Estación Quilmes

  Carilda Olivier Labra

21 de julio de 2012






















Discurso de Eva


Hoy te saludo brutalmente:
con un golpe de tos
o una patada.
¿Dónde te metes,
a dónde huyes con tu caja loca
de corazones,
con el reguero de pólvora que tienes?
¿Dónde vives:
en la fosa en que caen todos los sueños
o en esa telaraña donde cuelgan
los huérfanos de padre?
     
Te extraño,
¿sabes?
como a mí misma
o a los milagros que no pasan.
Te extraño,
¿sabes?
Quisiera persuadirte no sé de qué alegría,
de qué cosa imprudente.
     
¿Cuándo vas a venir?
Tengo una prisa por jugar a nada,
por decirte: «mi vida»
y que los truenos nos humillen
y las naranjas palidezcan en tu mano.
Tengo unas ganas locas de mirarte al fondo
y hallar velos
y humo,
que, al fin, parece en llama.
     
De verdad que te quiero,
pero inocentemente,
como la bruja clara donde pienso.
De verdad que no te quiero,
pero inocentemente,
como el ángel embaucado que soy.
Te quiero,      
no te quiero.
Sortearemos estas palabras
y una que triunfe será la mentirosa.      
Amor...
( ¿Qué digo? estoy equivocada,
aquí quise decir que ya te odio. )
¿Por qué no vienes?
¿Cómo es posible
que me dejes pasar sin compromiso con el fuego?
¿Cómo es posible que seas austral
y paranoico
y renuncies a mí?
     
Estarás leyendo los periódicos
o cruzando
por la muerte
y la vida.
Estarás con tus problemas de acústica y de ingle,
inerte,
desgraciado,
entreteniéndote en una aspiración del luto.
Y yo que te deshielo,
que te insulto,
que te traigo un jacinto desplomado;
yo que te apruebo la melancolía;
yo que te convoco
a las sales del cielo,
yo que te zurzo:
¿qué?
¿Cuándo vas a matarme a salivazos,
héroe?
¿Cuándo vas a molerme otra vez bajo la lluvia?
¿Cuándo?
¿Cuándo vas a llamarme pajarito
y puta?
¿Cuándo vas a maldecirme?
¿Cuándo?
Mira que pasa el tiempo,
el tiempo,      
el tiempo, I
y ya no se me aparecen ni los duendes,
y ya no entiendo los paraguas,
y cada vez soy más sincera,
augusta...
     
Si te demoras,
si se te hace un nudo y no me encuentras,
vas a quedarte ciego;
si no vuelves ahora: infame, imbécil, torpe, idiota,
voy a llamarme nunca.
     
Ayer soñé que mientras nos besábamos
había sonado un tiro
y que ninguno de los dos soltamos la esperanza.
Este es un amor
de nadie;
lo encontramos perdido,
náufrago,
en la calle.
Entre tú y yo lo recogimos para ampararlo.
Por eso, cuando nos mordemos,
de noche,
tengo como un miedo de madre a quien dejaste sola.
Pero no importa,
bésame,
otra vez y otra vez
para encontrarme.
Ajústate a mi cintura,
vuelve;
sé mi animal,
muéveme.
Destilaré la vida que me sobra,
los niños condenados.
Dormiremos como homicidas que se salvan
atados por una flor incomparable.
Ya la mañana siguiente cuando cante el gallo
seremos la naturaleza
y me pareceré a tus hijos en la cama.
     
Vuelve, vuelve.
Atraviésame a rayos.
Hazme otra vez una llave turca.
Pondremos el tocadiscos para sIempre.
Ven con tu nuca de infiel,
con tu pedrada.
Júrame que no estoy muerta.
Te prometo, amor mío, la manzana.



Carilda Olivier Labra
Cuba – 1924


Imagen extraída de: delahabanalcielo.blogspot.com

  Alejandra Pizarnik

18 de julio de 2012

















Fiesta

He desplegado mi orfandad
Sobre la mesa, como un mapa.
Dibujé el itinerario
Hacia mi lugar al viento.
Los que llegan no me encuentran.
Los que espero no existen.

Y he bebido licores furiosos
Para transmutar los rostros
En un ángel, en vasos vacíos.



La palabra que sana


Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien
Canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no
Porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso
Cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.




Alejandra Pizarnik













Argentina (1936 – 1972)
De: Poesía completa.
Ed. Lumen – 2007

Obra: Danae de Gustav Klimt

  Carlos Skliar

15 de julio de 2012























Escribo porque no comprendo. Para repetir una y otra vez esa encrucijada de palabras con la que no logro descifrar el tiempo. Escribo para recordar sonidos que de otro modo se perderían en el lodo vertical de la memoria. Para invocar y provocar gestos de amor de los que no soy capaz si no escribiera. Escribo porque al despertarme quisiera agradecer los ojos abiertos. Para mirar de pie lo que está demasiado lejos. Para escuchar qué es lo que ha quedado en la punta de la lengua. Escribo para renunciar al abandono y para tocar con las manos sigilosas la espalda tibia de alguien que aún no ha muerto. Para que la noche no sea siempre tarde. Para adelantar la piel y para demorarla. Escribo. Y aún no soy capaz de decir nada.


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Los árboles nunca llegan tarde al encuentro con las espaldas de los desconocidos. Sostienen al mundo tanto como lo hace el sol cuando al desaparecer riega con ramas aún mojadas los perfiles de los niños que juegan. Nos hacen suponer que están por encima del suelo para que no pensemos que el cielo es infinito y apenas celeste y vacío. Pero sus pies están hundidos en los mares, enumerando los nombres que inscriben con su piel todo el amor por el universo.




Carlos Skliar
De "No tienen prisa las palabras" - Candaya Abierta 5







(Buenos Aires, 1960) es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Argentina, y del Área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Desde 2005, junto a Diego Skliar, conduce en Buenos Aires el programa de radio Preferiría no hacerlo.

Es autor de los libros de poemas Primera Conjunción (1981), Hilos después (2009) y Voz apenas (2011) y del libro de aforismos y ensayos La intimidad y la alteridad (2006).

  Leónidas Lamborghini

12 de julio de 2012
























El recluso


Como el que
vive
adentro de la mente
de un loco

Como el que
vive recluido
en la mente
de un loco

Como el que
vive internándose
en la mente
de un loco:

que es su propia mente
que es su propia mente
y la mente de un loco.



Leónidas Lamborghini
Argentino (1927 – 2009)








Imagen: Carta de tarot marsellés – el loco

 Carlos Latorre

9 de julio de 2012


























La luz roja


Entre todos los muebles que adornan los mundos interiores
prefiero los carnívoros
Los armarios para las noches de tormenta
Mi lecho reguero de pólvora
Su lecho para la materia que constantemente se transforma
El amor siempre toma la forma de los cuerpos que lo
contienen
La casa se adapta a los hijos que engendra
Por eso entre dos mujeres elijo siempre a la del golpe de gracia
La que ama de arriba a abajo
Entre ella y yo ponemos en marcha el largo tren del peligro




Carlos Latorre
Argentino (1916 – 1980)

De: Lugar común
En: Otro río que pasa –
Un siglo de poesía argentina contemporánea.
Ed. BajoLaLuna – 2010

Fue un activo partícipe del surrealismo criollo. Formó parte de las revistas A Partir de Cero (1952), Letra y Línea (1953) y Boa (1958) y colaboró en La Rueda y Talismán, entre otras. Escribió obras de teatro, guiones cinematográficos y piezas radiofónicas.
Libros publicados: “Puerta de arena” (1950); “La ley de gravedad” (1952); “El lugar común” (1954); “Los alcances de la realidad” (1955); “La línea de flotación” (1959); “Las cuatro paredes” (1964); “La vida a muerte” (Rayuela, 1971); “Las ideas fijas” (1972); “Campos de operaciones” (1973); “Los puntos de contacto” (1974); “Los temas del azar” (1975); “Cabeza o triste páramo” (1979).

Obra: “Doble retrato con vaso de vino” – Marc Chagall (Francia)

  José Martí

6 de julio de 2012













VIII


Yo tengo un amigo muerto
Que suele venirme a ver:
Mi amigo se sienta y canta;
Canta en voz que ha de doler.

”En un ave de dos alas
”Bogo por el cielo azul:
”Una ala del ave es negra,
”Otra de oro Caribú.

”El corazón es un loco
”Que no sabe de un color:
”O es su amor de dos colores,
”O dice que no es amor.

”Hay una loca más fiera
”Que el corazón infeliz:
”La que le chupó la sangre
”Y se echó luego a reír.

”Corazón que lleva rota
”El ancla fiel del hogar,
”Va como barca perdida,
”Que no sabe a dónde va”.

En cuanto llega a esta angustia
Rompe el muerto a maldecir:
Le amanso el cráneo: lo acuesto:
Acuesto el muerto a dormir.



José Martí
Cuba (1853 – 1895)

De: Versos sencillos
Ed. Abril – 1991


Obra: Martí – Ernesto Rancagno (Cuba)

  Claudia Masin

3 de julio de 2012














geología

Toda nuestra infancia debe ser imaginada de nuevo.
Gastón Bachelard.


De pequeña
probablemente pensara que la geología
era la ciencia que enseñaba a vivir en la tierra.
Geo, tierra, Logía, ciencia. Era razonable,
y desde entonces Yo voy a ser geóloga
cuando sea grande, informaba,
como quien dice voy a averiguar sola
lo que nadie me sabe contar,
voy a clasificar todos los géneros
de dolor que conozco como si fueran piedras.
-Tal vez en los manuales -me decía-
entre fallas y estalactitas aparezca en una foto
yo con mi disfraz de explorador
y en una nota al pie, esta descripción:
nena de piedra hallada en una cueva
muy al norte, casi escondida,
el cuerpo cubierto de palabras talladas,
por el tiempo transcurrido, incomprensibles.  




Claudia Masin
Argentina - 1972


Nació en Resistencia, Chaco. Es psicoanalista y escritora. Vive desde 1990 en Buenos Aires. Coordina talleres de escritura.
Fundó e integra, junto a otras 5 poetas, la editorial "Abeja Reina".
Publicó los libros de poesía: "Bizarría"  (Nusud, Bs. As., 1997); "Geología" (Nusud, Bs.As., 2000);  "la vista" (Premio Casa de América, España, 2001) (Visor, Madrid, 2001);  "El secreto” (antología 1997-2007)" (Ed. de la Paz, Resistencia, 2007); "Abrigo" (Bajo la luna, 2007, Mención 2004 Fondo Nacional de las Artes).

Imagen extraída de latrampera.blogspot.com