Estación Quilmes

  Waldo Leyva

17 de junio de 2012



























Definitivamente jueves


Quiero que el veintiuno de agosto
del año dos mil diez,
a las seis de la tarde como es hoy,
pases desnuda atravesando el cuarto
y preguntes por mí.
Si estoy, pregunta, y si no existo,
o si me he extraviado en algún lugar de la casa,
de la ciudad, del mundo,
pregunta igual, alguien responderá.
El primero de enero del año dos mil uno será lunes
pero el veintiuno de agosto de la fecha indicada
tiene que ser definitivamente jueves
y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.
Las calles serán las mismas para entonces,
los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,
muchos amigos no estarán
y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,
de la ciudad, de mi país, del mundo.
Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,
prepares la piel
el corazón
las ganas de vivir.




Waldo Leyva
Cuba – 1943








De: Poesía Latinoamericana hoy
20 países – 50 poetas.
Ed. Arandurá – 2011

Posee más de 15 libros de poesía publicados y tres Cd´s con sus poemas. Tiene numerosas distinciones y cargos públicos en su país. Su obra fue traducida a varios idiomas. Actualmente es Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en México.


Obra: Espaldas floridas – Ernesto Bertani (Argentino)

  Humberto Costantini

14 de junio de 2012





















Che 


A lo mejor está debajo de la alfombra.
A lo mejor nos mira de adentro del ropero.
A lo mejor ese color habano es una seña.
A lo mejor ese pez colorado es guerrillero.
Yo juro haberlo visto de gato en azoteas.
Y yo corriendo por los hilos del teléfono.
Señor, ¿ha revisado bien adentro de su cama?
Oh John, ¿qué es esa barba que asoma en tu chaleco?
Debiéramos filtrar todas las aguas de los ríos.
Lavar todas las caras de los negros.
Picar la cordillera de los Andes.
Poner a South América en un termo.
Dicen que en Venezuela montaba una guitarra.
Que en Buenos Aires entraba en bandoneones y discépolos.
Que en Uruguay punteaba una milonga con el Diablo.
Y en el Brasil vestido de caboclo bajaba a los terreiros.
Pero si ayer nomás saltó en Santo Domingo.
Si en Colombia era cumbia de los filibusteros.
Si lo vi esta mañana con su risa terrible soltándole los duendes al espejo.
A mí casi me mata la otra noche, se me subió con un millón de sátiros al sueño.
Ese lío en Bolivia es cosa suya.
Y esos ladridos en la noche no son perros.
Y esa sombra que pasa, ¿por qué pasa?
Y no me gustan nada esos berridos junto al pecho.
A lo mejor está en la pampa y es graznido.
A lo mejor está en la calle y es el viento.
A los mejor es una fiebre que no cura.
A lo mejor es rebelión y está viniendo.




Humberto “Cacho” Costantini
Nace en Buenos Aires, el 8 de abril de 1924 y fallece el 7 de junio de 1987.
Completa sus estudios universitarios y se recibe de médico veterinario. Ejerce su profesión en los campos cercanos a la ciudad de Lobería (provincia de Buenos Aires), luego en 1955 regresa a Bs. As, donde ejerce variados trabajos.
Parte al exilio en México en 1976 luego que la dictadura desapareciera a sus amigos Roberto Santoro y Haroldo Conti y tantos más.
En 1983 regresa a Buenos Aires después de 7 años, 7 meses y 7 días de exilio.
Su obra ha sido publicada en varios países e idiomas, entre otros en alemán, checo, inglés, finlandés, hebreo, polaco, sueco y ruso.



  Jacobo Rauskin

11 de junio de 2012






















Itaipú


Ahora viene un joven que no sabe
cómo se hizo la represa.
Viene a estudiar el río prisionero,
el diseño, la roca, la construcción.
En este caso, la historia le interesa
porque el hombre pudo más que el río.
Más que las muchas boas de ciego
en el abrazo de sus remolinos.
Más que su irresistible,
divina fuerza resistida.
Un dios de agua y olvido;
un río, el Paraná,
apenas por un tiempo desviado
y alzado para siempre a nuevas alturas.
Ya vive el río lejos de la selva.
Y el joven mira lejos,
pero no puede oír una queja distante.
Además, nadie sabe
si ella viene de un hombre,
de un tapir, de un tucán.




Jacobo Rauskin
Paraguay – 1941


De: “La calle del violín allá lejos”
Ed. Arandurá – 1996


Foto: Jorge Sáenz – 2011
Extraída de: lacabraediciones.com

  Javier Villafañe

8 de junio de 2012















Salmo


Un día
voy a estar tan adentro de tus ojos
que no voy a verte.
Hay que llegar más hondo
y no tocar el frío;
pasar el aire
abajo
sin que el pozo se cierre.
Golpeando las paredes
afinando el hombro
va el amante
sorbido por la hondura.
Sabe
que el amor es una copa de agua
y la pasión un charco donde todos te escupen
Y baja.
Hay rostros, días
que lo llaman;
manos que le tienden brazos,
puentes.
Y el amante
recuerda
a un leño en el fuego
que iba como un barco
y dice:
- Su olor,
esa piel que respiro.
Y desciende,
y el pie no llega al fondo.
¿Quién toma ese racimo,
esas uvas,
esa raíz de luz
que es música
y nos habla?
¿Quién regresa
y mira
poniéndose los labios
en las manos?




Javier Villafañe
Argentino (1909 – 1996)









De: “El amor en la poesía argentina”
Compilador: Eduardo Romano
Ed. del Club – 2003

Obra: El cuadro feliz – Ernesto Rancaño (Cuba)

  Dana Gelinas

5 de junio de 2012













Terminator



Arnold Schwarzenegger, antes austriaco,
se inflamó el corazón con esteroides
y pesas de gimnasio
emulando a los héroes modernos.

Y yo, lo confieso,
llegué a atiborrarme de burbujas de Coca – Cola
y palomitas de maíz,
mientras el gran Arnold, una estructura de titanio en vez de huesos,
terminaba con estrellas y extras de Hollywood.

Además, lo confieso, me parece un buen comediante
en películas para niños de kindergarten.

Sin embargo, lo que más admiro de él,
lo que me hace reír,
- y en verdad reí hasta las lágrimas -,
fue ver la escena en que le confiesa un gran amor a su esposa Kennedy
durante un homenaje público al actor:

Te amo, María, porque tienes la belleza de leyenda de los Kennedy.
Te amo porque cuidas a los niños mientras filmo.
Te amo, y beso tu mejilla para despedirme,
siempre que voy a las juntas del Partido Enemigo de los Kennedy.

Declaro que te amo, y que tengo una fortuna propia
gracias a los monstruos del espacio cibernético
y a mi risa musculosa.

Te amo María,
mientras levanto el puño de Bush,
el presidente más poderoso de la Tierra,
enemigo tuyo, y también de tus hijos.




Dana Gelinas
México – 1962












De: “Los trajes nuevos del emperador”
En: Poesía Latinoamericana hoy
20 países – 50 poetas.
Ed. Arandurá – 2011

  Martín Rodríguez

2 de junio de 2012


















Bala perdida con la puntería de un tiro en la sien…


Esto es navidad: la felicidad de los chicos,
sus almas de luciérnaga, de bicho de luz,
mocositos en el agua
de la zanja chorrean su ampolla
con una cañita prendida, y se carbonizan en el agua
un segundo, el segundo antes de las 12 asoman la calavera fosforescente,
los huesos, en la zanja…
Nachito asoma su cuello
para pasar al otro lado
de la sombra, de la verja,
de la alegría...Celeste se pone roja
de bendición y agonía
frente al vaso medio lleno
de sidra que se derrama
para bautizar
sus enaguas…Facundo:
asoman sus talones de uva pisada
del vino terrible que invocan los mayores
Ceferino es el espíritu que los corrompe.

Facundo y Celeste llegan hasta el pie de un árbol de moras,
aprovenchándose del ruido familiar,
de la cena navideña, del humo,
con el pulso de la mora y el amor enredado, coagulándose
se hace añicos de cristal, y como si los rodeara
la nieve ahí quedan:
Celeste y Facundo como si aún hubiese prohibiciones
se seducen en la penumbra. Más que una ley hay
pudor en el cuerpo expuesto
a la luz, que como toda luz – dirán en la cena –
es de interrogatorio.
Y ahí quedan sus raíces de hermanos en unidad enferma,
él se hacía Cura, ella Monja, vestidos así,
acentuando una prohibición donde no hay más:
el incesto flota en el agua de los callos que beben en silencio todos.




Martín Rodríguez
Argentino – 1978











De: “Para el lado de las cosas sagradas”
Ed. El niño Stanton – 2009


Obra: La civilización occidental y cristiana – León Ferrari (Argentina)

  Perotá Chingó

30 de mayo de 2012







Ríe chinito


Ríe Chinito  Ríe chinito,
se ríe y yo lloro porque el chino ríe sin mi.
Ríe en la noche,
y achina los ojos morochos mas lindos que vi.
Sopla las cañas,
sube la montaña, mañana quizás bajará.
Se hace de día,
el sol lo encandila, los vientos descansa y el chino se amansa.

Ríe chinito,
se ríe y yo lloro porque el chino ríe sin mi.
Ríe en la noche,
y achina los ojos morochos mas lindos que vi.
Sopla las cañas,
sube la montaña, mañana quizás bajará.
Mira la luna,
mi niña y se acuna, que es larga la noche y claro el camino.

Mi despedacito de río hasta donde bajaras
Mi despedacito de río, hasta donde bajaras

Ríe chinito,
se ríe y yo lloro porque el chino ríe sin mi.
Ríe en la noche,
y achina los ojos morochos mas lindos que vi.
Sopla las cañas,
sube la montaña, mañana quizás bajará.
Mira la luna,
mi niña y se acuna, que es larga la noche y claro el camino.

Mi despedacito de río hasta donde bajaras
Mi despedacito de río hasta donde bajaras.




Perotá Chingó

Julia Ortiz y Dolores Aguirre