Estación Quilmes

  Fernando Pessoa

30 de noviembre de 2010




Si cuando que yo muera quieren escribir mi biografía,
Nada hay más simple.


Sólo tiene dos fechas: la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra todos los días son míos.

Soy fácil de definir.
Vi como un poseído.
Amé las cosas sin sentimentalidad alguna.
Nunca tuve un deseo que no pudiera realizar, porque nunca me cegué.
Ni siquiera oír fuera para mí más que un acompañamiento de ver.
Comprendí que las cosas son reales y todas diferentes unas de otras;
comprendí esto con los ojos, nunca con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento sería creerlas todas iguales.

Un día me entró sueño como a un niño cualquiera.
Cerré los ojos y dormí.
Aparte de esto, fui el único poeta de la Naturaleza.



(1935)

Fernando Pessoa
Portugal (1888 – 1935)

De Poemas de Alberto Caeiro
En “Poemas”
Ed. Losada – 2010
Trad. De Marcelo Cohen

Imagen extraída de descontexto.blogspot.com

  Diana Bellessi

29 de noviembre de 2010




El trueno entre las hojas

Licha entusiasmada
prepara en su cabeza
todas las comidas
paraguayas y lista
pa´invitarme está

a su casa, su calle
en el fulgor del verde
tropical que veo
mientras ella recuerda
entre aromas de especias

a la bella Asunción
y luego la corona
siempre con chipá
casero, un país
haciéndose dulce

en la lengua, de habla
y de sabores Licha
con un resplandor
que nunca te vi antes
y ahora parece el sol




Diana Bellessi
Argentina – 1946

De: “La rebelión del instante”
Adriana Hidalgo editora - 2005

Obra: Vendedora de chipá - tecnoarte de Artesanías del paraguay

  Oliverio Girondo

28 de noviembre de 2010




Cansancio

Y de los replanteos
y recontradicciones
y reconsentimientos sin o con sentimiento cansado
y de los repropósitos y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables
y del revés y del derecho
y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y remembranzas y
remembranas de pegajosísimos labios
y de lo insípido y lo sípido de lo remucho y lo repoco y lo remenos
recansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes de lo
remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos reductos
repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje
y treta terca en tetas
y recomienzo erecto
y reconcubitedio
y reconcubicórneo sin remedio
y tara vana en ansia de alta resonancia
y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario
y poro loco
y parco espasmo enano
y monstruo torvo sorbo del malogro y de lo pornodrástico
cansado hasta el estrabismo mismo de los huesos de tanto error errante
y queja quena
y desatino tísico
y ufano urbano bípedo hidefalo
escombro caminante
por vicio y sino y tipo y líbido y oficio
recansadísimo
de tanta tanta estanca remetáfora de la náusea
y de la revirgísima inocencia
y de los instintitos perversitos
y de las ideítas reputitas
y de las ideonas reputonas
y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias
desde qué mares padres
y lunares mareas de resonancias huecas
y madres playas cálidas de hastío de alas calmas
sempiternísimamente archicansado
en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo o sensitivo tibio
remeditativo o remetafísico y reartístico típico
y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua
y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas
y sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras
simplemente cansado del cansancio
del harto tenso extenso entrenamiento al engusanamiento
y al silencio.




Oliverio Girondo
Argentino (1891 – 1967)

De: “En la masmédula”
Ed. Losada - 1998

Obra: Paul Klee - Abstraccion

  Alfredo Zitarrosa

27 de noviembre de 2010

Doña soledad



Mire, doña Soledad,
póngase un poco a pensar,
doña Soledad,
cuántas personas habrá
que la conozcan de verdad.
Yo la vi en el almacén
peleando por un vintén,
doña Soledad.
Y otros dicen: "haga el bien,
hágalo sin mirar a quién".

Cuantos vintenes tendrá
sin la generosidad
doña Soledad,
con los que pueda comprar
el pan y el vino nada más.
La carne y la sangre son
de propiedad del patrón,
doña Soledad:
cuando Cristo dijo "¡no!",
usted sabe bien lo que pasó.
Mire, doña Soledad,
yo le converso de más,
doña Soledad,
y usted para conversar
hubiera querido estudiar.
Cierto que quiso querer,
pero no pudo poder,
doña Soledad,
porque antes de ser mujer
ya tuvo que ir a trabajar.

Mire, doña Soledad,
póngase un poco a pensar,
doña Soledad,
qué es lo que quieren decir
con eso de la libertad.
Usted se puede morir
-eso es cuestión de salud-
pero no quiera saber
lo que cuesta un ataúd.

Doña Soledad,
hay que trabajar...,
pero hay que pensar....
no se vaya a morir...,
la van a enterrar...
Doña Soledad...
Doña Soledad...



Alfredo Zitarrosa
Uruguay (1936 – 1989)

  Roberto Jorge Santoro

26 de noviembre de 2010




Mejor quedate con un globo


tomá diez centavos y comprame un teléfono de cuerda
un caballito que hamaca
un palo para que no venga el hombre de la bolsa
aunque yo me voy a portar bien

no sé si me quedó el tacto de las flores
un baldecito con arena
y aquel castillo tan grande pero tan grande que vos no sabés

y alguno que haya tocado el amor
podrá negarme esta primera enfermedad de estarse solo?
de ver a cada rato perderse la alegría?

total yo voy a ser grande
pero me van a golpear
y entonces con un ojo en el bolsillo me iré buscando la tristeza
los huesos vacíos de aquella serpentina
y aunque no quiera total voy a ser grande

dejame llorar porque ni sé por qué
porque me duele el aire
porque total voy a ser grande y no voy a poder llorar

digo si alguno que haya tocado el amor
me viene a dar un beso
creo que tengo un violín dormido en cada labio
decime la verdad: ¿qué vas a ser cuando seas grande?

mejor quedate con un globo
un globo que yo siempre digo
un beso atado de un piolín

total yo voy a juntarme con las tardes para qué?
para no poder llorar ni juntos

¿por qué?
¿quién sabe cuándo?

un muñeco
un payaso de esos que no encuentro
y vos con todas las preguntas que nunca quise hacerme:
entonces por qué?
adónde?
quién lo sabe?

y ya no espero sabés?
ya estoy cansado
dale y dale buscar sin encontrar ni una caricia
pero te digo
y aunque sea sólo una vez oí estas cuatro letras:
llévenme lejos porque me parece que un día de estos voy a reventar
y tengo miedo de ensuciar la calle




Roberto Jorge Santoro
Argentino (1939 – 1977)

De: “Obra poética completa”
Ed. r y r - 2009

Obra: Ciudad del Arco Iris extraído del sitio www.ilustracionesbeatrizt.blogspot.com

  César Cantoni

25 de noviembre de 2010




¿Quién le devolverá su voz?


Murió Vallejo, murió el desheredado.
Murió el César, el cholo, el susodicho.
Murió de la muerte hacia dentro y hacia fuera,
con toda la vida que tenía delante.
Y ahora, ¿quién le devolverá su voz a la poesía? ¿Quién
escribirá "hialóidea" cuando haya que escribir
          "hialóidea?
¿Es posible el poema sin César, sin Vallejo?

Murió el poeta, si, murió con aguacero.
Murió al cabo de los ríos que le dieron el habla.
Murió con el alma y la tristeza expuestas,
abrazado a la carne de su muerte viva.
¿Qué lugar reservarle, pues al neologismo?
¿Qué hacer con el tropo, el ripio, el encabalgamiento?
¿Cómo arrancarle al verso la metáfora nueva?

Pero, ¿murió Vallejo como dicen todos?
¿Murió el hombre? ¿El paria? ¿El revolucionario?
¿Aquel que nació de grande para nombrar de nuevo al
          mundo?
Hermano, si de veras moriste, Dios cobije tu sueño.
De otro modo, no juegues como niño, no te escondas,
no nos dejes tan solos con la lengua nuestra,
no nos largues tan rotos de palabras.



César Cantoni
De "Diario de paso"
Nació en La Plata 1951

Obra: de Orlando Izquierdo “El Trigillo”

  César Vallejo

24 de noviembre de 2010




Espergesia


Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del Diciembre de ese Enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha.........
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda............
Y no saben que el Misterio sintetiza……..
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.



César Vallejo
Perú (1892 – 1938)

de “Los heraldos negros”
en “el cuaderno verde del Che”
Ed. Emecé - 2007