Si cuando que yo muera quieren escribir mi biografía, Nada hay más simple.
Sólo tiene dos fechas: la de mi nacimiento y la de mi muerte. Entre una y otra todos los días son míos.
Soy fácil de definir. Vi como un poseído. Amé las cosas sin sentimentalidad alguna. Nunca tuve un deseo que no pudiera realizar, porque nunca me cegué. Ni siquiera oír fuera para mí más que un acompañamiento de ver. Comprendí que las cosas son reales y todas diferentes unas de otras; comprendí esto con los ojos, nunca con el pensamiento. Comprenderlo con el pensamiento sería creerlas todas iguales.
Un día me entró sueño como a un niño cualquiera. Cerré los ojos y dormí. Aparte de esto, fui el único poeta de la Naturaleza.
(1935)
Fernando Pessoa Portugal (1888 – 1935)
De Poemas de Alberto Caeiro En “Poemas” Ed. Losada – 2010 Trad. De Marcelo Cohen
Y de los replanteos y recontradicciones y reconsentimientos sin o con sentimiento cansado y de los repropósitos y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables y del revés y del derecho y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y remembranzas y remembranas de pegajosísimos labios y de lo insípido y lo sípido de lo remucho y lo repoco y lo remenos recansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes de lo remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos reductos repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje y treta terca en tetas y recomienzo erecto y reconcubitedio y reconcubicórneo sin remedio y tara vana en ansia de alta resonancia y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario y poro loco y parco espasmo enano y monstruo torvo sorbo del malogro y de lo pornodrástico cansado hasta el estrabismo mismo de los huesos de tanto error errante y queja quena y desatino tísico y ufano urbano bípedo hidefalo escombro caminante por vicio y sino y tipo y líbido y oficio recansadísimo de tanta tanta estanca remetáfora de la náusea y de la revirgísima inocencia y de los instintitos perversitos y de las ideítas reputitas y de las ideonas reputonas y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias desde qué mares padres y lunares mareas de resonancias huecas y madres playas cálidas de hastío de alas calmas sempiternísimamente archicansado en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo o sensitivo tibio remeditativo o remetafísico y reartístico típico y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas y sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras simplemente cansado del cansancio del harto tenso extenso entrenamiento al engusanamiento y al silencio.
Mire, doña Soledad, póngase un poco a pensar, doña Soledad, cuántas personas habrá que la conozcan de verdad. Yo la vi en el almacén peleando por un vintén, doña Soledad. Y otros dicen: "haga el bien, hágalo sin mirar a quién".
Cuantos vintenes tendrá sin la generosidad doña Soledad, con los que pueda comprar el pan y el vino nada más. La carne y la sangre son de propiedad del patrón, doña Soledad: cuando Cristo dijo "¡no!", usted sabe bien lo que pasó. Mire, doña Soledad, yo le converso de más, doña Soledad, y usted para conversar hubiera querido estudiar. Cierto que quiso querer, pero no pudo poder, doña Soledad, porque antes de ser mujer ya tuvo que ir a trabajar.
Mire, doña Soledad, póngase un poco a pensar, doña Soledad, qué es lo que quieren decir con eso de la libertad. Usted se puede morir -eso es cuestión de salud- pero no quiera saber lo que cuesta un ataúd.
Doña Soledad, hay que trabajar..., pero hay que pensar.... no se vaya a morir..., la van a enterrar... Doña Soledad... Doña Soledad...
tomá diez centavos y comprame un teléfono de cuerda un caballito que hamaca un palo para que no venga el hombre de la bolsa aunque yo me voy a portar bien
no sé si me quedó el tacto de las flores un baldecito con arena y aquel castillo tan grande pero tan grande que vos no sabés
y alguno que haya tocado el amor podrá negarme esta primera enfermedad de estarse solo? de ver a cada rato perderse la alegría?
total yo voy a ser grande pero me van a golpear y entonces con un ojo en el bolsillo me iré buscando la tristeza los huesos vacíos de aquella serpentina y aunque no quiera total voy a ser grande
dejame llorar porque ni sé por qué porque me duele el aire porque total voy a ser grande y no voy a poder llorar
digo si alguno que haya tocado el amor me viene a dar un beso creo que tengo un violín dormido en cada labio decime la verdad: ¿qué vas a ser cuando seas grande?
mejor quedate con un globo un globo que yo siempre digo un beso atado de un piolín
total yo voy a juntarme con las tardes para qué? para no poder llorar ni juntos
¿por qué? ¿quién sabe cuándo?
un muñeco un payaso de esos que no encuentro y vos con todas las preguntas que nunca quise hacerme: entonces por qué? adónde? quién lo sabe?
y ya no espero sabés? ya estoy cansado dale y dale buscar sin encontrar ni una caricia pero te digo y aunque sea sólo una vez oí estas cuatro letras: llévenme lejos porque me parece que un día de estos voy a reventar y tengo miedo de ensuciar la calle
Roberto Jorge Santoro Argentino (1939 – 1977)
De: “Obra poética completa” Ed. r y r - 2009
Obra: Ciudad del Arco Iris extraído del sitio www.ilustracionesbeatrizt.blogspot.com
Murió Vallejo, murió el desheredado. Murió el César, el cholo, el susodicho. Murió de la muerte hacia dentro y hacia fuera, con toda la vida que tenía delante. Y ahora, ¿quién le devolverá su voz a la poesía? ¿Quién escribirá "hialóidea" cuando haya que escribir "hialóidea? ¿Es posible el poema sin César, sin Vallejo?
Murió el poeta, si, murió con aguacero. Murió al cabo de los ríos que le dieron el habla. Murió con el alma y la tristeza expuestas, abrazado a la carne de su muerte viva. ¿Qué lugar reservarle, pues al neologismo? ¿Qué hacer con el tropo, el ripio, el encabalgamiento? ¿Cómo arrancarle al verso la metáfora nueva?
Pero, ¿murió Vallejo como dicen todos? ¿Murió el hombre? ¿El paria? ¿El revolucionario? ¿Aquel que nació de grande para nombrar de nuevo al mundo? Hermano, si de veras moriste, Dios cobije tu sueño. De otro modo, no juegues como niño, no te escondas, no nos dejes tan solos con la lengua nuestra, no nos largues tan rotos de palabras.
César Cantoni De "Diario de paso" Nació en La Plata 1951