Estación Quilmes

  César Vallejo

24 de noviembre de 2010




Espergesia


Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del Diciembre de ese Enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha.........
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda............
Y no saben que el Misterio sintetiza……..
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.



César Vallejo
Perú (1892 – 1938)

de “Los heraldos negros”
en “el cuaderno verde del Che”
Ed. Emecé - 2007

  León Felipe

23 de noviembre de 2010




Este orgulloso capitán de la historia


Porque tal vez seamos la obra de un Dios monstruoso e
inmisericorde,
señor Arcipreste.
Y si nosotros estamos hechos de una substancia
monstruosa e inmisericorde,
¿porqué ha de ser piadoso nuestro Dios?
¿Quién tiene piedad entre los hombres?
Además…
¿no es la vida una cadena de mandíbulas abiertas y
devoradoras?...
Y si la lombriz se traga a la simiente,
la gallina a la lombriz,
y el hombre a la gallina…
¿Porqué Dios no se ha de tragar también al hombre?
¡Gran manjar es el hombre!
¿No ha pensado usted nunca, señor Arcipreste, que bien
podemos ser
el alimento de un Dios glotón y monstruoso
y que estamos aquí,
como en un túnel descomunal y oscuro,
como en un gran esófago,
descendiendo,
descendiendo,
descendiendo lentamente,
pasando por los sórdidos, torcidos y laberínticos
intestinos de la Historia?
Alguien nos ha tragado,
alguien nos ha tragado, borracho, en un festín…
Y nos seguirá tragando eternamente.
Aquello que ha sido, es lo que será…Ésta es la ley
¿verdad?
Y a veces yo imagino -¡qué cosas imagino, señor
Arcipreste!-,
a veces imagino…
que nos defeca un Dios glotón y monstruoso.
Siempre le andamos buscando orígenes y definiciones
a este “orgulloso capitán de la historia”:
El sueño de un Dios…
El soplo de un Dios…
La cópula amorosa de un Dios…
Pero he aquí el último hallazgo existencialista y
filosófico:
El excremento de un Dios.
¿Quién protesta?
¿Quién grita y se tapa las narices?
¡Basta!...Pero vosotros ¿qué queréis?
¿Qué es lo que usted desea, señor Arcipreste?,
¿qué sigamos aquí eternamente cantando Te Deum
detrás de las batallas?
¡Somos el excremento de un Dios!
Y todo se repite…y se repite el excremento
¡Se repite…se repite!
Pero que no se alarme nadie.
Todo es sólo imaginación.
Imaginación de un viejo poeta loco
a quien no hay que hacerle mucho caso…
-¡Eh!...¡Boticario, buen boticario,
véndeme una onza de almizcle
para perfumar mi imaginación!



León Felipe
España (1884 – 1968)

De ¡Oh, este viejo y roto violìn!
En: “el cuaderno verde del Che”
Ed. Emecé - 2007

Obra: Saturno devorando a un hijo de Francisco de Goya

  Juana Bignozzi

22 de noviembre de 2010




Éramos felices y hemos aprendido

La serena charla de la madurez
ha sido cancelada con una ráfaga
las calles amplias y sus árboles
ya nunca tendrán la alegría de aquella promiscuidad
adiós juventud adiós
nos hemos despedido con suavidad consideración
cadáveres
y el gusto de estar vivas
sólo nos salvó no haber pactado
adiós juventud
sólo tus fantasmas son personas
sólo aquella dispersa manera de vivir
devuelve el amor
me acerca a mí misma
disimula el extravío por tierras de indignidad
y me reúne con los diálogos permanentes.



Juana Bignozzi
Argentina – 1937

De: “200 años de poesía argentina”
Ed. Alfaguara - 2010

  José María Pallaoro

21 de noviembre de 2010




Cara y Cruz

Dando la cara llegamos a la vida
con palmaditas en el culo
nos reciben

y de inmediato

nos revolean al aire

como a una moneda

por si una vez el azar
por si falla el juego

de la vida

pero la suerte sigue echada
y caemos siempre

irremediablemente cruz

Luego juntan

nuestros pedazos

Nos olvidan

en uno de esos lugares
oscuros y fríos



José María Pallaoro
Nació en La Plata en 1959. Vive en City Bell.

  Gustavo Caso Rosendi

20 de noviembre de 2010




Por robar comida


¿Y si no fuera la atadura
que hizo el cabo y si yo fuera
un bicho verde sostenido por
alfileres y si fuera Gulliver
en el país de los enanos
y si fuera Cristo y si fuera el
costillar al asador del último
cumpleaños y si fuera el cordero
que maté esta mañana
y aún me mira y no me quita
ni un pecado y si fuera el mismo
cielo que se mete por los ojos
con este dolor titilando los tobillos
y muñecas y si yo fuera
todas las estrellas estaquedas
constelando el desamparo
de esta noche?




Gustavo Caso Rosendi
De "Soldados"
Nació en Esquel (Chubut) en 1962. Reside en la ciudad de La Plata.

Obra: Pesadilla de un Ornitólogo - Juan Guillermo M. de Lara

  Marcos Silber

19 de noviembre de 2010




Finale

Mary L. la apasionada que se comió los ojos
con desvelo que le llevó toda la vida,
¿sabe que al fin yacerá fría y lejana?
Teodoro H. que azota con color y más color
a sus pinceles de chifladura
¿sabe que al fin yacerá frío y lejano?
Norma D. mártir doméstica de entrega total,
avivadora del primor hogareño
¿sabe que al fin yacerá fría y lejana?
Emanuel S. razonador de tiempo completo
que no deja de boyar entre uno y otro teorema
¿sabe que al fin yacerá frío y lejano?
Marina M. la pequeña que en un ahora y para siempre
juega con una de trapo más pequeña aún,
¿sabe que al fin yacerá fría y lejana?
Unos y otros miran para otro lado.
Al escalpelo no ¡eh!,
o lo que es lo mismo, la palabra escalpelo
que aguarda en el poema para trozar,
alejar, apartarlo todo.
Unos y otros miran para otro lado
y nada de vigilar la cabeza;
déjela plantada, solita,
a la que pensó, soñó, pasó por la vida
y entró para quedarse.
Nada de atender el tronco;
que se done a la estepa de mármol
el que hospedó la máquina de amar y desamar,
y a los ambos molinos de viento
y hospedó a la sagrada cocina.
En cuanto a las extremidades, bueno
seamos compasivos (hablemos en vos baja)
no le molestemos el receso;
descansan ellas el tanto ir y venir.
Unos y otros y cada parte del todo
¿saben que al fin yacerán fríos y lejanos?
¿Saben que el escalpelo del poeta los aguarda
para sacarles la luz que fueron?
¿Saben que la palabra escalpelo los aguarda
para desbaratarles la sociedad que fueron?
Unos y otros miran para otro lado.
Pero no el que suscribe,
el de blanco con acerito que hurga y rastrea.
Este/ese sabe que también al fin
yacerá frío y lejano.
Cómo no le iba a subir
un mortal enojo
cuando la savia derrota se le fuga
-así como así-
el fueguito de hacer y estar
lo abandona sacándole la lengua;
cuando el malestar le gana la boca
(carraspeo, música de protesta)
cuando todo se quita y en lento crepúsculo
se arrima a la última definitiva oscuridad.




Marcos Silber
Argentino – 1934

De su último libro: “Cabeza tronco y extremidades”
Ed. El Mono Armado - 2010


Obra: pintura de André Langer Fernpandez

  Juan Gelman

18 de noviembre de 2010




Renovaciones


En el azar de la palabra
las huellas cuelgan de un
hilito y al verano. La lluvia
tapa los ojos del camino. Cuánta
canción al fin del sobresalto
que habita al perseguido.
Ser arrojado en
desalientos de pobre y moscas,
rehace el cómo, dónde, cuándo,
a descifrar en esperas calientes.
¿Quién pidió aceite para
la llave que nada abre, infeliz?
Nadie se ama perfectamente a si mismo
y vagan astros y suplican sobre
la cama del despierto que ve
ahorcaditos que lloran.


De "de atrasalante en su porfía"
Seix Barral Biblioteca Breve


¿Te cabe?

En las rendijas del quién sabe
la razón parece un animal
que se mira las líneas de la mano.
No tiene futuro, ni fulgor.
Eso cuentan sus demonios seguros.
Contra el pálido cielo huído
de toda compasión, ¿qué gozo
será la claridad alterada
de tus criaturas, pulso?
Ahimé, ahimé, desnuda
fiebre del pedazo que queda
en una pregunta de cielo.


De "de atrasalante en su porfía"
Seix Barral Biblioteca Breve

Juan Gelman
Argentino (1930)