetti
Uruguay (1920 – 2009)

De: “La vida ese paréntesis”
Ed. Seix Barral – 2000


Obra: Brutalidad – Pedro Figari (Uruguay)

  Luisa Futoransky

5 de septiembre de 2012














Rompehielos Bonanza


Nunca escribiste ni en broma
la palabra bonanza
Hasta hoy
Será por eso
Que nos fue como nos fue
O como nos está yendo
Hasta hoy
Que cambio de nombre
de mano
pero de órbita quién puede

Nada vivo a pérdida de horizonte
Joder con las nieves eternas

Quién querrá jugar al ajedrez
Esperar el mesías
enamorarse
ahora




Luisa Futoransky


Argentina – 1939

De: Inclinaciones
Ed. Leviatán - 2006

Obra: Ella  -  Hilda Paz

  Olga Orozco

2 de septiembre de 2012




Arbol de niebla

¿De dónde esta tristeza que me llega
cómo un último amor,
como la débil rebelión de la tierra
por sus lluvias,
por las lianas azules de sus nieblas?
No sé si de la muerte de aquellas dulces hojas
en las que el viento busca todavía
La pálida ternura del estío.

No sé si de ese día en que el otoño
abandonó su rostro sobre un río
perdido en la congoja.

No sé desde qué cielo tanta sombra
asomada a mi pecho entre la pampa
cuando mi vida vuelve como el llanto
a su antiguo paisaje, a sus antiguas voces
que crecen como hiedra desde el sueño.

¿Como no amar entonces, la libertad
tan triste de los médanos
el deseo de mar con que se durmen
mirando hacia otro cielo
donde el recuerdo tiene solamente
la eternidad del trébol?

¿Cómo no amar la angustia de las piedras,
sometidas sin lucha
al inútil retorno de la hierba
al invencible polvo,
a ese lejano muro donde el tiempo
se disgrega desnudo, sosteniendo
las huellas de mis manos?

Alguien me llama aún por sus desiertos
por el aire sombrío que se inclina
al desolado oeste;
mientras yo estoy aquí
con mis pequeñas muertes como un árbol
esperando el olvido.



Olga Orozco
Nació el 17 de marzo de 1920 en Toay, Provincia de La Pampa. Es autora de los libros de poemas "Desde lejos", "Las muertes", "Los juegos peligrosos", "Museo salvaje", "Cantos a Berenice", "Mutaciones de la realidad", "Con esta boca, en este mundo". Recibió, entre otros, el Premio Municipal de Poesía (1962), el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes (1980), el Laurel de Plata de la Universidad de Turín (1984), y el Premio Juan Rulfo (1998). Falleció en Buenos Aires, el 15 de agosto de 1999.


Audio extraído de: Canal Encuentro

  Javier Piccolo

30 de agosto de 2012














El gran jugador 
aprendió todas las reglas
aprendió a tirar los dados
y que siempre saliera el seis
aprendió a evitar
cada trampa del juego
aprendió a estar
siempre un paso adelantado
a sus contrincantes
aprendió todas las estrategias
las posibles y las no tanto
aprendió a cuidar
cada posición
aprendió a ganar
cada vez que le tocaba su turno
y sin embargo
recién ahora
se pregunta
por qué nunca
avanzó
un solo casillero




Para pelar a una mujer
qué bueno sería
desnudar a una mujer
pero no digo
tenerla sin ropa
justo como está ella
acá mismo
sino que digo
que sería genial
tener un pelapapas
o algo por el estilo
y aprovechar que ella
está acá
desnuda
y pasarle el pelapapas
sacándole las cáscaras
de a poquito
tal vez
si tuviera la paciencia necesaria
llegaría un punto
en que no quedarían cáscaras
me encontraría con que ella
descascarada
desvestida de ausencias
desnuda por fin
es sólo un puntito
bien chiquito
y lo mejor de todo
sería
si alguna vez pudiera llegar a este punto
si supiera cómo pelarla
a ella acá al lado
digo
lo mejor de todo
sería
mirar fijo al puntito
y encandilarme
digo
si pudiera hacerlo
y si tuviera un poco de suerte.




Javier Piccolo
De: De barro y ceniza – Edición digital

Nació en 1984 y reside en Mendoza. En 2009 ganó el Primer Premio en el concurso Vendimia de Poesía con su libro "De barro y ceniza". Durante 2011 presentó el espectáculo Literatura de Toilette. Además de poeta, también es editor de la revista "Palabra".

  Nicanor Parra

27 de agosto de 2012

















Rompecabezas


No doy a nadie el derecho.
Adoro un trozo de trapo.
Traslado tumbas de lugar.

Traslado tumbas de lugar.
No doy a nadie el derecho.
Yo soy un tipo ridículo
A los rayos del sol,
Azote de las fuentes de soda
Yo me muero de rabia.

Yo no tengo remedio,
Mis propios pelos me acusan
En un altar de ocasión
Las máquinas no perdonan.

Me río detrás de una silla,
mi cara se llena de moscas.

Yo soy quien se expresa mal
Expresa en vistas de qué.

Yo tartamudeo,
Con el pie toco una especie de feto.

¿Para qué son estos estómagos?
¿Quién hizo esta mescolanza?
Lo mejor es hacer el indio.
Yo digo una cosa por otra.


Nicanor Parra


Chile – 1914


De: “Poemas y Antipoemas”
En: Parranda Larga
Ed. Alfaguara – 2010


Imagen extraída de signaturio.blogspot.com  -  S/d de autor.